Bosch: Clases y Psicología (1)

  • 26 abril 1978

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 26 de abril de 1978
Página 4.-

¿Por qué decimos que lo determinante en la manera de actuar de una persona son sus condiciones materiales de existencia? ¿Cómo debemos interpretar esas palabras? ¿Qué significado tienen y qué relación hay entre las condiciones materiales de la existencia de Fulano, de Zutano o de Mengano, y la psicología de cada uno de ellos?

Empezaremos la respuesta a esas preguntas diciendo que las condiciones materiales de existencia de una persona son las que corresponden a su posición en las relaciones de producción, y por tanto, si Fulano es capitalista, o sea, dueño de medios de producción, y Zutano es obrero, lo que significa que su única propiedad es su fuerza de trabajo, y Mengano es bajo pequeño burgués muy pobre, por lo que debemos entender que sus medios de producción son mínimos y apenas : le alcanzan para alimentarse, las condiciones materiales de existencia de cada uno de ellos serán desiguales.

Veamos el caso de Fulano. Sus condiciones materiales de existencia están determinadas por la capacidad económica que se requiere para poseer una casa que vale 80 o 100 mil pesos, y pueda que tenga otra, también muy cara, en Jarabacoa o en una playa; y la una o las dos : tendrán una distribución de salones, pasillos o corredores, habitaciones, baños y servicios que facilita los movimientos de los que viven y los que trabajan en ella o en ellas (la familia y además la cocinera, la criada, la niñera, el jardinero, el chófer); la pintura de sus paredes ha sido escogida para que dé sensación de bienestar, y además, de esas paredes cuelgan cuadros de buenos pintores, y en los salones y las habitaciones hay muebles que son no solamente cómodos sino también bellos y costosos. Esas condiciones materiales de existencia se reproducen en las oficinas de su negocio, donde tiene a su disposición los mejores equipos de trabajo (máquinas de escribir eléctricas y ultramodernas, teletipo para comunicarse con sus relaciones internacionales, copiadoras de la mejor marca, secretarias eficientes y vestidas con pulcritud y elegancia), y se reproducen en los restaurantes adonde invita a comer a sus clientes o adonde es invitado a comer por personas con las cuales mantiene relaciones económicas; se reproducen en las casas de sus amigos, en el departamento de primera clase de los aviones y los barcos en que viaja cuando tiene que salir del país y en los de los hoteles en los cuales se hospeda.

Las condiciones materiales de existencia de un capitalista son el fruto natural de los medios económicos de que puede disponer, pero a la vez son una consecuencia de la necesidad que tiene ese capitalista de colocarse fuera, y por encima, del nivel en que viven los obreros que le venden su fuerza de trabajo y las capas sociales compuestas por aquéllos que forman lo que comúnmente se llaman masas populares; y todo eso se sostiene gracias a una cuenta bancaria que se escribe con varios números.

Clases y Costumbres

El propietario de los medios de producción es a la vez el propietario de su tiempo, y como su dueño, lo usa a su gusto y conveniencia. Para una cita de negocios o de amistad o de placer, él es quien fija el día y la hora, y si no los fija, acepta que los fije otra persona, pero sólo si le convienen. Puede llegar a su oficina o a su fábrica a la hora que le parezca, y si no quiere ir un día, no irá y nadie se lo tomará en cuenta. Ese poder, el de hacer con su tiempo lo que le parezca bien o lo que le dé la gana, convierte al dueño de medios de producción, esto es, al capitalista o burgués, en un ser privilegiado, especialmente cuando se compara a sí mismo con el obrero, que junto con su fuerza de trabajo le vende su tiempo, y con el empleado, que además de sus conocimientos le vende también su tiempo.

Pero como contrapartida al privilegio de ser dueño de su tiempo, lo que le brinda la oportunidad de usar en placeres una parte del poder económico que le proporciona su condición de propietario de bienes de producción, el capitalista o burgués vive con el temor de perder su capital y aprende desde temprano la lección de que no debe actuar de manera precipitada porque un paso en falso puede significar su ruina o por lo menos una pérdida, que puede ser importante o puede ser pequeña, pero será una pérdida, y para un capitalista, una pérdida, por pequeña que sea, es una derrota. El temor a perder su fortuna o parte de ella acompaña al capitalista como la sombra al cuerpo, especialmente en países como el nuestro, donde la aparición de su clase es muy reciente o está todavía en su primera etapa, y son contados, y conocidos de todos, los dominicanos que nacieron en hogares burgueses.

Lo que acabamos de decir explica el hecho de que en la República Dominicana abunden los capitalistas que aún no tienen la conducta que les corresponde a los burgueses. Han llegado a ese nivel hace poco tiempo, procedentes de la pequeña burguesía, muchos de ellos, de la baja pequeña burguesía y de la baja pobre y la baja muy pobre, y padecen los efectos de las contradicciones y las inseguridades propias de gentes que se formaron en condiciones materiales de existencia sumamente cambiantes y por esa razón, muy inestables.

Como contrapartida al temor de equivocarse y perder su fortuna o parte de ella a consecuencia de un error, el capitalista ha creado el hábito de estudiar con calma todos los aspectos de los problemas que se le presentan, y ha podido hacerlo porque el hecho de ser dueño de su tiempo le da la base material necesaria para no actuar de manera apresurada ni siquiera cuando se trata de hacer un negocio que a simple vista parece bueno. Los verdaderos burgueses estudian con calma, por medio de los técnicos que tienen a su servicio, todos los aspectos de los problemas, especialmente los legales, los económicos y los sociales, y eso es lo que explica el uso que hace el capitalismo de economistas, sociólogos y psicólogos, que no trabajan directamente en tareas productivas a pesar de lo cual son bien pagados, y el uso de abogados, así como el cambio operado en el último medio siglo en la especialización de los abogados en países que tienen el nivel de desarrollo de la República Dominicana. Los grandes abogados dominicanos de 1928 eran penalistas, criminalistas, oradores brillantes que se lucían en las causas en que había que defender a una persona conocida que había dado muerte a otra tan conocida como él, hecho frecuente en aquellos tiempos, o en las que había que representar a los familiares del muerto, y los grandes abogados de hoy son los que conocen al dedillo todos los vericuetos del Código de Comercio, y como para subir a estrados, como dicen ellos, a representar a sus clientes en materia comercial no hay que hablar ante los jueces, los abogados de ahora no son oradores, y sus funciones son las de consejeros, consultores y con frecuencia las de intermediarios entre sus clientes y los que tienen acreencias o deudas con ellos.

Ese detalle (orador, no orador) que distingue al abogado de 1978 del abogado de 1928 nos dice en qué medida las condiciones materiales de existencia de los hombres influyen sobre ellos. El hecho de tener que ganarse la vida en una especialidad diferente de la que ejercía el abogado de 1928, ha borrado de la profesión lo que era una característica sobresaliente de los abogados dominicanos de hace medio siglo, esto es, su capacidad para conmover a los jueces y al público con buenos discursos, y ese don de expresión que el ejercicio profesional les hacía desarrollar, los conducía de manera casi inevitable a la política, de manera que muchos abogados de aquellos años terminaban siendo políticos, proceso que confirma la tesis de que en la medida en que el hombre hace el trabajo, su trabajo hace al hombre.

La Marcha del Progreso

Fueron los capitalistas los que crearon el hábito de analizar detalladamente, y con anterioridad, las consecuencias posibles de un hecho, y ; hace poco explicamos que ese hábito tiene su origen en el temor a los fracasos; pero los capitalistas no podían llevar ese hábito más allá del círculo de sus intereses individuales, porque el motor que impulsa las actividades de un capitalista es su decisión de obtener beneficios, lo cual lo convierte en un competidor de todos los demás capitalistas, y la competencia es, por su naturaleza, contraria al planeamiento o a la planificación en todo aquello en que poner en ejecución un plan general signifique, o pueda significar, una limitación de los beneficios para las empresas o los negocios individuales. Ahora bien, sucede que todo lo que los hombres han creado o inventado es susceptible de ser mejorado, pero siempre a partir de lo que existe y se conoce, y es partiendo de lo conocido como la humanidad ha progresado hacia el dominio de las fuerzas de la naturaleza. Por ejemplo, la capacidad de volar empezó a desarrollarse a fines del siglo XVIII (año 1783) con la invención de un globo que se elevó llevando animales en una barquilla y pocas semanas después (el 21 de noviembre de ese mismo año) con la fabricación de otro que voló con dos hombres a bordo, y de cambio en cambio ha llegado hasta los cohetes espaciales de hoy, que han llevado seres humanos a la Luna.

Los hábitos propios de una clase pueden ser desarrollados por otra, y por eso hallamos que una costumbre que se formó como fruto natural de las condiciones materiales de existencia de los burgueses, como fue la de estudiar de manera detallada lo que va a hacerse a fin de evitar las consecuencias malas o dañinas de un hecho, pasó a convertirse en uno de los métodos de trabajo de los gobiernos socialistas, que son los gobiernos de la clase obrera. Ahí tenemos una lección de la g historia profunda, la que no está a la vista de todo el mundo, de la manera como la humanidad progresa, que es marchando hacia el porvenir impulsada por fuerzas enemigas que en un momento dado se convierten en aliadas y fuerzas; aliadas que pasado cierto límite se vuelven enemigas.

Hasta aquí hemos trazado un apunte de la forma en que las condiciones materiales de existencia de un capitalista influyen en sus puntos de vista y en su actitud ante la vida. En el próximo artículo haremos lo mismo, pero con referencia a un obrero y a un bajo pequeño burgués muy pobre.