Bosch: "La educación es una actividad clasista" *

  • 16 octubre 1974

Artículos del Prof. Juan Bosch
Escrito en la Obras completas de J.B
Del 16 al 31 octubre de 1974 (2)
Paginas desde 53 hasta 58.-

—Vanguardia del Pueblo (VdP): Compañero presidente, varios de los compañeros que estuvieron con usted en San Cristóbal el domingo 6 se han acercado a mí para pedirme que hable con usted sobre lo bueno que sería que usted hablara esta vez sobre el mismo tema de la conferencia que dio en San Cristóbal.

—Juan Bosch (JB): En primer lugar, debo decirte que no me gusta la palabra conferencia. Es más, cuando hablé en San Cristóbal dije que no quería que mis palabras se tomaran como una conferencia sino que se tomaran como una conversación en familia. El término conferencia da idea de algo de nivel elevado; de algo difícil para el entendimiento del Pueblo. En cambio, si se mantiene una charla en el nivel de la conversación, uno hace, o mejor dicho, yo, por lo menos, hago un esfuerzo para mantenerme dentro del terreno de una simple conversación, lo que significa para mí que debo usar las palabras más simples, las que entiende el mayor número de personas, aun las de pocos estudios. Y ahora que digo eso tal vez sea oportuno que amplíe lo que acabo de decir explicando algo que nunca he explicado; y es esto: Por mi oficio de escritor y de político tengo necesariamente que leer mucho y de asuntos muy diferentes, y eso, como es natural, ha hecho que mi léxico, es decir, el número de palabras que puedo usar, sea más grande que el de la generalidad de las personas. Si me dejara llevar por lo que para mí sería lo más fácil, al hablar con la gente del Pueblo usaría ese léxico, esto es, ese alto número de palabras entre las cuales hay muchísimas que el Pueblo desconoce, y como es lógico, el Pueblo no me entendería, o me entendería a medias. Para que eso no suceda, siempre que hablo para el Pueblo lo hago vigilándome, dominando mi tendencia natural a hablar un lenguaje escogido, y a menudo tengo que hacer altos muy breves, y mejor diría brevísimos (o para decirlo de manera que el Pueblo entienda, hago altos cortos y cortísimos), altos que a veces se deben no sólo a las palabras sino a los conceptos que quiero expresar, pues muchos conceptos son prácticamente inexpresables en el lenguaje del Pueblo porque a él le faltan los conocimientos anteriores a esos conceptos; diríamos, los conocimientos en que se echaron las bases de esos conceptos. Para mí, hablar de manera que el pueblo dominicano me entienda (y debo decir que si hablara de otra manera sería como no hablar) significa un esfuerzo a veces muy duro, porque mi manera propia de hablar no es ésa; es hacerlo usando el léxico que he adquirido y mantengo leyendo toda suerte de obras. Si no me he hecho entender, me lo dices y pasamos a otra cosa.

* Vanguardia del Pueblo, Año I, Nº 6, Santo Domingo, Órgano del PLD, 16-31 de octubre de 1974, p.4. Esta entrevista corresponde a la primera parte de la que figura, con el mismo título, en Clases sociales en la República Dominicana, en BOSCH, Juan, Obras completas, T.XI, Santo Domingo, Ediciones de la Comisión Permanente de Efemérides Patrias, 2009, pp.369-374 (N. del E.).

—VdP: De ninguna manera, compañero presidente. Se ha expresado con toda la claridad, y además cosas como las que acaba de decir son importantes para la formación política de nuestros compañeros, porque comunicarse con el pueblo es absolutamente necesario para un dirigente político. Debo decirle que yo, que me considero estar tan cerca de usted, no me daba cuenta de que para hablar de la manera que usted habla tenía que hacer ese esfuerzo. Yo creía que ésa era su manera natural de hablar.

—JB: No, y atiende esto que voy a decirte: todo lo que he hecho y hago en la vida me cuesta esfuerzos; nada me sale así como así. Por ejemplo, los que leen mi obra literaria pueden pensar que yo escribía los cuentos con facilidad, pero no hay tal cosa. Desde el primero de mis cuentos hasta el último, o mejor dicho, entre el primero y el último hay grandes diferencias, de estilo, de tema, de técnica, y esas diferencias son el resultado de una evolución que fui alcanzando poco a poco y con mucho trabajo, pues yo no tuve quien me enseñara a escribir cuentos; no tuve a mi alcance ni siquiera un trabajito como mi Apuntes sobre el arte de escribir cuentos, que no es ninguna cosa del otro mundo, pero es lo único que hay en su género en nuestra lengua. Nadie me dijo nunca: “Este cuento debiste hacerlo así y asao”. Es más, ni siquiera me hallé con un crítico que me señalara mis defectos o mis errores, y me vi obligado a irme superando yo solo, haciendo en cada cuento un ensayo de superación. Lo mismo puedo decir de la política. Varias veces he explicado que logré desarrollarme políticamente desarrollando al partido, que naturalmente era el PRD. Cada vez que le daba fin a una tarea del partido le dedicaba algún tiempo a analizar lo que había hecho para ver dónde había cometido un error y cómo podría evitar cometerlo de nuevo si se presentaba una situación parecida. He pasado años y años haciendo eso metódicamente, y también buscando ejemplos en los libros, los discursos y las referencias de los grandes políticos. Si las cosas no se hacen así, la vida del escritor y del político no se enriquece porque su pensamiento no cambia, su pensamiento se queda petrificado, y si el pensamiento no cambia no cambia la vida. Toda la vida del hombre cabe en el cerebro y está únicamente en el cerebro, que es la fuente de los pensamientos, de las ideas y de las palabras. Desde luego, en un escultor, en un pintor, en un músico, por ejemplo, es también muy importante el desarrollo de las facultades que residen en las manos, en los dedos, pero ese desarrollo de las manos y de los dedos se hace debido a órdenes que da el cerebro, de manera que el cerebro juega un papel decisivo en la habilidad manual que el hombre va adquiriendo con la práctica de su arte. Pero dejemos eso, que tiene poco interés para la mayoría de gente y pasemos a lo que planteaste.

—VdP: Bueno, compañero presidente, no es verdad que lo que usted acaba de decir no tenga interés. Por lo menos, para la formación política de los peledeístas, especialmente de los jóvenes del PLD, sí lo tiene. En cuanto a lo que le dije, fue que hay compañeros que quisieran que usted repitiera para Vanguardia del Pueblo su conferencia de San Cristóbal, o mejor dicho, su conversación, ya que usted no quiere que se diga que fue una conferencia.

—JB: Yo podría repetir algunas de las cosas que dije en San Cristóbal, y hasta repetirlas con las mismas palabras, porque esa conversación fue grabada. Pero repetir todo lo que dije ese día no sería apropiado hacerlo en esta entrevista. El tema de esa conversación fue Educación y clases sociales en la República Dominicana, y ese tema puede interesarle a una minoría de los lectores de Vanguardia, pero no a todos. Pero en esa conversación hay aspectos que podrían aparecer en el periódico del Partido; por ejemplo, los que se refieren a la educación que algunas clases y capas sociales reciben de la sociedad.

—VdP: Bueno, háblenos de esa parte de su confe… digo, conversación de San Cristóbal.

—JB: Decía yo en San Cristóbal, que cuando hablamos de educación la generalidad de las personas creen que se trata de la educación que recibimos en las escuelas de los maestros y de los libros que esos maestros nos recomiendan, y eso no es la educación; eso es una parte de la educación, pues hay una educación que se adquiere en el medio social en que se nace y en que la persona se desarrolla, y esa educación puede ser favorable o desfavorable para el individuo y para la sociedad.

Para conocer la suma de todas las educaciones, las que nos proporciona el medio social y la que nos dan las escuelas y los maestros (pues hay maestros que no enseñan en las escuelas sino en los talleres, desde los periódicos y en otros sitios), tenemos que analizar la educación desde el punto de vista clasista, porque la educación es una actividad clasista. No todos los ciudadanos de un país tienen el mismo tipo de educación ni el mismo nivel de educación. En Europa, como en la República Dominicana, los campesinos saben cosas que no saben ni van a aprender nunca los habitantes de las grandes ciudades. Recuerdo (y esto no lo dije en San Cristóbal) que allá por los años de 1930 y tanto se hizo público en los Estados Unidos el resultado de una investigación hecha en una escuela de New York. La investigación era acerca de lo que sabían los niños de las escuelas de New York sobre la vida campesina de su país. Pues bien, un número alto de esos niños no tenían la menor idea de la forma en que se les sacaba la leche a las vacas, y había algunos que ni siquiera sabían qué relación había entre la leche y las vacas.

En Europa como en la República Dominicana los campesinos saben unas cosas determinadas, todas aquellas cosas que se refieren a sus tareas dentro de la producción, y esas cosas no las aprenden en las escuelas; las aprenden en su medio social. Ningún maestro de escuela le tiene que enseñar a un niño campesino a usar el machete o cuál es la mejor manera de pelar un coco; al contrario, el niño campesino puede enseñarles esas cosas a los maestros de las ciudades. Cuando nosotros éramos un país rural, cualquiera mujer sabía tentar una gallina, pero hoy tenemos miles y miles de mujeres nacidas en el corazón de las ciudades o en barrios donde las casas tienen hermosos jardines en los cuales no se admite la presencia de una gallina, y esas mujeres ni siquiera saben lo que quiere decir tentar una gallina. En Europa, como aquí, los campesinos saben, sin haberlo estudiado en escuelas, cómo se siembra allá el trigo y aquí la yuca; en qué época se cosecha allá la cebada y aquí los frijoles. Puede ser que la mayoría de los obreros de aquí sepan esas cosas porque nuestros obreros proceden en su inmensa mayoría de familias campesinas, y tal vez el mayor número de ellos nació en el campo; pero entre los obreros europeos o norteamericanos sucede lo contrario, que la mayor parte de ellos no saben nada en relación con la vida del campo. Recuerdo que en San Cristóbal, donde está la única fábrica de vidrio del país, dije que por cada obrero de esa fábrica que sabe cómo se hace una botella de vidrio debe haber muchas personas, de allá, de San Cristóbal, que viven en el mismo lugar donde viven esos obreros; debe haber, repito, varios cientos de personas que no saben cómo se hace una botella de vidrio. Ahí tienes tú la demostración de que de acuerdo con la clase social de la persona, así es la educación que recibe; la que recibe del ambiente social en que nace y se forma o del lugar donde trabaja.