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Matrimonio Infantil y Uniones tempranas

El matrimonio infantil y las uniones tempranas se han convertido en un serio escollo para el desarrollo integral de nuestro país. Casi 4 de cada 10 mujeres que hoy están entre los 20 y los 24 años, se casaron antes de los 18 años, y 2 de cada 10 lo hicieron antes de los 15 años.

Esta realidad, junto a la de los embarazos en las adolescentes, está generando una fuerte presión sobre los indicadores de nuestro país y, más que nada, está perpetuando el círculo de la pobreza en muchas familias dominicanas.

Evidentemente, las zonas más afectadas por este flagelo se concentran en las provincias con mayor pobreza del país. Montecristi, Independencia, Pedernales y Barahona, son las que más alta tasa presentan, lo que coincide con las cifras relacionadas al embarazo precoz.

Con el matrimonio infantil, muchas veces, se busca escapar de la pobreza o de la violencia en un familia, incluso de situaciones difíciles en la vida de las adolescentes. Muchas otras no es más que una manifestación de las carencias de una familia. En todos los casos, el matrimonio infantil ocasiona que las niñas no obtengan logros académicos, se sometan a un proceso de madurez a destiempo, que ocasiona serios daños psicológicos y emocionales y generan importantes problemas económicos.

Por ello, el matrimonio infantil ha pasado a ser un problema económico, social y de salud pública, que generará un costo de miles de millones de dólares para los países en desarrollo, de acuerdo a lo que ha dicho el Banco Mundial.

Según ese estudio, la erradicación del matrimonio infantil disminuiría las tasas de fecundidad en países en desarrollo, lo que resultaría en un menor crecimiento de la población y, por ende, un ahorro de alrededor de 500 mil millones de dólares para esos países. En el caso de la República Dominicana, este beneficio económico ha sido calculado en 4,100 millones de dólares anuales.

De igual manera, poner fin al matrimonio infantil reduciría las tasas de mortalidad materno-infantil, aumentaría la participación y el nivel de ingresos de las mujeres en el mercado laboral, entre otros muchos beneficios.

Para el caso de la República Dominicana, el resultado de investigaciones que hemos realizado desde el Gabinete Social con UNICEF, afirman que acabar el matrimonio infantil disminuiría la pobreza entre ese grupo de mujeres de un 41% a un 29.7%. La pobreza nacional disminuiría de un 30.5% a un 27.7%.

Para ello, es necesario tomar importantes medidas tanto desde el ámbito público como desde el sector privado, especialmente en el sector educativo. De la misma manera, es esencial fomentar un marco jurídico y normativo favorable, tal y como ha sido discutido en torno a las modificaciones al Código Civil dominicano, que aún cursan el Congreso Nacional.

En conclusión, el matrimonio infantil es un grave problema social, con repercusiones económicas y para salud, que requieren de nuestra urgente atención. Los programas educativos deben aumentar la conciencia pública sobre las consecuencias de este problema y empoderar a las niñas con información oportuna, sobre todo lo que pierden al ser objeto de un matrimonio precoz.

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¡División Berlanga! (XXXI)

La siembra de la variedad de bananos o guineos que comenzó a sembrarse en la sección cuatro, de la finca Maguaca, de la División Berlanga, de la Grenada Company, en Monte Cristi era un tipo de fruto que aunque guineo al fin, no tenía el mismo tamaño y sabor, que la variedad llamado “Johnson”, diferencia que empezaba en el tamaño de la mata, ya que aquella que producía el Cavendish era de apenas cinco pies de altura y la del Johnson alcanzaban diez o doce pies; el tamaño del fruto era el doble del que producía el Cavendish, y por esas razones a la mata productora le denominaban con el nombre de “media mata”. “El mal de Panamá”, no pudo ser controlado efectivamente y se extendió en un período no mayor de tres o cuatro años, a la mayor parte de las seis fincas bananeras que hemos señalado por sus nombres en columnas anteriores.

En ese período de tiempo, llegaron a la División Berlanga después de Míster Eycock, dos nuevos Superintendentes, el primero de ellos fue, Rolando Cose Manzanares, Ingeniero Agrónomo, graduado en universidades de los Estados Unidos, cuyo padre era un inglés, y su madre hondureña. Don Rolando era padre de una numerosa familia de ocho vástagos, hembras y varones, entre las cuales estaban dos hermosas jóvenes adolescentes que respondían a los nombres de Julia, y Guillermina, esta última llamada, cariñosamente “Mina”. Don Rolando, como decíamos, era un personaje que irradiaba una autoridad de respeto y consideración, superior a la mayoría de los que habían desempeñado las funciones de Superintendente de Agricultura de la División Berlanga. Era un hombre culto, con vasta sabiduría, no solamente en la profesión que había estudiado, sino también en otras áreas del conocimiento.

Inició con el autor de esta columna, no obstante la diferencia de edad, una relación amistosa, paternal y cariñosa, aunque sus hijas y uno de sus hijos tenían más edad que nosotros. ¡Con cuanto respeto y admiración recuerdo la figura de Don Rolando Cose!. En nuestras conversaciones que se producían en términos de la historia hispanoamericana, particularmente de las Naciones de Centroamérica y del Caribe, tocamos todos los temas, haciendo hincapié por la importancia de lo que había sucedido, en los episodios de las “Guerras de Independencia” libradas contra España y más luego la guerra de México contra los Estados Unidos y de Augusto César Sandino, en Nicaragua, así como la intervención de los ejércitos estadounidenses en la Republica Dominicana en el año de 1916. Don Rolando con mucha prudencia, criticaba la naturaleza represiva del régimen de Rafael Trujillo Molina, aunque diferenciaba al dictador dominicano de otros dictadores hispanoamericanos.

En el registro de nuestra memoria, vive el recuerdo de Don Rolando, porque sus dos hijas de más edad Julia y María Guillermina, casaron con dominicanos. La primera, con un extraordinario parecido a Sofía Loren, la famosa artista italiana de aquella época, contrajo matrimonio con Juan Líster Bircam, compañero y amigo íntimo desde el inicio de la adolescencia del autor de esta columna. La segunda cariñosamente llamada “Mina” contrajo matrimonio con nuestro hermano mayor Mario César, conocido también con el nombre de “Capitán Memoria”; “Mina”, moriría aquí en la Republica Dominicana, hace muchos años. Ella fué entre las esposas de los hijos del matrimonio Gutiérrez Félix, la favorita de nuestra madre. Continuaremos…

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El Partido Azul en la Historia Nacional

El Partido Azul, liderado por el general Gregorio Luperón, emergió como una gran fuerza política varios años después de haberse realizado la Guerra de la Restauración (1963-1865), la cual puso fin al acto ignominioso de la Anexión a España llevada a cabo por el general Pedro Santana en 1861.

Sin embargo, las raíces del Partido Azul se encuentran en la Revolución de 1857, en la que los pueblos del Cibao organizaron una insurrección en contra del gobierno de Buenaventura Báez con el propósito de establecer un sistema político basado en las doctrinas liberales y democráticas, que eran las más avanzadas de aquellos tiempos.

Miembros de una nueva generación, los integrantes del Partido Azul eran los herederos legítimos del Movimiento de La Trinitaria y de Juan Pablo Duarte. Sus fuentes de inspiración la encontraban en las ideas y el pensamiento de figuras tan ilustres como Pedro Francisco Bonó, Ulises Francisco Espaillat y Benigno Filomeno de Rojas.

Esa nueva generación llegó al poder en 1879, cuando el general Luperón, junto a otras destacadas figuras militares de la época, luego de haberse levantado en armas en contra del gobierno del general Césareo Guillermo, instaló un gobierno provisional en Puerto Plata.

A partir de ese momento, el Partido Azul se convertiría en la organización política más exitosa que había conocido el país durante el siglo XIX, el cual gobernaría durante 20 años consecutivos, pasando por distintas etapas, hasta 1899, cuando se produjo la muerte del general Ulises Heureux, conocido como Lilís.

Inmediatamente, tras llegar al poder, lo primero que hizo el general Gregorio Luperón fue convocar una Convención Nacional con la finalidad de aprobar una nueva Constitución, la cual consignó que el ejercicio de la Presidencia de la República estaría limitada a tan solo dos años.

Gobiernos Azules

Al instalar su gobierno provisional en Puerto Plata, con el apoyo entusiasta de la mayoría de la población, el general Gregorio Luperón designó como delegado suyo en la Capital, el Sur y el Este, así como Ministro de Guerra y Marina, a su lugarteniente y amigo, el general Ulises Heureaux.

Al concluir su mandato, el padre Fernando Arturo de Meriño inició su ejercicio presidencial, el cual se extendió por dos años, desde 1880 a 1882.

Al igual que el general Luperón, el padre Meriño también empezó a ejecutar su mandato con una actitud democrática, de respeto a las libertades públicas, y liberal.

Sin embargo, a medida que su gobierno avanzaba, antiguos partidarios de Buenaventura Báez iniciaban conspiraciones en su contra. Para contrarrestarlos, el padre Meriño dictó el llamado Decreto de Santo Fernando, en virtud del cual ordenaba que todo aquel que fuese encontrado con las armas en las manos en contra del gobierno sería castigado con la pena de muerte.

Varios sufrieron ese castigo; y fue tal la sangre derramada que algunos han llegado a calificar el gobierno del padre Meriño como de una dictadura.

Sea como fuere, al terminar el período presidencial del padre Meriño, resultó electo, por recomendación del general Gregorio Luperón, Ulises Heureaux, el temible Lilís, quien, en principio, como ha podido observarse, fue un gran protegido del general puertoplateño.

Para el general Luperón, esa elección de Lilís era en verdad un reconocimiento necesario a los muchos méritos que éste había acumulado en favor del Partido y de la República desde que se integró, siendo muy joven, como soldado en la gesta de la Restauración.

Ulises Heureaux, Lilís, fue acompañado como Vicepresidente por el general Casimiro Nemesio de Moya; y al igual que sus antecesores, ejerció el mando con criterio democrático por un período de dos años, desde 1882 hasta 1884.

Sin embargo, aprovechando su posición de mando, procuró atraerse el apoyo de connotadas figuras del Partido Rojo, el partido de Buenaventura Báez, ante el vacío político dejado por éste, primero, por su salida del poder; y luego, por su fallecimiento en el exilio, ocurrido precisamente en el 1884.

Esos viejos líderes del baecismo le vendieron la idea al entonces Presidente de la República, Ulises Heureaux, de que debido a su arraigo político y militar, él debería considerar erigirse en el nuevo líder del Partido Azul, ya que ellos estaban dispuestos a ofrecerle el apoyo de los baecistas que operaba en la región Sur del país.

Ulises Heureaux aceptó la sugerencia; y en las próximas elecciones ya ejercía maniobras para que los candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia de la República fueran los que él apoyaba, esto es, Francisco Gregorio Billini y Alejandro Woss y Gil.

A esas candidaturas, sin embargo, se opusieron por vez primera en las filas de los azules, las del general Segundo Imbert y Casimiro Nemesio de Moya, quien hasta esos momentos se desempeñaba como Vicepresidente de Lilís.

Estas últimas candidaturas, de hecho, resultaron ganadoras en esos comicios. Sin embargo, Heureaux, según refiere el propio general Gregorio Luperón, incurrió en un fraude enorme, ya que “violó groseramente la ley, metiendo quince mil votos en las urnas, y el Congreso poco avisado, proclamó la candidatura de Billini y Gil”.

Estos fueron, de manera ilegítima, juramentados como Presidente y Vicepresidente de la República, el 1 de septiembre de 1884.

Todo eso resultaba Increíble. En el partido heredero de las ideas patrióticas de Duarte y los trinitarios; el de la doctrina liberal; en el glorioso partido de la epopeya de la Restauración, se había incurrido en un fraude vulgar.

De ahí en adelante, la unidad del partido se resquebrajó; la mística generada por una nueva generación en el poder, imbuida de sentimientos patrióticos, se desvaneció; y el país entró en una situación de anarquía que sólo culminaría cuando Lilís se convirtió en dictador.

Auge y caida de los azules

Por supuesto, el éxito político inicial de los miembros del Partido Azul no sólo estuvo en el hecho de que aspiraban a introducir ideas liberales y democráticas en la República Dominicana del siglo XIX.

También se debió al hecho de las profundas transformaciones económicas y sociales que el país experimentó durante las últimas dos décadas del siglo decimonónico.

Pero, aún antes, en medio de la situación de profundas carencias que se vivían en distintas partes del territorio nacional, el Partido Azul empezó a cobrar fuerza por el apoyo que brindó a los productores de tabaco en la región del Cibao.

Entonces el tabaco era el principal producto de exportación del país. Pero en el Sur, la riqueza descansaba en la ganadería, así como en la explotación de los bosques y la producción y exportación de madera, de lo que se beneficiaba sólo un pequeño grupo, dueño de grandes extensiones de tierra.

En medio de esa situación de dualidad del sistema productivo nacional, se produjo la migración de cubanos que salían de su país debido a la guerra de los diez años, entre 1868 y 1878, que se había estado llevando a cabo contra los españoles para alcanzar la independencia de la patria de José Martí.

Esos cubanos se establecieron por Puerto Plata, pero también por el Sur y el Este del país; y en esos lugares instalaron los primeros ingenios azucareros modernos que se conocen en la República Dominicana.

A partir de los ingenios, se realizó todo un proceso de capitalización y modernización que condujo, entre otros, a la construcción de ferrocarriles, al desarrollo de puertos marítimos y a la colocación de cables telegráficos.

Desde el punto de vista político, el Partido Azul representó la llegada al poder de la alta y la mediana pequeña burguesía, tal como brillantemente lo ha sostenido Juan Bosch, en su clásico texto, Composición Social Dominicana.

Ahora bien, en lo que atañe al papel de Ulises Heureaux, emite un juicio categórico. Afirma: “Aunque aspiraba, como todos los líderes azules, a convertir el país en un Estado burgués, se distinguía de los demás líderes del partido en un aspecto muy importante: el de los procedimientos.

La diferencia entre él y sus compañeros del equipo director de los azules se resolvía en la aceptación de una palabra. Los otros querían que Santo Domingo fuese un Estado burgués liberal; a Lilís le bastaba con que fuera un Estado burgués, sin llegar a liberal”.

Y efectivamente, así fue.

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¿Cuál es la posición aprobada?

Ha sido cauto Leonel en sus planteamientos; no se ha expresado sobre el carácter de las primarias simultáneas con padrón cerrado o abierto. Ha sido consistente en señalar que existen disposiciones constitucionales que contrarían las primarias con padrón abierto.

De ahí que el debate central sobre el tema en el CP ha sido jurídico constitucional. Cuando se ha planteado los defectos del padrón partidario, se acepta; por demás, que el VIII Congreso de la organización, ordenó “auditarlo y actualizarlo”.

En otro aspecto, se comparte que las primarias de los partidos, sean acompañadas por la JCE, quien debe legitimarlas.

¿Cuál es la diferencia no resuelta? Si las primarias deben ser con padrón abierto o padrón cerrado.

¿Cuál fue la posición de Leonel Fernández? Fue expositor persistente en que existen normativas constitucionales y judiciales que determinan la inconstitucionalidad de las primarias con padrón abierto.

Empezó fundamentándose en la sentencia de la SCJ, del 16/03/2005, que declaró inconstitucional una ley del 15/08/2004 que establecía primarias simultaneas con padrón abierto. En esa sentencia se establecen tres criterios básicos; primero, viola el derecho de libre asociación; segundo, la atribución de la JCE a convocar exclusivamente cada cuatro años a las asambleas de colegios electorales para cargos de elección popular y no para elegir propuestas de candidaturas de los partidos; y, tercero que la ley no establecía el origen de los fondos.

Luego, cuando se proclama la Constitución del 2010, se consagra en su artículo 277 que las decisiones anteriores al 2010, sobre recursos directos de inconstitucionalidad, con la autoridad de la cosa irrevocablemente juzgada, no podrán ser examinadas por el TC.

El objeto de este artículo 277 es crear una condición pétrea o invariable de todos los criterios de la jurisprudencia con rango constitucional anteriores al 2010. Dicho de otra manera, ofrecer seguridad jurídica de que no variaran los criterios sobre jurisprudencias con rango constitucional, esto con el fin de proteger derechos adquiridos.

Por otro lado, el artículo 216 de la Constitución, dispone que la organización de los partidos es libre y su “conformación y funcionamiento deben sustentarse en el respeto de la democracia interna”.

Evidentemente, las primarias simultáneas con padrón abierto son contrarias a la combinación de la sentencia de la SCJ del 16/03/2005 y el artículo 277; también contrarias al artículo 216, sobre libertad de asociación y democracia interna.

Resulta que el artículo 6 de la misma Constitución dispone que toda ley, decreto, reglamento u otra disposición que le sea contraria, es nula de pleno derecho; eso quiere decir, que no es necesaria la intervención judicial.

Se puede ver que para cualquier ponderación de si deben ser primarias con padrón abierto o cerrado, se debe definir previamente el carácter constitucional de las primarias abiertas.

En la reunión del CP no valió esas argumentaciones jurídicas. Porque ciertamente se tiene una posición pétrea.

En el caso específico de Leonel, fundamentó sus argumentos y posición en el carácter inconstitucional de la propuesta de primarias abiertas; no se salió de esa ponderación, excepto para decir que solo conocía tres países en el mundo que la aplicaba.

Al proponer, oportunamente, Danilo hacer una consulta jurídica, Leonel y el resto del CP la asumió como acuerdo previo ¿Está claro? “¿Comprendes?”

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¿Primarias abiertas o cerradas?

La selección de los candidatos de los partidos políticos tiene importantes consecuencias sobre la salud de la democracia y el fortalecimiento del estado de la nación. De ahí la necesidad de establecer reglamentaciones claras sobre este tema, puesto que la decisión de dejarlo al libre albedrío de las instituciones políticas, ha tenido resultados positivos y negativos, casi en la misma medida.

El concepto de primarias – definidas como las elecciones que permiten la designación de un candidato de un partido político, previo a la elección general – inicia en las primeras décadas del siglo XX, de la mano del partido progresista de los Estados Unidos, liderado entonces por Theodore Roosevelt y por Robert La Follette, entonces Gobernador de Wisconsin. Se trató de un movimiento que pretendía quitar a los jefes del partido el poder exclusivo de la nominación de los candidatos.

Cien años después, aún se discute en el ámbito académico y político-partidario, cuál es el modelo idóneo para la elección de los candidatos internos de los partidos políticos.

Los modelos en cuestión son: las primarias cerradas, que permiten participar sólo a los miembros de un partido político; las primarias abiertas, que permiten a todos los electores registrados participar de las elecciones internas, incluyendo a los miembros de otros partidos; las primarias semicerradas, que permite la participación en las internas sólo a los que no son miembros de partido alguno y; las primarias semiabiertas, que permite a los votantes participar en cualquier primaria, pero solo en las de un partido.

Cada esquema tiene sus ventajas y desventajas. En general, las primarias cerradas resultan ser más transparentes, involucrando a los miembros de los partidos en la vida interna de su organización. Sin embargo, la decisión recae en los miembros menos informados de las estructuras políticas, excluyendo a los simpatizantes de los partidos.

En el caso de las primarias abiertas, las mismas quitan a los partidos una de sus principales funciones, que es el reclutamiento de miembros, puesto que ya no es necesario para la selección de candidatos, aunque moviliza a un mayor volumen de personas, ya que se incluye a los simpatizantes. Sólo 4 países de la región contemplan este modelo: Uruguay, Argentina, Chile y Honduras.

Las primarias semicerradas y las semiabiertas tienen la desventaja de que podrían provocar lo que se conoce como “raiding”, que es que simpatizantes de un partido se presten a votar por el candidato más débil de otro partido. Las ventajas de estos modelos residen, principalmente, en que es un punto medio entre la exclusión de votantes independientes y la apertura total. La diferencia entre una y otra es que en las semiabiertas el votante declara públicamente su preferencia partidaria.

Al ejercicio académico sobre este tema, debe sumarse una visión desde la óptica legal. Las reformas constitucionales impulsadas en América Latina y El Caribe, han llevado a los partidos políticos a tener rango constitucional. Así sucedió en nuestro país con la reforma constitucional del 2010. El artículo 216 de la Carta Magna contempla que la conformación y funcionamiento de los partidos políticos deben sustentarse en el respeto a la democracia interna y a la transparencia, de conformidad con la ley.

El tema sobre el modelo de primarias que se adopte generará un debate constitucional, tal y como sucedió con la Ley núm. 286-04, que algunos han utilizado como muestra de que el tema de las primarias abiertas y simultáneas ya se discutió y acordó en una ocasión.

Dicha legislación fue declarada inconstitucional por la Suprema Corte de Justicia, bajo el argumento de que la Carta Magna establece las Asambleas Electorales como el mecanismo para elegir determinados funcionarios o cargos públicos, y no para elegir candidatos de partidos políticos ni celebrar primarias simultáneas. Además, consideró que despojar a los miembros de un partido político del derecho de elegir sus candidatos, equivaldría a “declarar la virtual quiebra del sistema político dominicano”.

Una reciente decisión del Tribunal Superior Electoral de la República Dominicana fortalece dichos argumentos, al considerar que “son los militantes de un partido los que deben elegir sus candidatos durante una convención interna con su propia lista o padrón”, que “aceptar lo contrario sería provocar que los partidos políticos se conduzcan en un esquema de vulnerabilidad que desnaturalice los fines y propósitos para los cuales han sido concebidos”.

Como lo estableció el fallo de la Suprema Corte de Justicia de 2005, la política debe mantener “su naturaleza privatística originaria”, es decir, que el Estado no debe intervenir más que para su regulación, puesto que “si bien se enmarca en el ejercicio de la función pública por ser parte de la función electoral, no por ello adquiere la categoría de función estatal”.

La decisión que se tome a nivel político sobre este tema definirá el futuro inmediato del sistema político-partidario de la República Dominicana. Una decisión errónea podría llevar a los partidos a la auto-destrucción, y si los partidos son débiles, sufre la democracia. Pero, por otro lado, ciertamente debemos encontrar formas de incluir de manera organizada y transparente a la población, en el debate político y electoral, especialmente a los más jóvenes, ya que el futuro depende siempre de las decisiones del presente.

En la cúpula partidaria, como siempre, tendremos grandes responsabilidades que debemos asumir sin mirar intereses personales. No se legisla para favorecer individuos, se legisla para crear y fortalecer sistemas. Aún queda mucha tela por donde cortar en este importante debate.

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¡División Berlanga! (XXX)

Para 1956, después de la llamanda “Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre”, que se había inagurado el 20 de diciembre de 1955 en la ciudad capital, el proceso político de nuestro país entró, en el orden histórico, en un episodio de singular y extraordinaria importancia. Trujillo había organizado ese evento internacional partiendo de la base de una inversión de más de treinta millones de pesos, que en el orden económico, eran treinta millones de dólares de aquel entonces. “La Feria de la Paz”, como se conocía popularmente, fue una sugerencia que hizo a Trujillo, el Papa Pío XII que era el Jefe del Vaticano, en 1954, cuando el dictador dominicano firmó, en Roma, “El Concordato” con la Iglesia Católica, que como hemos señalado en muchas ocasiones, era la prueba de ese sentimiento de megalomanía, que tenía el gobernante de nuestro país. A partir de 1956 se produjeron tres acontecimientos de importancia política en el Continente Americano, particularmente en los pueblos hispanoamericanos.

En el orden de sucesión, fueron los derrocamientos de tres dictadores militares de Argentina, Colombia y Venezuela: Juan Domingo Perón, en Argentina; Gustavo Rojas Pinilla en Colombia y Marcos Pérez Jiménez en Venezuela. En esas ironías de la historia los tres llegaron a buscar refugio en nuestro país. Y lo hicieron así porque aparte de la naturaleza del régimen político que imperaba, Trujillo era amigo personal de los tres. Poco tiempo después, en 1957, se inició en Cuba la insurrección en las altas montañas del oriente de ese país, encabezada por un joven abogado que se llamaba Fidel Castro Ruz. Realmente América estaba conmovida porque no se había visto en la historia de los pueblos hispanoamericanos, episodios de una sucesión tan inmediata como el derrocamiento de esos militares, particularmente de países tan ricos como Argentina, Colombia y Venezuela.

En la provincia de Monte Cristi, “Patria adoptiva” del autor de esta columna y asiento de la empresa Grenada Company, propiedad de la United Fruit Company, conocida política y popularmente con el nombre de “Mamita Yunai”, que debemos recordar que era la compañía agrícola más poderosa del mundo, las cosas comenzaron a manifestarse mal, porque esa enfermedad conocida con el nombre de “Mal de Panamá” se propagó y extendió rápidamente en la mayoría de las grandes plantaciones que conformaban la “División Berlanga” y se iniciaron experimentos no solamente para combatirlas, sino para sustituir las plantaciones de guineos “Johnson”, de extraordinaria demanda en el mercado estadounidense, por sembrados de otra naturaleza de guineos como se dice en nuestro país que no fueran afectados por esa enfermedad.

Se tomó la decisión entonces, naturalmente aprobada por los dueños de la empresa, de experimentar en sembrados con una nueva variedad de “bananos o guineos” conocido con el nombre de “Cavendish”, y para eso se encargó a nuestro padre que había vuelto a ser el Mayoral de Maguaca, finca en la que habíamos vivido en dos ocasiones anteriores. “El Cavendish o Media Mata” fue sembrado en la sección cuatro de Maguaca, a manera experimental y ese banano no era igual al Johnson que era el preferido en el mercado de la Costa del Atlántico de los Estados Unidos de América. Lo que se había iniciado en la realidad histórica era la desaparición de la “División Berlanga” en la Republica Dominicana, de la United Fruit Company. Continuaremos…

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¡Hay que entenderse!

Lo racional es poner sobre la mesa propuestas que faciliten un entendimiento para finalmente aprobar la Ley de Partidos. Ese entendimiento debe darse hacia dentro del PLD y éste con las organizaciones políticas de oposición.

Las diferencias no deben ser tratadas haciendo un pulso de fuerza, como si fuera entre personas ásperas, sino en un diálogo localizar las variables y posibilidades de entendimiento. Luce que el punto de mayor distanciamiento es lo relativo a las primarias; se da hacia dentro del PLD, y dependiendo con lo que el CP apruebe, con la oposición.

Estas diferencias crean siempre pasiones; cuando eso predomina “crean lluvias que luego traen lodo”. Se está a tiempo para conversar y entenderse.

Adentro del PLD porque siempre se ha tenido sentido de cuerpo. Cuando un Presidente de la República (del PLD), llámese Leonel o Danilo, asume una posición, el CP siempre busca la forma de no desautorizarlo, siempre que sea un tema de Estado. Pero las primarias no es un tema de Estado, es rol partidario. Si fuera un tema de Estado se viera en el Palacio Nacional, por el Presidente o el Gabinete; pero, es partidario, por eso lo decide el CP.

Además, Danilo no ha planteado él una posición de manera formal en el CP, dicen que favorece las primarias con padrón abierto y hubo quien hasta declaró que a él le da igual abierta o cerrada. Han hablado por él, aún él no ha hablado.

Sobre este tema se tiene una gran responsabilidad política. Si por mayoría mecánica, llena de emocionalidad, al creer que se derrota a Leonel, se aprueba primarias abiertas; efectivamente, van a crear esa percepción en muchos sectores; unos cuantos se alegrarán y otros se entristecerán. Pero, lo único que puede hacer el CP, al aprobarla, es proponerle al Bloque Parlmentario de la organización es cómo votar en el pleno de cada cámara.

Cuando la propuesta la conozca el Congreso, por ser ley orgánica, requiere las 2/3 partes de los legisladores; es votación calificada que no tiene el PLD. Los votos faltantes los tiene la oposición. Ese requerimiento en la votación no está en un reglamento, sino en el artículo 112 de la Constitución.

Es obvio que la oposición política espera con los brazos cruzados a que la propuesta llegue al Congreso. Al momento de conocerla se va a caer la Ley, dirán que fue por Danilo; entonces unos celebrarán y otros se entristecerán.

Aunque viendo esos resultados fríamente, se dirá que el CP lo derrotó, o dirán se derrotó primero a Leonel y luego a Danilo. Sin embargo, la verdadera consecuencia política de esa actuación impensada, si ocurre, es que el CP derrotó al PLD, o que el PLD derrotó al PLD. Sucederá, entonces, lo que decía Peña Gomez que iba a pasar con el PRD, y sucedió.

Existen variables que pueden considerarse, y entre ellas, covenir en que ese punto de las primarias se deje fuera de la Ley, aprobando los demás. Así la JCE, en atención a otras disposiciones establecidas, requiera de los partidos la entrega anual y para cada proceso de su Padrón de membresía, para ser auditado y que disponga apoyo y supervisión para asistir a los partidos.

Son sugerencias, porque lo sano es que hay que entenderse.

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Las raíces de la desigualdad social

Luego de la crisis de finales de la década pasada, que sumió al mundo en las tinieblas económicas y financieras, se ha escrito mucho sobre la desigualdad social y el hecho de que haya una ciudadanía privilegiada y otra que sufra los embates de un sistema excluyente.

En las raíces de esa desigualdad podemos encontrar muchos temas subyacentes, que nos llevan a cuestionar el estado social y democrático que propugnan las constituciones políticas actuales. Encontramos allí grandes carencias económicas, serios cuestionamientos a la democracia y a sus instituciones, especialmente a los partidos políticos, un sentido de desesperanza hacia el futuro, una falta alarmante de cohesión social y de pertenencia a la sociedad y, más que nada, un desdén colectivo hacia las acciones que, a corto, mediano o largo plazo, intentan revertir la situación existente.

El libro El capital en el siglo XXI de Thomas Pikkety, como muchos saben, generó un inusitado interés sobre la distribución de la riqueza y los ingresos entre los ciudadanos, sustentando de manera objetiva, las cimientes de la desigualdad social que hoy experimentamos. Existen cuestionamientos a los planteamientos de Pikkety, que si bien tienen sustento o no; que hayan sido aclarados por el autor o no; lo importante ha sido el debate que ha generado sobre como la economía debe servir al bienestar colectivo y qué papel debe jugar el Estado en la redistribución de las riquezas.

La discusión sobre el papel del Estado en el combate a la desigualdad social es esencial, para construir el mundo que estamos legando a nuestros hijos, nietos y futuras generaciones. Las medidas para combatir la desigualdad no han sido suficientes, y una de las razones por las que este fenómeno se mantiene, es porque no lo comprendemos en su totalidad. La evolución en la medición de la pobreza es un ejemplo claro de ello.

Es preciso impulsar la adopción de medidas multidimensionales de la pobreza, tal y como ya lo ha hecho la República Dominicana con el IPM/RD que estamos implementando desde el SIUBEN, con el propósito de atacar la pobreza no sólo desde la carencia de ingresos, sino desde las desigualdades que la economía ha generado, que es lo mismo que decir, desde la desigualdad social.

La desigualdad es parte de un círculo vicioso. Como ha dicho Joseph Stiglitz, es la “causa y consecuencia del fracaso del sistema político… contribuye a la inestabilidad de nuestro sistema económico, lo que a su vez contribuye a aumentar la desigualdad”. Las tres raíces que alimentan la desigualdad (lo social, lo político y lo económico) son, a la vez, causa y consecuencia de un fenómeno complejo, difícil de abordar.

Para América Latina y El Caribe, región que tiene muchas deudas sociales acumuladas con sus ciudadanos, el tema no solo es prioritario, también es urgente. Los países de la región en su próxima reunión de la Conferencia de Desarrollo Social de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) y la Reunión de Ministros de Desarrollo Social que organiza el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), continuarán la discusión sobre el fortalecimiento de los programas de protección social y el tránsito hacia nuevos modelos, tales como la Renta Básica Universal.

Desde la protección social es que podremos abordar la extrema desigualdad que existe en la región, porque es en esos programas donde existen metodologías que reduzcan a su mínima expresión las estructuras que sustentan la pobreza. Los servicios más importantes tales como salud, educación, atención a primera infancia, alimentación, se fortalecen en los programas de protección social, tal y como lo evidencian numerosas investigaciones.

Sin dudas, superar la desigualdad social requiere de un compromiso colectivo, que se inicia desde el Estado, pero que debe permear a todos los estamentos de la sociedad. Hay que iniciar por el fortalecimiento de los programas sociales, porque son el principal impulso al desarrollo de quienes están en la pobreza y el instrumento más eficaz de reducción de desigualdad.

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¡División Berlanga! (XXIX)

Para el año de 1956, cuando el autor de esta columna había cumplido veinte años de edad, el desarrollo en el orden agrícola, técnico y burocrático que había ejecutado la dependencia de la United Fruit Company en nuestro país, era realmente extraordinario. La División Berlanga, escenario productor y Manzanillo, ese pequeño poblado y puerto, donde estaban instaladas las oficinas burocráticas de más jerarquía, los talleres técnicos, el hospital, y otras dependencias de la empresa bananera. Como hemos relatado, “La Grenada” hacia diez años que había iniciado la exportación de bananos o guineos llamados “Johnson”, en racimos que se producían en las matas sembradas en las fincas de La Cruz de Palo Verde, Isabel, Madre, Maguaca, Julián y Jaramillo. Estos guineos de gran tamaño, hermosos y dulces, tenían su mercado asegurado en los Estados Unidos de América.

En aquel momento en Monte Cristi y Manzanillo, habían venido al mundo una gran cantidad de niñas y niños, hijos de los empleados, técnicos y trabajadores agrícolas de la empresa; más adelante señalaremos por sus nombres a muchos de esos niños, algunos de los cuales han llegado a ser figuras importantes en la vida económica, burocrática y profesional de nuestro país. Son conocidos también como “grenadinos”, los que eran hijos de los empleados burocráticos de Manzanillo y de los empleados agrícola de la División Berlanga, desde niños asistían a una Escuela de Inglés, establecida en Manzanillo en “El Cerro”, que ascendía entre hembras y varones tal vez a sesenta o setenta; los que vivían en las fincas bananeras eran transportados a más de veinte kilómetros, en una cómoda y hermosa guagua de la marca Ford, que eran conocidas con el nombre de “guagua verde”. Casi todos aprendieron a hablar, a leer y escribir en ese idioma.

Desgraciadamente o lamentablemente, para ese momento comenzó a aparecer en las plantaciones bananeras una enfermedad que se extendía con una rapidez espantosa, conocida con el nombre de “el mal de Panamá”, que vino a sumarse a la otra enfermedad que afectaba las plantaciones bananeras, llamada “Sigatoka” con la diferencia de que esta última era mantenida bajo control, por el extraordinario y excelente servicio de fumigación que con máquinas modernas de gran capacidad, se usaban para fumigar los pesticidas que mantenían relativamente en condiciones de producir, las plantas o matas de guineos como popularmente se les llamaba. Nuestro padre que llego a convertirse en uno de los empleados de la División Agrícola, más eficiente y conocedor de sus funciones, que terminaron convirtiéndolo empíricamente, en un agrimensor de incuestionable autoridad. Hizo de su criterio una lección para la empresa bananera, porque aseguraba que una de las razones que auspiciaba esas enfermedades era el estilo o modelo de fumigación que usaba la compañía.

Nuestro padre era contrario a la “fumigación aérea” que se practicaba por medio de torres metálicas de treinta pies de altura, con unos proyectores llamados “pistones”, que roseaban el agua en forma circular cubriendo un radio de aproximadamente treinta metros. El afirmaba que “El Panamá” se extendería con más rapidez en las fincas, Isabel, Madre, Maguaca y Julián que de las seis fincas eran las que estaban irrigadas por la fumigación aérea, ya que La Cruz de Palo Verde y Jaramillo recibían el regio por canales de superficie. Continuaremos…

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¡La prudencia aconseja no desafiar!

Sin padrón cerrado se pierde la identidad de una organización política. El padrón cerrado le da sentido como organización ¿Qué se organiza? Personas identificadas con una posición política definida. Crea un vínculo con una posición política partidaria, por lo que son quienes tienen derechos a elegir, ser elegidos y tomar decisiones. Esa identificación se llama padrón cerrado.

El padrón abierto es el de la JCE, que registra a los ciudadanos; pero no todos los inscritos en él tienen derecho a elegir y ser elegidos para cargos públicos de elección popular; no pueden los ciudadanos extranjeros ni los militares. A nadie se le ocurre que ese padrón abierto, el de la JCE, esté igualmente abierto para los extranjeros, aún con cédulas como ciudadanos extranjeros residentes. En ningún país del mundo el padrón de sus electores esta abierto para los ciudadanos de otros países que quieran votar.

Esa referencia es para demostrar que un país pierde su identidad si cualquiera puede elegir y elegirse como autoridad del Estado. Llevado eso a los partidos, éstos pierden su identidad y se disluyen como organización de personas, si los que no están organizados deciden igual que aquellos.

Las debilidades de los partidos no pueden ser encubiertas pasándole a las instituciones del Estado, lo que deben hacer ellas. Si uno, o muchos partidos, no tiene padrón de menbresia, está faltando a un requisito que ordena la ley, en cuanto a tener un listado de afilados para ser reconocido; luego, retiene su reconocimiento si alcanza un porcentaje mínimo de votación.

Con Ley de Partidos y sin ella, la JCE está compelida a disponer que cada partido, para retener su reconocimiento, actualice y deposite, en ese organismo electoral, su listado de afiliados; eso se llama padrón de membresia o padrón cerrado. La JCE debe establecer un plazo de entrega y poner como condición el mNtener su reconocimiento; eso significa hacer respetar los derechos de esos afiliados. Sin padrón no puede haber propuestas de candidaturas, porque son esos quienes las hacen.

Si se està registrado en una organización política como miembro, se debe proclamar con voz altisonante: “Yo soy el padrón cerrado”; si sólo está en el de la JCE, se tiene derecho a elegir de las propuestas partidarias. Esa es una Tribucio n constitucional de los partidos.

La defensa del padrón cerrado no es atribución de un sólo partido, vale para todos. El debate es a propósito de la Ley de Partidos y quien aprueba las leyes es el Congreso Nacional, no es la JCE, esa decisión la toma por separado la Cámara de Diputados y el Senado. Ambos hemiciclos han creado una Comision Bicameral para buscar el consenso entre las organizaciones políticas con representación congresional.

Fue sabio y prudente poner en manos de esa Comision Bicameral, la búsqueda del consenso, porque esa Ley no se aprobará, ni que quiera la JCE, en caso de asumir el liderazgo, si el PRM, el PRSC y otras organizaciones representadas en el Congreso se oponen, porque favorecer primarias con padrón cerrado. La Ley no se aprobaría sin ellos, debido a que es ley orgánica y por aplicación del artículo 112 de la Constitución se requieren las 2/3 partes de los legisladores.

¡La prudencia aconseja no desafiar, hacerlo es una invitación a la ingobernabilidad!.

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Mi presencia en Venezuela

La primera vez que visité Venezuela fue hace casi 30 años, a finales de 1988, en compañía del profesor Juan Bosch. Nos alojamos en la residencia de un apreciado amigo suyo, el escritor Miguel Otero Silva.

Durante ese viaje visitamos al presidente Carlos Andrés Pérez, en su despacho presidencial de Miraflores. Entre el escritor y líder político dominicano y el mandatario venezolano se produjo un diálogo que giró, fundamentalmente, en torno a sus remembranzas de las luchas contra las dictaduras de Rafael Leónidas Trujillo, en República Dominicana; y de Marcos Pérez Jiménez, en Venezuela.

Recuerdo con precisión la explicación que, con mucho orgullo, nos brindaba el presidente Carlos Andrés Pérez acerca de un globo terráqueo que se encontraba en uno de los salones del palacio presidencial, obsequio del presidente francés François Mitterrand, en ocasión de su toma de posesión.

En mis viajes más recientes he vuelto a ver el referido globo terráqueo, ahora un poco más desgastado por el tiempo; y entonces me ha correspondido compartir información privilegiada sobre ese objeto, cuyo origen resulta tan desconocido como misterioso para la mayoría de los funcionarios palaciegos.

Siendo candidato a la Presidencia de la República, en 1995, tuve el privilegio de conocer e iniciar una amistad con el expresidente Luis Herrera Campins, cuyo hogar visité en distintas oportunidades.

Pero, en realidad, volví a Venezuela por segunda vez, en 1997, en visita oficial de Estado, cuando ostentaba la condición de Presidente de la República. En esa ocasión, para expresar su respeto y admiración al pueblo dominicano, el presidente Rafael Caldera hizo un gesto verdaderamente hermoso e inolvidable. Envió a darnos la bienvenida, a un par de aviones F-15, que se colocaron a ambos lados de las alas de nuestra aeronave, tan pronto entramos al espacio aéreo venezolano, a los fines de escoltarnos hasta nuestro aterrizaje en el aeropuerto de Maiquetía.

Esa visita consolidó la relación de amistad entre nuestros pueblos; y sirvió para acordar un conjunto de acciones de interés mutuo, entre los cuales se encontraba el financiamiento de varios proyectos de obras de infraestructura, que se obtendría a través del acuerdo de San José.

Así pues, como queda establecido, durante el transcurso de una década, habíamos logrado establecer relaciones cordiales, de afectos y de amistad con varios de los principales líderes políticos venezolanos, tanto del partido Acción Democrática, de orientación socialdemócrata, como de COPEI, de inclinación socialcristiana.

Chávez en escena

Aunque tuve conocimiento acerca de Hugo Chávez desde su intento por derrocar el gobierno de Carlos Andrés Pérez, en el 1992, no fue sino cinco años después, en el 1997, que lo conocí de manera personal.

En esa oportunidad, nos visitó al Palacio Nacional, en compañía de su esposa, María Isabel Rodríguez. Me refirió su decisión de participar como candidato presidencial en los próximos comicios venezolanos que tendrían lugar el año siguiente, es decir, en 1998; y nos inquirió acerca de cómo podríamos colaborar con su esfuerzo.

Estaba bien informado sobre la República Dominicana. Había venido en varias ocasiones previas al país, y decía tener amigos en el barrio de Los Mina. Recitó unos versos del poeta nacional, Pedro Mir. Me habló de manera elogiosa de la figura de Juan Bosch; y se desparramó en reconocimientos en torno al coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.

Al término de nuestra conversación, me trasladé con él al frente del Palacio Nacional, a la casa del ingeniero Hamlet Herman, presentándoselo como acompañante del coronel Caamaño en la guerrilla de Playa Caracoles de 1973.

Me reencontré con Hugo Chávez el día de su toma de posesión, en febrero de 1999. Conforme a las indicaciones del protocolo, me correspondió sentarme al lado del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro.

Chávez, luego de haber indicado que tomaba el juramento sobre una constitución moribunda, se persignó y besó el crucifijo que pendía sobre su cuello, a lo cual, en tono de broma, el comandante Fidel, me preguntó: “¿Y el es tan religioso?”. A eso respondí: “Comandante, me acabo de enterar”. Fidel sonrió, y seguimos la ceremonia.

Mi primera gestión de gobierno culminó al año siguiente, en el 2000, y el presidente Hugo Chávez daba inicio a sus batallas, que le llevarían a álgidos enfrentamientos con la oposición, hasta el punto de suscitarse un golpe de Estado que lo depuso del poder por breve tiempo, en el 2002.

Aunque estaba fuera del gobierno, mantuve relaciones con el presidente Chávez. Según me cuentan algunos amigos, él mismo llegó a hacer referencia, en varias ocasiones a nuestro vínculo de amistad en su programa de radio, Aló Presidente.

Luego de su retorno al poder, se inició en Venezuela un proceso de diálogo, con la finalidad de lograr la estabilidad política del país y rescatar la confianza entre los principales actores de la vida política nacional.

A ese diálogo, hace 15 años, fui invitado a participar, tanto por parte del gobierno venezolano, como de la oposición. Ahí estuve junto al expresidente Jimmy Carter y a otras figuras de América Latina, en las distintas mesas que se organizaron para establecer acuerdos que garantizasen la estabilidad política, el desarrollo económico y la prosperidad del pueblo venezolano.

De Chávez a Maduro

Con nuestro retorno al gobierno en el 2004, tuvimos múltiples encuentros con el presidente Hugo Chávez, quien siempre fue solidario con la República Dominicana, muy especialmente a través de su programa de Petrocaribe. Al fallecer en el 2013, le sucedió el presidente Nicolás Maduro, quien fue electo ese mismo año por el voto mayoritario de sus conciudadanos.

Pero, desde la llegada del presidente Maduro al poder, empezó a experimentarse una caída en los precios del petróleo en los mercados internacionales, lo que condujo a inestabilidad macroeconómica, a un descontento social y a una situación de turbulencia política.

Con motivo de las elecciones legislativas de diciembre del 2015, fui invitado por UNASUR a presidir la observación electoral en representación de esa entidad de carácter subregional.

Al término de ese certamen, que fue ganado abrumadoramente por los partidos integrantes de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), varios de esos dirigentes de oposición se me acercaron para solicitar mi intermediación en un proceso de diálogo nacional en Venezuela.

Les dije que estaría dispuesto a asumir ese papel siempre que fuese autorizado por UNASUR. Así se hizo, y de esa manera he estado participando, junto a los ex presidentes del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero; y de Panamá, Martín Torrijos, durante casi dos años, en esa gestión de acompañante al diálogo en búsqueda de una solución pacífica y democrática al drama de Venezuela.

Durante ese tiempo, y luego de cerca de 20 viajes continuos a Caracas, ha habido momentos en que parecía que el conflicto llegaría a su fin, como ocurrió, por ejemplo, a finales del 2016, cuando se contó con la participación de un representante personal del Papa Francisco.

Sin embargo, diversas circunstancias, sobre todo de desconfianza entre los principales actores del gobierno y de la oposición, agravaron la situación conflictiva durante los últimos meses en la patria de Bolívar.

Pero además, con la culminación del periodo del expresidente Ernesto Samper, como Secretario General de UNASUR, y en razón de los cambios políticos producidos en varios países del cono sur, la participación de esta entidad subregional en el acompañamiento al diálogo se ha visto disminuida.

Al encontrarse en esa situación, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, contando con el apoyo de la Cancillería del gobierno español ha estado desempeñando un rol más activo durante los últimos dos meses.

Pero ahora, en una nueva modalidad, en la que se procura que varios países se integren en calidad de acompañantes, el diálogo tiene como anfitrión al gobierno de la República Dominicana.

Mi presencia en Venezuela ya alcanza casi tres décadas. Durante ese periodo he participado, de manera modesta, junto a sus principales líderes, de gobierno y oposición, en la búsqueda de fórmulas que permitan la convivencia democrática y civilizada en ese hermano país.

A pesar de mi ausencia como acompañante en este nuevo episodio del diálogo venezolano, cuyas verdaderas razones solo el tiempo se encargará de esclarecer, albergamos la esperanza de que en esta ocasión, dada la situación de grave violencia que le ha precedido, existan las condiciones óptimas para una solución definitiva que permita devolverle al pueblo venezolano la paz, la tranquilidad y el bienestar que anhela y se merece.

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Un paso de avance

La sabiduría oriental dice que “un viaje de mil millas comienza con el primer paso”. Fue el espíritu con el que asistimos a la pasada reunión del Comité Político del Partido de la Liberación Dominicana, donde las 6 mujeres que nos honramos en ser parte de ese organismo, defendimos al unísono la paridad de género en las posiciones a los organismos de dirección y a los puestos públicos.

Durante más de 20 años, luego de la Conferencia de Beijing y el Plan de Acción que emanó de esa cita histórica, las mujeres que somos parte de la política hemos impulsado, poco a poco, pero con certeza, una mayor participación de la mujer en el ámbito político. Ese largo camino inició con el establecimiento de una cuota de género de un 25% en la legislación electoral del 1997, y su posterior aumento a un 33% en la modificación que instruyó la Ley núm. 12-00.

Más adelante, la Ley núm. 176-07 estableció el 50% en las candidaturas a Alcalde/sa y Vicealcalde/sa, con el mandato de la alternancia, y por igual una cuota del 33% para el caso de las regidurías.

De acuerdo a la Junta Central Electoral, el 50.79% del padrón de votantes es femenino. En el pasado torneo, se presentaron 561 candidaturas femeninas, divididas en 513 posiciones territoriales (Alcaldías y Diputaciones), 29 circunscripciones de ultramar y 19 Diputaciones nacionales. Sin embargo, apenas un 24.4% de las curules del Congreso Nacional están ocupadas por mujeres. En el ámbito municipal, la situación es más crítica, puesto que apenas un 12.7% del total de cargos electivos a nivel municipal, es ocupado por mujeres.

En ese contexto, es un paso importante de avance el que ha adoptado el Partido de la Liberación Dominicana, que contempla aumentar la cuota de género a un mínimo de 40% en el caso de los cargos al Congreso Nacional y hacia lo interno de los Partidos; y a un 50% en lo referente a las candidaturas a regidurías.

Muchos son los argumentos a favor de este aumento. Iniciando porque es un tema de ejercicio de derechos y de justicia hacia la mujer, y que responde al hecho de que la equidad de género ya es un postulado constitucional. De igual manera, el aumento irá neutralizando las limitaciones que el sistema electoral actual impone como restricción y cual espada de Damocles al continuo avance de la mujer en la política.

Todavía hay quienes osan criticar las cuotas de género, y se oponen al avance de la mujer por temor infundado a perder sus espacios, pero las investigaciones han demostrado la necesidad de discriminaciones positivas que equilibren la participación política.

No aspiramos a favores ni concesiones, pero rechazamos las limitaciones y las trabas que nos impiden llegar en igualdad de condiciones.

Por ejemplo, la incorporación de la paridad de género en la Constitución Nacional del Estado Plurinacional de Bolivia de 2009, jugó un papel esencial en que hoy en día el Congreso de dicho país esté formado por un 53% de mujeres.

La cuota de género es esencial para que aumente la participación de las mujeres en posiciones de liderazgo y que, en consecuencia, exista una respuesta normativa a las temáticas relacionadas a la mujer que, en la mayor parte de los casos, también impactan a la familia en su conjunto.

Ahora necesitamos que los demás actores del sistema político se sumen a esta iniciativa y la impulsen con gallardía y determinación, para que se convierta en una realidad, de cara a los procesos internos de cada Partido o agrupación político, y a los comicios del próximo 2020.

El aumento de la cuota de género es un paso firme en ese camino de mil millas, que es la equidad de género, un noble propósito que nos une a todos como dominicanos.

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