BOSCH: Las Caravanas (1)

  • 01 marzo 1978

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 01 de marzo de 1978
Página 4.-

El martes 21 del mes pasado (febrero) estuvimos comentando por La Voz del PLD el discurso que había dicho el día anterior en Tribuna Democrática el Dr. José Francisco Peña Gómez, secretario general del PRD, y varios compañeros, en número que puede considerarse alto, nos pidieron que dijéramos en VANGUARDIA del Pueblo lo que habíamos dicho en el programa de radio del Partido, y la mayoría de ellos explicaron que la publicación de esas palabras nuestras podía ser útil para el desarrollo político de los peledeístas, especialmente para los que están organizados en Círculos de Estudios. Nos parece que esos compañeros tienen razón, pero debemos decirles, a ellos y a los que hayan pensado como ellos aunque no lo manifestaran, que a la hora de escribir para VANGUARDIA del Pueblo podemos usar el tema de lo que dijimos en La. Voz del PLD, pero no podemos repetirlo palabra por palabra y ni siquiera concepto por concepto. Cuando hablamos en el programa de radio del Partido lo hacemos bajo la presión del tiempo, que es en todos los casos menos de 15 minutos debido a que fue imposible conseguir media hora de transmisión que coincidiera en las 23 estaciones que forman la cadena del PLD. A eso se debe que a la hora de hablar por La Voz del PLD lo hagamos sin extendernos mucho, sea cual sea el tema de que estemos ocupándonos. Pero al escribir para VANGUARDIA del Pueblo podemos estudiar los asuntos desde varios puntos de vista; podemos ver el problema que tratamos por arriba y por abajo, dé un lado y del otro, por afuera y por dentro, de manera detallada, que es como deben verse todos los problemas políticos o aquéllos que se analizan desde el ángulo político.

A menudo, hablando del método que debemos seguir para estudiar un problema, decimos que cada asunto debe ser desmontado en tal forma que podamos separar sus partes, las mayores y las medianas, las pequeñas y las muy pequeñas, para que todas ellas sean observadas cuidadosamente, en su forma, en su composición y en su funcionamiento; y eso tenemos que hacer al ocuparnos, no tanto del discurso que dijo en Tribuna Democrática el Dr. Peña Gómez el 20 de febrero, pero sí con la mayor extensión posible de la caravana de vehículos que provocó ese discurso; y para el mejor desarrollo de los compañeros circulistas nos ocuparemos de las caravanas en sentido general, y si el espacio nos alcanza hablaremos del daño que pueden hacer ellas, desde el punto de vista de la conciencia política, si se convierten, como van en camino de hacerlo, en un método de propaganda, y tal vez en el método de propaganda preferido de los partidos dominicanos. El discurso del Dr. Peña Gómez debe ser visto como un esfuerzo dirigido a hacerle creer al pueblo que la lucha política es un carnaval y que los destinos del país pueden y deben decidirse, con la más escandalosa frivolidad, en un carnaval de vehículos, bocinazos y consignas, como si la política fuera una actividad festiva y no, como dijo Juan Pablo Duarte, la ciencia más alta y más digna, después de la Filosofía, de ocupar la mente de los hombres.

Analicemos La Caravana

Nada es simple, ni siquiera lo que parece totalmente simple, y una caravana política no lo es como no lo es tampoco una caravana de otro tipo; digamos, una caravana comercial. En el caso concreto de la caravana perredeísta que se llevó a cabo en la Capital el 18 de febrero, ¿en cuántas partes debemos dividirla si es que queremos someterla a un análisis prolijo o detallado?

Hagamos una primera división en dos partes: Por un lado, vehículos (automóviles, camiones, guaguas, camionetas, motocicletas, bicicletas, triciclos) y sus ocupantes, y por el otro, el grueso del público que la vio pasar. Supongamos que los vehículos: eran dos mil. ¿Qué representan dos mil vehículos en relación con el total que hay en el país? Menos del dos por ciento si en el país hay más de cien mil, que los hay de sobra. Y si en la caravana perredeísta iba menos del dos por ciento de los vehículos que hay en el país, ¿qué son, en términos de militancia o simpatía política, los dueños de más del noventa y ocho por ciento de los que no tomaron parte en el desfile del PRD? Aun suponiendo que el cincuenta por ciento sean propiedad del gobierno, de las Fuerzas Armadas, de representaciones diplomáticas, queda un cuarenta y ocho por ciento que debe representar no menos de cincuenta mil unidades, o sea, cuarenta y ocho mil más que las que el PRD puso a rodar en la Capital el día 18 de febrero; y no conocemos la filiación política de sus dueños. Es, pues, muy arriesgado deducir del número de vehículos que fue a la caravana perredeísta que el PRD es invencible o que ya tiene el poder en la mano o que nunca en el mundo se ha visto nada igual, como dijo el Dr. Peña Gómez en su discurso del día 20.

Si los vehículos eran dos mil, suponiendo que cada uno ocupara nueve metros, tres para la carrocería y tres de espacio entre él y el de alante y otro tanto hacia atrás, tenemos que la caravana ocupaba no menos de 10 kilómetros; y si los -espacios entre los vehículos eran mayores, copio efectivamente lo eran porque de manera casi regular cada vez que pasaban nueve o diez vehículos había que esperar varios minutos para que pasaran otros nueve o diez, entonces el desfile debió ocupar unos quince kilómetros o los vehículos no eran dos mil. ¿Cuántos eran, pues? ¿Mil? ¿Menos de mil? Si eran mil, no se acercaron ni siquiera al uno por ciento de los que hay en el país. Si eran dos mil, y calculamos que entre unos y otros, automóviles, camionetas, camiones y bicicletas y motores y triciclos, cada uno llevaba ocho personas, en el desfile tomaron parte dieciséis mil perredeístas; pero si los vehículos eran mil tomaron parte solamente ocho mil, y eso, en el mejor de los casos. Ahora bien, ni dieciséis mil ni ocho mil son números aplastantes para lo que podríamos llamar la parte activa de los caravanitas o caravaneros, porque la otra parte, la que miraba desde las aceras, y aun la que aplaudía y correteaba en las calles, ésa era la masa pasiva, en la que podía haber muchos perredeístas, pero también muchos que no lo eran. Y ahora nos toca hacer un análisis detallado de esa masa.

En primer lugar, si el choque de dos automóviles, o la persecución de un ladrón por un policía, o la pelea de dos personas reúne en cualquier sitio de la Capital en pocos minutos cientos de personas, el paso de una caravana de algunos cientos de vehículos que van tocando bocinas y llevan cargas humanas que cantan y gritan consignas políticas a lo largo de varios kilómetros, deberá sacar de sus casas, de los patios y de las llamadas “parte atrás” de las calles y los callejones de los barrios altos a varios miles de hombres, mujeres y niños.

¿A cuántos sacaría un desfile de ese tipo formado por mil o más de mil vehículos?

Eso depende de los kilómetros que recorran esos vehículos, pero a la hora de hacer cálculos debemos ser realistas. Por muchas que sean las gentes que salgan a las puertas de las casas y a las aceras, nunca podrán ser más de cinco por metro de frente, aun en el caso de que estimemos que en las calles transversales haya de lado y lado también cinco personas en cada metro Naturalmente que es muy difícil que kilómetro tras kilómetro, a lo largo de muchos de ellos, haya cinco personas por cada metro lineal en los dos lados de la ruta, porque durante todo el trayecto la gente, y sobre todo los muchachos de todas las edades, va corriéndose de un sitio a otro; hasta cierto punto va avanzando junto con la caravana, y por esa razón habría millares y millares, pero muchos millares, que serían contados! varias veces; una vez aquí, otra diez metros más I allá, otra siete metros más lejos, otra treinta y i cuarenta y noventa y ciento diez metros alante, y en muchísimos casos, varias cuadras más alante.

¿Cuántos Fueron?

Aunque el Dr. Peña Gómez dijo en su discurso del día 20 que la caravana fue aclamada por 400 mil personas, lo que indica que él contó cuidadosamente a los aclamadores, el PRD dice en propaganda pagada que publicó El Sol del 22 de febrero que “medio millón de almas…. rechazó la demagogia, el abuso y la corrupción”, palabras que dan a entender que hubo esa cantidad de personas que se manifestaron contra el gobierno, pero como habría que estimar que otro medio millón se asomó a las puertas y ocupó las aceras sólo para ver el desfile, tenemos que éste fue presenciado por toda la población de la ciudad de Santo Domingo, y para que eso sucediera la caravana tenía que pasar una a una por todas las calles de la Capital recorriendo cada ralle en toda su extensión; y eso no soto no sucedió sino que tampoco podía suceder. Alguien, pues, dijo mentira. ¿Quién fue? ¿El Dr. Peña Gómez o el PRD?

Pero no hagamos cálculos con el ánimo de demostrar que o el Dr. Peña Gómez por su lado o la dirección del PRD por el suyo dijeron mentira. Seamos generosos; aceptemos que efectivamente hubo medio millón de dominicanos que presenciaron el desfile. Ahora bien, ¿quiénes componían esa multitud? ¿Eran todos perredeístas? ¿Eran todos adultos, esto es, hombres y mujeres en edad de valer cada uno un voto? Pues no señores; no lo eran. Por el hecho mismo de ser una multitud, en ella había adultos, pero había también niños y jóvenes menores de los 18 años que hay que tener para ser ciudadano con derecho a votar. La población menor de 18 años es normalmente mayor que la que tiene más de esa edad, pero supongamos que es igual, y supongamos también que la mitad de ella tiene menos de diez años. Ahora bien, el que vea las fotografías publicadas en El Sol advertirá sin hacer esfuerzos que a pesar de que esas fotos debieron ser escogidas cuidadosamente para que en ellas no se vieran niños, el número de niños de diez años para arriba es altísimo, de donde es fácil deducir que en el medio millón que proponemos como cantidad de dominicanos que presenció el desfile del PRD, había un veinticinco por ciento de niños y jóvenes menores de dieciocho años, de manera que desde el punto de vista de la gente políticamente útil, los que se asomaron a las puertas de las casas y se pararon en las aceras, suponiendo que formaron una masa compacta durante todo el trayecto de la caravana, hubieran sido, en el mejor de los casos, trescientos setenta y cinco mil personas; pero como esa cantidad es superior a la tercera parte de la población de la Capital, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que en el trayecto que recorrió la caravana del PRD no podía reunirse tanta gente, porque si se reunieron se quedaron vacías, sin un alma, nada menos que setenta y cinco mil casas de la ciudad, y eso no sucedió ni durante las cinco horas del desfile ni durante diez minutos. Los que hablaron mentira fueron, pues, los dos: el Dr. Peña Gómez y la dirección del PRD.