La fortuna de Trujillo (5)

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 01 de junio de 1977
Página 5.-

A la hora de su muerte, Rafael L Trujillo tenía propiedades rurales en varias partes del país, como la finca de la Victoria y La Estrella que mencionamos en la primera parte de este trabajo y otras que mencionaremos en breve, y tenía solares en la Capital y Santiago. Pero no tenía casas de alquiler. Para recibir rentas, el dictador prefería cobrar intereses por bonos o por depósitos de ahorros a plazo fijo o a través de pólizas de seguros. Aunque había nacido y se había formado en un ambiente de pequeña burguesía, del informe de sus bienes se deduce que Trujillo había tenido siempre, por lo menos de manera predominante, una mentalidad de burgués; pensaba en términos de capitalista, no de rentista; prefería acumular beneficios o bien usando los métodos de la acumulación originaria que estuvieron a su alcance cuando llegó a tener el control político del país, o bien mediante la explotación del trabajo ajeno, o sea, beneficiándose de la plusvalía que extraía de los obreros que empleaba en sus empresas. Además, hacía negocios con propiedades rurales a las cuales podía sacarles provechos muy altos mediante la plusvalía que les agregaban las obras públicas que él mismo ordenaba hacer, como por ejemplo, caminos y carreteras.

Para el 30 de mayo de 1961 varios agrimensores estaban midiéndole tierras a Trujillo en diferentes lugares del país. Por ejemplo, el agrimensor W. Figuereo Cabral lo hacía en las parcelas Nos. 4, 18, 26 y 35 del Distrito Catastral No. 20 de San Cristóbal; el agrimensor Aurelio A. Quezada lo hacía en la parcela No. 75 del Distrito Catastral No. 8 del mismo municipio; Ulises García Bonelly, en la porción C de la parcela No. 122, en el Vedado del Río Bao y sus afluentes. Lo que se les había avanzado a esos agrimensores era poco (4 mil 345 pesos); en cambio lo que se le había avanzado a Camilo Casanova era algo más de 107 mil pesos por trabajos en el sitio de Manabao; en los Distritos Catastrales Nos. 3, 5, 13 y 19 de Guayubín; en el Sitio de Monterías de Joca; en el Sitio de Jumunuco y en el Sitio de Sabana Muía. Al agrimensor H. A. Columna se le habían adelantado 200 pesos por trabajos de partición de unas tierras que había tenido en Villa Altagracia José Trujillo Valdez, el padre del dictador.

En total, el dinero adelantado a los agrimensores era 111 mil 632 pesos con 57 centavos.

Solares, Terrenos y Pinares

En lo que se refiere a solares, en el informe hay estos datos:

Solares en la Capital, uno de 449 metros cuadrados en la calle Arzobispo Portes esquina Arzobispo Merino, con valor de 2 mil 244 pesos con 95 centavos a pesar de que tenía una casa de mampostería techada de zinc con anexos y de-pendencias. Con todo y esas mejoras, el valor del solar resultaba ser de 5 pesos el metro cuadrado;

Tierra para solares en San Gerónimo (en la avenida George Washington a la altura de la calle Socorro Sánchez): 18 tareas y media con un valor de 26 mil 285 pesos con 40 centavos, esto es, más de once mil 500 metros cuadrados con un valor aproximado de 2 con 30 el metro cuadrado;

Un solar en Santiago, en el Distrito Catastral No. 1, manzana No. 133, de 441 metros cuadrados con una casa de concreto y sus dependencias en la calle España No. 43, todo con un valor de 25 mil pesos.

(Todos esos solares estaban a nombre del Lic. Tirso E. Rivera, el autor del informe que estamos publicando).

Trujillo tenía también 2 mil 371 tareas de tierras en San Bartolo y La Viva, que según el informe eran «resto de los terrenos comprados a Julio José Gámez Salinas y Francisco Forestieri, de los cuales se han vendido (algunos) a diversas compañías petroleras para instalar sus tanques en Punta Torrecilla». Esos terrenos valían para el 5 de julio de 1961 47 mil 841 pesos con 13 centavos, unos centavos más de 20 pesos la tarea, o lo que es igual a menos de 12 centavos el metro cuadrado.

En Guerra tenía alguito más de 94 tareas y media, que valían mil 686 pesos con 5 centavos, es decir, a poquito menos de 18 pesos la tarea. Los títulos de esas propiedades de Guerra y de San Bartolo y La Viva estaban a nombre de Manuel Moya Alonzo.

En Hato Nuevo tenía Trujillo la llamada Colonia Angelita, con mil 550 tareas y un valor de 4 mil 978 pesos con 30 centavos; y a partir de ahí el informe se dedica a detallar las enormes cantidades de tareas de pinares que tenía el dictador en Constanza (255 mil 697 tareas con un valor de 373 mil 144 pesos con 75 centavos, o lo que es igual, a menos de peso y medio la tarea) y en San Juan de la Maguana (las Charcas de Garabito, Hato Nuevo, Guazumal y Yaque), donde tenía un millón 110 mil 250 tareas con un valor de 47 mil 833 pesos con 52 centavos, o sea, a menos de 4 centavos y medio la tarea. (Los títulos estaban a nombre del Lie. Rivera J.). Además de esas tierras medidas, en la misma jurisdicción tenía mil 101 pesos de acciones de terrenos de pinares que había comprado a los hermanos Robiou en Los Ríos y 53 pesos con 33 centavos de acciones de terrenos, también en pinares, en el ligar llamado Pasatiempo. Los dos lotes estaban a nombre de Miguel A. Santelises.

Acciones de Tierras

¿Qué significado tiene, o tenía hasta hace poco, eso de «pesos de acciones de terrenos»? ¿Por qué compraba Trujillo «acciones de terrenos»?

Hasta hace pocos años, y tal vez haya todavía algún rincón del país donde esté sucediendo eso, era frecuente hallar grandes extensiones de tierras de las llamadas comuneras, una forma de propiedad comunal pre capitalista. Las tierras comuneras eran de todos los que tenían acciones de esas tierras, y las tales acciones eran a su vez una especie de título de propiedad pero sin definición de lugar ni de límites. Los pesos de acciones se heredaban, pero nadie sabía qué valor real tenían. En el «Informe de la Comisión de Investigación de los Estados Unidos en Santo Domingo en 1871 que publicó Emilio Rodríguez Demorizi en el año 1960 encontramos en la página 485 una descripción corta de lo que era la tierra comunera hecha por un norteamericano que tenía 25 años viviendo en el país. Decía ese señor, de nombre William Read, que aquí había una gran parte de tierra llamada comunera. Pertenece a distintas personas, teniendo cada cual, en cierto distrito… tierra por valor de cien o mil dólares. Quien tenga por valor de cien dólares posee los mismos derechos de cortar leña, caoba, etc., que una persona que tenga por valor de mil dólares. Todos son dueños en común de la propiedad, cada cual con idénticos privilegios. Con la firma de Manuel María Gautier, que era en 1871 Secretario de lo Interior, hay en la obra un informe general, en el cual se lee, bajo el título de La Posesión de Tierras, en las páginas 343 y 344 del libro mencionado, que las tierras llamadas comuneras fueron formándose con el paso del tiempo sobre la base de grandes propiedades que al morir el padre debían ser divididas, la mitad para la madre y la mitad para los hijos, pero no se dividían, y cuando los hijos tenían a su vez hijos, las partes en que debía dividirse la propiedad eran cada vez más pequeñas, de donde resultaba obligatorio declarar esta propiedad comunal o comunera porque según explicaba Gautier era imposible repartir pastos, madera, tierras labrantías y agua a cada uno de los dueños o privarlos de uno solo de esos elementos, y en consecuencia se estableció como sistema que los que querían vender su parte, después de ofrecérsela a sus condueños y si éstos no desean adquirirlas, pueden entonces vendérsela a un extraño, el cual entra, no en la comunidad de la familia, sino en la de la posesión como condueño. Algunos pensaban que las tierras comuneras se formaron con las que quedaron sin dueños entre dos o tres amparos reales (se llamaban amparos reales las grandes propiedades dadas por los reyes españoles a amigos y servidores aquí y en Cuba).

Es posible que Trujillo comprara acciones de terrenos sembrados en pinos porque así podía disponer de cuantos troncos de pino hubiera en el sitio en que había comprado acciones sin tener que hacer grandes inversiones de dinero.

A peso por Tarea

En el informe del Lie. Rivera figura cada peso de acciones como si fuera un peso en moneda, y en realidad no era así como se valoraban las acciones de los terrenos comuneros. A veces un peso de acciones valía mucho y otras veces poco; eso dependía de la riqueza en madera o de la calidad de la tierra cuyas acciones se compraban. Ahora es difícil saber por qué razón en la rendición de cuentas de los bienes de Trujillo aparecen los pesos de acciones de terrenos valiendo solamente un peso en moneda.

Trujillo compró enormes cantidades de tierras pineras porque sabía que tenían mucho valor; no el valor de las tierras propiamente sino el de la madera que había en ellas. En San José de las Matas, por ejemplo, les compró a la Maderera Espaillat C. por A. y a Enrique J. Espaillat & Co., C. por A. 12 mil 476 tareas sembradas de pinos a razón de menos de un peso la tarea, y encima les compró mil 38 pesos con 50 centavos de acciones de terrenos que con toda seguridad estaban también sembradas de pinos porque aunque el informe no dé el dato preciso, se hallaban entre las mismas tierras que compró por tareas, esto es, en La Diferencia, La Jagua y Manada. En Jamamú les compró 839 tareas de pinares por 839 pesos (a peso la tarea), y 729 pesos con 60 centavos de acciones; en Pico Alto, 49 mil 650 tareas y 120 pesos de acciones, todo por 47 mil 858 con 94; en Los Pilones, 8 tareas por 8 pesos y en Los Montones 287 mil 715 tareas por 283 mil 957 pesos con 30 centavos, es decir, a menos de un peso la tarea, y en El Carrizal, mil tareas, a nombre de Miguel A. Santelises, por 961 pesos con 51 centavos.

Todavía no hemos llegado al punto final en lo que a tierras de pinos de Trujillo se refiere, pero podemos adelantar que en ese renglón nada más, y contando las toreas y las acciones, estas últimas a razón de un peso en moneda por cada peso de acción de tierras de pinos, en el informe aparecen 778 mil 427 pesos con 84 centavos.