BOSCH: Las Caravanas (3)

  • 15 marzo 1978

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 15 de marzo de 1978
Página 4.-

¿Qué le deja al país una caravana política, sea la del PRD, tan calurosamente elogiada por el Doctor Peña Gómez, o sea la de cualquier otro partido? Desde el punto de vista comercial, tal vez mucho; desde el político, absolutamente nada; desde el de la diversión, menos que un desfile de carrozas de carnaval en las cuales pueden ir mujeres bellas.

Las caravanas políticas son publicidad comercial con la cual se le vende a la gente un producto que en el caso que nos ocupa se llamó PRD pero que en otros casos se llama Partido Reformista o Movimiento de Salvación Nacional; y detrás de esa publicidad no hay nada que sea o pueda ser trascendental. Lo que se pretende con ella es que la gente vote para que Fulano sea elegido presidente de la República, Zutano senador, Mengano diputado y Menganito síndico de la Capital o de Santiago. ¿Pero qué van a hacer en esos cargos, si salen elegidos, los candidatos a esos puestos, que-no sea lo mismo que harían otros aspirantes a esas mismas posiciones y lo mismo que hicieron los que las ocuparon antes? ¿Es que el país va a beneficiarse con el hecho de que ellos, y no otros, sean los elegidos? ¿Quién puede asegurar que la sola presencia de esas personas en el gobierno va a cambiar la situación de los dominicanos?

Nadie puede asegurarlo porque lo que nos enseña la historia es que aquí ha habido siempre capas de privilegiados que han venido aprovechándose del poder político bajo todos los gobiernos, bajo el de Balaguer, bajo el de Trujillo, bajo el de Lilís y bajo los varios de Santana y de Báez. Pero además, el Doctor. Peña Gómez sabe, porque lo ha dicho él mismo aunque no de manera pública, que el PRD no va a alcanzar el poder, y si lo sabe él lo saben, sin duda, los altos líderes del PRD. Entonces, ¿por qué se llevó a cabo la caravana del 18 de febrero, y por qué el Doctor Peña Gómez habló de ella como lo hizo?

Porque el PRD es un negocio que da dinero, y la caravana y el discurso son publicidad para ese negocio. El PRD da dinero para algunos de sus líderes pero lo da también para un número importante de líderes medios y bajos, cuya profesión es la política, si bien se trata de una política que consiste fundamentalmente en alimentar en el pueblo la ilusión de que el perredismo llegará al poder en las próximas elecciones (las de 1974, las de 1978, las de 1982), porque mientras esa ilusión se mantenga los comerciantes y los industriales pondrán miles de pesos en las manos de los líderes. Ahora bien, la publicidad comercial, en ciertos casos muy concretos, enseña algo, como lo hace por ejemplo con las cualidades de un producto nuevo y de la manera de usarlo para que dé sus mejores resultados; pero la publicidad comercial en la actividad política no deja nada; y si se trata de una caravana como la del PRD, sólo crea un estado de euforia semejante a! que deja una droga como la mariguana, que les da a sus fumadores la sensación de que son incomparablemente poderosos, más poderosos que la ballena azul en los mares.

Política e Historia

Así se sentía el Dr. Peña Gómez cuando pronunció su discurso del día 20 de febrero, porque la mariguana del desfile del día 18 le hizo a él el efecto que él buscaba provocar con ella en los perredeístas, y endrogado por ese efecto, él, a su vez, produjo la droga de su discurso, que iba endrogándolo más a medida que lo decía. De ahí las frases de “A Partir del pasado sábado hay una nueva situación política en este país”; “Hemos demostrado que somos la fuerza política determinante en este país”; y aquéllas con las cuales le dio a la caravana del día 18 la categoría de hecho histórico: “Dicen que Gregorio Luperón cuando culminó la batalla del 6 de septiembre de 1863… Dijo estas palabras: ‘Hoy hubo gloria para todos los dominicanos’. Nosotros imitando al paladín de Puerto Plata podemos afirmar que este fin de semana hubo gloria para el PRD”; y terminó ese párrafo diciendo que los perredeístas de Moca se habían lanzado el día 19 a las calles de Moca escenificando lo que él calificó de “una vibrante manifestación popular que puso a chocar de miedo las rodillas de los reformistas locales”.

¿Cómo es posible que el Dr. Peña Gómez se atreva a comparar una caravana política del partido llamado PRD con un hecho histórico ejecutado por un ejército libertador, como lo fue la batalla de Santiago, episodio extraordinario en las luchas por la independencia nacional, y cómo es posible que cometa el atrevimiento de usar la figura de Gregorio Luperón, y las palabras gloriosas que dijo el 6 de septiembre de 1863, para calificar una caravana de buscadores de puestos públicos? Cuando Luperón habló ese día, mientras los que le oían tosían para sacarse de las gargantas el humo del incendio de Santiago, lo hizo refiriéndose a un hecho en el que habían muerto muchos dominicanos, otros habían quedado mal heridos, otros habían caído prisioneros en manos españolas y muchas familias habían perdido sus hogares; y los muertos, los heridos, los prisioneros, los que se quedaron sin techo fueron víctimas de la lucha por la restauración de la República, es decir, por algo que exigía capacidad de sacrificio hasta llegar a la muerte; pero en la caravana del PRD, ¿quién se sacrificó, quién cayó muerto, quién perdió un brazo? ; Y sobre todo, ¿por qué se hizo esa caravana? ; ¿fue por algo noble, grande, heroico? El Dr. Peña Gómez usó el verbo grandilocuente del general Luperón para dejar en los perredeístas la idea de que la memoria de aquel adalid aprobaría el desfile de vehículos del PRD como si se hubiera tratado de un acto patriótico, que en fin de cuentas es lo mismo que hacen las agencias de publicidad que manejan los avisos del Partido Reformista cuando hacen aparecer en los periódicos los retratos de Duarte, Sánchez, Mella y del propio Luperón, o frases de esos héroes, como fondos de la figura del Dr. Balaguer. Y eso se llama, aquí donde quiera, publicidad comercial.

La batalla de Santiago se recuerda y se recordará siempre en este país porque fue un hecho histórico llevado a cabo por héroes, ¿pero quién va a recordar dentro de algunos años la caravana perredeísta del 18 de febrero de 1978, que fue hecha por personas que no corrían el menor peligro? No la recordará nadie, porque un acto de propaganda no tiene categoría histórica, y lo que no tiene categoría histórica no ocupa lugar en la historia.

La frase “Hemos demostrado que somos la fuerza políticamente determinante en este país”, ¿qué valor tiene? ¿Puede acaso esa “fuerza política determinante” evitar o provocar acontecimientos significativos para la vida nacional? Hace medio siglo, el poder en nuestro país estaba en manos del Partido Nacional, Horacista o rabudo (que con todos esos nombres se conocía el partido fundado y dirigido desde los primeros años del siglo por Horacio Vásquez), que era el más grande que había conocido la historia dominicana, ¿y de qué le sirvió esa fuerza? De nada, porque de la noche a la mañana se presentó la crisis económica de octubre de 1929, que sacudió a todo el mundo capitalista, y para febrero de 1930, o sea, cuatro meses después de haber comenzado en los Estados Unidos esa crisis, caía el gobierno de Horacio Vásquez para dar paso a la dictadura trujillista, y el Partido Nacional o rabudo u Horacista no tuvo poder para evitarle al país una dictadura de treintiún años. A la muerte de Trujillo, los jóvenes que tenían entonces la edad del Doctor. Peña Gómez y los que tenían menos años que él, ignoraban, y lo siguen ignorando hoy, la existencia del Horacismo, que para 1928 era, si lo decimos con las palabras del secretario general del PRD, “la fuerza políticamente determinante en este país”.

Política y Atraso

La caravana electoral es una manifestación de ; atraso político comparable a los desfiles de carnaval y de concursos de belleza, que provienen de los desfiles de fieras, elefantes, caballos, maromeros y payasos de circos inventados el siglo pasado en los Estados Unidos por el dueño del Circo Barnum; y deja en el alma del pueblo lo mismo que dejaban esos desfiles de circos y lo mismo que dejan los de carnaval y los de concursos de belleza; y por eso es poco serio organizaros, y menos serio aún presentar uno de ellos Como si fuera un hecho histórico y no lo que es: una manera de conseguir que las masas se mantengan en estado de ignorancia política.

Un joven que tiene título de filósofo dijo en el programa de radio El Debate de la Semana que nosotros habíamos usado las caravanas como medio de propaganda electoral, y dijo también que si habíamos condenado la caravana del PRD era porque ésta había destruido en cinco horas lo que habíamos hecho en seis meses de recorrido por las calles de la Capital; o sea, que nosotros actuamos no por respeto a ciertos principios sino por motivos personales. Ese es un método de argumentar que se llama ad hominen, muy despreciado por los filósofos serios, con el cual se defienden los charlatanes alegando: “Usted no tiene razón porque usted bebe ron (o es comunista o es ladrón)”. Pero además de usar el argumento ad hominen, ese joven filósofo perredeísta dijo mentiras.

Al retornar a Santo Domingo, a principios de abril de 1962 de un viaje a Venezuela, Perú y Costa Rica, Ángel Miolán, que era entonces secretario general del PRD, nos llevó en automóvil directamente del aeropuerto a algunos barrios de la Capital para que la gente a el pueblo se convenciera de que los cívicos la engañaba cuando le decían que nosotros nos habíamos ido del país: para no volver, y en ese momento estábamos a más de ocho meses de las elecciones, que iban a .celebrarse el 20 de diciembre de 1962. Es más, cuando se dio ese paseó nocturno por los barrios capitaleños no se había fijado aún fecha para las elecciones. La campaña de 1962 la hicimos nosotros recorriendo el país en un auto pequeño con; la sola compañía de Octavio Cabrera, que se quedó en el PRD y puede darle al joven filósofo; muchos informes acerca de aquellos tiempos.; Quienes hicieron caravanas en esa ocasión fueron; los cívicos, y las caravanas no los llevaron precisamente a la victoria. Muchos años después, al principios de 1974, el Bloque de la Dignidad Nacional, que no estaba haciendo campaña electoral ni nada que se le pareciera, organizó una caravana, también en los barrios altos de la Capital, y no tomamos parte en ella porque repudiamos ese tipo de propaganda, bueno para los que no saben distinguir cuál es la diferencia que hay entre desarrollo y atraso político.