Bosch: Aclarando Los Hechos (1)

  • 02 agosto 1978

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 2 de agosto de 1978
Página 4.-

Al dar la noticia de que la segunda vista del juicio que se les sigue a Jacobo Majluta y Rafael Molina Morillo en la Segunda Cámara de lo Penal de Santo Domingo por difamación e injurias en perjuicio nuestro había sido pospuesta, o reenviada, como dicen los abogados, los periódicos El Nacional del 25 de julio y El Caribe y El Sol del día 26 dijeron que ni Majluta ni nosotros habíamos asistido a la audiencia, y al decir eso debieron dejar en el ánimo de muchos de sus lectores la impresión de que nosotros, que hicimos la demanda, no tenemos interés en que la causa se vea o hacemos desprecio del tribunal; y la verdad es que no fuimos a la segunda vista del juicio porque nada nos obligaba a ir; la ley no nos exige estar presentes en la segunda ni en la tercera ni en ninguna de las vistas, como no nos exigía ir a la primera. Si fuimos a la primera se debió al hecho de que Jacobo Majluta había declarado a periódicos y noticieros de radio y televisión que él (que sí tenía la obligación de estar allí) iría a la audiencia si nosotros íbamos porque quería aprovechar la oportunidad de decirnos ante el juez y ante el público muchas verdades que no iban a gustarnos. Sucedió, sin embargo, que cuando supo que nosotros íbamos a estar en el tribunal para oír esas verdades que él había prometido decir, Jacobo Majluta se inventó una enfermedad y consiguió que le hicieran un certificado médico en el cual se le ordenaba mantener reposo absoluto (que no mantuvo ni un día) durante dos semanas y sus abogados pre-sentaron ese certificado en el juicio para obtener, como lo obtuvieron, un aplazamiento de la vista. Nosotros estábamos sentados frente al juez y cuando éste acogió la excusa que era una invención barata nos pusimos de pie y salimos del salón de audiencias donde repetimos nada nos obligaba a estar. (De paso debemos aclarar que los periodistas que informaron que nosotros hicimos eso llenos de indignación dijeron por lo menos una falsedad porque nosotros ni nos sentíamos indignados ni dimos la menor señal de que podíamos estarlo; sólo nos paramos y nos fuimos sin hacer un gesto ni decir una palabra).

Si en la República Dominicana hubiera desarrollo social el proceso de la división social del trabajo se notaría en todas las actividades y por tanto se notaría en el periodismo. La ciudad de Santo Domingo debe tener más o menos un millón de habitantes, y se estima que en una cantidad así de gente hay unos 500 mil adultos. Ahora bien, 500 mil adultos dan origen a muchos pleitos judiciales, lo que reclama que los periódicos y los noticieros de radio y televisión dediquen espacio y tiempo a lo que sucede en los tribunales y dispongan de reporteros especializados en todo lo que tenga que ver con la vida judicial; y sucede que no los tienen.

Los Trucos Comerciales

Los periódicos dominicanos, que en su casi totalidad se hacen en la Capital, mandan a los tribunales a los periodistas que estén desocupados a la hora en que se celebran ciertos juicios, porque si se trata de casos en que no están envueltas personas importantes, los periódicos no reseñan esas causas a pesar de que los tribunales son fuentes de noticias atractivas; y a menudo los periodistas que están desocupados el día en que se celebra tal o cual juicio no tienen la menor idea de cómo funciona la justicia. Por ejemplo, pocos de los que estaban en el Palacio de Justicia el día que comenzó a verse el juicio contra Majluta y Molina Morillo sabían, si era que había alguno que lo supiera, que en casos como ése el demandante no va al tribunal ni tiene que ir porque él está representado por sus abogados, y en cambio el demandado tiene abogados que lo defienden, pero no lo representan, y por tanto él sí está obligado a presentarse ante el juez.

Así pues, nosotros no teníamos que ir a ninguna de las vistas del juicio que se les sigue a Jacobo Majluta y Rafael Molina Morillo y por tanto confunden a sus lectores los periódicos que dejan en ellos esa impresión cuando dan como si fuera noticia la información de que no estuvimos en la segunda vista con lo cual crean la falsa idea de que dejamos de cumplir un deber. Naturalmente, a los lectores de esos periódicos se les puede confundir pero a nosotros no. Nosotros conocemos al detalle los trucos que se usan en todos los tipos de comercios y sabemos cómo hay que hacer las cosas para venderle a la gente una mercancía diferente a la que pide y a la que cree que le han dado pero no usamos esos trucos porque estamos en lucha contra ellos. En el caso de la demanda que les hemos hecho a Majluta y a Molinita y de la primera vista de la causa esa joya de la SIP que es El Caribe se soltó la melena con un editorial que bajo el título altanero y autocrático de ¡Que no se Repita! hablaba del “deprimente espectáculo que militantes de una facción política montaron anteayer en un juzgado penal de esta capital, donde comenzó a ventilarse una demanda incoada por uno de sus dirigentes por supuestas injurias y difamación de que alega haber sido blanco, y dijo que es una afrenta a la sociedad que una sala de audiencias donde se ventile una cuestión de derecho sea escogida para dirigir insultos y para lanzar expresiones vulgares, soeces e injuriosas. Ese lenguaje que en español se llama de “carretero” y también “de verdulera” no se ve en ningún periódico del mundo cuyos directores y redactores se respeten a sí mismos y respeten la verdad. Todo lo que dijo El Caribe fue mentira. El que sí lanzó “expresiones vulgares, soeces e injuriosas” fue El Caribe que cada vez que habla de esa manera y lo hace a menudo se convierte en “una afrenta a la sociedad” sin que su dueño lo note, porque le pasa lo que al buey que se ensucia los cuartos traseros y no se da cuenta de ello.

Hay varias maneras de confundir a los lectores y a los que oyen noticias. Por ejemplo. El Sol dijo el 24 de julio que “Bosch acusa al vicepresidente electo… porque éste dijo en un programa radial que el ahora líder peledeísta recibía una mensualidad de mil pesos cuando era presidente del Partido Revolucionario Dominicano”, y se olvida de que Majluta dijo además en ese programa, que no fue de radio sino de televisión (y por Televisión Dominicana, la estación del gobierno, dato que hay que tomar en cuenta) que los líderes del PRD devengan sumas pequeñas que apenas les alcanzan para satisfacer sus más perentorias necesidades, con lo cual estableció que nosotros disponíamos de una elevada suma mensual de los fondos del PRD mientras que los demás líderes recibían cantidades pequeñas con las cuales malvivían, y dijo además que nosotros padecemos arterioesclerosis esa enfermedad que la gente del pueblo conoce con el nombre de decrepitud lo cual es un típico ataque personal hecho con la finalidad de presentarnos como físicamente incapacitados para ejercer actividades que requieren el uso de las facultades mentales, como sucede en la política y por último afirmó que nosotros éramos “activistas de la reelección de Balaguer”.

El Sol no lo sabe, ni tiene por qué saberlo ni nos interesa que lo sepa, pero Jacobo Majluta sí P sabe bien algunas de las cosas que nunca hemos dicho y que vamos a contar ahora para que lo 1 sepan los lectores de VANGUARDIA del Pueblo.

Todo eso y mucho Más

Cuando llegamos al país en abril de 1970, después de tres años y medio de ausencia hallamos el PRD en situación de caos en todos los órdenes. Políticamente varios sectores de ese partido estaban bajo la dirección del MPD y del Pacoredo. Nada menos que un miembro del Comité Ejecutivo Nacional y algunos miembros del Comité Ejecutivo del Distrito Nacional eran militantes del Pacoredo. En el PRD no había una sola persona que tuviera autoridad para hacer respetar los acuerdos que se tomaban. Un dirigente convocaba hoy una rueda de prensa en la Casa Nacional para hacer declaraciones contra un compañero suyo y al día siguiente el atacado invitaba a los periodistas al mismo lugar para responderle a su atacante. En el patio de la Casa Nacional y en el salón de actos se reunían grupos de diferentes tendencias perredeístas y de otros partidos y a veces esas reuniones terminaban a palos, y poco antes de nuestro retorno al país un hombre le dio, en la propia Casa Nacional, varias puñaladas a una señora.

En lo económico, hacía meses que no se pagaban los alquileres de varios locales incluidos en ellos la Casa Nacional cuyo teléfono estaba cortado porque se debían casi 500 pesos, así como se debían varios años de agua y de luz y varios: meses de Radio Visión. Hubo que hacer de nuevo el piso del salón principal de la Casa Nacional, que era de madera y estaba derrumbándose, y ‘ hubo que hacer lo mismo con el techo de zinc que tenía agujeros en tal número que en los días de lluvia adentro caía tanta agua como afuera los cielo rasos estaban arruinados por el comején en la casa del patio, donde están ahora el Comité Nacional de Distribución de VANGUARDIA, el Departamento de Educación y el salón de reuniones del Comité Central vivía con su familia un alto dirigente a quien le pedimos que se mudara. Habían desaparecido a manos de dirigentes perredeístas que dispusieron de esos bienes como si fueran propios todos los vehículos, mesas, escritorios, maquinillas, mimeógrafos, equipos sonoros, una imprenta Multilit.

Si las propiedades del PRD y las que el PRD usaba estaban en estado de abandono peor sucedía con los hombres y las mujeres que le dedicaban todo su tiempo al partido y por esa razón podían ser calificados como activistas a pesar de que en el PRD no había militantes y no los hay en la actualidad porque el PRD es un partido que no obedece reglas del juego político y por tanto no sigue métodos de trabajo pero como es una asociación de seres humanos el PRD requiere de algunos de sus miembros que hagan algunas cosas, que cuiden los locales o hagan mandados; y esos hombres y mujeres, que le dedicaban todo su tiempo al PRD, y que por obedecer a sus líderes iban presos y en algunos casos perdían la vida, pasaban días enteros sin echarse nada en el i estómago, y todo eso y mucho más lo sabía Jacobo Majluta, pero no le preocupaba lo más mínimo.