Bosch: Elecciones y Dependencia

  • 24 mayo 1978

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 24 de mayo de 1978
Página 4.-

Diez días atrás pensábamos que en el número 135 de VANGUARDIA íbamos a hacer un análisis de los resultados de las elecciones que acaban de pasar, pero hasta el momento en que escribimos este artículo (en la tarde del domingo 21 de este mes) no se habían dado al público los datos nacionales de la votación; lo que sí se dieron fueron las acusaciones de fraude que han hecho tanto los perredeístas como los reformistas, y en el caso de los reformistas quien encabezó a los acusadores fue nada menos que el Dr. Balaguer. Con esas acusaciones, unos y otros han hecho buena y válida la posición que nosotros hemos mantenido ante las elecciones que se llevan a cabo en nuestro país a partir de la intervención militar norteamericana de 1965; esto es, en lugar de elecciones, aquí lo que funciona es un matadero electoral; o sea, que aquí se vota pero no se elige.

Las elecciones de este año han servido para demostrarle al que tenga ojos en la cara y quiera usarlos en ver la verdad, que no andábamos equivocados, de manera que si hubiéramos tenido alguna duda, habría desaparecido ante las acusaciones que se han cruzado perredeístas y reformistas. En cuanto a los aspirantes a miembros y miembros del PLD, sobre todo a los que estuvieron sirviendo como delegados del Partido en las mesas electorales, ésos vieron por dentro cómo funciona el sistema electoral dominicano, y estamos seguros de que nunca olvidarán las experiencias que tuvieron mientras desempeñaban sus tareas de delegados; y queremos aprovechar la ocasión para decir que el argumento que condujo al Comité Político a decidir que esos compañeros representaran al PLD en los colegios electorales fue precisamente el de que llevando a cabo ese trabajo, esos peledeístas iban a aprender en un día más acerca de lo que son unas elecciones en la República Dominicana que en diez años leyendo libros en que se hablara del sistema electoral que se usa aquí y en otros países.

¿Por qué razón cinco días después de las elecciones no se habían dado al público los resultados nacionales de la votación?

Es, dirán los que ven los problemas políticos en forma superficial, que se ha presentado una crisis electoral, lo cual es verdad, pero sólo hasta cierto punto, porque una crisis electoral no puede darse allí donde no haya crisis en otros aspectos de la vida nacional. Por ejemplo, en Francia hubo elecciones hace poco tiempo y aunque todo el mundo esperaba que iban a ser unas votaciones polémicas, no desembocaron en crisis. La crisis electoral, en cualquier lugar del mundo donde se dé, es resultado de una serie de otras crisis; es un efecto, no una causa; es un efecto en el terreno política de una situación crítica que ha estado produciéndose y arrastrándose en otros campos y desde hace tiempo.

150 Mil indios

Lo que acabamos de decir queda demostrado con informaciones de periódicos en las que se atribuye al presidente Jimmy Cárter haber dicho que los militares dominicanos “no quieren que Guzmán asuma la Presidencia de su país. Quieren que Balaguer siga en el cargo y son los militares los que han interferido”.

Debemos entender que con las palabras “han interferido”, el presidente Cárter quiso dejar en los que oyeron o leyeron sus declaraciones la idea de que han sido los militares dominicanos los que han impedido que el proceso electoral de nuestro país se desarrollara normalmente, pero nos habría gustado que Carter nos dijera dónde aprendieron los militares criollos a conocer el alcance de su poder y quién les enseñó a ejercer su autoridad para impedir que un proceso electoral llegara a su fin sin tropiezos.

¿Lo aprendieron en los años 1965 y 1963? Y de ser así, ¿quiénes fueron sus maestros? ¿O es que el señor Carter no lo sabe?

Si estamos en estos momentos ante una crisis política que se ha manifestado con motivo de las elecciones, debemos preguntarnos qué relación tiene ella con la de 1965 y la de 1963, dos crisis que fueron desatadas por la intervención norteamericana en asuntos que debían resolver solamente los dominicanos.

Carter habló en Washington de la situación de nuestro país sin conocer los detalles de esa situación, y volvió a hablar el sábado 20, que fue cuando se refirió al papel de los militares en la crisis electoral, pero además en esa ocasión dijo que la ayuda de los Estados Unidos a nuestro país dependía de si se respetaban o no se respetaban los resultados de la votación del día 16.

¿Por qué habló Carter ese lenguaje tan impropio?

Porque él sabe que la República Dominicana no es un Estado independiente sino todo lo contrario; es un Estado dependiente, y dependiente, precisamente, del poder económico de los Estados Unidos, lo que la convierte de manera automática en dependiente en el orden político.

Las palabras del señor Carter ponen al descubierto la base de las crisis que hemos padecido a lo largo de nuestra historia y estamos padeciendo ahora; la causa de que el pueblo dominicano viva en una situación de crisis perpetua; de una larga crisis que se manifiesta unas veces en lo económico, otras en lo social, otras en lo político. Sin tener la intención de bucear en lo profundo de nuestro pasado, el presidente Carter ha sacado de las sombras la explicación de todas nuestras crisis, entre las cuales la electoral que padecemos ahora es sólo una más, y no por cierto la causa de las otras sino el resultado de lo que podríamos llamar la fuente de las crisis nacionales. Esa es la dependencia; una dependencia que empezó cuando España tomó posesión de la isla en que se halla la República Dominicana, hecho que se produjo al llegar a nuestras costas la expedición pobladora de 1493. Desde entonces hasta el año 1801, cuando Toussaint Louverture entró en territorio dominicano para hacer bueno y válido el traspaso al poder de Francia que se había acordado en 1795, fuimos una dependencia colonial de España; desde 1801 hasta el 1809 fuimos una dependencia de Francia; entre el 1809 y el 1821 volvimos a ser dependencia de España; desde febrero de 1822 hasta febrero de 1844 fuimos no dependencia, sino parte de Haití; desde principios de este siglo pasamos a ser dependencia de los Estados Unidos, y actualmente lo somos en tal grado que el presidente Carter puede decir, sin tapujos y también sin el menor rubor, que su país tiene en la mano la llave del destino de los dominicanos; y lo más penoso no es que lo haya dicho sino que dijo la verdad.

Si queremos medir de manera objetiva, a base de cantidades y no de suposiciones, los males que puede causar la dependencia, volvamos los ojos a la historia de esta tierra, no a la historia de las naciones poderosas y altamente desarrolladas de Europa sino a la de esta pequeña isla que los españoles llamaron La Española y después Santo Domingo y los franceses llamaron Saint—Domingue. De los indígenas que vivían en ella el 27 de noviembre de 1493, apenas quedaban 500 en el año 1550. Si en 1493 había, como han dicho personas autorizadas, unos 150 mil, la dependencia costó en poco más de medio siglo 150 mil vidas, sin sumarles a las de los indios nacidos aquí las de los que se trajeron después de la conquista de otros lugares del Caribe; y decimos que la dependencia costó ese alto número de vidas porque a los indios de la isla que sobrevivieron a las lanzas, las espadas, los arcabuces y los perros, los mató el régimen social español.

Dependencia y Crisis

Fue la dependencia de España lo que hizo de la tierra de nuestros antepasados dos porciones de isla donde la naturaleza había hecho una. En 1606, España abandonó la porción del oeste, donde se establecerían treinta años después los bucaneros franceses, porque España no tenía fuerzas para defender todo su imperio americano y prefirió usar el limitado poder militar de que disponía en defender las partes más ricas de ese imperio, y nosotros no estábamos en esa parte más rica; al contrario, éramos el más pobre de los territorios que tenía España en esta región del mundo. Una vez establecidos los bucaneros en la porción oeste de la isla, se dedicaron a hacer en ella poblados, siembras de tabaco, cacería de reses para vender los cueros en Francia; y esos bucaneros, cosecheros de tabaco, piratas y sus descendientes compraron esclavos, y cada vez más y más esclavos, que enriquecían a sus amos produciendo azúcar y ron y algodón y café, y cuando eran más de medio millón, los esclavos se levantaron en guerra contra sus amos y fundaron la República de Haití; de manera que la dependencia de Francia en que vivían los franceses de Saint—Domingue provocó la guerra de los esclavos de la cual salió Haití, y el establecimiento de la República de Haití iba a producir un fruto histórico que nadie había previsto, que fue nuestra incorporación a la República haitiana, hecho que duró veintidós años; así es que vaya viendo el lector hasta qué inesperados caminos nos llevó ese fenómeno económico—político que se llama dependencia, unas veces en su forma de dependencia colonial, como fue la nuestra hasta 1822, y otras veces neocolonial, como es actualmente.

La explicación de las numerosas crisis que han agobiado al pueblo dominicano está en la situación de dependencia en que ha vivido la mayor parte de su historia. El primero de los fracasos que tuvimos, después de haber pasado a ser territorio español, fue el de la quiebra de la industria azucarera, y con ella la quiebra de la oligarquía esclavista, porque España, que no podía comprar el azúcar que se hacía aquí, se negó a autorizar que vendiéramos ese dulce en Holanda (en aquellos tiempos Holanda se llamaba Flandes); y a partir de entonces fue imposible que en el país se desarrollara una clase dominante a lo largo, por lo menos, de trescientos sesenta años, y donde no hay una clase dominante no puede haber una clase gobernante, y donde no hay una clase gobernante no puede haber verdadera independencia.

¿Y qué es lo que encontramos en los países que no tienen independencia?

Hay dependencia, fuente de las crisis que padecemos, aunque se trate de crisis electorales, como la que tenemos ahora encima.