BOSCH: Balaguer y la Reelección (1)

  • 22 marzo 1978

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 22 de marzo de 1978
Página 4.-

Los peledeístas debemos estar claros en varias cosas, pero la más importante de ellas es aprender a analizar los hechos políticos usando un método científico que nos evite caer en errores y por tanto en confusiones.

¿Cómo se consigue eso?

Aplicando de manera sistemática el principio de que la historia es el producto de la lucha de clases, no de la voluntad de ciertos y determinados hombres, y allí donde no hay una clase que se imponga a las demás se darán hechos diferentes de los que se dan en los lugares donde hay una clase que tiene el dominio político de su país. Así, cuando alguien dice que el expresidente Rómulo Betancourt tiene un lugar destacado en la historia de Venezuela porque no se reeligió, mientras que el Dr. Balaguer no lo tiene en la historia dominicana porque se reelige cada cuatro años, lo que hay que estudiar no es el desprendimiento o el patriotismo de Rómulo Betancourt contraponiéndolo al egoísmo o la ambición de Joaquín Balaguer, o hacer una comparación entre los dos para que se destaque lo bueno del primero ante lo malo del segundo; lo que hay que hacer es estudiar la historia de Venezuela en los años que corresponden a la vida de Betancourt, y de ser posible antes, y estudiar la historia de la República Dominicana en los años que corresponden a la vida de Balaguer; y podemos estar seguros de que al terminar el estudio de ambas historias hallaremos que tanto Betancourt como Balaguer han actuado de manera diferente, no por razones personales sino porque la lucha de las clases ha sido en Venezuela diferente de cómo ha sido aquí, y como no ha sido igual ni se ha llevado a cabo al mismo tiempo, allá dio un producto y aquí está dando otro.

La comparación entre la forma como ha actuado Betancourt y la forma como ha actuado Balaguer viene como anillo al dedo porque se trata de dos hombres que tienen más o menos la misma edad, que han dedicado a la política la mayor parte de su vida, que han sido gobernantes de sus respectivos países y que en los años de su juventud fueron amigos. (Recordamos, como si hubiera sucedido ayer, cuando Balaguer, que tenía entonces de 22 a 23 años, presentó en un cine de Santiago a Betancourt, que debía tener 21 años, en un acto organizado con motivo de la publicación de un libro del joven exiliado venezolano que se titulaba En las Huellas de la Pezuña, en el cual se describían con un lenguaje muy propio de la época a Juan Vicente Gómez, el tirano de Venezuela, y sus métodos de gobierno).

Betancourt fue presidente de la República algo más de dos años, a partir de octubre de 1945, y Balaguer lo fue más o menos durante el mismo tiempo a partir de 1960; el primero volvió a ser presidente de su país en 1959-1964 y Balaguer volvió a serlo aquí en 1966, y desde entonces sigue siéndolo. Del hecho de que Betancourt no siguiera siendo presidente de su país y Balaguer siga siéndolo en el suyo se han sacado conclusiones que se basan en ciertas características personales de Betancourt y de Balaguer, y ése es un método de análisis incorrecto, que no sirve para llegar a la verdad porque no toma en cuenta que Betancourt y Balaguer no son como gobernantes productos de sus deseos ni de sus ideas sino de la historia de sus respectivos países, y la historia es, a su vez, producto de la lucha de clases.

¿Hombres o Clases?

La lucha de clases varía con los tiempos porque las clases mismas varían, lo que se explica por el hecho de que todo lo que existe se halla en perpetuo estado de cambio. Así por ejemplo, las clases que hay actualmente en Venezuela son distintas de las que había cuando ese país hizo su guerra de independencia a principios del siglo pasado. En esa época en Venezuela no había burguesía sino oligarquía esclavista, y no había obreros sino esclavos, y además el país era parte del imperio español, de manera que en vez de hallarse bajo el gobierno de la clase dominante venezolana (que era la oligarquía esclavista), estaba gobernado por los reyes de España.

No pensamos hacer aquí la historia particular de las clases dominantes de Venezuela porque ése no es nuestro propósito, pero podemos decir que en Venezuela hubo en varias ocasiones estados de confusión política debido a que no había suficiente desarrollo clasista como para que una clase, o un sector de una clase, tomara el poder y les impusiera a todos los venezolanos las reglas del juego político que le convinieran a esa clase o a ese sector de clase. En el siglo pasado hubo un período corto, desde la segunda presidencia del general José Antonio Páez (1839—1843) hasta la última de José Tadeo Monagas (que duró de 1855 a 1858) en que hubo un predominio clasista basado en una alianza de comerciantes y terratenientes, estos últimos formados como tales durante la guerra de independencia. Pero a partir de entonces comenzaron las luchas de esos sectores, que iban a desembocar en el año 1899 en la dictadura de Cipriano Castro, a la cual le siguió en 1908 la de Juan Vicente Gómez, que se prolongó hasta la muerte del dictador, ocurrida en diciembre de 1935. El largo período de Gómez fue seguido por las presidencias de dos generales gomecista que duraron diez años en el poder; en octubre de 1945 estalló un movimiento militar que llevó al gobierno a Betancourt y en, 1948 éste entregó el poder a Rómulo Gallegos, que había ganado las elecciones del año anterior, pero ese mismo año Gallegos fue derrocado por un golpe militar encabezado por el coronel Marcos Pérez Jiménez, que se mantuvo como jefe político y militar del país hasta enero de 1958.

Durante los sesenta años que pasaron entre el inicio de la dictadura de Cipriano Castro y el final de la de Pérez Jiménez hay dos períodos principales: el de 1899 a 1935, en que la lucha de clases se dirige al derrocamiento de Castro y de Gómez, y el de 1936 a enero de 1958, en que esa lucha se dirige a establecer el predominio de la burguesía industrial, financiera y comercial, que había estado desarrollándose durante esos sesenta años y había llegado a su madurez entre 1945 y 1957. Rómulo Betancourt es un representante político de esa burguesía, y no, como piensan algunos, el jefe político que hace la historia de acuerdo con sus gustos, sus virtudes o sus fallas personales. Cuando Betancourt fue elegido presidente en el año 1959, ya esa clase tenía conciencia política y por tanto se había transformado de simple clase dominante en los aspectos económicos en clase que sentía la necesidad de asegurar mediante el control del gobierno sus privilegios económicos, y por esa razón, valiéndose de los diputados de varios partidos políticos que la representaban en ese terreno, esa clase estableció en la Constitución de 1961 (él mismo año en que Cuba fue declarada país socialista, detalle de importancia decisiva en América Latina) que el presidente de la República ejercería el poder sólo durante un período de cinco años, lo que equivalía a prohibir la reelección.

Debemos explicar que cuando la clase gobernante de Venezuela dijo que ya había terminado la época de las reelecciones presidenciales, contaba con varios representantes políticos que podían ser presidentes de la República y que defenderían los intereses de esa clase, y por tanto esos políticos no se dedicarían a conspirar para tumbar gobiernos; contaba con militares que la representaban en los cuarteles, y con periodistas, escritores, abogados, profesores y técnicos que la representaban en sus respectivos campos de acción.

Las Reglas del Juego

En pocas palabras, en sus planes para organizar políticamente el país como una democracia representativa, que es el sistema de gobierno propio de la burguesía, la clase gobernante de Venezuela contaba con el apoyo de todos los que podían formar y encabezar grupos de poder; y eso le daba la seguridad de que pasara lo que pasara, ella mantendría durante largo tiempo el control político del país. A partir de ese momento, esa clase se dedicó a establecer las reglas del juego político, y una de ellas era prohibir la reelección.

¿Qué son las reglas del juego político?

Son las que les impone una clase dominante que tiene el control del poder político a las demás clases y capas de clases de su país, y responden a una experiencia social que todo el mundo, o por lo menos casi todo el mundo, conoce por sus resultados prácticos; y estamos refiriéndonos a las reglas que se siguen en todos los juegos y se establecieron nadie sabe cómo ni cuándo ni por quién, algunas hace muchos siglos y otras hace relativamente poco tiempo. Lo importante de esas reglas o leyes es que son respetadas por todos los que se entretienen o ganan y pierden dinero en los juegos a pesar de que no hay policías ni agentes armados que las hagan respetar. Como explicamos en el mes de enero, hablando por La Voz del PLD, si se juega dominó, donde un jugador pone una ficha hay que poner otra que encaje con ella; si Fulano puso un 6—3, el jugador que le siga tiene que hacerlo con un 3, y si en vez de hacerlo con un 3 quiere hacerlo con un 5, los demás jugadores y los que están viendo el juego le dirán que está haciendo trampas. El juego de dominó tiene sus leyes, pero también las tienen el juego de damas, el de ajedrez, el de tenis, el de baloncesto, el de pelota.

En el juego político, que es el de toda la sociedad, las reglas del juego no las pone un hombre, como creen los que han dicho que Rómulo Betancourt no quiso seguir siendo presidente de Venezuela. En ese juego quien pone y hace respetar las reglas es una clase, la clase gobernante, que gobierna a través de sus representantes políticos. En una sociedad socialista, esa clase es la obrera; en una sociedad capitalista, las ponen y las hacen respetar los capitalistas, pero sólo si tienen conciencia política de clase y por tanto si están convencidos de que son ellos, como clase y no como personas, quienes deben gobernar valiéndose de políticos profesionales, que en países dependientes como los nuestros son casi siempre de origen pequeño burgués.

La sociedad dominicana funciona dentro de las líneas generales del capitalismo, pero todavía no se ha formado en ella la clase burguesa con la conciencia necesaria para darse cuenta de que es el control del poder político el que confirma y amplía los privilegios que da el poder económico, y que por tanto, los verdaderos dueños de sus bienes no son ellos sino los que tienen en sus manos el poder del Estado, que es, como dijo Carlos Marx, la fuerza concentrada y organizada de la sociedad.