Bosch: La Clase que no Tenemos

  • 19 octubre 1977

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 19 de octubre de 1977
Página 4.-

Entre los barrios populosos de la Capital está el 24 de Abril, y una de las calles más pobladas del 24 de Abril es la Jalisco. Pues bien, en una esquina de la calle Jalisco conocimos, hará cosa de un mes, a una mujer del pueblo que se dedica al oficio de hacer y vender frituras. Esa mujer no había leído VANGUARDIA y sin embargo pensaba como si lo leyera número por número puesto que al vernos y reconocernos dijo, por cierto con voz potente: “Profesor, hay que ponerse duro, porque esa gente no quiere entregarle el poder a nadie”.

¿Cómo se explica que la fritanguera de la calle Jalisco tuviera mucha más conciencia política que la mayoría de los líderes de este país; que viera la realidad sin dejarse confundir? ¿Es que tiene más inteligencia o más capacidad intelectual que un Jacobo Majluta o que un Luis Julián Pérez?

Si el carácter de una persona pudiera verse, pesarse y medirse como puede verse, medirse y pesarse una piedra diríamos que la fritanguera de la calle Jalisco debe tener un carácter sólido y tan robusto que para abrazarlo no alcanzarían dos hombres; si se hablara de capacidad intelectual adquirida mediante el estudio diríamos que no tiene ni una onza; pero en cuanto a inteligencia, no hay duda de que le sobra la que les falta a casi todos los líderes de este país, porque tiene la inteligencia clara de los que no se dejan engañar por las apariencias ni deforman la realidad para acomodarla a sus aspiraciones. Esa mujer ha visto y oído lo que no ven ni oyen nuestros líderes; ha visto a los activistas del reformismo yendo de sitio en sitio con ofertas de todo tipo y a los cruzados repartiendo funditas de comida, y oye la radio y relaciona lo que dicen los mil Pérez Reyes del régimen con los trajines de activistas y cruzados y se da cuenta de que el balaguerismo está en plena campaña electoral, y concluye pensando, con razón, que no es verdad lo que se dice en las esquinas, eso de que el Dr. Balaguer no va a ir a la reelección porque se lo impedirá la política de defensa de los derechos humanos de Jimmy Cárter o se lo impedirá el mal estado de su salud. La freidora de la calle Jalisco ve y oye, pero además juzga, y concluye diciéndose a sí misma que el Dr. Balaguer va a participar en las elecciones de 1978, y no precisamente para salir de ellas con el rabo entre las piernas.

¿Qué les parece a ustedes? ¿Es o no una mujer inteligente?

Lo es mucho más que el Dr. Peña Gómez, que hace declaraciones a la prensa diciendo que el jefe de las Fuerzas Armadas y el jefe de la Policía son dos activistas de la reelección, pero no saca conclusiones de lo que él mismo dice; no se pregunta si esos jefes y los coroneles que hacen declaraciones reeleccionistas tienen o no tienen poder para convertir sus palabras en hechos; si hablan porque no pueden controlar sus palabras, como les sucede a las cotorras, o anuncian lo que están dispuestos a hacer.

El Conglomerado

Aquí abunda la gente que desea engañarse a sí misma y engañar a los demás. Allá por el 1969, estando en París, nos visitaba un diplomático del gobierno balaguerista que antes había sido militar y ahora es un genio político, y cuando nos oía decir que el Dr. Balaguer iba a reelegirse en el 1970 nos decía emocionadísimo que estábamos en un error; que el Dr. Balaguer era un intelectual y por esa razón conocía la historia, y siendo un conocedor de la historia y además un enamorado de la gloria no iba a cometer el disparate de ir a la relección. El Dr. Balaguer se reeligió en 1970, se reeligió de nuevo en el 1974 y corre para el Premio Reelección de 1978; pero el ex diplomático y exmilitar, ahora líder político, sigue en sus trece porque los hechos no le dicen nada.

¿Qué tienen que ver el conocimiento de la historia y el amor a la gloria con los planes políticos del Dr. Balaguer? Los acontecimientos políticos brotan de la realidad social, no de la voluntad, el odio o el amor de un hombre; y la realidad social dominicana lleva al Dr. Balaguer a reelegirse cada cuatro años y lleva a los sectores que se benefician de la presencia del Dr. Balaguer en el poder a mantenerlo al frente del gobierno tanto tiempo como el cuerpo le aguante.

Las reelecciones del Dr. Balaguer se explican con los mismos argumentos que se explica la existencia de tantos aspirantes a la presidencia de la República como los que hay en el país: más de uno por cada partido, y uno hasta olvida el número de los partidos. Sólo en el PRD hay seis precandidatos presidenciales, y nadie se detiene a pensar qué relación hay entre tantos partidos y aspirantes y el continuismo balaguerista. Nadie lo piensa porque el que está entre los árboles no se da cuenta de la existencia del bosque; y este país, entero, de arriba abajo y de lo ancho a lo largo, vive entre los árboles del subdesarrollo sin que los dominicanos se den cuenta de eso, o si se dan cuenta no analizan la actividad política a la luz de nuestra realidad social.

La verdad es que el Dr. Balaguer, tal como le sucedió a Trujillo aunque con características diferentes en algunos aspectos, se mantiene en el poder porque en la República Dominicana no hay una clase gobernante que lo frene. Hay un grupo dominante en lo económico, pero ese grupo no es todavía una clase gobernante. Lo que ocupa el lugar de la clase que no existe es un conglomerado humano formado por el grupo dominante en el orden económico en cuyo centro se halla, como eje político, el Dr. Balaguer. Ese conglomerado gira alrededor del sol del sistema: el gobierno de los Estados Unidos.

Eso es lo que explica las reelecciones del Dr. Balaguer, incluyendo en ellas la de 1978 que no se ha producido todavía, pero explica además otras cosas, como la concentración del poder en la persona del presidente de la República Si aquí no hay poder Judicial ni poder Legislativo, y efectivamente-no los hay’ salvo de manera formal, cosa que sucedía también en los tiempos de Trujillo, es porque no existe una clase gobernante, pues en los países capitalistas las leyes se hacen y la justicia se aplica según manden esas leyes sólo para asegurarles a todos los miembros de la clase gobernante que ninguno de ellos tiene privilegios sobre los demás; que todos tienen idéntico derecho a disfrutar de su poder en igual medida.

El Ejemplo Norteamericano

Cuando lo que gobierna en un país capitalista es una clase, la persona que desempeña las funciones de presidente o de rey no puede colocarse por encima de la clase. En países donde hay gobiernos de clase los presidentes y los partidos políticos se alternan en el poder debido a que da lo mismo que gobierne Fulano o que gobierne Zutano; cualquiera de ellos respetará los privilegios de la clase, pero con la alternabilidad en el gobierno el pueblo cree que él es quien gobierna porque es él quien elige a los gobernantes.

Aunque no es de buena ley poner ejemplos distantes de nuestra realidad social, nos vemos en el caso de referirnos a los Estados Unidos porque ése es el país que algunos dominicanos, incluyendo en ellos a un supuesto nacionalista como Peña Gómez, ven como el modelo de lo que debe ser una sociedad bien organizada.

En los Estados Unidos gobierna una clase, y gobierna desde que ese país pasó a ser república independiente, hace ya doscientos años. Políticamente, esa clase se dividió en dos partidos, el Federalista y el Democrático—Republicano, que en el siglo pasado se transformaron en el Republicano y el Demócrata. Unos y otros desempeñan iguales papeles en el teatro político; unos y otros son partidarios de los mismos principios porque unos y otros sirven los intereses de una sola y misma clase. Y eso llega a tal punto que en lo que se refiere a política exterior, de tanta importancia para un país como los Estados Unidos, los dos candidatos presidenciales en las elecciones de 1960, Richard Nixon y John F. Kennedy, tenían el mismo programa, un programa que había sido elaborado por una conjunción de expertos convocada nada menos que por el llamado panel de Estudios Rockefeller y pagada por el Fondo de los Hermanos Rockefeller. Todos los miembros de la familia Rockefeller eran republicanos, pero el presidente de la Fundación Rockefeller, la más rica de los Estados Unidos, era el demócrata Dean Rusk, que dejó el puesto para pasar a secretario de Estado de John F. Kennedy, posición desde la cual, naturalmente, no iba a actuar en perjuicio de los intereses de los Rockefeller. Los demócratas y los republicanos de los Estados Unidos pueden ser adversarios políticos, pero a la hora de hacer negocios los hacen en sociedad.

Nada habla con más elocuencia de la unidad profunda, clasista, de republicanos y demócratas que la historia norteamericana de los últimos veinticinco años. En la guerra de Vietnam intervinieron cuatro gobiernos norteamericanos; dos eran republicanos (el de Eisenhower y el de Nixon) y dos eran demócratas (el de Kennedy y el de Johnson); y es casi imposible distinguir la política que siguieron en ese martirizado país del Sudeste Asiático los dos primeros de la que siguieron los dos últimos. El ataque lanzado contra Cuba en abril de 1961, ése que se conoce con el nombre de Bahía de Cochinos, fue preparado hasta el último detalle por el gobierno del presidente republicano Dwight Eisenhower y llevado a cabo por el presidente demócrata John F. Kennedy. Cuando Richard Nixon ordenó asaltar las oficinas del Partido Demócrata en Washington, la capital del país, que se hallaban en el edificio llamado Watergate, creyó que si el asalto I se hacía público podría contar con el apoyo de los republicanos, y no se dio cuenta de que estaba cometiendo un crimen que no podían perdonarlo ni los demócratas ni los republicanos, pues lo que se hizo en Watergate fue violar un privilegio de la clase gobernante, y esa violación autorizaba a cualquier gobernante demócrata a hacer lo mismo con los republicanos.

En los Estados Unidos Nixon no pudo ocupar el lugar de la clase gobernante, pero aquí Balaguer y el grupo económicamente dominante que él en gran medida ha formado llenan el vacío destinado a la clase gobernante que no tenemos.