BOSCH: Balaguer y la Reelección (2)

  • 29 marzo 1978

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 29 de marzo de 1978
Página 4.-

Las estructuras sociales, y por tanto las clases que forman esas estructuras, no son obra de las ideas de los hombres, no son invención de nadie; al contrario, los hechos suceden al revés: las ideas son producidas en el cerebro humano según sea la posición de clase que los dueños de esos cerebros ocupan en las estructuras sociales, lio para decirlo de manera más precisa, según sea la posición que ellos ocupen en las relaciones de producción. El que en las relaciones de producción ocupa el lugar de dueño de los medios de producción (máquinas, dinero, materias primas, buques, aviones, flotas de camiones, ferrocarriles, tierras) es capitalista o burgués y pensará de manera muy diferente a como piense el que le vende su fuerza de trabajo para trabajar en esas máquinas y con esas materias primas, esto es, el obrero o proletario; y la condición de burgués y la de capitalista no fueron invención de Carlos Marx, puesto que Marx nació siglos después de que en el mundo aparecieron los burgueses y los proletarios.

Los burgueses y los obreros fueron producto de la formación y el desarrollo del sistema capitalista, y no los hijos de las ideas de nadie; al contrario, las ideas son productos de las estructuras sociales porque aparecen en los cerebros de los seres humanos como fruto natural de la vida que los hombres hacen dentro de esas estructuras, y por esa razón se dice, y es cierto, que las ideas obedecen a los intereses de clase de la persona, lo cual no impide que Fulano de Tal pueda tener, y de hecho tenga, ideas opuestas a su clase, como las tuvo Carlos Marx; pero eso no es lo general; ese fenómeno se da como casos particulares y así hay que analizarlos.

Ahora bien, para que las ideas de los hombres correspondan a la posición que cada uno de ellos ocupa en las relaciones de producción, y por tanto en las estructuras sociales que resultan de esas relaciones de producción, se requiere que cada quien tenga conciencia de clase, o sea, que cada capitalista por su lado, y cada obrero por el suyo, tengan una idea clara de cuál es el papel que cada uno de ellos juega o debe jugar en la vida política de su país, pues no hay conciencia de clase mientras los miembros de una clase no se relacionan en sus ideas diarias, en su posición ante la vida, con el poder político del medio en el cual viven y trabajan. Relacionarse a diario con el poder político quiere decir darse cuenta hora por hora de cuáles son las medidas del gobierno que favorecen o perjudican los intereses de su clase, y como es natural, para darse cuenta de eso hay que saber de antemano cuáles son los intereses de cada clase social.

Los venezolanos y Nosotros

Veamos un caso que nos demuestra hasta qué punto la burguesía dominicana ignora lo que significa eso de conciencia de clase: Hará cosa de año y medio que se publicó la foto de un acto celebrado en el Palacio Nacional, en el cual el Dr. Balaguer le tomó juramento al dueño de una industria de Santiago que vale varios millones de pesos. Ese señor había sido nombrado por el Dr. Balaguer coronel de las Reservas a pesar de que aquí no existe la institución de las Reservas militares. He aquí un ejemplo de un burgués que no se sentía parte del poder político y no se daba cuenta de qué peso tenía él en el orden social, y quería sentirse poderoso, como si no lo fuera, para to cual necesitaba tener en su automóvil una placa oficial y una ametralladora al alcance de la mano.

Un hecho así no se daría hoy en Venezuela. A Rómulo Betancourt, que había sido presidente por obra de un golpe militar llevado a cabo en octubre de 1948, le tocó ser presidente constitucional cuando ya en su país había una burguesía con conciencia de clase, que tenía como representantes suyos en la actividad política a varios cientos de pequeños burgueses distribuidos en varios partidos, de ellos, más de dos organizados y listos para ejecutar desde el gobierno y desde la oposición el papel de servidores políticos del sistema capitalista. Entre esos pequeños burgueses Rómulo Betancourt era uno de los más conocidos, pero no el único; y si no, ¿cómo se explica que al terminar él su período presidencial en 1964 pasara a ser sucesor suyo en la Presidencia de la República un miembro de su partido, el Dr. Raúl Leoni, y que cuando éste terminó su período pasara a ocupar su puesto el Dr. Rafael Caldera, líder de los socialcristianos, y que después de Caldera fuera elegido presidente otro miembro del partido de Betancourt (Acción Democrática), el Dr. Carlos Andrés Pérez, que tomó posesión de su Cargo en el 1974 y deberá ocuparlo hasta el 1979?

(Debemos aclarar que no todos los políticos de Venezuela estaban, o están, al servicio del sistema capitalista; varios de ellos son líderes del Partido Comunista Venezolano a pesar de que no son de origen proletario, lo que nos indica que en lo que se refiere a desarrollo de una conciencia de clase, la burguesía de Venezuela ha ido más lejos que los trabajadores, pues aunque la base obrera del Partido Comunista Venezolano es numerosa, todavía sus representantes no han llegado al nivel de los cargos más importantes de la dirección, como es, por ejemplo, la Secretaría General).

Los datos que acabamos de dar. indican que para el año 1959, cuando Rómulo Betancourt tomó posesión de sus funciones de presidente constitucional de su país, en Venezuela había una división del trabajo social lo suficientemente avanzada como para que hubiera ya un alto número de personas dedicadas exclusivamente a las tareas políticas, y para que eso fuera posible era necesario que la actividad política tuviera cierto grado de prestigio y los políticos profesionales fueran bien vistos por la mayoría de los venezolanos y apreciados por aquéllos que tenían la dirección real, no aparente, de la vida social; en cambio, en la República Dominicana, todavía hoy, en pleno año de 1978, abunda el criterio de que la política es tarea de sinvergüenzas, y a la cabeza de los que piensan así está el Dr. Balaguer, que tiene casi medio siglo actuando como profesional de la política.

Nosotros recordamos la época en que en nuestro país los comerciantes eran de manera casi exclusiva los representantes del sistema capitalista, porque en esos tiempos no había, salvo contadísimas excepciones, dominicanos que establecieran industrias y mucho menos bancos, de los cuales no había sino dos o tres, todos extranjeros. Pues bien, en esos años era frecuente oír a los comerciantes hablar de la política como de un mal, o peor aún, de una maldición que había que sobrellevar con resignación porque nadie podía librarse de ella, y esa actitud nos da idea de lo lejos que estaban los pocos capitalistas dominicanos de entonces de tener conciencia de clase. De aquella época hasta hoy ha habido ciertos cambios en la actitud, pero aún estamos a gran distancia del punto en que se hallaban los venezolanos en el año 1959. Todavía la división del trabajo social no ha llegado entre nosotros al punto en que los capitalistas estén representados en el terreno político por profesionales de la política; y eso es lo que explica que Antonio Guzmán, terrateniente, ganadero y dueño de plantaciones de café, sea candidato presidencial del PRD, o que Augusto Lora, también terrateniente, lo sea del MIDA y que su candidato a la Vicepresidencia sea el industrial Manuel Tavarez Espaillat, así como que en el Comité Ejecutivo Nacional del PRD figuren comerciantes e industriales como Manuel Fernández Mármol y Carlos Pérez Ricart; pero eso también explica que el mayor número de los profesionales de la política que dirigen partidos hayan estudiado carreras tradicionales, como la de Derecho, y que sea ahora cuando ha comenzado en la Universidad Autónoma de Santo Domingo el estudio de las materias políticas.

El Vacío Social

El escaso desarrollo material se refleja en escasa división del trabajo social. Los dominicanos, que tradicionalmente fuimos un pueblo de muy escaso desarrollo material, tenemos una demostración de esa verdad en nuestra historia reciente, la de los años en que un hombre era a la vez el jefe del poder político, el jefe del poder militar y el jefe del poder económico. Ese hombre era Rafael Leónidas Trujillo, que resumía en su persona todas las fuerzas sociales y todo el poder del Estado, fenómeno que se había dado en Venezuela cuando Juan Vicente Gómez gobernó aquel país entre 1908 y 1935 y que sigue dándose aquí con el Dr. Balaguer aunque con características diferentes a las que tuvo en el caso de Trujillo y en el de Gómez.

Al actuar en un vacío social que los llevó a ejercer todas las actividades políticas, militares y económicas de sus respectivos países, Gómez y Trujillo ocuparon el lugar que debieron haber ocupado las clases dominantes de Venezuela y de la República Dominicana si hubieran existido. El proceso histórico venezolano produjo esas clases, que para 1959, año en que Rómulo Betancourt fue elegido presidente, habían tomado la dirección de su país, y esas clases tenían el control político de Venezuela dos años antes de que aquí desapareciera la dictadura trujillista con la muerte de Trujillo, o sea, veinticuatro años después de haber sido enterrado en Caracas el cadáver de Juan Vicente Gómez. Si la marcha de la historia pudiera medirse en cada país con un reloj particular, que diera las horas sólo para él y no para el resto del mundo, en la República Dominicana podríamos esperar para el año 1985 lo que Venezuela tuvo en el 1959, y por tanto no sería ningún sueño de ilusos que aquí se celebraran en el año 1985 elecciones que fueran del tipo de las que se llevaron a cabo en Venezuela en 1959, pero esperar otra cosa es una tontería.

¿Por qué decimos eso?

Porque el método electoral que forma la base misma del sistema político conocido con el nombre de democracia representativa no puede aplicarse allí donde no existe la clase políticamente dominante que establece las reglas del juego y las hace respetar de todo el mundo, de la oposición, pero también del gobierno; de los políticos, pero también de los militares; de los que parece que mandan y sin embargo obedecen porque saben que si esas reglas del juego no se respetan, no habrá seguridad para nadie.