Bosch: Perfil Político de Pedro Santana

  • 16 agosto 1978

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 16 de agosto de 1978
Página 4.-

Es difícil, por no decir imposible, conocer en toda su significación los hechos del pasado si nos empeñamos en ver los personajes de la historia aislados de la sociedad en que vivieron o actuaron, o sea si pretendemos analizar su vida y sus actos partiendo de la creencia de que ellos hicieron la historia, y por tanto organizaron la sociedad, cuando lo verdadero es lo contrario: que la sociedad es la que hace personajes históricos a través de las ludias que llevan a cabo en su seno las clases y las capas de clases que la componen. Lo primero que debemos conocer aunque sea a grandes rasgos es el tipo de sociedad en que se produjeron los hechos llevados a cabo por esas clases y capas. Por ejemplo los dominicanos no podríamos comprender la figura de Pedro Santana si no tenemos clara la idea de que él, igual que Juan Sánchez Ramírez cuyo retrato tenía en su oficina o despacho de presidente de la República era el líder de los hateros de su tiempo así como Sánchez Ramírez lo había sido treinta años antes aunque a Santana le tocó actuar en los tiempos en que la sociedad hatera iba desapareciendo y a tal punto fue así que cuando murió en su tumba quedaron enterrados él físicamente y la sociedad hatera en el orden político.

Santana no nació hatero pero pasó a serlo después de 1826 año en que casó con la viuda de un hatero y en cuanto al papel de líder de ese sector social dominicano que jugó en la lucha de clases que llevaron a cabo los hateros de un lado y del otro diferentes capas de la pequeña burguesía eso fue el producto de las condiciones personales que desarrolló como militar y como político a lo largo de los veintiún años transcurridos entre la revolución de La Reforma y el día de su muerte o sea desde julio de 1843 hasta el 14 de junio de 1864.

La palabra hatero significa dueño de reses y de las tierras donde se dan la yerba que come el ganado y los víveres que usan los seres humanos. En los tiempos de Santana la palabra hatero equivalía a hombre rico pero se trataba de un tipo de riqueza diferente a como la entendemos hoy. El hatero de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX era en nuestro país socialmente poderoso porque disponía de animales de carne y de transporte. Los últimos eran de mucha utilidad para llevar da un sitio a otro gente y carga y los primeros aseguraban la base de la alimentación de la familia y de los que dependían del hatero. Generalmente la condición de dependencia se establecía debido a que el propietario le daba al dependiente un pedazo de tierra para que produjera víveres a medias o al tercio y criara algún puerco y unas cuantas gallinas, pero además trabajaba para el hatero cuantas veces éste se lo pedía.

El Testamento de Santana

El país no producía en 1826 ni en 1850 ni en el 1900 ni mucho después ni una vara de tela ni un cuchillo. Esos artículos se traían de Saint Thomas o de Curazao y para tener con qué comprarlos había que vender productos que se usaran en Europa o en los Estados Unidos, por ejemplo maderas, cueros y sebo de res; algunos hateros disponían de maderas y otros de cueros y de sebo que vendían a los muy contados comerciantes exportadores de esos tiempos para que éstos los enviaran al extranjero; además había algún que otro hatero que vendía carne de res o de cerdo en los pueblos cercanos a sus hatos pero esa actividad comercial no era verdaderamente importante en cambio tener herramientas y tela con que vestir a la familia era algo que contribuía a aumentar el prestigio del hatero que ya disponía de tierras en que se daban el plátano la yuca, la batata y la palma con que se hacían las viviendas. La posesión de todo eso en un medio tan pobre como el nuestro donde hasta el año 1822 hubo esclavitud patriarcal se traducía para su dueño en autoridad social. Esa autoridad social se hacía sentir más porque la gran mayoría de la población vivía en los campos y era en los campos precisamente donde estaban los hatos y por tanto donde se hallaban los centros de actividad de los hateros.

En un libro de Emilio Rodríguez Demorizi (Papeles de Santana, Stab. Tipográfico G. Menaglia, Roma, 1952) leemos (páginas 43-45) que el padre de Santana, llamado también Pedro, salió de Hincha hoy territorio haitiano al comenzar el siglo pasado y con él se llevó su familia; que ese Pedro Santana se estableció en Gurabo de Santiago y más tarde en Sabana Perdida a orillas del río Ozama y que estando en Sabana Perdida padeció una grave y dilatada enfermedad que obligó a sus dos hijos (los mellizos Ramón y Pedro), “siendo aun de tierna edad”, a trabajar para mantener a su padre por sí mismos en el corte de leña la cual conducían por el Ozama en canoas a vender a la capital. El autor de esas palabras, Dr. José Ma. Morillas, que fue amigo personal de Santana cuenta que su padre no pudo darle ninguna instrucción y que después de muerto el padre Santana y su hermano Ramón se trasladaron a El Seibo y allí permanecieron ambos dedicados personalmente al cultivo del campo en un pequeño sitio de agricultura, hasta que el referido Don Pedro contrajo matrimonio en 1826 con Dña. Micaela Rivera viuda del rico propietario Don Miguel Febles y con este motivo pasó a establecerse a la pujante hacienda de crianza de la propiedad de su consorte, conocida por el Prado.

Eso de “rico propietario” y “pujante hacienda de crianza” puede confundir a los que no están en capacidad de situarse con la imaginación en la realidad económica y social de nuestro país allá por el 1820 y tanto cuando no éramos todavía una sociedad capitalista porque los dueños de tierras y animales los hateros, que eran esos “ricos propietarios” a que se refería Morillas, no producían para un mercado consumidor (o sea, no producían mercancía) sino lo necesario para sostener a la familia y a los que sin ser miembros de la familia dependían económicamente de ellos.

Veamos de qué cosas era dueño Pedro Santana cuando hizo su primer testamento veintiséis años después de haberse casado con la señora Micaela Rivera, “viuda del rico propietario don Miguel Febles”, que era la dueña de la pujante hacienda de crianza conocida con el hombre de El Prado. Al hacer ese testamento en el año 1852 Santana decía que su mujer había aportado al matrimonio los bienes siguientes: Un hato nombrado el Prado fundado en mil pesos de propiedad en los terrenos de Anamá, en esta Común (de El Seibo) el que se componía de un Bohío entinglado de tablas de Palma y cubierto de yaguas de dimensión de trece varas de largo y seis de ancho un corral un conuco de seis tareas en mal estado doscientas sesenta reses de crianza catorce bestias también de crianza tres ovejas, un burro viejo algunas prendecitas y algunos derechos de terrenos que constan en sus escritos.

Esos derechos de terrenos de que hablaba el primer testamento de Santana y los mil pesos de propiedad en los terrenos de Anamá en que estaba el hato El Prado están descritos en el lenguaje que se usaba para referirse a tierras comuneras, que eran una forma de propiedad comunal pre-capitalista ampliamente generalizada en el país no sólo en los siglos XVII, XVIII y XIX sino también en este siglo XX y pasada su primera mitad.

Pisos de Tierra

La parte del primer testamento de Santana que hemos copiado se halla en VANGUARDIA del Pueblo (No. 119, página 6), y ahí figura también esta otra parte:

“Declaro: que en dicho Hato del Prado a más del Buhío de vivienda antigua que existe he hecho otra casa nueva de quince varas de largo y seis y media de ancho entinglada de tablas de palmas y cubierta de yaguas con un aposento grande su sala y dos cuartos con su soberado elevado cinco puertas y seis ventanas todas de caoba” y como VANGUARDIA aclara que como ni al describir ese bohío mandado hacer por Santana ni al referirse al que había en El Prado cuando él casó con la viuda de Miguel Febles se menciona el material de los pisos debemos suponer que los dos tenían pisos de tierra, y ahora aclaramos nosotros que seguramente era en el último descrito en el testamento el que mandó hacer él, donde vivía Pedro Santana cuando fue hecho preso en los primeros días del año 1857 por el general José María Cabral, que llegó a El Prado con un cuerpo de caballería para hacer cumplir una orden del gobierno de Buenaventura Báez en virtud de la cual Santana debía ser conducido a la Capital donde le esperaba la acusación de tener en su casa municiones y armas con fines desconocidos.

Sin darnos el año en que eso sucedió, Morillas cuenta que Pedro Santana fue incorporado a la Guardia Nacional haitiana, en la cual sirvió en el arma de caballería y ascendió a capitán que obtuvo el cargo de vocal del consejo de notables o regidor del ayuntamiento del Seibo que tomó parte en la revolución de La Reforma contra Boyer habiendo ya ascendido en esta época al empleo de coronel de la guardia nacional del Seibo; todo lo cual nos dice que Santana fue subiendo en la escala social después de haber pasado a administrar los bienes de Miguel Febles o sea, después de haberse casado con la viuda del dueño de El Prado o dicho de otra manera que Santana quedó incorporado al nivel social de los hateros el más alto del país cuando adquirió la categoría de hatero por una herencia que le llegó a través del matrimonio no por la vía del nacimiento. De no haber adquirido esa categoría en la sociedad no se le habría reconocido como uno de los notables de El Seibo como se le reconoció cuando pasó a ser regidor del ayuntamiento de esa ciudad. Eso no hubiera podido pasar en Inglaterra o en Francia, donde se habían instalado sociedades burguesas muy hechas, y donde por la misma razón no habría podido ascender a la altura de la clase superior el que no viviera en un palacio o en una mansión que compitiera con los palacios de los burgueses. Como hemos visto en documentos notariales Santana vivía después de casarse en un bohío de tablas de palma techado de yaguas y en 1852, cuando tenía el título oficial de Libertador y había sido presidente de la República tres veces vivía en otro bohío hecho por él que tenía setos de tablas de palma y el techo de yaguas. Aunque no hay documentos que lo digan podemos afirmar que los pisos de los dos bohíos eran de tierra.