BOSCH: Las Caravanas (2)

  • 08 marzo 1978

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 8 de marzo de 1978
Página 4.-

La gente no vive ni en las calles ni en los árboles sino en casas, y desde hace siglos se calcula que en cada casa viven cinco personas. Es verdad que hay algunas, y tal vez muchas, ocupadas por siete, pero también hay muchas ocupadas por tres; las habrá en las que se apiñan once personas, pero las hay donde viven una o dos nada más; de manera que en una con otra, o sea, en promedio, en setenta y cinco mil casas duermen y comen trescientos setenta y cinco mil hombres, mujeres y niños; y si de esa cantidad de gente se sacan los niños menores de diez años que en términos generales se quedan en la casa cuando hay alboroto como el que armó el día 18 de febrero la caravana del PRD en los barrios por donde pasó, a las setenta y cinco mil viviendas de nuestros cálculos habría que sumarles por lo menos diez mil en las que no quedaron personas mayores; y es difícil que en una ciudad donde se dan asaltos todos los días, la gente deje tantas casas vacías, o semi vacías para lanzarse a las calles en actitudes de histeria colectiva como la que describió el Dr. Peña Gómez en su discurso del 20 de febrero.

Es posible que mucha gente saliera a las puertas de sus casas para ver con sus propios ojos ese desfile de ochocientos, de mil, de mil doscientos vehículos y quizá de hasta dos mil; pero de ahí a afirmar que todos ellos eran perredeístas hay una distancia grande. Es posible que en doce, en quince, en veinte lugares situados en el trayecto de la caravana se reunieran, aquí seiscientas, allá ochocientas, más allá mil personas; y si en todos los casos se reunieron mil, y más de mil, al sumar hallamos que en total fueron veinte mil, veinte y cuatro mil, treinta mil, si se quiere, pero no más de cuatrocientas mil como dijo el Dr. Peña Gómez y menos aún las quinientas mil de que habló el anuncio que hizo publicar en El Sol la dirección del PRD. Nosotros no queremos aparecer como aguafiestas y damos por buen número el de cincuenta mil hombres, mujeres y niños repartidos en grupos de algunos cientos hasta dos millares. Esa es una buena cantidad, sobre todo si se tiene la pretensión de que todos eran perredeístas; y nosotros admitimos que lo eran, ¿pero qué clase de partido sería el PRD si después de dieciséis años de existencia no tuviera en la capital de la República cincuenta mil seguidores, aunque algunos de ellos no alcancen todavía la edad de votar?

El Dr. Peña Gómez es muy emotivo, pero al mismo tiempo es muy sabichoso, y por razones a las que no puede escapar está dedicado a confundir al pueblo dominicano; y vamos a probar lo primero v lo segundo. El el discurso que pronunció dos días después de haberse llevado a cabo el desfile de vehículos del PRD dijo estas palabras: “Durante cinco horas vi con los ojos desorbitados por la emoción multitudes enormes estrellarse contra mí vehículo”; pero en el párrafo anterior había dicho esto: “Yo que he vivido rodeado de multitudes, que he sido protagonista de los actos de masas más grandes de este país, nunca vi ni en el país ni en el extranjero nada parecido a la colosal manifestación popular del pueblo capitaleño”.

Analicemos El Discurso

Ese hombre tan emotivo que él mismo confiesa que los ojos se le salían de la cara por la emoción, habla de tal manera que sin comprometerse personalmente deja en los que le oyeron la impresión de que jamás ha habido en el país o en otros países nada tan colosal como la manifestación perredeísta que según él dio el pueblo de la Capital el, 18 de febrero. Pero olvidó algunos detalles, por ejemplo, que en su condición de líder político él está enterado de que Fidel Castro reúne a cada rato en la Plaza de la Revolución de La Habana medio millón de personas, y que cuando Juan Domingo Perón volvió por última vez a la Argentina, el 20 de junio de 1973, un millón de personas fue a recibirlo al aeropuerto de Eseiza, y para llegar al lugar donde se levantó la tribuna desde la cual hablaría Perón, ese millón de personas tuvo que caminar a pie varios kilómetros. Enterarse de noticias así equivale a ver el acontecimiento que las produce, de manera que eso de decir que “nunca vi ni en el país ni en el extranjero nada parecido a la colosal manifestación popular del pueblo capitaleño” es una sabichosería, que se escribió y se leyó por radio con el propósito claramente adoptado de confundir a la gente que oye el programa del PRD y lee los periódicos que publican lo que se dice en ese programa; y fue una sabichosería maliciosamente remachada con las palabras “la colosal manifestación popular del pueblo capitaleño”, porque el Dr. Peña Gómez sabe muy bien que los que salen a las puertas de sus casas para ver una caravana que pasa por delante de ellas levantando un escándalo de bocinazos y de consignas gritadas a voz en cuello no están tomando parte en ninguna manifestación; están curioseando nada más. Tomar parte en una manifestación es ir desde los quintos infiernos hasta la Plaza de la Revolución de La Habana para oír un discurso de Fidel Castro o caminar a pie, ahogado entre un millón de personas, varios kilómetros para ir a recibir a Juan Domingo Perón a las vecindades del aeropuerto internacional de Buenos Aires, la capital de la Argentina. Tomar parte en una manifestación es manifestarse, o sea, dar demostración de que uno es partidario de tal o cual cosa; y si se trata de posiciones políticas, es hacer un esfuerzo, aunque sea pequeño, para que otra gente sepa que uno simpatiza con tal o cual partido o milita en sus filas, y curiosear es algo muy diferente; es tan diferente que la palabra curiosear significa averiguar lo que a uno no le importa. En el caso de la caravana perredeísta, la manifestación fue hecha por los que iban en los vehículos que desfilaron; ésos sí se manifestaron en favor del PRD, y su actividad provocó a su vez la manifestación de los doce, quince, veinte grupos de perredeístas que según nuestro parecer fueron formándose a lo largo del paso de la caravana.

El desfilé de vehículos que organizó e1 PRD fue una cosa y el discurso del Di. Peña Gómez fue otra. Con el desfile sé llevó a cabo un acto de propaganda que en apariencia era política pero que en la realidad era publicidad comercial hecha con el propósito de impresionar a la gente que puede dar dinero para que el PRD lo gaste en las elecciones generales de este año; y donde se aprecia con claridad el aspecto de publicidad comercial qué tuvo la caravana es en el discurso del Dr. Peña Gómez. En ese discurso, de un desfile de vehículos llevado a cabo en varios sitios de la Capital, la caravana quedó convertida en unas elecciones en las que el PRD había alcanzado el poder. Por eso el Dr. Peña Gómez dijo palabras como éstas: “A partir del pasado sábado hay una nueva situación política en este país”, y para sembrar esa idea en la mente de los que le oían afirmó: “…tenemos las elecciones ganadas”, y también: “Ya, ya, Balaguer, ya se va”, consigna que repitió inmediatamente, sin duda con la intención de dejar en el ánimo de sus seguidores la creencia de que el Dr. Balaguer estaba abandonando el Palacio Nacional porque la caravana perredeísta había demolido las bases de su poder; o para decirlo con las palabras del Dr. Peña Gómez, “El monstruo de mil cabezas que pretendieron destruir sustrayéndole a Casimiro Castro se irguió, se puso de pies, liquidó sus dificultades internas y sus pies de mastodonte aplastaron como cajas de fósforos los castillos de arena donde se atrincheraba la supuesta fuerza popular del Partido Reformista” (*).

(*) Copiamos lo de los pies del mastodonte tal como lo dijo el Dr. Peña .Gómez, pero estamos enterados de que el mastodonte no tenía pies sino patas.

Realidad y Sueño

¿Es cierto, o puede serlo, que con la caravana del 18 de febrero el PRD ganó las elecciones que van a celebrarse el 16 de mayo?

Si es verdad, como dijo el Dr. Peña Gómez, que en esa caravana tomaron parte más de 400 mil personas ( y al hablar de personas él daba a entender que se trataba de hombres y mujeres adultos) y que todas y cada una de ellas se manifestaron como frenéticos perredeístas que se estrellaban contra el automóvil en que iba el Dr. Peña Gómez, entonces no hay dudas de que el PRD ganó con anticipación de tres meses las elecciones de este año, porque los electores de la ciudad de Santo Domingo (de la ciudad, no del Distrito) andan por los 500 mil, y si todos ellos son perredeístas, en la Capital no quedará un voto ni para el Partido Reformista ni para ningún otro; aquí sólo sacará votos el PRD, y con esa votación tan grande en la Capital, la balanza de la victoria se inclinará a favor del PRD en el orden nacional.

Es verdad también que si se le levanta la sábana a lo que dijo el Dr. Peña Gómez para ver qué hay debajo de ella nos encontraremos con algunos detalles que ponen a dudar a cualquiera. Por ejemplo, en el mismo discurso en que habló de esas masas compuestas por más de 400 mil perredeístas, el Dr. Peña Gómez dijo que de menos de 400 comités de base que tenía el PRD en el Distrito Nacional hace unos años, se había llegado ahora a sobrepasar los 2 mil 200, y de ser así, ¿cómo se explica que el periódico Tribuna Democrática, órgano del PRD que se anunció para salir cada quince días y empezó a publicarse al comenzar el año 1977, sacó a la calle sólo siete números y no pudo sacar más porque no se vendía?. El PLD inició ese año vendiendo 25 mil 684 ejemplares de VANGUARDIA y lo ter-minó vendiendo 38 mil 969, y para el 31 de diciembre de 1977 el PLD tenía mil 114 organismos en todo el país. ¿Cuántos periódicos de un solo número debió vender él PRD en el Distrito Nacional nada más, si hubiera sido un partido capaz de hacer las cosas que hace el PLD? Debió haber vendido más de 77 mil y sin embargo no vendió uno solo, no porque salir a la calle a aplaudir a una caravana política o no política que pasa frente a nuestras puertas en un acto emotivo que no exige ningún esfuerzo y por tanto cualquiera puede hacer eso, pero localizar compradores para un periódico partidista, recoger los periódicos, llevárselos semanalmente a los compradores, cobrarlos, ir al Comité de Base correspondiente a entregar el dinero de esos periódicos; todo eso y las demás actividades que realizan los miembros del PLD requieren una disciplina, una capacidad de militantes que no tiene todo el mundo, y con los que no la tengan no se puede contar en ningún caso. Quien crea que puede contar con los votos de los que aplauden en las puertas de sus casas al paso de una caravana de vehículos no sabe cuál es la diferencia que hay entre la realidad y el sueño.