BOSCH: Balaguer y la Reelección (3)

  • 05 abril 1978

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 5 de abril de 1978
Página 4.-

En el artículo anterior hicimos recuerdo de la pobre opinión que tenían los comerciantes dominicanos, medio siglo atrás o cosa así, de la política y por tanto de los políticos que la llevaban a cabo, y decíamos que esa actitud nos da idea de lo lejos que estaban los pocos capitalistas de nuestro país de tener conciencia clasista, y como alguien puede preguntar qué tiene que ver una cosa con la otra aclaramos ahora que, o bien los comerciantes dominicanos de aquellos años no tenían la menor idea de que los políticos eran sus representantes en el campo de las actividades propias de la política, que se ejercen en el terreno de los poderes públicos, o sea en las entrañas mismas del poder del Estado, o bien los que no se daban cuenta de esa realidad eran los políticos, y por no darse cuenta de ella no actuaban como defensores de los intereses de los contados capitalistas que teníamos en el país. Lo probable era que sucedieran al mismo tiempo las dos cosas: que los pocos capitalistas de entonces no se daban cuenta de que los políticos los representaban a ellos ante el Estado y que los políticos tampoco se dieran cuenta de que ellos eran los presentantes dé los capitalistas en los órganos el Estado; y si ése era el caso, tiene su explicación en el hecho de que tanto los unos como los otros eran pequeños burgueses, comerciantes y políticos que todavía no tenían ideas claras de lo que ellos mismos eran ni de lo que eran el capitalismo y el Estado según debían ser concebidos por una sociedad burguesa. En tanto que comerciantes y políticos eran aprendices y no pasarían de ahí, pero tampoco podía pasar de ahí la sociedad en la cual actuaban. Aún ahora oímos de vez en cuando a capitalistas importantes decir que no saben nada de política y además que la política no tiene para ellos ningún interés.

En Venezuela había pasado algo parecido, pero para 1959 ya había capitalistas que pensaban, actuaban y por tanto vivían convencidos de que los políticos eran sus servidores y que como tales tenían la función de organizar un Estado venezolano que sirviera a sus intereses de clase; un Estado que funcionara para su beneficio, en el cual hubiera reglas del juego que el Estado mismo, a través de sus leyes, de sus jueces, de sus fuerzas le orden público haría respetar con toda energía, con la cantidad y la calidad de energía que en cada caso hiciera falta; y el ejercicio de la autoridad encargada de hacer valer las reglas del fuego tenía que empezar por el respeto al voto ciudadano, porque de ahí, de que el voto fuera espetado dependía que el pueblo, la gran masa leí país, creyera en la bondad, y por tanto en la respetabilidad de la llamada democracia representativa.

La Experiencia Acumulada

¿De dónde sacó la clase dominante de Venezuela esos conceptos?

De experiencias que se habían acumulado en países como Inglaterra, como Francia, como Ho- anda y varios más. En esos países los partidos que les servían a las respectivas clases dominantes (ésos que hoy son calificados de democráticos) acabaron siendo dos, en algunos lugares res, que eran exactamente iguales en sus ideas y n sus procedimientos; y si cada uno de esos partidos estaba llamado a hacer, desde el punto de vista de la clase a la cual servían, un gobierno igual al que haría cualquiera de los otros dos, y en todos los casos ese gobierno sería el gobierno de a clase dominante, ¿qué necesidad había de robarse las elecciones para favorecer a éste o a aquél partido? . Y refiriéndonos concretamente al ejemplo de Venezuela, ¿por qué debía correrse el riesgo de desacreditar el sistema político propio de la burguesía en el momento mismo en que en Venezuela debía hacerse todo lo contrario?

En los días de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, y especialmente en su último año, se hicieron millonarios muchos venezolanos y varios extranjeros que poco antes eran personas de escasa o ninguna importancia en los medios económicos del país, y un alto número de ellos pasaron a ser multimillonarios, gracias a la atmósfera de corrupción que había en todos los niveles del gobierno (un gobierno que hacía obras costosísimas, una tras otra, y a menudo varias al mismo tiempo), y también al favor de la excelente situación económica que tuvo el régimen de la dictadura debido a la explotación insensata de la riqueza petrolera del país y debido al buen precio que alcanzó el petróleo venezolano cuando la clausura del Cana! de Suez dificultó la llegada a Europa del que producían Irán y los países árabes. Una cantidad respetable de millones de dólares que se hicieron entonces en Venezuela fueron a dar a bancos extranjeros, especialmente a muchos de Suiza, y estaban allí cuando Pérez Jiménez y sus colaboradores más cercanos salieron huyendo, en enero de 1958, hacia la República Dominicana, donde contaban de antemano con la protección de Trujillo.

Los dueños de ese dinero salían de Venezuela, pero sus fortunas estaban seguras en Suiza, y por el solo hecho de haberse hecho millonarios que tenían sus millones en bancos bien acreditados, esas personas se convirtieron, desde el punto de vista político, en miembros de la clase dominante, y en, todas partes del mundo la clase dominante defiende a los suyos con uñas y dientes. Eso es lo que explica que poco después de haber llevado a Rómulo Betancourt a la presidencia de la República, esa clase obligó, de hecho, al nuevo gobierno a devaluar el bolívar, que es como se llama la moneda venezolana, y con esa medida, cada millón de dólares que volvió al país significó un millón más de bolívares para los que al enviar sus dólares a Europa habían comprado el dólar con tres bolívares y al llevarlos otra vez a su país recibían cuatro bolívares por cada dólar.

De la devaluación del bolívar sacaron también ventaja los terratenientes a quienes el gobierno de Betancourt les pagó muy bien sus tierras, en cumplimiento de una ley que fue obra de la clase dominante llevada a cabo a través de los representantes políticos que tenía en el Congreso. Esa ley fue la de la reforma agraria, larga y hábilmente discutida por los legisladores para que beneficiara al mismo tiempo a los sectores industrial y comercial de la burguesía mediante la ampliación de la capacidad de compra de los campesinos que pasarían a ganar más dinero, aunque no mucho, y a los dueños de grandes fincas, a quienes el gobierno tendría que pagarles sus propiedades en efectivo o en bonos con intereses jugosos. Los mayores latifundistas cobraron en bolívares, adquirieron de inmediato dólares a tres por uno, sacaron los dólares hacia Europa, pero poco tiempo después los devolvían a Venezuela para cobrar cuatro bolívares por los dólares que les habían costado a tres. (De paso debemos decir que mientras estuvieron en bancos suizos, esos dólares les dejaron buenos beneficios tanto a los latifundistas que recibieron bolívares, en pago de sus tierras, de manos del gobierno de Betancourt, como a los que se habían hecho millonarios con malas artes en los días de la dictadura Pérez-Jimenista).

Los capitalistas dominicanos están lejos todavía de conocer esos métodos de aumento de sus riquezas gracias a la manipulación de la moneda y de bonos gubernamentales y acciones de empresas privadas a través de una bolsa de valores, organismo de operaciones financieras que no ha existido nunca en nuestro país.

La Composición

La clase gobernante está compuesta a veces por un conjunto de sectores, como dijimos en el p artículo primero de esta serié que sucedió en ; Venezuela entre 1839 y 1858 y como sucedió en Argentina entre 1862 y 1890, cuando una alianza de terratenientes ganaderos y comerciantes establecieron su legalidad a base de presidentes y legisladores electos cada seis años. A ese período correspondieron los gobiernos de Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Julio Argentino Roca, entre otros. La aparición de clases o sectores de clases nuevos, como la de industriales, financieros y obreros, destruye el equilibrio del conjunto que había establecido su predominio como clase gobernante, pero cuando surge una clase propiamente dicha, y no un conjunto de sectores, que pasa de dominante a gobernante como sucedió en Venezuela entre 1958 y 1959, hallamos que los militares son los primeros en someterse a la legalidad que propone la clase gobernante. Por ejemplo, en las elecciones venezolanas de 1959 tomó parte como candidato a la presidencia de la República el almirante Wolfgang Larrazábal, que había sido presidente provisional a la caída de Pérez Jiménez, y las Fuerzas Armadas no terciaron en las elecciones al contrario, se comportaron con una neutralidad que no fue ni por asomo inferior a la que mantienen los militares ingleses o suecos en casos semejantes; y cuando poco después de la victoria electoral e Rómulo Betancourt se levantó ñ contra el resultado de las elecciones el general: Castro León, sus compañeros de armas le hicieron el vacío, y otro tanto hicieron, aunque en grado diferente, con los levantamientos militares g de tendencias izquierdistas de Campano y Puerto Cabello. La prolongada guerra de guerrillas que le hizo el Partido Comunista Venezolano al gobierno de Betancourt no se habría producido si los líderes de ese partido se hubieran dado cuenta a tiempo de que entre la caída de Pérez Jiménez y el ascenso al poder de Rómulo Betancourt, la clase dominante del país había pasado a convertirse en una clase gobernante, lo que significa que para el 1959, esa clase estaba segura de sí misma y tenía el apoyo político de la mayoría de los venezolanos, y con ese respaldo de su lado, las guerrillas no podían hacer en Venezuela lo que habían hecho en Cuba.

En la República Dominicana la clase dominante está todavía en formación, y sería muy aventurado decir cuánto tiempo tardará en formarse y en pasar a clase gobernante. Pero como ningún país puede vivir sin gobierno, la falta de una clase gobernante ha sido sustituida en nuestro caso por hombres que se han llamado Buenaventura Báez, Ulises Heureaux, Rafael Leónidas Trujillo y, ahora, Joaquín Balaguer; y la sustitución de toda una clase hecha por un hombre explica muchos aspectos de la vida de sociedades como la nuestra. El próximo artículo estará dedicado a analizar algunos de esos aspectos.