Bosch habla sobre el mantenimiento de las sanciones a Cuba*

  • 16 noviembre 1974

Artículos del Prof. Juan Bosch
Escrito en la Obras completa de J.B
Del 16 al 30 noviembre de 1974 (2)
Paginas desde 59 hasta 72.-

—Vanguardia del Pueblo (VdP): Compañero presidente, hay la impresión de que la negativa a levantarle las sanciones a Cuba en la conferencia de Quito ha sido un escándalo. ¿Qué puede usted decirnos sobre ese problema?

—Juan Bosch (JB): Que de acuerdo con los tratados internacionales y la moral pública los que deberían ser expulsados de la OEA durante cien años son los Estados Unidos, no Cuba. Fíjate en la Conferencia Interamericana de Bogotá, que duró del 30 de marzo al 2 de mayo de 1948, se aprobó la Carta de la OEA cuyo artículo 15 decía así: “Ningún Estado o grupo de Estados tiene el derecho de intervenir directa o indirectamente, por ninguna causa, en los asuntos internos de cualquier otro Estado. Este principio prohíbe no sólo el uso de las fuerzas armadas, sino también cualquier otra forma de interferencia o intento de amenazas contra la personalidad de un Estado o contra sus elementos político-económicos y culturales”. Ese artículo 15 quedaba reforzado por el número 17, que decía: “El territorio de un Estado es inviolable; no puede ser objeto, ni siquiera de manera temporal, de ocupación militar o de otras medidas de fuerza tomadas por otro Estado, directa o indirectamente, en ningún sentido”.

* Vanguardia del Pueblo, Año I, N° 8, Santo Domingo, Órgano del PLD, 16-30 de noviembre de 1974, pp.4-5.

Pues bien, cinco años después de haber aprobado los Estados Unidos esa llamada Carta de Bogotá, tumbaron al gobierno de Jacobo Arbenz usando fuerza militar aérea yanqui y aviadores de la CIA, operación que se hizo bajo la dirección personal del presidente Eisenhower, y ocho años después en abril de 1961, el gobierno norteamericano, encabezado por el presidente Kennedy, lanzó contra Cuba la expedición de Bahía de Cochinos y el propio John F. Kennedy declaró que él ordenó la invasión, él mismo dirigió las negociaciones para cambiar a los prisioneros de Bahía de Cochinos por tractores norteamericanos, él mismo fue a Miami a recibir a los prisioneros que Fidel Castro puso en libertad, de manera que no hay forma alguna de rehuir la responsabilidad del gobierno de los Estados Unidos en la violación total y descarada de la Carta de Bogotá, que era el tratado a base del cual funcionaba la Organización de los Estados Americanos, llamada comúnmente la OEA. ¿Y qué significó para los Estados Unidos esa violación? ¿Se le ocurrió a nadie proponer que el Gobierno que la llevó a cabo fuera expulsado de la OEA? No señor; los Estados no sufrieron absolutamente ninguna pena, consecuencia o malos resultados por esa acción, como no la sufrieron por el derrocamiento del gobierno guatemalteco de Jacobo Arbenz, como no la sufrieron por la ocupación militar de la República Dominicana de 1965 ni la han sufrido por sus actividades subversivas en Chile, que fueron admitidas públicamente nada más y nada menos que por el presidente Gerald Ford, hace apenas dos meses. Quiere decir, pues, que lo de la Conferencia de Quito son mentiras de las más escandalosas que se conocen en la historia diplomática del mundo. A Cuba la tienen expulsada de la OEA desde hace diez años dizque porque ha conspirado contra otros gobiernos de la América Latina, pero a los Estados Unidos, que no solamente ha conspirado sino que ha actuado militarmente, usando sus aviones y sus bombas, sus cañones y sus tanques, para matar ciudadanos de estos países (no sólo soldados, que el fin y al cabo es natural que los soldados mueran en acciones militares, sino ciudadanos pacíficos que no tienen por qué ser atacados por tropas yanquis), y que han actuado de manera abierta, aceptando por boca de sus presidentes lo que han hecho, a esos no se les expulsa ni se habla siquiera de aplicarles alguna medida que por lo menos los condene moralmente. La lección que se saca de la Conferencia de Quito, que es la lección que deben aprender los pueblos de la América Latina, es la de que la única ley internacional que funciona en esta parte del mundo es la ley de la selva. ¿Y en qué consiste la ley de la selva? En que la fiera más poderosa mata y se come a los animales más débiles y ningún otro animal puede siquiera protestar porque lo mataría también esa fiera más poderosa. Y esa ley de la selva es lo más primitivo y salvaje que se conoce en el mundo, de manera que así vivimos en América, en el nivel más primitivo y salvaje conocido a lo largo de la historia. En cuanto a la más poderosa que hay en las selvas de las dos Américas, todos sabemos quién es y cómo actúa y cómo se llama. Es ese gran país que se ha bautizado él mismo con el nombre de líder mundial de las democracias y defensor del llamado mundo libre; es, en dos palabras, los Estados Unidos de América.

—VdP: Compañero presidente, quizá usted podría explicarle al pueblo dominicano, y especialmente a los jóvenes que no conocen esa historia, por qué fue que el gobierno de Kennedy, que todo el mundo creía que era un gobierno democrático, lanzó sobre Cuba la poderosa invasión de Bahía de Cochinos.

—JB: Cómo no. Haré con mucho gusto esa historia porque tienes razón; ya la mayaría de los dominicanos no conoce los hechos que sucedieron hace casi catorce años y aquí hay muchísima gente que sigue creyendo que Kennedy fue un gran demócrata, un benefactor de la humanidad. Hasta una de las avenidas más grandes del país lleva su nombre, sin razón ninguna, porque no hay nada que justifique que su nombre figure en la historia de este país. Debo explicar que el gobierno revolucionario de Fidel Castro no había agraviado en nada a los Estados Unidos, pero de los Estados Unidos salían constantemente agresiones a Cuba, hasta ataques aéreos, como uno que fue hecho contra La Habana, pero como Fidel Castro había decretado la confiscación de las empresas yanquis que operaban en Cuba, como los bancos y los ingenios de azúcar, aunque eso sí, pagándolas (y la ley de la confiscación explicaba cómo iban a pagarse), el presidente Eisenhower en persona y el entonces vicepresidente Nixon ordenaron la organización de un poderoso ataque armado a Cuba, el ataque que iba al fin llevarse a cabo por Bahía de Cochinos en abril de 1961.

—VdP: ¿Pero no fue el presidente Kennedy el que lanzó ese ataque?

—JB: Sí, fue el presidente Kennedy, y ahora voy a explicarte por qué. La encargada de organizar todo el asunto fue la CIA, que gastó en esa operación más de 200 millones de dólares, y 200 millones de dólares de 1960 equivalían a más de 300 millones de ahora. Por esa cantidad de dinero puede uno darse cuenta de que el gobierno norteamericano no iba a pararse en pelitos. Su plan era tumbar el gobierno revolucionario cubano costara lo que costara. Pues bien, en medio de los trajines de la preparación de la expedición, que desde luego eran ultra-secretos, se presentó la campaña electoral de 1960, en la que John F. Kennedy fue candidato presidencial de los demócratas y Nixon lo fue de los republicanos. En su condición de candidato a presidente Kennedy fue llamado por Eisenhower, quien le dio toda la información sobre los planes del ataque a Cuba. En ese momento la expedición, formada en su mayoría por cubanos exiliados, estaba siendo entrenada por oficiales norteamericanos en una finca de Guatemala llamada Helvecia, que era propiedad de un hermano del embajador de Guatemala en los Estados Unidos, y además en la base naval norteamericana de Vieques, en Puerto Rico, se entrenaban otros cubanos como hombres ranas. Cuando Fidel Castro estuvo en las Naciones Unidas en septiembre de 1960 pronunció un discurso en el cual les advirtió a los Estados Unidos que no siguieran adelante con sus planes, porque iban a un fracaso seguro, pero los yanquis siguieron organizando el ataque. En octubre de ese año de 1960, Raúl Roa habló en las Naciones Unidas y dijo que a Guatemala estaban llegando aventureros cubanos y norteamericanos para participar en un golpe contrarrevolucionario organizado contra Cuba; mencionó el lugar donde recibían entrenamiento y dio concretamente el nombre de la finca Helvecia; mencionó el aeropuerto de Retalhuleu, que había sido remodelado, como se dice ahora, para que en él pudieran aterrizar y de él pudieran despegar aviones pesados y de propulsión a chorro. Pues bien, a los yanquis eso les entraba por un oído y les salía por el otro. No les importaba en lo más mínimo que las Naciones Unidas y la OEA y quien fuera estuviera reuniendo pruebas de lo que ellos estaban haciendo. Más aun, Raúl Roa anunció que el presidente Eisenhower iba a romper relaciones con el gobierno de Cuba y a pedir que Cuba fuera expulsada de la OEA, y que esas medidas serían seguidas por el ataque a Cuba. Y efectivamente, Eisenhower rompió relaciones con el gobierno de Cuba, pero en eso tuvo que entregarle el poder a Kennedy, que había sido elegido presidente en el mes de noviembre.

—VdP: ¿Entonces fue el ataque, después que Kennedy tomó posesión de la presidencia?

—JB: Sí, después que Kennedy tomó posesión de la presidencia, pero no tan de prisa como estás imaginándote, porque entre la elección de Kennedy, que fue al comenzar el mes de noviembre de 1960, y su toma de posesión, que fue en enero de 1961, sucedió algo muy importante, y fue que el gobierno cubano, en una acción relampagueante, aniquiló las guerrillas contrarrevolucionarias que operaban en las lomas de Escambray, y esas guerrillas eran la base misma de los planes norteamericanos por esto que voy a explicarte: La zona del Escambray queda en la costa sur y más o menos en la mitad de Cuba, y con el control de esa zona en manos de aliados suyos que tenían el control militar de la región, los yanquis podía mandar allá barcos y aviones con hombres, armas y comida y toda suerte de equipos. Por esas razones los planes de ataque tenían como punto de apoyo la existencia de las guerrillas de Escambray, y como el gobierno de Fidel sabía eso, y sabía que la CIA aprovisionaba de armas y de hombres, por la vía aérea, a las contraguerrillas del Escambray, tan pronto Kennedy quedó electo lanzó una ofensiva sobre el Escambray y con eso desbarató los planes yanquis.

—VdP: ¿Y qué hicieron entonces los yanquis?

—JB: Pues naturalmente, lo que tenían que hacer, porque el propósito de atacar a Cuba no era un plancito privado de Eisenhower y de Nixon; era un plan estratégico nacional. Para los norteamericanos, destruir el gobierno de Fidel Castro era salvar a los Estados Unidos de la disolución absoluta. Tú me dirás que pensar así no tenía justificación, porque ¿qué amenaza tan grave, de vida o muerte, podía representar la pequeña Cuba revolucionaria para el país más poderoso de la historia humana? Pero es el caso que así era. Los yanquis, y hablo de los yanquis en su inmensa mayoría, lo mismo los grandes capitalistas que los obreros, los viejos que los jóvenes, los generales que las prostitutas, todo ese pueblo, con excepciones que quizá no llegaba a un millón de personas, aun entre los negros que entonces tenían menos conciencia política de la que tienen hoy; las grandes mayorías de los Estados Unidos creían que ese Dios suyo que los quiere tanto y les da tanto poder les estaba pidiendo que acabaran con Cuba antes de que Cuba acabara con ellos. Y por esa razón, cuando Fidel Castro los dejó sin base de operaciones al aniquilar a las contraguerrillas del Escambray, trasladaron su cuartel general a Nicaragua, organizaron una flota aérea de 24 bombarderos B-26 y 12 transportes, 6 de ellos C-54 y 6 C-46, y organizaron una flota marítima de 6 buques para atacar por Bahía de Cochinos desde bases aéreas y marítimas nicaragüenses; y para justificarse ante el mundo el 3 de abril (1961) el Departamento de Estado dio a la publicidad un Libro Blanco lleno de toda clase de acusaciones contra el gobierno de Cuba. Cosas como esas (romper relaciones diplomáticas y publicar los llamados Libros Blancos) se hacen como seguramente sabes tú, cuando se va a declarar una guerra, y los Estados Unidos no iban a declararle la guerra a Cuba, pero iban a hacerle la guerra, e iban a hacérsela inmediatamente.

—VdP: Pero si para ese día 3 de abril ya estaba en el poder John F. Kennedy, el hermano de Edward Kennedy, el actual senador, y del difunto Robert Kennedy, ¿no fue entonces él el que dio la orden del ataque a Cuba?

—JB: Sí, ese hermano de los grandes liberales que hasta la fecha no han liberado a nadie, si se exceptúa al todavía no liberado líder dominicano que tanto cacarea con los liberales de Washington, fue el que dio la orden del ataque a Cuba. Al día siguiente de la publicidad del Libro Blanco, John F. Kennedy se reunió con sus consejeros, entre los cuales estaba desde luego su hermano Robert, y en esa reunión se aprobó el ataque a Cuba con la única opinión contraria, pero en privado (jamás en público) del senador Fulbright, y el día 8 de abril un llamado Consejo Revolucionario Cubano organizado por la CIA aparecía haciendo un llamamiento al pueblo de Cuba para que se levantara contra el gobierno de Fidel Castro. Ese llamamiento no fue hecho por los miembros de ese llamado Consejo Revolucionario sino por la CIA. Y quiero advertir que esto que acabo de decir como todo lo que he dicho y lo que diré sobre el ataque de Bahía de Cochinos es rigurosamente histórico; no hay una palabra mía que no esté respaldada por documentos, muchos de ellos documentos oficiales norteamericanos.

Por ejemplo, mientras se celebraba la reunión del 4 de abril, en la que se decidió el ataque a Cuba, iban volando de Guatemala hacia Nicaragua los 1,300 cubanos que había entrenado la CIA en Guatemala. El día 11, el almirante Arleigh Burke, jefe de operaciones navales de la marina norteamericana, ordenó que buques de la flota del Atlántico salieran hacia el extremo oeste de Cuba y que se estacionaran allí esperando instrucciones. Ese mismo día 11 salieron de Puerto Cabezas, Nicaragua, los barcos que llevaban a los expedicionarios cubanos que irían por mar, y navegaban bajo la protección de dos barcos de guerra yanquis; y al día siguiente (12 de abril), el presidente Kennedy dijo en una conferencia de prensa: “Antes que nada quiero decir que no habrá, bajo ninguna condición, una intervención en Cuba hecha por las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Este gobierno hará lo que pueda, y pienso que él pueda cumplir sus obligaciones, para asegurar que no haya norteamericanos envueltos en ninguna acción dentro de Cuba”. Al decir eso, Kennedy engañaba al mundo deliberadamente, quiero decir, aposta, como dice el pueblo dominicano, porque la Carta de Bogotá, que había sido aprobada por los Estados Unidos, decía muy claramente en su artículo 15. “Ningún Estado o grupo de Estados tiene el derecho de intervenir directa o indirectamente, por ninguna causa, en los asuntos internos de cualquier otro Estado. Este principio prohíbe no sólo el uso de las fuerzas armadas, sino también cualquier otra forma de intervención contra la personalidad de un Estado o contra sus elementos políticos, económicos y culturales”; y el artículo 17 de esa Carta de Bogotá decía: “El territorio de un Estado es inviolable; no puede ser objeto, ni siquiera de manera temporal de ocupación militar o de otras medidas de fuerza tomadas por otro Estado, directa o indirectamente, en ningún sentido”. Y en el momento en que decía esas palabras, el presidente Kennedy estaba enviando contra Cuba fuerzas que habían sido organizadas, pagadas y entrenadas por el gobierno norteamericano y demás estaban siendo trasladadas a Cuba, para entrar en combate contra el gobierno cubano, por barcos y aviones pagados por el gobierno de los Estados Unidos.

—VdP: Si es como usted dice, compañero Bosch, y debe serlo porque usted ha probado muchas veces que habla apoyándose en hechos comprobados, entonces no hay duda de que el agresor de Cuba fue el gobierno de John F. Kennedy, y eso viene a probar que no hay ningún gobierno norteamericano que sea diferente de todos los demás, porque entre Kennedy y Johnson la única diferencia que hubo es que uno atacó a Cuba y otro atacó a la República Dominicana.

—JB: Así es; así es. Pero espérate un poco para que te enteres de cosas increíbles; por lo menos eran increíbles para mí en esos tiempos, porque yo no podía creer en el año 1961 ni en el 1962 ni en el 1964 que el liberal y demócrata John F. Kennedy era capaz de actuar así; pero llegó el lechero y me despertó y desde que desperté estoy viendo la verdad. Cada día veo la verdad con más claridad. El lechero, como te imaginarás, fue Lyndon B. Trujijohnson, pero no hay que olvidar aquello de “dime con quién andas y te diré quién eres”, y Kennedy andaba con Johnson; Johnson era su vicepresidente, y por algo lo escogió para esa posición, pues en los Estados Unidos el candidato a vicepresidente lo escoge el candidato a presidente, de manera que si Johnson llegó a ser vicepresidente y luego presidente de los Estados Unidos fue porque lo escogió John F. Kennedy.

Bueno, pues oye cómo actuaba Kennedy, y digo Kennedy porque esas cosas se hacían en su gobierno debido a que él las autorizaba ya que todo, absolutamente todo lo que se hizo en el ataque a Cuba fue aprobado por él. Oye esto:

Al amanecer del 15 de abril el piloto cubano Mario Zúñiga salía de Puerto Cabezas (en Nicaragua) en un bombardero B-26 que llevaba en la nariz el número 933 y en la cola las letras FAR (es decir, Fuerzas Aéreas Revolucionarias) para hacer creer que era un avión cubano, es decir, del gobierno revolucionario cubano. Antes de salir de Puerto Cabezas a ese avión se le hicieron varios hoyos con tiros de ametralladora. ¿Con qué fin? Para que el piloto Mario Zúñiga pudiera hacer una historia falsa que le preparó la CIA. Mario Zúñiga llegó al aeropuerto de Miami a las 8 y 21 de la mañana, lo llevaron a las oficinas de Inmigración y salió de ellas cuatro horas después. Se les permitió a los periodistas tomar fotos del avión y de los agujeros hechos por las balas de la ametralladora, pero no hablar con Zúñiga, según dijo el jefe de Inmigración “para que el gobierno de Fidel Castro no tomara represalias contra su mujer y sus hijos, que vivían en Cuba”, pero resultaba que la familia Zúñiga (su mujer Georgina y sus hijos Eduardo, Enrique, Beatriz y María Cristina) vivían muy cerca del aeropuerto de Miami en South West 20th Avenue, Miami. Ese mismo día 15 de abril en la tarde Mario Zúñiga fue llevado a otro aeropuerto cerca de Miami desde donde voló hacia Puerto Cabezas (Nicaragua), adonde llegó el día 16 para sumarse el 17 a los aviones que iban a bombardear el territorio cubano en Bahía de Cochinos.

Estoy viéndote en los ojos el asombro, y hay razón para asombrarse, porque el ataque de 1961 a Cuba parece ser una película de la mafia, pero lo que estoy contando sucedió como lo voy diciendo. Mira, el día 16, mientras Mario Zúñiga volaba a Puerto Cabezas, salían en los periódicos norteamericanos (en la llamada prensa libre de ese gran país) unas declaraciones que Mario Zúñiga no hizo nunca, y según esas declaraciones, él y otros pilotos de la Fuerza Aérea Revolucionaria cubana habían resuelto huir de Cuba, pero fueron denunciados y él ametralló el avión del piloto que lo denunció y al mismo tiempo ametralló otros aviones y a esa misma hora otros compañeros suyos habían atacado el aeropuerto de Santiago de Cuba y el del campamento Libertad (antiguo Columbia) de La Habana. El avión suyo (el de Zúñiga) recibió varios impactos y por eso estaba perdiendo gasolina y decidió aterrizar en Miami en vez de seguir combatiendo en Cuba.

Y efectivamente, La Habana, Santiago de los Baños (cerca de La Habana) y Santiago de Cuba habían sido atacados desde el aire ese día 16, pero no por aviones del gobierno cubano sino por tres escuadrillas de B-26 que habían salido de Puerto Cabezas (Nicaragua). De la escuadrilla que atacó La Habana (una de las tres atacantes), un avión fue derribado por fuego antiaéreo, otro tuvo que aterrizar en Cayo Caimán, posesión inglesa situada al suroeste de Cuba y el otro fue a aterrizar en Key West, cerca de Miami, y los pilotos de este último avión fueron despechados el día 16 hacia Puerto Cabezas junto con Mario Zúñiga. Fue con esos ataques hechos desde Nicaragua con lo que se le dio al mundo la falsa noticia y la falsa ilusión de que en Cuba había un levantamiento militar anti-fidelista. Todo eso fue una falsificación de la historia hecha por un país tan poderoso que no tenía la menor necesidad de actuar como lo hacen los criminales. Desde las sombras y encubriendo sus hechos con mentiras.

—VdP: ¿Y qué hicieron los jefes cubanos de ese movimiento, los que formaban el Consejo Revolucionario Cubano?

—JB: Ah, ¿te acordaste de ellos? Pues voy a decirte lo que les pasó. El día 16 fueron recogidos en varios lugares de los Estados Unidos y llevados a Filadelfia, desde luego sin consultarlos para nada, de ahí se los llevaron en avión a Opa-locka, en Florida; cerca de Opa-locka los encerraron en una barraca o casucha con guardias armados en las puertas para que no pudieran salir; su única comunicación con el mundo era oír un radio que había en la barraca, y en ese radio oían comunicados dizque dados por ellos y firmados con sus nombres aunque ni ellos los habían hecho ni tenían la menor noción de quién los hacía, que era la CIA, desde luego. Ahí mismo comenzó la increíble historia de las mentiras de la Associated Press (AP) y la United Press International (UPI), que estuvieron varios días dando las noticias más absurdas que podían darse, y de todas ellas no hubo una sola que fuera verdad; digo más, que tuviera una parte de verdad, así fuera pequeñita. Oye algunas de esas noticias: “José Miró Cardona y Antonio de Varona están en ruta a Cuba y desembarcarán allí tan pronto como las tropas rebeldes establezcan una cabecera de puente”, y los dos pobres hombres estaban presos en la barraca de Opa-locka; “la Isla de Pinos fue tomada por los rebeldes y 10 mil prisioneros políticos fueron puestos en libertad y se plegaron a la rebelión”, y en Isla de Pinos no sonó ni un garbanzo de los de Navidad; “Una fuerza invasora desembarcó en Baracoa, en la costa oriental de Cuba”, y en Baracoa no se vio acercarse ni un tiburón en esos días; “Se tienen informes de que se lucha en las calles de La Habana”, y la lucha que había en las calles de La Habana era por salir cuanto antes para Bahía de Cochinos a aplastar al grupo invasor; “Fuerzas rebeldes que operan en el interior de Cuba dieron muerte a la escolta militar del primer ministro Fidel Castro, que salió ileso del atentado”. En la fábrica de mentiras que montó la CIA y transmitieron la AP y la UPI se llegó a extremos como éste: “El primer ministro Fidel Castro se ha dado a la fuga y su hermano Raúl fue capturado. El general Lázaro Cárdenas (el presidente de México) gestiona el asilo político de Fidel”.

Y oye la verdad, la auténtica y verdadera verdad que fue la que dijo Fidel Castro por radio el día 19 de abril de 1961, en su cuarto comunicado de guerra. Esa verdad fue ésta:

“Fuerzas del ejército rebelde (es decir, del ejército de la Revolución Cubana) y de las milicias nacionales revolucionarias tomaron por asalto las últimas posiciones que las fuerzas invasoras habían ocupado en el territorio nacional. Playa Girón, que fue el último punto de los mercenarios, cayó a las 5:30 de la tarde”.

Ahora, oye esto: el día anterior, es decir, el 18 de abril, había una fiesta en la Casa Blanca, y la situación para los que estaban atacando en Cuba era tan desesperada que los altos jefes de la CIA, de la aviación y la marina y del Estado Mayor Conjunto sacaron a Kennedy de la fiesta a las 12 de la noche para plantearle la necesidad de que se diera orden de bombardear el territorio cubano con la aviación militar y naval de los Estados Unidos, y Kennedy aceptó, y ordenó que 6 aviones a chorro de la marina protegieran a los bombarderos B-26 que saldrían esa noche de Puerto Cabezas para estar sobre Playa Girón a las 6 de la mañana, y ordenó que esos 6 aviones a chorro de la Marina combatieran si eran atacados. De manera que lo que había dicho Kennedy seis días antes en una conferencia de prensa quedó sin efecto esa noche, puesto que aviones militares norteamericanos iban a participar en la intervención lanzada sobre Cuba. ¿Y sabes por qué esos aviones militares yanquis no actuaron? Porque los genios norteamericanos de la guerra no se dieron cuenta de que entre Puerto Cabezas de Nicaragua y Playa Girón de Cuba había una hora de diferencia, y así, cuando llegaron los aviones que iban de Puerto Cabezas ya en Playa Girón eran las 7 de la mañana y los aviones yanquis estaban a esa hora posados en el portaaviones Essex, adonde habían aterrizado después de haber estado esperando una hora la llegada de los B-26 que debían llegar de Puerto Cabezas.

Como ves, pues, un error de los jefes militares yanquis salvó a Kennedy de aparecer en la historia como lo que realmente fue y no como lo que hasta ahora ha parecido ser: un Eisenhower o un Johnson cualquiera, atacante sin principio de pueblos débiles que aspiran a ser libres.