Bosch: La Acumulación Originaria (3)

  • 09 marzo 1977

Vanguardia del Pueblo
Del 09 al 15 de marzo de 1977
Página 4.-

La acumulación originaria no se llevó a cabo en la misma forma en todos los países. Al contrario, fue diferente en cada país, y Carlos Marx lo reconoce así cuando da ejemplos de diversos , aspectos del proceso que él bautizó con ese nombre y cuando al referirse a lo que Mama, subrayando las palabras para que los lectores se fijen en ellas, la expropiación que priva de su tierra al productor rural, al campesino, explica que “Su historia presenta una modalidad diversa en cada país, y en cada uno de ellos recorre las diferentes fases en distinta gradación y en épocas históricas diversas”, si bien reconoce que donde reviste su forma clásica es en Inglaterra, y aclara en seguida: … país que aquí tomamos, por tanto, como modelo.

Debe tomarse en cuenta, sin embargo, que la acumulación originaria no, se limitó a dejar al campesino sin tierra, y que si en Inglaterra ese aspecto del proceso tomó su forma clásica, en otros países tomaron su forma clásica otros aspectos, como sucedió, por ejemplo, en el caso de la aniquilación de los indígenas. En Inglaterra no hubo indios, pero los había en nuestro país; como en Inglaterra no los había no pudieron desaparecer allá a causa de los maltratos y la explotación, pero desaparecieron aquí. Debido a que en Inglaterra no hubo esclavitud negra allá no se conoció el caso de una sublevación de esclavos castigada con la muerte de muchos de ellos, pero aquí sí. De manera que el proceso de la acumulación originaria tomó en Inglaterra su forma clásica en lo que se refiere a la disolución del vínculo que mantenía unidos a los campesinos y las tierras en que trabajaban, pero en otros aspectos la forma clásica se dio en diferentes países, entre ellos en el nuestro, y en el nuestro fue distinta a la forma inglesa de la expropiación de la tierra al campesino.

Esa expropiación que priva de su tierra al productor real, al campesino, se dio en esta isla llamada La Española en tres etapas: la primera cuando los conquistadores españoles despojaron a los indígenas de sus tierras y se quedaron no sólo con ellas sino además, mediante el sistema- de las encomiendas, con los indios que debían trabajarlas. En ese caso el proceso fue tan violento que murió toda la población indígena de la isla, Guyo número debía ser por lo menos de 150 mil.

La segunda etapa dominicana del proceso de separación masiva del campesinado y la tierra, mediante el uso de la violencia armada tuvo efecto en este siglo durante los años deja ocupación militar norteamericana de 1916—1924, pero limitado a la región Este del país, donde los campesinos fueron forzados a abandonar sus tierras y a concentrarse en las ciudades, primer paso para que esas tierras pasaran a poder del Central Romana, que empezó a moler caña en el año 1918. Esa segunda etapa del proceso de la acu- I mutación originaria que tuvo lugar en nuestro país quedó coronada con la creación del Tribunal de Tierras, establecido por las autoridades militares norteamericanas, que además de legalizar los atropellos y los despojos de que fueron víctimas los campesinos del Este sirvió para liquidar el sistema pre-capitalista de propiedad de la tierra conocido con el nombre de “pesos de títulos” que se extendía por todo el país y perduró en ciertas zonas hasta pasado el 1950.

El Campesino y la Tierra

Todavía quedamos con vida algunos dominicanos de los que conocimos la época en que un campesino se metía en un monte sin preguntar quién era su dueño, tumbaba árboles y los rajaba para hacer cercas; talaba, desyerbaba, y con un puyón de madera (la coa que usaron los indios) hacía hoyos en los cuales iba echando granos de maíz que cubría con tierra empujada con el pie desnudo (pues hasta el 1940 y tantos la generalidad de los campesinos andaban descalzos), y después que hacía en ese lugar unas cuantas cosechas lo abandonaba y se iba a repetir la experiencia en otro sitio; y no se piense que eso debía suceder en regiones selváticas, donde apenas había habitantes, que nosotros conocimos muchos ejemplos de ese uso libre de la tierra en los años del gobierno de Horacio Vásquez (1924—1930) en lugares por donde cruzaba la carretera de La Vega a la Capital, que según nuestros recuerdos estaba en uso hacia el año 1921 o a más tardar a mediados de 1922. Naturalmente, lo que sucedía entonces en ciertos lugares del Cibao no podía darse en la región del Este, donde las fuerzas invasoras yanquis habían puesto en marcha el proceso de la acumulación originaria.

En 1920 no se sabía aún cuántas tareas de tierra tenía el país ni cuántas de ellas eran cultivables y cuántas no. Por eso al hacerse el censo de ese año se tomó nota sólo de las tareas que declaraban los censados, o parte de ellos que probablemente eran sus dueños; ésas sumaron 17 millones 278 mil 601, de las cuales se cultivaban 8 millones 629 mil 403, es decir, prácticamente la mitad de las declaradas. La población no llegaba a 900 mil personas (era de 894 mil 665), y la ciudad capital tenía sólo 30 mil 943 habitantes; la de Santiago 17 mil 152, la de San Pedro de Macorís 13 mil 802, La Vega 6 mil 564, La Romana 6 mil 129, San Francisco de Macorís 5 mil 188, Azua 4 mil 707, Baní 3 mil 549, Barahona 3 mil 826, Sánchez 3 mil 75, Moca 2 mil 922, Monte Cristi 2 mil 580, y todas las demás por debajo de 2 mil. La población urbana era de 148 mil 894, esto es, el 16.6 por ciento de la total, de manera que más del 83 por ciento de los dominicanos vivían en los campos.

Con población tan escasa y a la vez con una proporción tan elevada de campesinos que o tenían tierras o usaban libremente, o a medias o al tercio las que les salieran al paso, ¿cómo iba a iniciarse en la República Dominicana la etapa del capitalismo industrial nacional?. El propio censo de 1920 dice que “De las industrias nacionales la más importante es la del azúcar de la clase conocido con el nombre de mascabado”, no era por cierto nacional aunque el censo la calificara así; pero no explica, porque para esa época no se tenía en el país ni siquiera la noción de esos problemas, que la mayoría de los 21 ingenios azucareros que teníamos se veían obligados a traer cortadores de caña de Haití y de las Antillas inglesas porque el campesino dominicano no hacía ese trabajo por el salario que se pagaba. ¿Y por qué había de hacerlo si unas tareítas de tierra suyas o ajenas le proporcionaban todo lo que necesitaba para .ir viviendo (que era muy poca cosa), y tenía en su bohío una mujer que le cocinaba y en su campo amigos con quienes irse de fiesta y los domingos podía ir a la gallera a jugarse aunque fuera un “clavao” al gallo que le gustara, cosas de que no podía disfrutar en ningún ingenio?

La Comparación con Cuba

En el 1920, año del censo dominicano de que hemos estado hablando, Cuba produjo 3 millones 872 mil toneladas largas (o métricas) de azúcar y nosotros veinte veces menos, esto- es. 197 mil. Ese mismo año Cuba importó por valor de 557 millones de pesos y exportó 794 millones; nosotros, en cambio, importamos 46 millones 526 mil y exportamos 58 millones 257 mil. Pero Cuba era un país con un desarrollo capitalista que nosotros no conocíamos ni de Jejos. La etapa de la acumulación originaria había comenzado en Cuba, lo mismo que en Santo Domingo, en el siglo XVI y a base de encomiendas de indios y esclavos africanos, y no se detuvo si no cuando la esclavitud fue abolida en el año 1886. Con la plusvalía absoluta extraída al esclavo los azucareros cubanos pudieron comenzar la mecanización de los ingenios en el 1819, año en que empezó a funcionar el primer ingenio de Cuba que trabajó con máquinas; en el 1846, dos años después que se fundó la República Dominicana, los ingenios mecanizados de la isla hermana llegaban a 286 y en el 1861 subían a 949.

Para hallar la medida del atraso dominicano debemos comparar la historia nacional no con la de los países europeos sino con la de Cuba, una isla que fue conquistada desde aquí cuando ya La Española tenía ciudades importantes, así fueran pequeñas. Cuba tuvo un desarrollo sostenido al tiempo que nosotros tuvimos todo lo contrario: una paralización de varios siglos; y esa paralización se debió al hecho de que nos vimos obligados a abandonar el camino de la industrialización que habíamos tomado al convertirnos, antes que ningún país de América, en fabricantes de azúcar que debía ser vendido en Europa; y al fracasar como país azucarero fracasó necesariamente el proceso de la acumulación originaria, que habíamos iniciado también antes que ningún país de América con el reparto de las tierras de los indios y con las encomiendas de indígenas así como con el uso de la esclavitud africana. En cambio, Cuba no conoció esos fracasos.

En la segunda parte del primer párrafo del Capítulo XXIV de El Capital Marx dice que “Todo este proceso parece moverse dentro de un círculo vicioso, del que sólo podemos salir dando por supuesta una acumulación originaria anterior a la acumulación capitalista…; una acumulación que no es resultado, sino punto departida del régimen capitalista de producción”. Esas palabras quedan coronadas con la afirmación de que la acumulación originaria forma la prehistoria del capital o su génesis histórica.

Si buscamos en un diccionario el significado de la palabra génesis hallaremos que es el origen o principio de una cosa y también el conjunto de hechos que concurren en la formación de una cosa. Escojamos cualquiera de esos dos significados y hallaremos que lo que Marx quiso decir con las palabras génesis histórica fue que el sistema capitalista, tal como lo conocemos en la actualidad, tuvo su punto de partida en el proceso que él bautizó con el nombre de acumulación originaria, y por tanto donde no se dio ese procesó no se estableció el capitalismo en la forma generalmente conocida, y también que el establecimiento del sistema capitalista requiere la existencia anterior de la acumulación originaria. Ahora bien, la acumulación originaria fracasó en la isla Española en el siglo XVI, se desarrolló después briosamente en la parte que más tarde se llamaría Haití y se desarrolló también briosamente y durante más tiempo que en Haití en la isla de Cuba, y eso es lo que explica que Cuba navegue delante de nosotros en los mares de la Historia.