Bosch: Aclarando Los Hechos (y 2)

  • 09 agosto 1978

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 9 de agosto de 1978
Página 4.-

Jacobo Majluta está bien enterado de que cuando nos hicimos cargo de la dirección del PRD no había nadie que supiera decir a cuánto llegaban los gastos y cuáles eran las entradas del partido. Se recaudaba lo que se podía y sobre todo lo que los recaudadores dejaban llegar a las manos del secretario de Finanzas del Comité Ejecutivo Nacional, que era y consideramos que sigue siéndolo una persona honesta pero que no podía poner orden donde lo que había era un desorden general y si lo recaudado no daba para pagar deudas las deudas se quedaban sin cubrir y si no había con qué atender las necesidades de los que trabajaban en el partido pues no se les daba ni las gracias y allá ellos que se las arreglaran como pudieran lo que los obligaba a golpear en las puertas de las casas de los perredeístas que conocían para que les hicieran la misericordia de darles algo con que pudieran comerse un plato de comida siquiera fuera una vez al día. Esa situación empezó a cambiar cuando nosotros asumimos la pesada responsabilidad de poner orden en el caos y el orden no podía ser resultado de quemarle velas y de rezarle padre nuestros a la virgen de la Altagracia sino fruto de la acción de una autoridad que se hiciera respetar de todos los sectores que componían el PRD, entre los cuales no faltaba precisamente esa degeneración de las capas baja pobre y baja muy pobre de la pequeña burguesía que forma el tigueraje de nuestro país o sea lo que en Europa se conoce con el nombre de lumpem proletariado.

Lo primero que hicimos fue buscar dinero donde lo hubiera pedir colaboración económica a todo el que pudiera darla usar el paso por Nueva York de Ada Balcácer para que organizara algunos actos en que se recaudaran fondos y pedirle a la compañera Milagros de Basanta que pusiera en funcionamiento un plan que nos permitiera iniciar cada mes durante un año por lo menos con mil 500 dólares procedentes de los perredeístas de los Estados Unidos plan que ella elaboró y fue ejecutado a maravillas. Pero como eso daba apenas para empezar, porque habíamos hecho un presupuesto de gastos de 7 mil 500 pesos mensuales, echamos mano de todo lo que pudiera dar dinero. Domingo Mariotti pidió a España más de 400 ejemplares del libro de Cristóbal Colón a Fidel Castro para enviárselo con dedicatoria nuestra a todo el que pudiera dar desde 25 hasta 100 pesos por uno de ellos y sucedió que en varios casos el dirigente perredeísta que llevó el libro se quedó con el dinero y todavía en 1975 año en que pasamos por España de viaje hacia Bélgica adonde íbamos a tomar parte en una reunión del Tribunal Russell, le entregamos a la casa editora de la obra mencionada 300 dólares para cubrir parte de la deuda en que había incurrido el compañero Mariotti, una deuda personal hecha para levantar fondos destinados al PRD.

Creación y Manejo de los Fondos

Nuestra familia había heredado algunas propiedades situadas en la Capital y una de ellas se vendió tal vez a fines de 1971. Se trataba de una casa de madera que estaba en la calle Dr. Faura de esa venta a nosotros nos tocaron 2 mil pesos que entregamos completos al PRD, y de lo que ganábamos en nuestro oficio de escritor dedicábamos de vez en cuando a la caja del partido algunos cientos de pesos según hiciera falta un mes que otro para atender al presupuesto de gastos que teníamos y dos veces le pedimos a la Comisión Permanente que se nos autorizara a tomar dinero, en una ocasión 200 y en otra 250 pesos si no recordamos mal. Varios miembros del partido recaudaban cada mes cantidades que a veces eran mayores y a veces menores y nosotros recibíamos esos dineros dando recibos; entre los que recogían unos 50 pesos por mes estaba Jacobo Majluta, que hizo ese trabajo tal vez durante diez meses. Pero con chorritos así no cogía agua el río de miles de pesos que necesitaba el PRD.

Nosotros habíamos empezado a fijarles asignaciones a todos los que trabajaban en el Partido y no tuvieran fuente alguna de ingresos y lo hacíamos lo mismo con un compañero que viviera en la Frontera del Sur que con uno que viviera en Higüey o en un barrio de la Capital. Al principio lo que se les daba podían ser 10 pesos quincenales pero después fueron 15 luego 20, luego 25, y así fue aumentando lo que recibía cada quien hasta que en algunos casos se llegó a 50 pesos por quincena y para el mes de diciembre se les daba por lo menos un sueldo adelantado y a varios sueldo y medio. Y para reunir el dinero que eso requería organizamos un sistema de rifas y uno de contribuciones especiales. Por ejemplo, había personas que daban cada mes 250 pesos y las había que daban cada tres meses 300 y cuando se presentaban casos de gastos no previstos había que forzar la mano para conseguir 500 pesos más en tal mes o 200 en tal otro.

Pero un partido político que tuviera siquiera una idea de lo que era organización no podía depender de contribuciones extraordinarias y por eso nos dedicamos a crear el Centro de Promoción y Recaudación, a cuyo frente pusimos a Nassim Hued. Para que ese centro funcionara celebramos más de 200 reuniones con más o menos 2 mil médicos, arquitectos, abogados, profesores universitarios comerciantes medianos y pequeños hubo días en que entre horas de la tarde y las nueve o las diez de la noche participamos en tres de esas reuniones y es difícil darse cuenta del esfuerzo que eso significaba para una persona que hablaba a menudo por radio que tenía sesiones frecuentes del Comité Ejecutivo Nacional del partido y con los organismos sindical y universitario que recibía a perredeístas de la Capital y de todo el país que daba ruedas de prensa y que además tenía bajo su cuidado el control de las finanzas porque todavía a fines del año 1972 no había sido posible crear la base de una organización que asegurara no ya el ingreso de fondos con que atender a las necesidades crecientes del PRD que eso estaba consiguiéndose gracias al Centro de Promoción y Recaudación en el cual se habían enrolado unos 800 contribuyentes sino mantener los gastos en los límites que les fijaba el presupuesto que guiaba nuestras actividades pues ¿qué hacíamos con aumentar las entradas si las salidas aumentaban más que ellas?.

Las salidas (o los egresos como dicen los contadores entre los cuales figura Jacobo Majluta) podían aumentar o por manejos políticos como el de darle a Fulano una asignación más alta que la que le tocaba para contar con su voto cuando llegara la hora de elegir funcionarios de los organismos del partido, o por corrupción caso que se dio aun a pesar de los controles que tenía en el Centro de Promoción y Recaudación su director. Para estar al tanto de lo que pudiera ocurrir nosotros vigilábamos estrechamente todo lo que tuviera que ver con las finanzas y llevábamos un registro muy cuidadoso de cada peso y hasta de cada centavo que entraba en caja y de cada peso y hasta de cada centavo que salía. Mientras estuvimos al frente del PRD con la excepción de los meses que pasamos en la clandestinidad (del 5 de febrero hasta principios de mayo de 1973) rendíamos cuenta mensualmente al Comité Ejecutivo Nacional del movimiento de esos fondos y manteníamos una relación de las entradas y las salidas con todos sus comprobantes.

Las Pruebas Desaparecidas

Nosotros sabíamos, y lo habíamos denunciado en el número 3 de VANGUARDIA del Pueblo que la CIA iba a poner en ejecución un plan para desacreditarnos.

¿Cómo se desacredita a un hombre público? ¿Diciendo que sus ideas son perjudiciales para el país o que sus hechos han sido dañinos?

No para conseguir el descrédito de un hombre público se recurre al método de hacerle ataques de tipo personal se le crea una imagen de persona llena de defectos. En nuestro caso por ejemplo había que hacerle olvidar al pueblo que nosotros nos hemos esforzado en mantener una conducta seria que no tenemos una casa que estuvimos al frente del PRD cuatro años sin disponer de un automóvil que habiendo sido presidente de la República nadie puede acusarnos de haber hecho un negocio con los bienes del país de haber sido cómplice de un robo o un crimen o de haber atropellado a un dominicano.

Durante mucho tiempo aguantamos a pie firme sin decir una palabra un huracán sostenido de ataques. Por ejemplo en los tres meses que fueron del 8 de noviembre de 1971 al 12 de febrero de 1972, Gregorio García Castro publicó en Ultima Hora 27 artículos contra nosotros. Eso es mucho en periodismo eso es un abuso ya que nada justifica que cada tres días el mismo autor publique un artículo con el tema único de las actuaciones o las ideas de un líder pero nosotros no le respondimos a García Castro porque sus ataques eran de tipo político no personal. Cuando Jacobo Majluta comenzó la campaña de mentiras que llevó a cabo en perjuicio nuestro nos quedamos callados mientras no dio señales de que iba a pasar del terreno político al personal y cuando pasó esa frontera con las declaraciones en que afirmaba que nosotros recibíamos mil pesos mensuales mientras estábamos en el PRD, lo primero que hicimos fue ir a nuestros archivos para repasar en ellos toda la documentación relativa a la forma como habían sido manejados los fondos del PRD en 1970,1971,1972 y 1973. Allí, en un alto número de folders estaba la prueba de lo que se había hecho con el dinero del PRD en esos años allí estaban los papeles que podrían servirles algún día a nuestros hijos para dar fe de la conducta de su padre en lo que se refiriera al manejo de fondos ajenos.

Sucedió, sin embargo, que en los archivos no estaba ni uno solo de las docenas de folders que contenían esas pruebas. Una mano poderosa se los había llevado y en el acto comprendimos que si Jacobo Majluta había hablado como habló lo hizo debido a que alguien en quien él tiene mucha fe le había asegurado que nosotros no podríamos desmentirlo. Pero ese alguien no alcanzó a darse cuenta de que si nosotros no disponíamos de las pruebas de nuestra honestidad Majluta no tenía las pruebas de que nosotros habíamos usado el dinero del PRD en provecho personal y tampoco le pasó por la mente la idea de que si de nuestros archivos no hubieran desaparecido las pruebas de nuestra conducta no teníamos necesidad de llevar a Majluta y a Molina Morillo ante un juez porque la presentación de las pruebas en una rueda de prensa hubiera bastado para demostrar que Jacobo Majluta es un mentiroso.