Discursos

Discurso del señor Presidente de la República en la asamblea 70 de la ONU

Excelentísimo Señor,

Yoweri Museveni

Presidente de la República de Uganda;

Excelentísimo Señor,

Lars Løkke Rasmussen

Primer Ministro de Dinamarca;

Excelentísimo Señor,

Ban Ki-Moon

Secretario General de la ONU;

Señores Jefes de Estado y de Gobiernos;

Señores Ministros y demás Jefes de Delegaciones;

Señoras y señores;

Es un honor estar aquí representando al pueblo y al gobierno de la República Dominicana en un encuentro que, para nuestro país, es de la mayor importancia.

La agenda de desarrollo 2030, con su adopción de Metas de Desarrollo Sostenible, es a la vez un documento inspirador y una detallada hoja de ruta para la solución de los desafíos más importantes que enfrenta la humanidad.

La lucha contra la pobreza, contra la desigualdad, contra el cambio climático, fenómenos todos ellos relacionados entre sí y que afectan la vida de miles de millones de hombres y mujeres.

Estos problemas son ya parte de nuestra agenda de país y abrazamos con entusiasmo su adopción a escala mundial.

Celebramos esta apuesta, que compartimos, por hacer valer el desarrollo sostenible y la visión de largo plazo.

Esa que a veces se ve amenazada por el oportunismo y la prisa que impone una sociedad cada vez más conectada.

De hecho, los ODM fueron una fuente de inspiración que nos ayudó a formular nuestra propia Estrategia Nacional de Desarrollo 2030.

Nos llevó a focalizar esfuerzos, a consolidar la práctica de rendir cuentas, a enfrentar desafíos y debilidades, pero, sobre todo, nos enseñó el poder de la unión de propósitos, voluntades y acciones.

Y nos guió en la estrategia que es la hoja de ruta para convertir la República Dominicana en una sociedad económica, social y ambientalmente sostenible, con un Estado social, democrático y de derecho.

En la presente gestión iniciamos una cruzada para mejorar las oportunidades y capacidades de la población, así como sus condiciones de vida.

Lo hemos hecho mediante la protección a la primera infancia, de 0 a 5 años y con avances en la educación, como la puesta en marcha de la tanda extendida, la ampliación sin precedentes de las infraestructuras escolares y la mejora de la calidad de la enseñanza.

Pero también lo estamos haciendo reduciendo las desigualdades en nuestro aparato productivo, apoyando a los productores agropecuarios y a las pymes, mejorando la inclusión financiera, la capacitación y el acceso a las tecnologías.

Logramos alcanzar metas emblemáticas de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, entre ellas, reducir a más de la mitad la pobreza extrema, que ha pasado del 16.6% al 5.8%.

También alcanzamos con holgura la meta de desnutrición, que pasó de 34.4% a 12% y la meta establecida de paridad de género en cada uno de los niveles de enseñanza.

Sin embargo, somos conscientes de que nuestro deber es seguir trabajando en metas en las que aún debemos mejorando y que, sin duda, son ya parte de nuestra más alta prioridad.

Nos alegra mucho, por tanto, el paralelismo que hay entre nuestra Estrategia Nacional de Desarrollo y estos renovados Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030.

Será muy positivo, además, que la adopción de estos objetivos nos provea de un sistema de evaluación estandarizado con el cual comparar unas experiencias con otras.

En adelante, orientaremos los mayores esfuerzos para hacer realidad la nueva visión plasmada en los 17 objetivos de desarrollo sostenible.

Y declaramos el compromiso de adaptarlos y asimilarlos en la propia Estrategia Nacional y en los instrumentos del sistema de gestión pública.

Nos alegra, igualmente, ver hasta que punto su santidad el Papa Francisco se ha convertido en uno de los principales voceros de esta causa del desarrollo sostenible; que es la causa de los pobres y es la causa de las generaciones futuras.

Su encíclica Alabado Seas, ha llegado justo en el momento adecuado. Pues no solo retoma los argumentos científicos del debate climático, sino que va más allá, y recupera la plena dimensión moral del desarrollo sostenible.

A los dominicanos, que vivimos en una pequeña isla donde aún mucha gente sufre la pobreza y estamos, además, amenazados por el cambio climático, esta dimensión se nos aparece como una realidad cotidiana.

Pero, precisamente por eso, en la República Dominicana somos conscientes de que la pobreza y la desigualdad no son fatalidades inevitables del destino, sino desafíos para los que podemos y debemos prepararnos y que debemos enfrentar, con responsabilidad y eficiencia.

Estamos, por tanto, plenamente comprometidos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Y esperamos encontrar juntos la voluntad para, como pide su santidad el Papa Francisco:

Escapar del pecado de la indiferencia, amar el bien común, promover a los débiles, y cuidar este mundo que habitamos

Muchas gracias.