¡Juan Pablo Duarte! (I)

El pasado viernes 26 de este mes de enero se cumplieron 205 años del nacimiento de Juan Pablo Duarte, que sin lugar a dudas, e incuestionablemente, es la figura política de mayor categoría y proyección en la historia del pueblo dominicano.

El autor de esta columna, profundamente preocupado por el escenario incierto en que vivimos en los momentos actuales, quiere ratificar para conocimiento de los enemigos de la soberanía y dignidad de nuestra nación, particularmente Francia, Canada y Estados Unidos de América, que somos herederos de ese hombre extraordinario que no es el padre de la patria, ni de la nación dominicana, sino que es, real y únicamente, “El Fundador de la República” que nació el 27 de febrero de 1844.

Juan Pablo Duarte nació, en pleno proceso del período de la España Boba, en la cuidad de Santo Domingo, hijo de Juan José Duarte, oriundo de España y de Manuela Diez Jiménez, criolla, natural de El Seibo. En los momentos del nacimiento de Juan Pablo, hacía tres años que se habían iniciado las guerras de independencia de las colonias españolas del continente americano, en un escenario geográfico gigantesco que abarcaba desde el rio Bravo hasta el estrecho de Magallanes; desde el virreinato de Nueva España, que más tarde sería el Estado Mexicano, hasta el virreinato del Río de la Plata, que luego sería Argentina y Uruguay. Corrían los vientos de igualdad y justicia que generaron la revolución francesa, a partir de 1789, y en Europa, habían barrido las monarquías feudales.

En la génesis del proceso histórico de nuestro pueblo, cuando Juan Pablo nació, las bases de la Nación dominicana, se habían echado y vinieron a fortalecerlas el triunfo de la Batalla de Palo Hincado, cuando dominicanos españoles, blancos, mulatos, mulatos jabaos, negros libres y negros esclavos, derrotaron en la primera “Carga al Machete” que se ejecutó en América, las tropas francesas al mando del general Ferrand, que eran los restos de la gigantesca Armada Imperial que había ocupado la isla de Santo Domingo, por órdenes del emperador francés Napoleón I.

Duarte creció y se hizo hombre cuando reinaba en el mundo, con gran influencia, pero particularmente en América, un ambiente eufórico de ideas progresistas y liberales.

Esas ideas se profudizaron y extendieron en la parte oriental de Santo Domingo cuando en 1822, Jean Pierre Boyer, presidente de Haití, unificó la isla bajo un solo gobierno y, como promotor de esos principios, declaró abolida la la esclavitud patriarcal en la parte española y consolidó la república y sus instituciones en la antigua colonia.

Es necesario recordar que cuando se libró la Batalla de Palo Hincado de la que hemos hablado, existían ya en el país hombres que simpatizaban con las ideas republicanas e independentistas, aunque no se había desarrollado un sector social capaz de auspiciar un movimiento que motorizara el proceso revolucionario, independentista.

De todas maneras, el valor y el heroísmo de los habitantes de la parte oriental de la isla era una realidad reconocida, no solamente por lo haitianos sino también, especialmente por los españoles que habían combatido el levantamiento encabezado por Enriquillo en 1519 y después “Las cimarronadas de los negros esclavos” que habían heredado y aprendido las tácticas del gran capitán aborigen que vivió en la sierras de Bahoruco, con más de 15 años de victoriosa protesta contra la dominación de los españoles.