Breve Historia de la Fundación del PLD

  • 15 diciembre 1983

POLÍTICA: —teoría y acción-
ÓRGANO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO DE LA LIBERACIÓN DOMINICANA
FUNDADA EL 23 DE ENERO DE 1980. AÑO 4, No. 45, DIC. 1983

Por: Juan Bosch

El Partido de la Liberación Dominicana empezó a ser concebido, aunque todavía sin nombre, cuando el autor de estas páginas era aún presidente del PRD, el único presidente que tuvo ese partido hasta el 18 de noviembre de 1973, día en que presenté renuncia, no ya a la presidencia de tal organización sino a la condición de perredeísta. A la presidencia había renunciado antes, pero esa renuncia no fue aceptada y tuve que seguir con la pesada carga que conllevaba, al menos para mí, la dirección de un partido que para la mayoría de sus miembros —y eran varios cientos de millares— significaba no un conglomerado político destinado a resolver los problemas del pueblo dominicano sino una organización humanitaria que debía proporcionarles a sus afiliados medicinas y médicos cuando ellos o sus familiares enfermaban, ataúdes y entierros cuando morían, dinero para pagar la renta de la casa si estaban desempleados; eso, en cuanto a lo que pensaban y creían las masas perredeístas, que en cuanto a sus dirigentes en varios niveles, la mayor parte de ellos perseguían fines individuales en dinero y en ascensos económicos y sociales obtenidos a través de cargos públicos o de tráfico de influencias cuando el partido conquistara el poder del Estado.

El proceso de concebir y formar un partido distinto al PRD fue largo y debía iniciarse en la práctica con una selección de los perredeístas que tuvieran sensibilidad social en el grado necesario para luchar, no con el propósito de alcanzar posiciones personales sino para sacar a las grandes masas del pueblo de la situación de miseria, ignorancia y atraso general en que vivían – y siguen viviendo-, y el punto clave de ese proceso estaba en la respuesta a la pregunta de cómo hacer esa selección; qué métodos seguir para llevarla a cabo de tal manera que se hiciera con base en juicios objetivos.

La respuesta apareció cuando a fines del año 1969, estando en París, fueron concebidos en conjunto los círculos de estudios y el material para esos círculos. En esos días yo había empezado a leer a Marx y Engels, pero no tenía idea de que Lenín había creado círculos de estudios marxistas, esto es, círculos en los cuales grupos de obreros rusos estudiaban las obras de Marx. Lo que yo planeaba no era eso; era formar dentro del PRD grupos que estudiaran la historia nacional expuesta desde el punto de vista del materialismo histórico y por tanto de la lucha de clases, para lo cual contaba con un antecedente, el libro Composición Social Dominicana que todavía no se había publicado pero estaba escrito desde el mes de noviembre del año anterior —1968—, El primer folleto destinado a los círculos fue redactado al comenzar el mes de agosto de 1970 y en él explicaba la división de clases en el país a partir de la conquista española; el segundo estaba dedicado a estudiar qué cosa eran las relaciones de producción para determinar a qué clase pertenecía una persona dada; el tema del tercero era la formación de la burguesía a nivel mundial. En total, esos folletos fueron diez, el último de los cuales fue escrito en agosto de 1972.

Líneas Políticas Distintas

Los círculos, que al quedar fundado el PLD iban a llamarse Círculos de Estudios —así, con mayúsculas—, comenzaron a ser organizados en el PRD a fines de 1970 pero en número muy pequeño, y al mismo tiempo empezó a funcionar uno de alto nivel, en el que tomaban parte un grupo de dirigentes del mismo partido seleccionados personalmente por mí entre aquellos a quienes les atribuía condiciones de inteligencia, cultura, honestidad en la lucha política y patriotismo suficientes para encabezar el nuevo partido cuando llegara el momento de abandonar el PRD, y debo decir que no todos ellos pasaron al PLD y que entre los que pasaron al PLD fueron pocos los que se mantuvieron en él. Mientras tanto, en las bases perredeístas la selección de los que debían acompañarnos en el nuevo partido iba produciéndose de manera natural, sin saltos, al compás del desarrollo de los círculos. Los mejores hombres y mujeres de los que formaban esos círculos de las bases del PRD sobresalían entre sus compañeros del partido debido a las transformaciones que iban operándose en ellos, cuyos efectos se podían apreciar de manera objetiva.

Unos y otros, ellos y nosotros, estábamos avanzando en ese proceso, cuyo destino final no conocía ninguno de los que participaban en él, cuando al comenzar el mes de febrero de 1973 llegó al país, a la cabeza de un pequeño número de guerrilleros, el coronel Francisco Alberto Caamaño, que había sido el jefe militar de la Revolución de 1965, y el día 5 de ese mes comenzó una persecución policial que llevó a la clandestinidad, por un lado, al autor de esta breve historia de la fundación del PLD, y por el otro, al secretario general del PRD, pero debo advertir que no fuimos a la clandestinidad juntos aunque sí al mismo tiempo, y que si mantuvimos relaciones mediante correspondencia entre los primeros días de febrero y el mes de mayo, fueron relaciones muy tirantes porque la presencia en el país de la guerrilla del coronel Caamaño fue un detonante que iba a sacar a la superficie las distintas líneas políticas que seguíamos el secretario general del PRD y yo, que era su presidente.

Desde mí vuelta al país tras haber pasado más de tres años en Europa me enfrenté al desorden y a la confusión ideológica que hacían estragos en el PRD. Al mismo tiempo, su secretario general actuaba como un maoísta convencido y agente dentro del partido de la tesis de golpe de Estado revolucionario que mantenía el MPD y como partidario del socialismo democrático, que para él estaba personificado en esos días en el Partido Socialdemócrata de Suecia, pero también era un ferviente propagandista de lo que él llamaba “los liberales de Washington” , esto es, del grupo del Partido Demócrata encabezado por Edward Kennedy, William Fulbright, Hubert H. Humphrey, de los cuales decía el secretario general perredeísta que “… en un país tan dominado por los Estados Unidos como la República Dominicana. Frank Church o William Fulbright resultaban aliados mucho más efectivos que Fidel Castro o Mao Tse Tung”, y a seguidas daba como argumento válido para mantener esa posición que lo decía “porque un pronunciamiento de estas grandes figuras de la revolución mundial en nuestro favor es usado como pretexto por los reaccionarios dominicanos para justificar la represión de los revolucionarios”; y naturalmente, si se lleva ese argumento hasta sus últimas consecuencias hay que convenir en que para la humanidad habría sido muy provechoso que nunca hubieran nacido ni Carlos Marx ni Federico Engels ni Nicolás Lenín ni Mao Tse Tung ni Ho Chi Minh ni Fidel Castro, porque las revoluciones qué ellos propagaron o dirigieron costaron millones de vidas de revolucionarios y de no revolucionarios de varios países.

Las Ideas Propias

Ese criterio del secretario general del PRD apareció en un artículo titulado Mis Relaciones con Caamaño publicado en el penúltimo número de la revista Política: Teoría y Acción, que había empezado a salir en el mes de mayo de 1972 y se mantuvo saliendo hasta el número correspondiente a abril de 1973, si bien ése pudo circular en junio, pues dada la escasez de miembros del PRD capacitados para dirigir una publicación de su tipo, era imposible hacerla desde la clandestinidad en que me hallaba; y he dedicado este párrafo a la revista Política: Teoría y Acción, que tenía el carácter de órgano de difusión teórica del PRD, por dos razones; la primera de ellas, para llamar la atención hacia el hecho de que en sus 12 números, cada uno presentado en volúmenes de 100 páginas, sólo apareció un artículo del secretario general, y eso, debido a que se lo pedí y le señalé el tema sabiendo, como sabía, que él iba a aprovechar la ocasión para hablar de sí mismo, cosa que nunca dejó de hacer cuando se le presentaba la oportunidad de hablar o escribir para consumo público.

Quien lea hoy la colección de los 12 ejemplares de Política: Teoría y Acción que se publicaron en ésa su primera etapa, si lo hace ejerciendo alguna capacidad de análisis, se dará cuenta, sin mucho esfuerzo, de que lo que se decía en esa revista no expresaba ni de lejos las aspiraciones o las ideas del perredeísmo, y eso tiene su explicación: era que la revista se hacía con el fin de alimentar teóricamente a los perredeístas que tuvieran las condiciones indispensables para pasar al nuevo partido cuando llegara la hora de la división

El PRD no era una organización política como la necesitaba el país; era un agrupamiento de hombres y mujeres la mayoría de los cuales perseguían fines suyos y nada más. En el artículo del secretario general de ese partido a que me he referido antes, que apareció en Política: Teoría y Acción —el número 11, correspondiente al mes de marzo de 1973— hallamos palabras que son una confesión en gran medida ingenua, puesto que fue dicha de manera espontánea; son éstas: “Dentro del PRD tenía mis ideas propias sobre la revolución y he tenido una concepción propia sobre la política de aliados en el campo internacional”.

Esas palabras reflejaban la actitud del perredeísmo. En el PRD quien tenía “ideas propias” sobre los problemas nacionales o internacionales, y esas “ideas propias” expresaban a su vez aspiraciones muy personales: de sus autores, unos aspiraban a hacerse ricos al favor del poder político cuando el PRD llegara a gobernar; otros buscaban desesperadamente notoriedad que les significara ascensos sociales, y ser amigo conocido de Edward Kennedy y sus compartes proporcionaba una fuerte carga de notoriedad en un pequeño país del Tercer Mundo como es la República Dominicana.

Con un partido cuyo secretario general pensaba de tal manera no se podía ir a ninguna parte porque ese secretario general representaba cabalmente a la gran mayoría de los perredeístas; él era un bajo pequeño burgués de origen muy pobre que estaba impulsado por una vehemente necesidad de trepar hacia las alturas en que se hallaban las personas importantes del país, y la gran masa de seguidores del partido eran miembros de su misma capa social y tenían las mismas aspiraciones que él. Una año después, el 16 de mayo de 1974, iban a celebrarse elecciones y sin ninguna duda yo sería escogido por el PRD candidato a la Presidencia de la República, ¿pero qué podía hacer yo, si resultaba elegido presidente, con una base política tan pobre, compuesta de hombres y mujeres que carecían en absoluto de capacidad para ejecutar planes de gobierno pero tenían en abundancia los deseos y las dotes necesarias para usar el poder político en actividades de provecho personal?

No Había Clase Obrera

Cuando terminó la clandestinidad ya el secretario general del PRD había pasado a ser, como dijo él mismo, “un astro con luz propia”, aunque lo cierto es que esa luz le llegaba del Sol norteamericano, desde donde recibía todo el apoyo necesario para imponer en el partido la línea política que había expuesto en la revista Política: Teoría y Acción en la frase dedicada a los “liberales de Washington”. Antes de salir a la luz pública, es decir, mientras se hallaba en la clandestinidad, el secretario general perredeísta mantenía correspondencia con sus amigos de Estados Unidos, pero además había recibido en el lugar donde se hallaba oculto a uno de esos amigos a quien se abrazó desesperadamente cuando ese amigo lo visitó a solicitud suya.

Una vez en la vida pública, la actitud del secretario general del PRD fue de ruptura conmigo, expuesta abiertamente y a veces con insolencia, hasta que el día 18 de noviembre —1973— decidí que había llegado el momento de abandonar el PRD para dedicarme a fundar un partido nuevo, que fuera nuevo en todo aunque las personas que debían formarlo en sus primeros tiempos procedieran del PRD. Ahora bien, crear un partido que fuera nuevo en todo basando su militancia en las diferentes capas de la pequeña burguesía, ¿no sería reproducir el PRD?

Eso creyeron algunos de los fundadores del PLD, pero con una modificación: el PLD debía ser un PRD de gente nueva, y detrás del líder que abandonaba al PRD se irían las masas perredeístas. La demostración de que las masas perredeístas no seguían al PLD fue lo que en realidad impulsó a los seguidores del primer secretario general del PLD a abandonar las filas del Partido; y lo que los convenció de eso fueron las elecciones de 1978. Un grupo pequeño de miembros del Partido que desertaron de él casi al mismo tiempo que los seguidores del secretario general lo hicieron porque creyeron que la defección del Dr. Antonio Abreu y sus secuaces era producto de una lucha de personalismos, pero lo cierto fue que el Dr. Abreu y sus parciales habían pasado del PRD al PLD convencidos de que el PLD era un PRD visto desde el ángulo de la cantidad de masas que seguirían al líder renunciante del PRD, y cuando se dieron cuenta de que no había sucedido lo que ellos pensaban abandonaron el PLD.

Si el desprendimiento del PRD pasaba a ser una reproducción del PRD nuestra salida del PRD no tendría ninguna justificación. Lo que teníamos que hacer los que habíamos abandonado el PRD era construir un partido nuevo, pero como dije ya, nuevo en todos los aspectos. Ahora bien, ¿cómo hacerlo en un país donde el escaso desarrollo económico se reflejaba en un escaso desarrollo social que a su vez se manifestaba en una proliferación asombrosa de pequeños burgueses de todas las capas?.

Había una sola manera de crear el partido nuevo que la historia dominicana demandaba, y era formando un tipo de organización que impidiera, por la sola virtud de su existencia, que los vicios propios de la pequeña burguesía florecieran dentro del partido con el vigor con que florecían en la sociedad. Forzosamente, el partido tenía que hacerse con un material humano muy frágil, y ése era la pequeña burguesía porque en el país no había una clase obrera capaz de organizarse en un proletario.

Apareció la Fórmula

En las capas de la pequeña burguesía, y no sólo en la República Dominicana sino en cualquier país capitalista, sobre todo si es del Tercer Mundo hay un tanto por ciento apreciable de hombres y mujeres de inclinaciones revolucionarias y por tanto partidarios del progreso social y político, pero la práctica diaria de sus vidas forma en la mayor parte de ellos hábitos que les impiden desarrollar esas inclinaciones y con frecuencia tales hábitos se convierten en una segunda naturaleza destructora de las tendencias progresistas. El peor de esos hábitos es el de la competencia porque hace de cada pequeño burgués un ser solitario en lucha contra todas aquellas personas en quienes ve competidores.

Un buen ejemplo del pequeño burgués competitivo es el artesano, y lo es cuanto más domina su oficio. El artesano tiene, por imposición de sus condiciones materiales de existencia, el hábito de trabajar él, y nadie más que él, una obra cualquiera en todas sus etapas, y ello produce efectos mentales y sicológicos de aislamiento tan fuertes que el que los sufre acaba siendo, primero, un solitario desde el punto de vista productivo, y después un competidor en todo lo que haga, y en ese camino llega a tales extremos que si no avanza hacia el nivel de los burgueses —la gran aspiración de todos los pequeños burgueses no revolucionarios—, en su empeño de sobrepasar a cuantos hagan el mismo tipo de artículos que él hace alcanzará extremos de maestría en su oficio.

En oposición al caso del artesano, el obrero puro, es decir, el obrero fabril o industrial, es producto de condiciones materiales de existencia que van formándolo minuto a minuto y día a día como miembro de una asociación humana en la que nadie ejecuta por sí solo todas las etapas que hay que llenar para terminar una pieza de las máquinas que se fabrican en la planta en que él labora o la totalidad de las partes que forman un zapato si el establecimiento en que él sirve hace zapatos. No importa cuál sea la mercancía que produzca una instalación industrial, lo que se hace en ella se fabrica por partes, de manera que el obrero Luis Jiménez hace una parte del zapato, José García hace otra parte y Ramón Núñez hace otra, y todas esas partes son ensambladas en la etapa final de la producción por varios compañeros que trabajan en otro departamento. Esa es la razón de que el obrero no desarrolle una propensión a la competencia, porque la forma de producción en la cual toma parte se refleja en su conducta a tal punto que el obrero no concibe la vida como un ejercicio permanente de competencia contra los demás seres humanos, y es que el hombre —ya lo dijo Marx— es hecho por su trabajo en la misma medida en que él hace ese trabajo.

He usado muchas palabras para explicar la fragilidad del material humano pequeño burgués cuando se trata de organizarlo en un partido como el PLD para que el lector comprenda qué difícil era hallar en el PRD candidatos a miembros del nuevo partido pues lo que se requería era dar con pequeños burgueses capaces de luchar contra los vicios propios de su capa social, y para crear la atmósfera apropiada a la lucha contra esos vicios había que inventar un tipo de organización especialmente montada tomando en cuenta la naturaleza social de los que iban a formarla; pero buscando y rebuscando en el fondo de la mente apareció la fórmula, y fue ésta:

En oposición el PRD, que era un partido de personas dedicadas a competir entre sí, el partido nuevo debía organizarse a base de organismos, no de individuos, y para modelar a los candidatos a ser miembros de esos organismos había que crear los círculos de estudios en los cuales esos candidatos estudiaran y trabajaran en tareas políticas. Por esa razón los círculos de estudios empezaron a ser formados en 1970 y el nuevo partido se formaría tres años después.

La Conferencia Salvador Allende

Ya lo dije antes: la salida del PRD de los que iban a fundar el PLD tuvo lugar el 18 de noviembre de 1973 la fundación del Partido se llevó a cabo el 15 de diciembre de ese año, día en que se reunió el congreso fundador bautizado con el nombre de Juan Pablo Duarte, y para esa fecha ya el pueblo se dedicaba, como sucede todos los años a celebrar las festividades de Noche Buena y Año Nuevo, de manera que lo que hicimos en el resto del mes de diciembre y en la primera mitad de enero de 1974 fue muy poco cosa, ya partir de mediados de enero hasta fines de abril el trabajo que llevamos a cabo los peledeistas se limitó a tareas organizativas y a preparar la Conferencia Salvador Allende, que celebramos en la primera quincena de mayo. En esa conferencia discutieron dos temas: la creación de métodos de trabajo del PLD y la de sus estructuras orgánicas, dos aspectos de la vida del Partido que estaban llamados a jugar un papel muy importante en su porvenir inmediato.

Hay quienes creen que la unidad de los miembros de un partido viene dada por su ideología. Sin duda ése es un factor muy importante en el mantenimiento de la unidad pero no es decisivo. Por ejemplo, del marxismo salió la socialdemocracia y de ésta la socialdemocracia reformista de Berenstein, la socialdemocracia bolchevique, que acabaría llamándose marxismo-leninismo, y la menchevique, el trotskismo, el maoísmo, el titoísmo, el albanismo, y por último el eurocomunismo, que rechaza la dictadura del proletariado, principio clave del marxismo según lo entendía Lenín.

Es muy difícil mantener unidas a personas que ejecutando una misma tarea la hagan de manera diferente aunque su ideología política o religiosa o de cualquier otro tipo sea común para todas ellas; y como yo sabía eso, porque lo había observado en mis estudios de la historia humana, y como además tenía la experiencia de lo que pasaba en el PRD, donde la falta de métodos de trabajo había sido sustituida con un desorden permanente y colosal, propuse en la Conferencia Salvador Allende que se crearan métodos de trabajo para el PLD que estuvieran basados en un principio que debía practicarse en todos los casos: el de partir de lo particular hacia lo general para volver de lo general a lo particular, lo que significaba que los métodos adoptados serían seguidos por todos los niveles del Partido pero también por todos los organismos peledeístas a lo largo del o de los territorios donde se hallaran.

Contando con la ideología nada más es muy difícil mantener unidos a los hombres y las mujeres que se organizan para un fin dado; es necesario sumarle a la sustancia unificadora de tipo ideológico la aplicación de métodos propios en la realización de las tareas que son comunes a todos los miembros de la organización. A lo largo de la historia, por lo menos de la historia que conocemos como propia, que es la de los pueblos europeos y la de los de América a partir de la Conquista, hallamos que los ejércitos, las religiones, o mejor sería decir los sacerdocios religiosos, las profesiones y los oficios; la mayoría de las actividades sociales, en fin, siguen métodosque crean vínculos muy fuertes entre aquellos que los practican, esto es, entre aquellos que son compañeros de ideas y de trabajo.

En cuanto a las estructuras orgánicas, la Conferencia Salvador Allende terminó con estas palabras, que me tocó decir:

“…las otras ideas generales que se han expuesto (aquí) pueden proporcionar algún tipo de reforma de las estructuras orgánicas, pero partiendo del principio de que las estructuras orgánicas que nos demos ahora deben ser consideradas como pasajeras porque solamente la práctica diaria nos dirá si esas estructuras serán buenas o serán malas…”.

A partir de ese momento —11 de mayo de 1974— comenzó la construcción del Partido de la Liberación Dominicana, una etapa diferente a la de su fundación, porque una cosa es sembrar la semilla de un árbol y otra es proporcionarle al nacer, cuando todavía está a pulgadas de altura de la tierra, los elementos nutritivos que necesita para convertirse en lo que deberá ser.

El PLD ha llegado a sus diez años de vida con el vigor de un árbol sano y de su décimo aniversario en adelante le toca una tarea gigantesca que deberá cumplir si aspira a tener un puesto en la historia del país y de América.