Bosch: Capitalismo y Democracia (1)

  • 21 junio 1978

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 21 de junio de 1978
Página 4.-

La llamada democracia representativa sólo funciona a cabalidad en los países donde el sistema capitalista ha avanzado hasta un punto de desarrollo relativo. Ningún pueblo ha cono­cido la democracia representativa antes de que en su territorio se estableciera el capitalismo ni antes de que éste se desarrollara hasta producir una clase gobernante. Los que se imaginan que la llamada democracia representativa es un régimen político que tiene muchos siglos de vida harían bien en estudiar la historia de algunos países que figuran como modelos del funcionamiento de ese régimen; por ejemplo, la de Inglaterra y Francia.

Podríamos referirnos a otros casos, pero escoge­mos los de esos dos países porque los episodios históricos que vamos a presentar en este artículo tuvieron repercusión en nuestra tierra cuando éramos la colonia española de Santo Domingo, dentro del Derecho Internacional de la época o de hecho.

Digamos, para empezar, que la primera revolución burguesa tuvo lugar en Holanda en el siglo XVI; la segunda se llevó a cabo en Inglaterra en el siglo XVII y la tercera fue la de Francia, que estallo en el 1789, esto es, a fines del siglo XVIII. Esas revoluciones llevaron al poder a las burguesías o sectores capitalistas de Holanda, de Inglaterra y de Francia, o que deja dicho que con ellas comenzó a establecerse en el mundo el orden capitalista, y antes de ellas no había habido en ninguna parte de la Tierra un país organizado políticamente sobre las bases de la llamada democracia representativa. Hasta el momento en que comenzaron las revoluciones burguesas, en varios países de Europa, como en Inglaterra, en Francia, en España, funcionaba alguna forma de Parlamento; el de Inglaterra y el de Francia se llamaban así y el de España tenía el nombre de Cortes; pero sus funciones no eran ni remotamente tan amplias como las de los Parlamentos actuales y en ellos estaban representados solo la nobleza, el clero, los terratenientes y diputados de las ciudades les pedían que lo hicieran para tratar acerca de algo que les interesaba a los monarca, como era aprobar peticiones de fondos que estos hacían.

En el año 1640, Carlos I de Inglaterra le pidió al Parlamento dinero para enviar tropas a Esco­cia, donde el pueblo se había rebelado contra una reforma religiosa que quería imponerle el rey, y el Parlamento se negó a darle fondos, pero el año siguiente hizo más, puesto que condenó a muerte al conde de Strafford, uno de los amigos más queridos del rey. En respuesta a lo que habían hecho los miembros de la Casa de los Comunes, que era como se llamaba (y se llama todavía) el lugar donde se reunían los diputados, el rey decidió hacer presos a algunos de ellos y ya para agosto de 1642 comenzaba la guerra entre en el Parlamento y Carlos I. El rey perdió esa guerra y fue sentenciado a muerte. Murió decapitado a hachazos en enero de 1649 e Inglaterra paso de monarquía a republica bajo la presidencia Oliverio Cromwell.

Cromwell y Napoleón

Al establecerse la república se reorganizó el Parlamento, que quedó encabezado por un cuerpo ejecutivo elegido de entre sus miembros y denominado Consejo de Estado; el presidente del Consejo de Estado era a la vez el presidente de la República.

En su condición de presidente, Oliverio Cromwell comando las tropas que combatieron al hijo y heredero de Carlos I, el joven Carlos II, a quien los escoceses habían proclamado rey. Carlos II entro en territorio ingles en 1651 al frente de un ejército, pero quedo derrotado en la batalla de Worcester, después de la cual huyo a Francia en octubre de ese año de 1651.

Todos los países que viven en el régimen político llamado de la democracia representativa tienen Parlamento, unos en una forma y con diferentes. Por ejemplo, el Parlamento francés no se parece en nada al Congreso norteamericano. El francés está compuesto solo por diputados y el norteamericano por diputados en una Camera y senadores en otra; el francés tiene la facultad de decidir acerca de la formación y de la disolución de los gobiernos de su país mientras que el norteamericano no tiene la menor participación en esos aspectos de la vida política de los Estados Unidos. Pero si las democracias representativas tienen Parlamento no implica la existencia de una democracia representativa. Así por ejemplo en Inglaterra había un Parlamento mucho antes de que se estableciera allí el régimen de la democracia representativa; lo había bajo el gobierno monárquico y lo hubo bajo la presidencia republicana de Oliverio Cromwell. Por cierto, el 20 de abril de 1653 Cromwell dio un golpe de Estado y expulso de la Casa de los Comunes a todos los diputados acusándolos de corrompidos, de manera que lo que el rey no pudo hacer en 1642 lo hizo o lo hicieron oficiales militares de su confianza, que en esa ocasión lo nombraron Lord (Señor) Protector de Inglaterra, Escocia e Irlanda, y fue Lord Protector hasta el día de su muerte, ocurrida el 3 de septiembre de 1658. Tres años y medio antes de morir llego a aguas dominicanas la formidable expedición de Penn y Vennables, que Cromwell había enviado con la orden de conquistar la isla para Inglaterra. Penn y Venables fracasaron aquí, pero en su retirada acertaron a desembarcar hombres en Jamaica, que a partir de ese momento dejaría de ser española y pasaría a ser inglesa.

La monarquía volvió a ser restaurada en Inglaterra en 1660, con Carlos II como rey, pero esa restauración no significo que en ese país que ahora nos parece un ejemplo de democracia representativa quedara establecido ese régimen político. Lo que se produjo en Inglaterra por esos años fue la revolución burguesa, con la cual, como nos dice Marx, la burguesía inglesa, “aliada con la nueva nobleza, lucho contra la Iglesia dominante”; pero de ahí al establecimiento de la democracia representativa, tal como la conocemos hoy, hubo que recorrer mucha distancia.

Algo parecido podemos decir de Francia. La revolución burguesa de Francia empezó en 1789, pero iba a tardar muchos años en adoptar la forma de una democracia representativa. Lo que hicieron al principio la burguesía francesa y “el proletariado y las capas de la población urbana que no pertenecían a la burguesía” fue enfrentar en una lucha a muerte “al absolutismo, al feudalismo y a la pequeña burguesía reaccionaria”, como dijo Marx; y después de haber pasado por una época de terror que espanto a sus enemigos, la Gran Revolución, como se le llamo durante más de un siglo, desemboco en el golpe de Estado conocido en la historia con el nombre de 18 Brumario (fecha que en el calendario de la revolución correspondía al 9 de noviembre de 1799), mediante el cual Napoleón Bonaparte disolvió el Consejo de los Quinientos, que era el cuerpo legislativo del país, y monto el tipo de gobierno llamado Consulado en el que ocupo el puesto de Primer Cónsul hasta el año 1804, en que paso a ser Napoleón Primero, emperador de Francia, jefe de un gobierno que cumplió una gran tarea histórica pero que no representativa. Fue en los años de ese gobierno cuando entro en nuestro país Toussaint Louverture y en su nombre nos gobierno el general Ferrand.

Paréntesis Leninista

Hagamos ahora un paréntesis para hablar de un régimen que no fue el democrático porque respondía al sistema capitalista; y nos referimos al gobierno revolucionario de Lenin, el que inauguro en la historia mundial la etapa del socialismo. Ese gobierno había llegado al poder el 7 de noviembre de 1917 y celebro inmediatamente elecciones para una Asamblea Constituyente en las cuales votaron más de 36 millones de rusos. De esos votos, los socialistas—revolucionarios sacaron 20 millones 900 mil; los partidos burgueses, 4 millones 600 mil; los mencheviques, un millón 700 mil, y el Partido Bolshevique, o sea, el de Lenín, 9 millones 24 mil, lo que equivale a decir que de cada 100 votos 75 eran de partidos opuestos al gobierno.

El hecho de que el gobierno revolucionario fuera derrotado en esas elecciones de manera tan aplastante creo una situación de inestabilidad política muy seria, a tal punto que los partidarios de los que salieron vencedores en ese torneo electoral organizaron un Comité de Defensa de la Constituyente y contaban con la organización militar de los socialistas—revolucionarios para cualquiera emergencia; la Federación de Empleados Públicos ofreció lanzarse a una huelga general de apoyo a los socialistas—revolucionarios, pero estos no tomaron en cuenta la oferta porque decían que no necesitaban defenderé dado que ellos habían sido los “elegidos del pueblo soberano”.

“El pueblo soberano” acudió el día 5 de enero (1918) a una manifestación de respaldo a la Asamblea Constituyente que se celebró en San Petersburgo o Petrogrado, que según dice Victor Serge en un libro El Año Uno de la Revolución Rusa (léase de la página 137 a la 151 de la 3ra edición mexicana de Siglo XXI) fue muy concurrida porque “acudió a ella en gran numero la pequeña burguesía de la ciudad. La gente se apiño en las calle centrales, pero bastaron algunos disparos hechos aquí y allá por los marino (bolshevique) para poner en dispersión aquella multitud”.

La Asamblea Constituyente se reunión al día siguiente y trabajo hasta las cuatro de la mañana del día 7, hora en que “se acercó a la tribuna presidencial un marino de los que estaban encargados del servicio de guardia, el anarquista Jelezniak”, y dijo, con una voz “irónica y tranquila: El cuerpo de guardia se halla fatigado. Les ruego que despejen el salón de sesiones”, y ahí, menos de 36 horas después de haber empezado sus trabajos, se disolvió la Asamblea Constituyente por la cual habían votado más de 36 millones de rusos. De manera que así como en los comienzos de la revolución burguesa se dieron golpes de Estado, así de dio también uno, y muy significativo, en los primeros tiempos de la revolución socialista. Aquellos fueron dados por Oliverio Cromwell y Napoleón Bonaparte, y este por Nicolás Lenin.