Euclides Gutiérrez

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¡División Berlanga! (XXX)

Para 1956, después de la llamanda “Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre”, que se había inagurado el 20 de diciembre de 1955 en la ciudad capital, el proceso político de nuestro país entró, en el orden histórico, en un episodio de singular y extraordinaria importancia. Trujillo había organizado ese evento internacional partiendo de la base de una inversión de más de treinta millones de pesos, que en el orden económico, eran treinta millones de dólares de aquel entonces. “La Feria de la Paz”, como se conocía popularmente, fue una sugerencia que hizo a Trujillo, el Papa Pío XII que era el Jefe del Vaticano, en 1954, cuando el dictador dominicano firmó, en Roma, “El Concordato” con la Iglesia Católica, que como hemos señalado en muchas ocasiones, era la prueba de ese sentimiento de megalomanía, que tenía el gobernante de nuestro país. A partir de 1956 se produjeron tres acontecimientos de importancia política en el Continente Americano, particularmente en los pueblos hispanoamericanos.

En el orden de sucesión, fueron los derrocamientos de tres dictadores militares de Argentina, Colombia y Venezuela: Juan Domingo Perón, en Argentina; Gustavo Rojas Pinilla en Colombia y Marcos Pérez Jiménez en Venezuela. En esas ironías de la historia los tres llegaron a buscar refugio en nuestro país. Y lo hicieron así porque aparte de la naturaleza del régimen político que imperaba, Trujillo era amigo personal de los tres. Poco tiempo después, en 1957, se inició en Cuba la insurrección en las altas montañas del oriente de ese país, encabezada por un joven abogado que se llamaba Fidel Castro Ruz. Realmente América estaba conmovida porque no se había visto en la historia de los pueblos hispanoamericanos, episodios de una sucesión tan inmediata como el derrocamiento de esos militares, particularmente de países tan ricos como Argentina, Colombia y Venezuela.

En la provincia de Monte Cristi, “Patria adoptiva” del autor de esta columna y asiento de la empresa Grenada Company, propiedad de la United Fruit Company, conocida política y popularmente con el nombre de “Mamita Yunai”, que debemos recordar que era la compañía agrícola más poderosa del mundo, las cosas comenzaron a manifestarse mal, porque esa enfermedad conocida con el nombre de “Mal de Panamá” se propagó y extendió rápidamente en la mayoría de las grandes plantaciones que conformaban la “División Berlanga” y se iniciaron experimentos no solamente para combatirlas, sino para sustituir las plantaciones de guineos “Johnson”, de extraordinaria demanda en el mercado estadounidense, por sembrados de otra naturaleza de guineos como se dice en nuestro país que no fueran afectados por esa enfermedad.

Se tomó la decisión entonces, naturalmente aprobada por los dueños de la empresa, de experimentar en sembrados con una nueva variedad de “bananos o guineos” conocido con el nombre de “Cavendish”, y para eso se encargó a nuestro padre que había vuelto a ser el Mayoral de Maguaca, finca en la que habíamos vivido en dos ocasiones anteriores. “El Cavendish o Media Mata” fue sembrado en la sección cuatro de Maguaca, a manera experimental y ese banano no era igual al Johnson que era el preferido en el mercado de la Costa del Atlántico de los Estados Unidos de América. Lo que se había iniciado en la realidad histórica era la desaparición de la “División Berlanga” en la Republica Dominicana, de la United Fruit Company. Continuaremos…

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¡División Berlanga! (XXIX)

Para el año de 1956, cuando el autor de esta columna había cumplido veinte años de edad, el desarrollo en el orden agrícola, técnico y burocrático que había ejecutado la dependencia de la United Fruit Company en nuestro país, era realmente extraordinario. La División Berlanga, escenario productor y Manzanillo, ese pequeño poblado y puerto, donde estaban instaladas las oficinas burocráticas de más jerarquía, los talleres técnicos, el hospital, y otras dependencias de la empresa bananera. Como hemos relatado, “La Grenada” hacia diez años que había iniciado la exportación de bananos o guineos llamados “Johnson”, en racimos que se producían en las matas sembradas en las fincas de La Cruz de Palo Verde, Isabel, Madre, Maguaca, Julián y Jaramillo. Estos guineos de gran tamaño, hermosos y dulces, tenían su mercado asegurado en los Estados Unidos de América.

En aquel momento en Monte Cristi y Manzanillo, habían venido al mundo una gran cantidad de niñas y niños, hijos de los empleados, técnicos y trabajadores agrícolas de la empresa; más adelante señalaremos por sus nombres a muchos de esos niños, algunos de los cuales han llegado a ser figuras importantes en la vida económica, burocrática y profesional de nuestro país. Son conocidos también como “grenadinos”, los que eran hijos de los empleados burocráticos de Manzanillo y de los empleados agrícola de la División Berlanga, desde niños asistían a una Escuela de Inglés, establecida en Manzanillo en “El Cerro”, que ascendía entre hembras y varones tal vez a sesenta o setenta; los que vivían en las fincas bananeras eran transportados a más de veinte kilómetros, en una cómoda y hermosa guagua de la marca Ford, que eran conocidas con el nombre de “guagua verde”. Casi todos aprendieron a hablar, a leer y escribir en ese idioma.

Desgraciadamente o lamentablemente, para ese momento comenzó a aparecer en las plantaciones bananeras una enfermedad que se extendía con una rapidez espantosa, conocida con el nombre de “el mal de Panamá”, que vino a sumarse a la otra enfermedad que afectaba las plantaciones bananeras, llamada “Sigatoka” con la diferencia de que esta última era mantenida bajo control, por el extraordinario y excelente servicio de fumigación que con máquinas modernas de gran capacidad, se usaban para fumigar los pesticidas que mantenían relativamente en condiciones de producir, las plantas o matas de guineos como popularmente se les llamaba. Nuestro padre que llego a convertirse en uno de los empleados de la División Agrícola, más eficiente y conocedor de sus funciones, que terminaron convirtiéndolo empíricamente, en un agrimensor de incuestionable autoridad. Hizo de su criterio una lección para la empresa bananera, porque aseguraba que una de las razones que auspiciaba esas enfermedades era el estilo o modelo de fumigación que usaba la compañía.

Nuestro padre era contrario a la “fumigación aérea” que se practicaba por medio de torres metálicas de treinta pies de altura, con unos proyectores llamados “pistones”, que roseaban el agua en forma circular cubriendo un radio de aproximadamente treinta metros. El afirmaba que “El Panamá” se extendería con más rapidez en las fincas, Isabel, Madre, Maguaca y Julián que de las seis fincas eran las que estaban irrigadas por la fumigación aérea, ya que La Cruz de Palo Verde y Jaramillo recibían el regio por canales de superficie. Continuaremos…

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¡División Berlanga! (XXVII)

Cuando el autor de esta columna se trasladó desde las fincas bananeras de la “División Agrícola Berlanga”, de la “Grenada Company”, filial de la “United Fruit Company”, en Monte Cristi, a la ciudad capital a estudiar derecho, teníamos experiencia en el periodismo, como cronista deportivo, colaborador del periódico “La Nación”, propiedad del régimen de Trujillo y habíamos sido productor de un programa deportivo que realizábamos cuando cursábamos el bachillerato en el municipio cabecera, en el “Teatro Centenario”, propiedad de Isabel Mayer, política de gran influencia en el régimen que gobernaba al país, que había sido arrendado por el profesor Santiago Augusto Mena Valerio. Ese programa deportivo tenía treinta minutos de duración y lo realizábamos a partir de la 7:30 de la noche y comentábamos en el sobre la pelota profesional de Cuba, Puerto Rico y las Grandes Ligas. Incorporamos a ese programa a Jorge Bournigal Loynaz, nuestro amigo, oriundo de Puerto Plata que vivía en Monte Cristi.

Jorgito, con el transcurso de los años, estimulado por el autor de esta columna, llegó a convertirse en una de las grandes figuras del periodismo deportivo de nuestro país. De ese proceso de nuestro querido amigo, hablaremos en otra ocasión. Pero en la ciudad capital, llevado de la mano de Luis Rafael Del Castillo Morales, excelente profesional del derecho, fuimos incorporados como secretario, taquígrafo-mecanógrafo, a la oficina de abogados del Licenciado Rafael Augusto Sánchez, figura profesional e intelectual de gran categoría en la vida política y profesional de la nación. En esa oficina, ubicada en la calle Sánchez No. 47, laboraban también como profesionales, además de Luis del Castillo, Rafael A. Sánchez Sanlley, “Papito”, Augusto Luis Sánchez Sanlley, “Augustico”, hijos del dueño de la oficina y Homero Hernández Almánzar, casado con Nora Sánchez, hija de Rafael Augusto. Estaba también Marino Ariza Hernández; esa fue en la realidad de la vida, la escuela donde el autor de esta columna se formó como profesional del derecho.

Cuando regresamos a Monte Cristi en las vacaciones de navidad, nuestro padre había sido trasladado en la División Berlanga, al cargo de mayoral de la finca “La Cruz de Palo Verde”, que era la capital agrícola, si cabe el calificativo, de la compañía porque en ella estaba la Superintendencia, asiento del Superintendente de la División y las residencias que servían de domicilio a los empleados de más jerarquía de la División, que como hemos relatado eran hermosos Chalets, con amplios patios y hermosos jardines, que sumaban catorce hermosas viviendas y la escuela más importante, que iniciaba en el 4to. curso primario hasta el 8vo., que como hemos reiterado estaba dirigido por una dama oriunda de Puerto Plata, que fue nuestra maestra, Isabel Miller de Pimentel. En “La Cruz de Palo Verde”, estaban instalados los talleres mecánicos de la empresa en los que había trabajado como mecánico diésel, una figura de importancia histórica de la vida dominicana, como lo fue Antonio Imbert Barrera, participante años después en la acción del ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina

Regresamos a nuestra residencia familiar en las vacaciones señaladas, cuando nuestro padre había comenzado en el paraje de “El Ahogao” a trasladar dueños de pequeños negocios que se habían establecido en los predios del batey de los trabajadores de La Cruz, y se había iniciado la repartición de solares para construir las viviendas y locales comerciales necesarios para el mantenimiento del orden. Ese poblado que se levantó bajo la dirección efectiva de nuestro padre, es ahora el “Distrito Municipal de Palo Verde”. Continuaremos…

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¡División Berlanga! (XXVI)

En el año de 1955, conmemoramos los 25 años de la llamada “Era de Trujillo”, inmediatamente después de haber suscrito Trujillo “El Concordato” con la Iglesia Católica. Para ese momento Trujillo no era Presidente de la República y había asistido a firmar ese acuerdo con “El Vaticano”, luego de haber realizado una visita a España, que entonces era gobernada por Francisco Franco, que tenía una amistad al parecer muy estrecha con el dictador dominicano. Trujillo estuvo primero en España, acompañado de su esposa María Martínez de Trujillo y de una numerosa comitiva de funcionarios del más alto nivel entre los cuales figuraba el Doctor Joaquín Balaguer, Ministro de Relaciones Exteriores de nuestro país. “El Concordato”, que fue un grave error político de Trujillo, tenía como objetivo estratégico, convencer a la jefatura de la Iglesia Católica de que el dictador dominicano debía recibir como un reconocimiento el título de “Benefactor de la Iglesia”.

Esa propuesta absurda había sido planteada por Zenón Castillo de Haza, sacerdote nativo de Higuey que era profesor de la Universidad de Santo Domingo y como era lógico de esperar. “El Vaticano” no la aceptó, aunque Trujillo en un absurdo más grande que “El Concordato”, puso en manos de la Iglesia Católica la filosofía del Sistema Educativo Nacional, excluyendo total y definitivamente los principios de la Escuela de Eugenio María de Hostos, que estaban vigentes en el Sistema Educativo Dominicano desde hacía 50 años. Los estudiantes de todos los Liceos Secundarios de la República que se graduaron de bachilleres, grupo al que pertenecía el autor de esta columna en el año de 1954, fuimos los últimos bachilleres de la nación, formados en esa escuela extraordinaria que había fundado el gran maestro antillano y que le habían dado forma real y sustantiva Salomé Ureña y Ercilia Pepín, “Glorias indiscutibles y eternas de la Patria”. Esa decisión hoy más que nunca gravita en términos onerosos contra la realidad dolorosa de la escuela dominicana.

El autor de esta columna y un numeroso grupo de amigos de infancia y adolescentes que habíamos dado cumplimiento al Servicio Militar obligatorio, que la dictadura trujillista había impuesto y como había sucedido en ocasión anterior, participamos como conscriptos en los gigantescos desfiles militares que se realizaron el 20 de diciembre de 1955 en la inauguración de la llamada “Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre” que el gobierno de la nación había organizado, siguiendo los consejos del Papa Pío XII que había recomendado a Rafael Trujillo Molina, en su visita a “El Vaticano” en el año que firmó “El Concordato”. La presencia de Trujillo en Europa, particularmente en España, fue un acontecimiento espectacular porque llegó allí acompañado no solamente de altos funcionarios del régimen, sino también de una flota de la Marina de Guerra, integrada por tres naves que trasladaron un regimiento de soldados dominicanos, del Ejército, la Marina y la Aviación Militar, que desfilaron por las calles de Madrid, encabezados por una banda de 60 músicos, tocando pasodobles españoles y marchas dominicanas, dirigida por Bienvenido Bustamante.

Fuera del escenario donde el autor de esta columna había pasado el proceso de crecimiento de la niñez a la adolescencia, como en principio, éramos renuentes, acostumbrarnos al estilo de vida de la ciudad Capital, apresurado, no muy apegado a la verdad y las buenas costumbres que tenían los congloméranos urbanos y agrícolas del país. Continuaremos…

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¡División Berlanga! (XXV)

La graduación como bachilleres del Liceo Secundario del Municipio cabecera de la provincia de Monte Cristi, en el año de 1954 y la intención del autor de esta columna, de ausentarnos del país para estudiar aagronomía en Honduras, en el llamado colegio “Zamurano”, fue abandonada después de la conversación que sostuvimos con Mandito García, aquel amigo de nuestro padre. Nos trasladamos en los finales del mes de Septiembre de ese mismo año, a la ciudad Capital. Dejamos ese escenario agrícola de la Grenada Company, llamado “División Berlanga”, que para ese momento había alcanzado el esplendor de su riqueza. Nuestra familia, había residido en Jaramillo, Maguaca, Madre, Maguaca otra vez, lugar en que se había celebrado el matrimonio de nuestra hermana mayor, Mercedes Virginia, como habíamos relatado, con Fabio Ortiz, santiaguero y empleado de la empresa en la ciudad de Manzanillo. El matrimonio de nuestra hermana Mercedes, fue el primero en celebrarse, de la hija de un empleado agrícola de importante categoría de la compañía, situación a la que se sumaba la realidad social de que nuestro padre era un veterano, ex capitán del Ejército Nacional.

El desarrollo de las actividades agrícolas, había llegado en el aspecto tecnológico, a su más alta expresión y en Manzanillo, lugar en que estaba instalado el puerto de Embarque de la producción agrícola, las actividades burocráticas y técnicas, habían alcanzado un desarrollo admirable. Realmente en términos urbanos por la calidad de sus construcciones, Manzanillo era un pueblo encantador, surcado por doce o catorce calles de amplia dimensión, asfaltadas, con aceras cómodas y con un servicio energético para todo el poblado de 24 horas. Para aquel momento estamos convencidos que no existía en nuestro país, conglomerado urbano, con las características modernas y construcciones o viviendas tan hermosas como las de Manzanillo. Los informes que se recibían y se conocían, eran que la Grenada Company actuaba de esa manera porque evitaban permanentemente, tener contratiempos o contradicciones con el régimen dictatorial que encabezaba Rafael Trujillo Molina.

Cuando salimos de Monte Cristi trasladándonos a la ciudad Capital, mi padre con el resto de la familia que la componían nuestra madre y mis dos hermanos varones, César y Joselyn, quedaron viviendo en Maguaca, ya que Mercedes y Fabio Ortiz residían en Manzanillo y Martha, la más pequeña de las hembras a la cual seguíamos, había pasado a residir a la ciudad Capital y cursaba estudios en el conocido Instituto Dominicano Gregg. Ya en ese momento el afamado equipo de beisbol, fundado por Fernando Badía en la finca Madre, había desaparecido porque su creador y manager, se había retirado de sus funciones como empleado de la compañía. La importancia en el escenario regional beisbolero, como representante de la empresa bananera, la había asumido el equipo de Manzanillo en el cual se había iniciado, como jugador de importancia la legendaria figura de Juan Marichal.

El manager del equipo de Manzanillo, era Fernando de Lara Viñas, “El Loro”, mocano, a quien hemos mencionado en el desarrollo de esta historia de la “División Berlanga” de la Grenada Company, quien es además el autor de un libro de extraordinaria importancia que se conoce con el nombre de “Reminiscencias de un Bananero”. Continuaremos…

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¡División Berlanga! (XXIV)

En Julio de 1954, los estudiantes del entonces Liceo Secundario “Generalísimo Trujillo”, del municipio cabecera de Monte Cristi, realizamos nuestra de graduación como bachilleres en un hermoso acto celebrado en la terraza salón del legendario “Club de Comercio” de esa comunidad. De muchos de esas compañeras y compañeros, hablaremos después haciendo mención de los que se fueron de la vida y particularmente de otras y otros que hemos mantenido un vínculo de amistad estrecho, en ese largo proceso de nuestras vidas que suman 63 años. La idea que teníamos o mejor dicho la decisión que habíamos tomado, era de estudiar Agronomía en el llamado “Instituto Agrícola Panamericano” de Honduras, conocido popularmente con el nombre de “Zamorano”, porque quien había fundado esa Institución era un antiguo presidente de United Fruit Company, llamado Sam Murray, en el cual se habían inscrito y graduados por lo menos tres dominicanos que con el transcurso de los años llegaron, a ser Ministros de Agricultura de nuestro país: Ligio Tavares Miolán, Héctor Mena Valerio y Manuel de Jesús Viñas Cáceres, alias “Meme”.

Pero el autor de esta columna fue convencido por un viejo amigo de nuestro padre, llamado Armando García, alias Mandito, que conducía una guagua pública, que viajaba a los bateyes de la Grenada Company y ocasionalmente a Dajabón y Manzanillo. Mandito era un personaje muy singular: su padre Don Pitito García era, sin lugar a dudas, el hombre más rico de la provincia de Monte Cristi y aunque se había divorciado de su esposa, tenía una larga familia, dedicado a diferentes actividades, aunque había unos que manejaban bienes agrícolas que Pitito tenía en la provincia Sánchez Ramírez, conocida también con el nombre de Cotuí; fincas sembradas de arroz, de gran extensión que manejaba uno de sus hijos, que vivía en Santiago, como un príncipe provinciano, de deslumbrante esplendor. Pitito tenía también en Monte Cristi, una ganadería muy importante.

Mandito nos convenció un lunes en la mañana, cuando regresábamos a nuestra casa ubicada en la finca Maguaca, después de haber permanecido en el pueblo de Monte Cristi el fin de semana, cumpliendo con nuestras obligaciones como trompetista de la Banda de Música Municipal . Mandito nos dijo que era un disparate, que fuéramos a estudiar agronomía para venir a instalarnos en una finca que era propiedad de nuestro padre ubicada en el paraje de Villalobos. Afirmaba nuestro amigo, que el autor de esta columna además del bachillerato en Filosofía y Letras que habíamos obtenido éramos taquígrafo- mecanógrafo- músico, periodista y un reconocido y admirado maestro de ceremonias, que cuando nos presentábamos en actos públicos, los presentes repetían que “Euclidito habla sin papel”. Y realmente era verdad lo que decía Mandito. Concluyendo en esa conversación y afirmando que lo que debíamos estudiar era Derecho.

Esa conversación con Mandito García fue decisiva en nuestra vida y cuando llegamos a nuestra casa al final de la mañana y nos sentamos a almorzar con nuestros padres, nuestro hermano mayor César y el más pequeño Joselyn, le dijimos al jefe de la familia que habíamos decidido no ir a Honduras a estudiar agronomía, que debíamos cambiar la idea para estudiar la carrera de Derecho. Agregando a nuestra conversación que nuestro padrino de confirmación, Luis del Castillo Morales, abogado, sería nuestro tutor en la capital de la Republica. Continuaremos…

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¡División Berlanga! (XXIII)

En nuestra columna anterior recordábamos la fotografía tomada en los finales del año 1949, en la cual figuraban los empleados de más jerarquía de la División Agrícola de la Grenada Company incluido en ella, mister Shock, quien era en ese momento el superintendente a cargo de la División, de quien dijimos era un personaje inolvidable en la vida del autor de esta columna por las preferencias con las que nos distinguió en esa etapa de la niñez, cuando cursábamos el séptimo curso de la escuela primaria. Fue este funcionario de origen inglés nacido en Jamaica, ingeniero agrónomo, en cuyo matrimonio no había procreado hijos, quien dispuso que la escuela primaria de La Cruz de Palo Verde fuera puesta a funcionar con un solo alumno que fue el autor de esta columna, bajo la dirección de una distinguida dama puertoplateña llamada Isabel Miller de Pimentel, conocida con el apodo de Chabela.

Nuestra querida e inolvidable maestra moriría muchos años después en un accidente automovilístico ocurrido en su pueblo natal. En esa escuela terminamos la primaria, acompañado de dos niñas que se integraron meses después, de quienes hemos hablado con anterioridad, fueron: Minoncha Macarrulla y Elsa Báez, aún con vida las dos, aunque hace muchos años no tenemos contacto con ellas.

A partir de ese momento, finales de 1949 principios y meses siguientes de 1950, se integraron en la División Agrícola de la compañía nuevos empleados que jugaron un importante papel porque actuaban como empleados de campo y de oficina, entre los cuales recordamos a Chichí Matos, barahonero, hermano de Manuel Matos que era para entonces mayoral de la finca Isabel, barahoneros con experiencia agrícola porque habían trabajado en el ingenio Barahona.

Llegó también un señor de edad avanzada llamado Eulalio Hernández, oriundo de Moca, familiar político cercano de Juancito Rodríguez, el rico terrateniente enemigo de Trujillo, que se había ausentado del país años atrás.

Don Eulalio era el progenitor de una larga familia de adultos, jóvenes y niños entre los cuales estaban Ramón Hernández, “My Friend”, quien trabajaba en Manzanillo y es el padre de una distinguida dama que nos representa ahora como embajadora en Francia, conocida popularmente como Cuchita Hernández. Los otros hijos varones de don Eulalio eran Ismael, Plutarco, Hugo y Pitágoras; Hugo fue compañero de infancia del autor de esta columna y estuvimos juntos en la escuela primaria de varones “Honduras”, en el municipio cabecera de la provincia. Muchos años después, Hugo fue un excelente locutor de televisión de Rahintel Canal 7, de Santo Domingo.

Vinieron a trabajar a la División Agrícola, Cesar Rodríguez, santiaguero, y los hermanos Díaz Gómez, José Joaquín y Humberto Antonio, puertoplateños y más tarde José Eduardo Duboc, miembro de una importante familia de Puerto Plata, casado con Katy Heinsen, que vino a residir en la finca Maguaca, de la cual era encargado nuestro padre y que era una de las más hermosas plantaciones bananeras.

Que en ese periodo que fue relevado, como superintendente agrícola, Douglas Kidd, de quien hemos hablado en ocasiones anteriores, que se ausentó del país y fue relevado por mister Eikat, ingeniero agrónomo, estadounidense, que había residido mucho tiempo en Honduras y que estaba casado con una dama afable, simpática, pero desgraciadamente alcohólica. En el año de 1954, el autor de esta columna recibió su título de bachiller en Filosofía y Letras, graduado en el liceo secundario de Monte Cristi. Continuaremos…

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¡División Berlanga! (XXII)

Dijimos en una de nuestras columnas anteriores que la empleomanía burocrática y agrícola de la Grenada Company se había convertido en un alta pequeña burguesía ubicada en la provincia de Monte Cristi y particularmente en Manzanillo, que era en realidad el Municipio Pepillo Salcedo en cuya costa en la Bahía, había sido construido un puerto de calado profundo propiedad de la empresa babanera. Además esa alta pequeña burguesía a la que pertenecía la empleomanía agrícola de las fincas que como dijimos fue presentada, públicamente en la revista Unifruitco, que editaba en español, la United Fruit Company en los Estados Unidos de América, en una fotografía tomada en el año de 1949. En esa fotografía figuran con sus nombres los dominicanos y extranjeros, bajo cuya dirección se habían desarrollado en un proceso de cinco o seis años, las hermosas y productivas fincas, siete en total, que eran un espectáculo de extraordinaria belleza, nunca vista en nuestro país.

Esa foto histórica, fue tomada en el patio del hermoso chalet, en el cual vivía Rafael Bobea, petromacorisano Chief Clerk, que quiere decir, Oficial Mayor de la Superintendencia de la División Agrícola de la Empresa. En ella están los nombres de los extranjeros que vamos a señalar: Míster Johnson, Míster Breck, Míster Ney, Erick Skurnop, Ángel Menéndez Suarez, Míster Shock, el cual desempeñaba las funciones de Superintendente Agrícola, Zaida Ginebra de Lister, “Chao”, Y Míster Braniff. Douglas Johnson, era un antiguo Capitán del Ejército estadounidense que llegó al país cuando la intervención iniciada en 1916, acompañado de un hermano gemelo que ostentaba el mismo rango, quienes quedaron residiendo en el país, muriendo el hermano de Míster Johnson en Palo Verde y enterrado a orillas del río Yaque del norte, cuando ambos trabajaban en la compañía limonera en 1932.

Figuraban también Warren Breck, ingeniero agrónomo, especialista en análisis de las tierras agrícolas, que desempeñaba las funciones de Intendente de la División de Experimentos, Erick Skurnop, según su testimonio ciudadano finlandés, que el padre del autor de esta columna nunca creyó y nuestra familia fue su vecina en la finca Jaramillo que en ese entonces no había sido sembrada de guineos. Nuestro padre afirmaba que Erick, en realidad era un piloto alemán, veterano de la Segunda Guerra Mundial de la Fuerza Aérea conocida con el nombre de Luftwaffe. bajo el régimen de Adolf Hitler. Ángel Menéndez Suarez, español, era capitán del Ejército Republicano de la Guerra Civil de España que tenía ya varios años residiendo en el país, casado con una maestra puerto plateña y Mister Braniff, entomólogo, que estamos convencidos que fue el primer profesional de su área que residió en la Republica Dominicana.

Todos estos extranjeros particularmente los anglosajones que vivían en la División Berlanga, o plantaciones bananeras hablaban el español, así como los que vivían en Manzanillo, la mayoría de ellos con absoluta fluidez, porque el contrato, que el gobierno había subscrito, con la Grenada Company, establecía de manera precisa que todos los funcionarios burocráticos, técnicos; agrícolas y de cualquier otro género, particularmente los estadounidenses, para desempeñar sus funciones en el territorio dominicano, obligatoriamente tenían que hablar nuestra lengua, el idioma español, que era el idioma en el cual podían recibir órdenes la empleomanía burocrática, agrícola y de trabajadores rurales de nuestro país. Continuaremos…

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¡División Berlanga! (XXI)

En el transcurso del tiempo sucedído entre 1949 y 1952, las bases fundamentales en el orden agrícola, técnico, económico y social, de la Grenada Company, filial en nuestro país de la United Fruit Company, que estamos obligados a reiterar era la empresa agrícola más importante del mundo en ese momento, estaban en excelente proceso de producción y disciplina. Las construcciones básicas de líneas férreas, sistemas y canales de irrigación, talleres y plantas productoras de energía eléctrica, tanto en La Cruz de Palo Verde como en Manzanillo, asi como los talleres de reparación mecánica en ambos lugares, rendian un trabajo de servicio incuestionable. Se agregó a esa situación el traslado de la ciudad de Monte Cristi a Manzanillo de un grupo de empleados del más alto nivel burocrático, que habían quedado viviendo en el Municipio cabecera de la provincia. Esos empleados se trasladaban en un autobús grande, propiedad del señor Luis Moreaux, que tenía el nombre, de la menor de sus hijas, llamada Angelina.

El adios a Monte Cristi en enero de 1950, para trasladarse a Manzanillo entre aquellas personas que el autor de esta columna recuerda, fueron Rene Ginebra, Quilvio Casanova, Pedro Santelises, Pedro José Borrell y Chery Jiménez, aunque la cantidad de empleados de esa categoría era mayor. Para 1950 nuestra familia tenia cerca de dos años residiendo en las plantaciones bananeras de Jaramillo y Maguaca. Y fue entonces, en diciembre de 1949, que se dio aquel episodio que figuró en las primeras páginas de los periódicos nacionales que eran: “La Nación” y “El Caribe”, propiedad del Estado dominicano y Rafael Trujillo Molina. Ese episodio fue la llegada a la ciudad capital, de dos niñas hermanas, de cuatro y tres años de edad, quienes viajaron por avión solas al cuidado de las camareras, desde Helsinki capital de Finlandia, para reunirse con sus padres. Volaron 4,500 millas llegando a Santo Domingo en la noche del día 23 de 1949 y fueron recibidas por sus progenitores Eva y Erick Skutnab. Erick como recordamos, murió poco después y quedo enterrado en el cementerio de la finca Isabel.

Con el traslado de los empleados de la Grenada a Manzanillo para residir en los hermosos chalets que se habían construidos, quedaron cerrados también, dos lugares donde estaban instaladas las oficinas de la sección de “El Experimento” en Rancho Grande a orillas del rio Yaque y la llamada Casa Blanca, hermosa construcción con las características de las casas coloniales del Sur de los Estados Unidos de América donde estaban instaladas las oficinas del Departamento de Contabilidad de La Compañía, situado también en la margen oriental del Yaqué del Norte, muy cerca del puente curvo “Benito Monción”. Fue en aquel momento que fue empleado en la empresa “Chico” López, hermano de Antonio López “Toñito”, que era asistente del Gerente General Míster Cloward; hermanos oriundos de La Romana que tenían una vieja amistad con nuestro padre desde cuando, en 1936, año del nacimiento del autor de esta columna, era primer teniente del Ejército Nacional, comandante del Municipio de La Romana, de gran importancia económica porque instalado en él estaba el Central Azucarero del mismo nombre.

En honor a la verdad histórica, las plantaciones bananeras de la “División Berlanga” de la “Grenada Company”, era un espectáculo de extraordinaria belleza en el orden agrícola y por la hermosura de esas fincas gigantescas, con irrigación aérea y canales de riego de superficie, que nunca se habían desarrollado en la Republica Dominicana. Continuaremos…

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¡División Berlanga! (XX)

En nuestra columna anterior, recordábamos que los muebles domésticos que la Grenada Company facilitaba a sus empleados de categoría en Manzanillo, como en la División Agrícola “Berlanga”, eran de excelente calidad, fabricados en caoba y otras maderas preciosas, en el taller de ebanistería de Don José Socias, que era, tal vez, uno de los tres o cuatro talleres de esa naturaleza que existían en nuestro país. Solamente podían competir con ese taller los del Central Romana y el Central Barahona. Su dueño, don José Socias, era un ciudadano distinguido, miembro de una familia de comerciantes respetada y apreciada por la comunidad de Monte-Cristi; pero a don José Socias los montecristéños no han rendido homenaje a su memoria del que es acreedor. Este personaje fue fundador, allá por el 1936 o 1938 de la Escuela Normal de esa comunidad, que después serían conocidas con el nombre de “Liceos Secundarios”.

Don José era un desafecto del régimen trujillista que gobernaba al país desde 1930 y fue el progenitor de una familia distinguida, que la componían entre otros, Gabriel, llamado Picho, medico odontólogo de conocida reputación nacional y maestro de ebanistería, también, como su padre; Bienvenida, una de las atletas más grande que ha dado el país en toda su historia, extraordinaria jugadora de vólibol, básquetbol y softball, hermosa, que luego fue maestra de Historia Dominicana, de la Escuela Secundaria de Monte-Cristi, de quien fue alumno el autor de esta columna, que gozó de su aprecio y distinción siempre, aprecio y distinción que recibimos de su esposo Héctor Rodríguez Grullón. A estos hijos se sumaban, Sebastián y Maney, el primero, si no nos equivocamos ingeniero diesel, graduado en la Universidad de Mayaguez de Puerto Rico. La cancha de vóleibol y básquetbol del Municipio cabecera de Monte-Cristi, lleva el nombre de Bienvenida Socias.

Para 1953-1954 en Manzanillo se había desarrollado, como empleada de la “Grenada”, una burocracia aristocrática que ejercía las funciones de dirigir todos los departamentos de la empresa. Casi la totalidad de esa burocracia no era con pocas excepciones, oriunda de Monte-Cristi. Provenía de diferentes provincias del país, particularmente, Puerto Plata, Santiago, San Pedro de Macorís, Moca y otros lugares, en particular Barahona. Estaba integrada casi en su totalidad por miembros de la pequeña burguesía urbana, que se había formado en el orden educativo, en las escuelas primarias y secundarias que habían establecido en todo el país el régimen dictatorial de Rafael Trujillo Molina. Es más, la mayoría de los empleados burocráticos de Manzanillo y la División “Berlanga” agrícola, eran bachilleres graduados en esas escuelas y dentro de la concepción de la enseñanza hostosiana.

Habíamos dicho que la compañía había comenzado a exportar semanalmente más de un millón de racimos de guineos “Johnson”, que eran trasladados por las vías férreas que provenían de las fincas, Palo Verde, La Cruz, Maguaca, Madre Julián y Jaramillo, Para ese momento la llamada “Flota Blanca” de la United Fruit Company, tenía cuatro barcos con el nombre de “ Cibao”, “Quisqueya”, “Santo Cerro” y “Yaque” y se había celebrado un espléndido acto, para dar la importancia que esos embarques merecían, al que asistieron importantes funcionarios del régimen que gobernaba al país, encabezados por Manuel de Moya Alonzo, Secretario de Agricultura, Gerardo Ares Bello, Gobernador de Monte-Cristi, Julio Ortega Frier, Abogado de la Grenada y Enrique Estrada Gobernador de “Libertador”, hoy Dajabón. Continuaremos…

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¡División Berlanga! (XIX)

Para el período transcurrido entre 1952 y 1954, las instalaciones físicas de la “División Berlanga” de la Grenada Company en Monte Cristi, estaban prácticamente terminadas y podemos describirlas excluyendo, desde luego, al Municipio de Pepillo Salcedo, correspondiente a la provincia de Monte Cristi, que popularmente era y es conocido, con el nombre de Manzanillo. En la Cruz de Palo Verde, habían construido 19 viviendas en formas de chalets, que eran de una hermosa confección y que todavía hoy, lo que queda de ellos, despiertan admiración profunda por el escenario en que fueron construidos. En La Cruz de Palo Verde se había construido un campo de softball, que era el asiento del equipo de ese deporte conocido con el nombre de “Berlanga” el cual había reorganizado un antiguo Superintendente Agrícola, como hemos dicho que respondía al nombre de Douglas Kidd, Ingeniero Agrónomo que había jugado en una Liga Menor de los Estados Unidos de América, que pertenecía a los Medias Rojas de Boston.

En esas construcciones de la Cruz de Palo Verde, había un chalet a la orilla del río Yaque del Norte, bellísimo, que había sido construido en los inicios de la decada de 1930, tal vez en 1932, por una empresa agrícola de capital extranjero entre los que había empleados de origen europeo, conocida con el nombre de “La Limonera”. Es esa casa que vivía Osvaldo Lister Bircám, Cuco, que llegó a ser alto funcionario de la empresa bananera, nacieron sus hijos, Osvaldo, Carmen, Guillermo Emilio y Alexandra y estaba ubicada en la margen sur de ese importante río, de dimensión continental, que desemboca en el paraje de “Quebró” en la provincia de Monte Cristi. En ese lugar de La Cruz de Palo Verde, que era la capital agrícola de la empresa, ademas de la Superintendencia Agricola, estaba la escuela primaria que se iniciaba en el 4to curso hasta el 8vo, en la cual cursó el 7mo y 8vo el autor de esta columna, que fuimos el primer alumno graduado en ese centro de enseñanza.

En ese lugar fue construido por el año de 1954 el “Club Berlanga”, que además de cancha de tenis, sala de billar, tenía una hermosa piscina, que era también el local donde todos los jueves, de cada semana, la empresa exhibía las películas más modernas de la cinematografia estadounidense. En el hábitat de los empleados burocráticos y de campo de la división agrícola de más categoría, se construyó después, un campo de golf de nueve hoyos y existía también una construcción de madera con techo de zinc, que se conocia con el nombre de “Hotel de Solteros”. La Cruz de Palo Verde, además de un acueducto que alimentaba de agua potable ese hábitat, las oficinas y los dos bateyes que existían, recibía el servicio de energía eléctrica de manera permanente, sin interrupción, las 24 horas del día. Hemos expresado que ninguna de las empresas estadounidenses, como “El Central Romana”, “El Barahona” y la “Dominican Fruit Co”, establecida en Azua, acomodaron con tanta calidad y bienestar físico, a sus empleados.

Además de estos chalets de La Cruz de Palo Verde, en las fincas de Isabel, Madre, Maguaca, Walterio, Julián y Jaramillo, habían construcciones similares a los de La Cruz de Palo Verde que hacían un total de 23 a los que debemos sumar las 19 viviendas similares que habían en La Cruz. Estas viviendas estaban amuebladas con excelentes muebles de caoba, comedores, salas y alcoba, de primera calidad, fabricados por el taller de ebanistería de don José Socías, ubicado en el municipio cabecera de la provincia de Monte Cristi. Continuaremos…

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¡División Berlanga! (XVIII)

Como dijimos en nuestra columna anterior “Crónica del Presente”, fue a partir de 1950 cuando quedó definitivamente consolidada la “División Berlanga”, en el orden agrícola y urbano de la Grenada Company. Urbano porque Manzanillo se convirtió en una hermosa ciudad, planificada correctamente, con calles anchas y pavimentadas, con sus aceras y edificaciones en las cuales estaban las oficinas administrativas de mayor importancia. A esto se sumaba la gigantesca construcción del taller, por el cual pasaban las vías férreas, que llegaban al muelle de la bahía de calado profundo, considerado el puerto más seguro del Caribe y Centroamérica, en cuyo seno se protegían las naves que estaban ancladas en el muelle. Para entonces habían entrado en producción exuberante las fincas de Palo Verde, La Cruz, Isabel, Madre, Maguaca, Julián y Jaramillo.

Para entonces también, los Mayorales o encargados de cada una de esas fincas, eran empleados de mucha experiencia en el cultivo del guineo: Osvaldo Lister Bircám, Cuco, Mayoral de Palo Verde y La Cruz, Manuel Matos, Mayoral de Isabel, Domingo Ferreira, antiguo y notable jugador de béisbol, amateur, Mayoral de Madre; Abraham Núñez, Baban Mayoral de Maguaca; Pascual Fernández, Mayoral de Julian y Jose Rafael Bordas, Mayoral de Jaramillo. La División Berlanga, tenía aproximadamente, tres mil personas entre trabajadores agrícolas y personas de otras ocupaciones, así como la jefatura administrativa. En la realidad histórica de este país, ninguna de las empresas extranjeras que se habían establecido en territorio nacional desde finales del siglo XIX, estuvieron establecidas con la capacidad técnica y económica, como la Grenada Company.

Fue a partir de entonces, que ascendieron a un millón doscientos cincuenta mil racimos de guineos “Johnson”, que se exportaban semanalmente al mercado de los Estados Unidos de América, por el puerto de Manzanillo. Esa empresa efectuaba el pago de sus empleados los jueves de cada semana, tanto en Manzanillo como en el escenario agrícola a partir de las siete antemeridiano. La responsabilidad de efectuar ese pago, en un trailer gigantesco organizado como una ventanilla de banco, estaba a cargo de Wenceslao Arvelo, Laito, miembro de una conocida familia de ese apellido oriunda de la ciudad capital. Laito y su esposa María Cristina, en su recuerdo, son personas ligadas por siempre al afecto y cariño del autor de esta columna, quien le sirvió como abogado muchos años después aquí en Santo Domingo.

En 1952, en términos familiares y sociales, se produjo un acontecimiento importante en la vida de nuestra familia: el matrimonio de nuestra hermana mayor, Mercedes Virginia con un caballero oriundo de la ciudad de Santiago llamado Fabio Ortiz, quien era empleado de la compañía, con asiento en Manzanillo en el Departamento de Contabilidad de la empresa. El matrimonio se efectuó en la finca Maguaca, en la cual residíamos por segunda vez, porque habíamos vivido a finales de la década del 1949. Para entonces el autor de ésta columna con dieciséis años de edad cursaba el bachillerato en la Escuela Normal del Municipio cabecera de Monte Cristi. Esa boda fue la primera de la hija de un empleado de la Grenada Company en ese entonces. Nuestra hermana y su esposo fueron a vivir en Manzanillo, en los chalets de la parte baja y luego en un chalet del Cerro donde nacieron sus primeros hijos.

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