Bosch: Generalidades Sobre Política

  • 24 agosto 1977

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 24 de agosto de 1977
Página 4.-

Como VANGUARDIA es un periódico, entre otras cosas, de formación o educación política, dedicaremos este artículo a tratar dos temas que deben formar parte de cualquier programa de enseñanza de la actividad política. El primero de ellos se refiere a una regla que debe ser respetada por todo aquel que tenga funciones importantes en un partido o en un gobierno.

Aunque la casi totalidad de los políticos dominicanos lo ignoren (unos porque se han negado a aprenderlo y otros porque nunca lo han sabido), la política tiene reglas que se corresponden con las que hay en todas las actividades sociales. Por ejemplo, una persona que llegue a una casa debe empezar saludando a los que viven en ella, sean o no sean sus amigos, y un jugador de dominó sabe que no puede levantar las fichas de su contrario para verlas, que sólo puede hacerlo cuando ha terminado la mano.

La Lección no Aprendida

Uno de los políticos dominicanos que se niegan a aprender las reglas del juego político es el máximo líder del PRD y uno que nunca se ha enterado de la existencia de esas reglas es el llamado presidente del mismo partido. A mediados de 1972 el primero estaba en los Estados Unidos, adonde había ido para encabezar una movilización de dominicanos que marcharían desde Nueva York hasta Washington para denunciar el régimen de terror que se vivía entonces en la República Dominicana. El entonces (como hoy) secretario general del PRD sería la figura saliente de ese desfile que había sido organizado hasta en sus más pequeños detalles antes de que él volara de París, donde se hallaba, a los Estados Unidos. Aunque el Dr. Peña Gómez no tenía instrucciones de visitar el Departamento de Estado, lo visitó, y a la salida de ese lugar que tiene tantos atractivos para ciertos políticos latinoamericanos nos llamó por teléfono. Como recordamos a la perfección esa llamada vamos a reproducirla con todos sus matices. El Dr. Peña Gómez decía: ” ¡Profesor, acabo de salir del Departamento de Estado! ¡Me han tratado como a un jefe de Estado, como a un jefe de Estado, profesor! ¡Me han hecho honores de jefe de Estado; honores de jefe de Estado, profesor! ¡Ahora mismo voy a hacer declaraciones para la prensa! ¡Me han hecho honores de jefe de Estado! “.

Resultaba difícil hacer callar a un hombre que estaba en ese punto de exaltación, pero era necesario enseñarle una de esas reglas del juego político antes de que hiciera las declaraciones que acababa de anunciar, porque si las hacía sin conocer esa regla nos exponíamos a un fracaso que podía echar por tierra todo el esfuerzo que se había hecho. Cuando logramos que nos oyera pasamos a explicarle que él no podía hablar a nombre del Departamento de Estado; que era a los funcionarios que habían cambiado impresiones con él a quienes les tocaba decir qué cosas se habían tratado en la reunión que él había tenido con ellos y qué palabras se habían usado, y que por esa razón él debía escribir lo que pensaba decir en sus declaraciones y hacérselo llegar al más alto de los funcionarios con quienes había hablado a fin de que ese funcionario le devolviera la información firmada, lo cual equivaldría a una autorización para que se publicara, o a lo mejor se la devolvería corregida, lo cual equivaldría también a una autorización, y le aclaramos que si no conseguía la autorización no debía dar ninguna noticia porque se correría el riesgo de que lo desmintieran. He aquí lo que le dijimos:

“Cuando se había con un alto funcionario de cualquier gobierno, sea del propio país o del extranjero, lo que se ha hablado se hace público sólo por acuerdo entre las partes o por decisión de los que tienen la categoría más alta, que en este caso son los funcionarios del Departamento de Estado, ya que tú no eres ni siquiera funcionario de un gobierno sino un dirigente de un partido político extranjero. Métete esto en la cabeza: Para hacer declaraciones que comprometan a un gobierno debe obtenerse antes autorización de la persona que haya representado a ese gobierno en la conversación o reunión celebrada”.

En aquella ocasión el entonces (y actual) secretario general del PRD no declaró nada, lo que indicaba que los funcionarios del Departamento de Estado no lo habían autorizado a hablar; pero la lección no le duró en la cabeza mucho tiempo porque nunca siguió esa regla, que es elemental en el juego político; y si no, veamos cómo se comportó en dos entrevistas que tuvo en la semana del 8 al 14 de este mes de agosto, una con los jefes militares del país y otra con el embajador del gobierno norteamericano ante las Naciones Unidas.

Las Dos Entrevistas

La primera entrevista se llevó a cabo en la Secretaría de las Fuerzas Armadas el lunes día 8 y en ella participó, además del máximo líder, el presidente del PRD. Tan pronto los dos personajes perredeístas salieron de la Secretaría de las Fuerzas Armadas, el licenciado Majluta dio declaraciones para los periódicos como si él hubiera sido la persona de más alto rango oficial que tomó parte en la reunión. Para metedura de pata y acto de ingenuidad política, con lo que dijo Majluta había y sobraba, pero el máximo líder no podía tolerar la idea de que su presidente hablara y lo dejara a él en las sombras, sobre todo pocos días antes de que llegara al país Andrew Young, a quien él debía deslumbrar con una de sus espectaculares salidas a la luz pública hecha a tiempo para que el joven embajador del presidente Cárter ante las Naciones Unidas supiera, al pisar tierra dominicana, que aquí había un gallo capaz de medirse con él de tú a tú. Y sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo convocó una rueda de prensa y se puso a decir lo que sólo los jefes militares, y entre ellos el de más jerarquía, podía y debía decir. Tal fue la confusión que el máximo líder del PRD sembró entre los periodistas que le oían, que en uno de los periódicos de la tarde salió este titular: “Beauchamps: Si Gana PRD Podrá Hacer Cambios FA”. Es decir, ese periódico ponía en boca del secretario de las Fuerzas Armadas algo que no decía él sino el Dr. Peña Gómez.

Por lo menos, dos de las cosas que dijo en esa ocasión el Dr. Peña Gómez tenían que escandalizar no sólo a los militares que habían tomado parte en la reunión del día 8 sino también a cualquiera persona que tenga sentido común, o como dice la gente del pueblo, que tenga dos dedos de frente; de manera que había que esperar la reacción de esos jefes militares. Nosotros, por ejemplo, estábamos convencidos de que se produciría una reacción, de manera que no nos sorprendió oír por la radio, el domingo día 14 en la noche (poco después de haber salido del país Andrew Young), el comunicado en que los jefes militares desmentían lo que había dicho el secretario general del PRD acerca de la entrevista del día 8.

¿Qué hizo el llamado máximo líder del PRD inmediatamente después de haber recibido la dura lección que le dieron los jefes de las Fuerzas Armadas? ¿Recordó lo que le habíamos dicho en una conversación telefónica mantenida entre Washington y Santo Domingo a mediados de 1972?

Desde luego que no lo recordó porque el lunes 15, siete horas después de haber aparecido en los periódicos de la mañana el comunicado de las Fuerzas Armadas, el Dr. Peña Gómez repitió la metedura de pata mientras hablaba por Radio Comercial, esa vez contando lo que le había dicho el embajador Young en una entrevista que había tenido con él y con otros dirigentes perredeístas el sábado 13 en la noche en la casa del embajador Hurtwicht Pero en esa ocasión el in-controlable secretario general del PRD llegó más lejos al decir que la entrevista que él y sus compartes tuvieron con Andrew Young “constituyó un reconocimiento al prestigio y a la fuerza del Partido Revolucionario Dominicano”. Que se sepa, en ningún momento dijo Young nada ni lejanamente parecido, de manera que lo que hizo el líder del PRD al hablar como habló fue usar con fines de provecho político la posición de un diplomático norteamericano, cosa que en el campo de las relaciones internacionales se ve como una estafa, y en el mejor de los casos como un abuso de confianza.

Coserle La Boca

El día 15 el máximo Líder del PRD cometió de nuevo el error que había cometido unos días antes, pero lo que alarma es que el día 18 iba a repetir ése y otros. En esa fecha apareció en un diario matutino de la Capital un recuadro con el título de Funcionario de los EU Asegura que PRD es Carta de Triunfo. Se trataba de una información que estaba fechada en Washington el día anterior y tenía la firma de Ramón Grullón, un joven dominicano que vive en Nueva York a quien nunca se le ha conocido título de corresponsal latinoamericano, con el cual se presentaba en ese trabajo. La información no llegó al periódico por vía cablegráfica sino, al parecer, telefónica, y no desde Washington sino desde Nueva York y era fácil advertir en ella, desde el principio hasta el fin, que se trataba de una falsedad. Pero otro diario, uno de la tarde, la copió entera al referirse a un discurso del Dr. Peña Gómez que fue transmitido ese día a mediodía por Radio Comercial, y lo hizo así porque la mayor parte de ese discurso estuvo dedicada a presentar la falsa noticia de Ramón Grullón como la prueba irrefutable de que el PRD es un poder político internacional (casi casi mundial), razón por la cual el Dr. Balaguer no podría burlarse de ese poder. Según el periódico a que estamos aludiendo, el Dr. Peña Gómez dijo “que la declaración del funcionario del gobierno de los Estados Unidos (al que se refería la supuesta noticia de Ramón Grullón)… eran demostrativas de que en el país no podrían repetirse, contra el PRD, las acciones antidemocráticas del pasado”.

Un breve análisis de la falsa noticia hubiera impedido que el secretario general del PRD hiciera una declaración tan ligera y al mismo tiempo tan impúdica, y un solo minuto de reflexión y de dedicación al recuerdo de lo que acababa de pasarle le hubiera evitado referirse a un general del Ejército en la forma en que lo hizo al final de ese discurso, con lo cual renovó las heridas que había abierto en la piel de los militares menos de una semana antes.

A los políticos que no quieren aprender las reglas de la actividad política hay que coserles la boca porque es la única manera de evitar que hagan averías.