Bosch: Política y Poder (2)

  • 28 septiembre 1977

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 28 de septiembre de 1977
Página 4.-

¿Pueden los partidos socialistas de Europa darle el gobierno de la República Dominicana al PRD a través de una acción que garantice que aquí habrá elecciones limpias?

No pueden, y si pudieran no sería gracias a la presencia de delegados de esos partidos en las ciudades y los campos dominicanos el día 16 de mayo de 1978, porque para estar presentes en todos los colegios electorales del país tendrían que ser varios miles de delegados, y su solo viaje a nuestra tierra costaría millones de dólares ya que en el costo habría que incluir no sólo el pasaje de venida y de retorno sino también hoteles y transporte aquí y gastos de oficina, secretariado y traductores; y si vinieran pocos, digamos cien o doscientos (que de todos modos gastarían de cien mil a doscientos mil dólares, cantidades respetables que no son fáciles de reunir ni siquiera para partidos de países ricos como Suecia y Alemania), no se notarían en unas elecciones donde se supone que se echarán más de un millón seiscientos mil votos; y si no se notara su presencia en el país tendría efectos negativos para el PRD porque se le achacaría que engañó a sus partidarios al asegurarles una protección que no tuvieron. Cien o doscientos observadores extranjeros no podrían supervisar las elecciones ni siquiera en todos los colegios de la Capital, y si pudieran hacerlo no podrían impedir los fraudes que se llevarían a cabo en unos cuantos de esos colegios.

La OEA envió delegados a presenciar las elecciones que se celebraron aquí en el año 1966. Esos delegados vinieron con dinero norteamericano, lo que se explica porque Lyndon B. Johnson tenía interés en que el mundo creyera que esas elecciones fueron legítimas, limpias, inmaculadas. Los delegados de la OEA vinieron y no vieron nada, pero hicieron el papel que les había fijado el Departamento de Estado y en consecuencia la Asociated Press (AP) y la United Press International (UPI) despacharon cables a periódicos y estaciones de radio de todo el mundo diciendo que las elecciones dominicanas habían sido un triunfo de la democracia representativa estilo Johnson y Norteamérica, y para eso, y sólo para eso, sirvieron los señores delegados de la OEA, a quienes Dios guarde por muchos años como magníficos ejemplares de hombres inocentes, los menos, y los más de sinvergüenzas de categoría internacional que vinieron al país sabiendo a qué venían.

Es el gobierno, no el PRD

El grupo de enviados de la OEA a que estamos refiriéndonos viajó a la República Dominicana con la oposición del Lic. Ángel María Liz, que presidía en esos años la Junta Central Electoral, pero con la aprobación del gobierno del Dr. Héctor García Godoy, que había llegado al poder a través de negociaciones en las que intervino la OEA. El Lie. Liz decía que la presencia de delegados de la OEA encargados de supervisar las elecciones nacionales era una intervención en asuntos de política nacional que debían interesar sólo a los dominicanos. En una coyuntura como ésa el gobierno tenía que oír la opinión de la Junta Central Electoral y sin embargo no la oyó y autorizó la entrada en el país de los delegados de la OEA que venían a supervisar las elecciones.

Ahora bien, ¿a supervisarlas cómo? ¿Podía uno de esos enviados de la OEA entrar en la caseta donde se hallaba un elector escogiendo el voto que iba a meter en la urna? ¿Podía interrogar a un funcionario electoral o decidir que esto y aquello se hiciera en tal y cual forma?

No podía, de manera que la presencia de los delegados de la OEA en las elecciones de 1966 jugó el mismo papel que la carabina de Ambrosio, que como sabe todo el mundo servía para muchas cosas pero no para lo que se necesita que sirvan las carabinas, que es para disparar tiros; y en el mejor de los casos algo parecido le sucedería a una delegación de partidos socialistas europeos que viniera a las elecciones de 1978, y podría sucederle peor porque detrás de ellos no estaría la autoridad de un Lyndon B. Johnson, presidente de los Estados Unidos, que en ese momento era el real y verdadero jefe de la OEA; y decimos que en el mejor de los casos porque en el año 1966 no podía decírsele a la OEA que no enviara delegados a supervisar las elecciones porque el presidente de la Junta Central Electoral se oponía a tal supervisión, pero en el año 1978, si el actual presidente de la Junta Central Electoral usara ante los partidos socialistas de Europa, o ante sus delegados, el mismo argumento que presentó el Lic. Ángel María Liz, el gobierno del Dr. Balaguer no estaría en el caso en que estuvo el del Dr. Héctor García Godoy porque los partidos socialistas europeos no son la OEA ni juegan el papel que juega la OEA en las relaciones de los Estados Unidos con la República Dominicana. La OEA es una dependencia encubierta del Departamento de Estado norteamericano y por eso mismo tiene mucha autoridad ante el gobierno del Dr. Balaguer, situación que es distinta cuando hablamos de los partidos socialistas de Europa. Esos partidos tendrán fuertes vinculaciones con el PRD, pero no con el gobierno balaguerista, y es éste quien ejerce el poder en la República Dominicana, no el PRD.

La política no es el Poder

La política es una actividad que conduce al ejercicio del poder, pero no es el poder. El poder consiste en la posesión de una fuerza de carácter general que se aplica en cada caso particular de la vida pública, y naturalmente, en la totalidad de los casos particulares que tienen relación con la vida pública. El gobierno dominicano, sea el del Dr. Balaguer o cualquier otro, tiene el ejercicio del poder, y ese poder puede ser ejercido en este país hasta los límites que tolere la realidad social dominicana. Por ejemplo, y lo dijimos no hace mucho, la realidad social francesa o sueca no admite ni siquiera la posibilidad de que un funcionario público o de una empresa del Estado se robe mil pesos de los fondos del gobierno o de la empresa porque no hay un francés o un sueco que puedan servirle de cómplice en el robo, y sin cómplices no pueden robarse dineros del Estado; pero en la República Dominicana hay cien mil, y más de cien mil personas que se prestan a ayudar, a cambio de una miseria, al que quiera sacar del CEA o de una dependencia del gobierno diez mil o quinientos mil o un millón de pesos; y lo mismo, exactamente lo mismo pasa en el caso de las elecciones. El gobierno de Francia no podría organizar un fraude electoral porque no hallaría un solo ciudadano francés dispuesto a trabajar en la organización y en la realización del fraude, pero en nuestro país sobra gente que se lanza de cabeza en ésa y en cualquiera otra actividad que mantenga en el poder al Dr. Balaguer y al equipo humano que gobierna con él; y el Dr. Balaguer y sus hombres no rechazan la ayuda de esa gente, tal vez porque les da pena no Complacerla.

Ahora bien, quienes tienen aquí el poder, y lo ejercen, son el Dr. Balaguer y ese equipo humano que le acompaña, no los partidos socialistas de Europa Los partidos socialistas europeos son organizaciones políticas que pueden llegar al poder en sus respectivos países y algunos de ellos pueden estar en el poder, pero no lo tienen en la República Dominicana. A esos partidos les sucede en el caso de la República Dominicana lo mismo que le sucede al PRD, que es una organización política y por tanto ejerce la actividad política en su propio país y en otros países, pero no tiene el poder aquí; y exactamente de la misma manera que el PRD no puede impedir que se le haga un fraude electoral en el 1978, y no puede impedirlo porque no tiene el poder que se necesita para eso, así tampoco pueden impedirlo los partidos socialistas europeos, pues aunque ejerzan el poder en sus países respectivos, aquí no lo ejercen porque no lo tienen.

La peor de las frivolidades que puede cometer un político es confundir el ejercicio de la política con el ejercicio del poder, que en fin de cuentas equivale a confundir la política con el poder. La política es un camino que puede y debe conducir al poder si no se cometen errores, y el poder es otra cosa. Los partidos socialistas europeos pueden ayudar al PRD en la actividad política, pero no más allá. El poder tiene que conquistarlo el PRD, no pueden dárselo esos partidos. Esos partidos pueden proporcionarle propaganda, dinero, prestigio, pero no el poder, y mucho menos venir a ponérselo en las manos aquí el 16 de mayo de 1978. Pensar lo contrario o hacer lo contrario es engañarse y engañar a los perredeístas, y si en política hay negocios malos, el peor de todos es engañar a los correligionarios, palabra que significa los que comparten con uno las mismas ideas-religiosas o políticas.

En todo lo que sea actividad política, el PRD puede esperar beneficios de su asociación con los partidos socialistas de Europa; pero creer, siquiera sea durante un minuto, que pueden llevarlo al poder en la República Dominicana es un sueño infantil, muy propio del Dr. José Francisco Peña Gómez, que vive en el mundo de fantasía en que se refugia la pequeña burguesía cuando la realidad se le pone dura, y muy propio también de los perredeístas que ignoran que entre la política y el poder hay diferencias fundamentales, porque no son la misma cosa. Se puede estar toda la vida en actividad política sin llegar nunca al poder, como le ha sucedido al partido peruano llamado Apra, y .se puede saltar al poder sin que haya sido necesario recorrer el camino de las elecciones o de las revoluciones, como lo demuestran ejemplos recientes, el de Gerald Ford en los Estados Unidos y el de Donald Reid y Héctor García Godoy aquí; el primero no tuvo que ser candidato de ningún partido, aunque era republicano, para llegar a la Presidencia de su país, y los otros dos no tuvieron ni siquiera necesidad de apoyarse en partidos políticos para alcanzar el poder.