Compañero Juan Bosch analiza la pequeña Burguesía

  • 01 noviembre 1974

Artículos del Prof. Juan Bosch
Escrito en la Obras completa de J.B
Del 1 al 15 noviembre de 1974 (1)
Páginas 4 y 5.-

Compañero presidente, usted ha estado hablando mucho en estos días; dio una conferencia, aunque no le guste esta palabra, en el Club Cultural Los Nómadas de Los Mina el 12 de octubre; dos semanas después hizo la historia de algunos de sus libros en el Centro Cultural Dominicano y dos días después empezó en ese mismo lugar un cursillo sobre la crisis económica mundial, pero todavía no ha terminado de explicar para los lectores de VANGUARDIA del Pueblo lo que dijo en San Cristóbal acerca de nuestra baja pequeña burguesía y su relación con la educación. Por esa razón amos a hacerle más pregunta sobre ese tema. Por ejemplo, usted dijo en San Cristóbal y lo repitió al responder las preguntas que le hicimos para el numero 6 de VANGUARDIA, que el bajo pequeño burgués pobre y muy pobre de la Republica Dominicana no tiene ningún lugar en las relaciones de producción. ¿Se refería usted a las relaciones de producción aquí, en nuestro país, o en todas partes?

Aquí, en nuestro país, y si no recuerdo mal en esta entrevista, que salió hace ahora menos de dos semanas y por eso tengo fresco en la memoria lo que dije en ella, explique que en otros países, como Inglaterra y Francia, no hay ese tipo de bajo pequeño burgués pobre y muy pobre que tenemos aquí; que tal vez lo hay en países dependientes, y creo que mencione entre ellos a Honduras y a Bolivia. Es aquí donde la gente de esa capa social (que no aparece descrita en los tratados de Sociología europeos o norteamericanos porque ellos no la conocen debido a que no la hay en sus sociedades) no tiene lugar alguno en las relaciones de producción; es decir, la sociedad no les reconoce un lugar en las relaciones de producción. Si les reconociera un lugar en ellas, en la educación que dan las escuelas dominicanas habría materias dedicadas a darles a los niños y a los jóvenes de esas capas algunos conocimientos, alguna preparación, algún entrenamiento que los capacitara para hacer un trabajo provechoso para la sociedad. ¿Sabes adónde van a parar los jóvenes de esas capas, especialmente si son campesinos? A la guardia, a la policía y a los servicios de caliesaje; los que no quieren ser ni guardias ni policías ni calieses ponen un tarantín para vender lo que sea, o, como explique en el numero pasado de VANGUARDIA, consiguen una carretillita y se hacen y se hacen plataneros o paleteros; y ahora van a la Universidad Autónoma porque no tienen que pagar transporte para ir a las clases y porque allí pueden comer barato. Creo que para el año académico que empezó el día primero de este mes hay unos 30 mil estudiantes inscritos en la UASD, y de ellos posiblemente 25 mil son miembros de las capas pobre y muy pobre de la pequeña burguesía.

Así es, compañero presidente; pero también es verdad que de esas capas sociales salen muchos revolucionarios. Los partidos revolucionarios de nuestro país están formados casi en su totalidad por bajos pequeñas burgueses de las capas pobre y muy pobre.

Sí, pero hay más en los partidos que no son revolucionarios. Mira, nosotros no nos damos cuenta, porque tenemos ojos en la cara y no vemos, de la enorme cantidad de hombres y mujeres de todas las edades y todas las razas que en nuestro país son bajos pequeños burgueses pobres y muy pobres, y tampoco nos damos cuenta de los que eso significa social, económica y políticamente para el país. Vamos a hablar, por ejemplo, del caso de la mujer dominicana. En tu casa y en la mía y en las de todos los pequeños burgueses de las capas alta y media y en las de muchos de los de la capa baja hay una cocinera y cuida los niños y arregla la casa y lava la ropa. Pues bien, todas esas cocineras y niñeras o lavanderas y sirvientas proceden de los sectores pobre y muy pobre de la baja pequeña burguesía, y todas son trabajadoras pero no obreras, es decir, son trabajadoras no productivas porque ninguna de ellas le vende su fuerza de trabajo a un patrón.

¿Cómo? ¿Pero entonces la cocinera de mi casa, que hace la comida de seis personas, no está vendiéndonos a nosotros su fuerza de trabajo?

¿El trabajo que ella hace no beneficia a toda la familia?

Mira, vamos a aclarar las cosas. El trabajo que ella hace es beneficioso para ustedes pero no desde el punto de vista que sería el trabajo de esta señora que cocina en tu casa si en vez de cocinar trabajara en un taller de tu familia haciendo camisas. Cocinando para ti, tu papa, tu mama y tus hermanos, esta señora no les proporciona a ustedes plusvalía, no contribuye a enriquecerlos, y por esa razón su trabajo no es productivo. Para ser productivo, el trabajo de una persona tiene que producir todos los días el salario de ella, los gastos generales de la empresa o fabrica donde trabaja (es decir, lo que vale la fábrica, o que valen las materias primas, lo que vale la propaganda de lo que produce esa fábrica, lo que cuesta la administración de la empresa, siempre, desde luego, en proporción a lo que esa persona está produciendo, pues si la fábrica produce 10 mil pares de zapatos y esa persona de quien estamos hablando produce 10 pares, ella tendrá que producir también todos los días una ganancia al patrón, es decir, una plusvalía. Y la cocinera de tu casa no produce nada de eso porque tu casa no es una empresa industrial. Ella no produce diariamente su salario, es decir, no lo reproduce, no produce diariamente una plusvalía porque ustedes consumen lo que ella hace. El beneficio que ella les proporciona es de carácter muy personal y subjetivo. En la división de trabajo de la familia ella realiza un trabajo especializado, que es el de cocinar, y eso les deja tiempo a tu mama y a tus hermanas para hacer otras cosas o para pasear o para estudiar, y a cambio de ese trabajo que ella hace ustedes le dan habitación y comida y quizá otras atenciones, pero no les venden a otras personas el producto del trabajo de ella, no reciben plusvalía de ella. ¿Y cuantas mujeres que trabajan, como ella, en servirles a otras personas, no a un patrón que comercia con el trabajo ajeno, crees tú que hay en la Republica Dominicana?

No lo sé, pero debe ser muy grande.

Muy grande no; es grandísimo, porque la señora que cocina en tu casa recibe un salario de tu mama o de tu papa (pues supongo que el que lo paga es tu papa, aunque quien le entrega el dinero a fin de mes es tu mama), pero hay cientos y cientos de miles que trabajan tanto o más que la cocinera de tu casa y no reciben ningún salario. Esas son las que les cocinan a los maridos y a los hijos, es decir, a los maridos y a los hijos de ellas, o las que cuidan a los viejos de las familias y a los niños y a los enfermos. ¿Quién sabe cuántas son? En este país nadie lo sabe porque aquí no hay organización oficial, o del Estado, que se ocupe de recoger esos datos. Es más, te aseguro que ahora mismo, en este mismo momento, no hay un solo dominicano que sepa cuantas cocineras pagadas hay en el país; y tal vez ni siquiera hay quien pueda decir con certeza cuantas mujeres trabajan en fábricas. Y sin embargo esos datos son necesarios, muy necesarios si aspiramos a conocer nuestra sociedad tal como ella es, no como alguna gente se imagina que es. Por ejemplo, hay una enorme diferencia, hablando en términos de sociología, no ya en términos económicos, entre una cocinera y una obrera; es más, hay una enorme diferencia entre una mujer que trabaja de cocinera en una casa de familia y esa misma mujer si pasa a trabajar de obrera en un taller donde fabrican camisas de hombre.

¿Es la diferencia que explicó usted hace un rato: que la cocinera no le está vendiendo a nadie su fuerza de trabajo porque no le proporciona plusvalía al dueño de la casa donde cocina, y la obrera si le proporciona todos los días plusvalía al patrón?

No. Eso ya lo dije,, bien o mal, pero lo dije. Hablo de otra cosa. Lo que voy a decir es que la obrera de una fábrica de camisas o de cualquier otro producto es, sociológicamente hablando, un ser social, una persona que está produciendo para la sociedad. Ya hable de este asunto en las tres conferencias sobre la crisis económica mundial que mencionaste al comenzar la entrevista, y entonces explique que cuando esa mujer hace una camia, o la parte de la camisa que le toca hacer, no sabe quién se la va a poner; no se imagina que hombre es el que va a comprarla. Su trabajo, pues, no está destinado a una persona conocida, a una persona que es aso y asa; es un trabajo destinado a la sociedad, a alguien que es un ser humano, un ser social, uno que usa camisas. Como es natural, la naturaleza social del trabajo que hace esa trabajadora, esa camisera, la convierte intelectual y emocionalmente en un ser social. Aunque sea de un campo muy apartado y no tenga letras, como dice la gente del pueblo, el hecho de que trabaje para la sociedad y no para una persona que ella conoce, de una persona cuya cara y cuyo tamaño ella pueda reproducir en su imaginación; ese hecho la convierte en un ser social, y eso sucede como estoy diciéndotelo aunque la obrera no llegue a darse cuenta de ello. En cambio, la mujer que cocina en tu casa, o la que cocina para su marido y sus hijos, no son seres sociales en el sentido en que lo es la camisera; son, si acaso, seres familiares. Trabajan para una familia, la tuya o la suya, y desde el momento en que llegan al mercado a comprar los víveres y las verduras que va a cocinar ese día ya sabe para quién va a hacer los platos. “Esa yuquita le va a gustar a don Luis”, piensa la cocinera de tu casa; o si es la que cocina para su marido y sus hijos, pensará; “Déjame ver cómo le consigo un aguacatico a Ramoncito, que le gusta tanto…”. Y al hacer un plato están pensando en la persona que se lo va a comer; ya conocen los gustos de cada quien en la casa; saben que a Fulano no se le puede poner mucha sal y a Mengano no le gusta la carne muy cocinada. Su tipo de trabajo hace de esas señoras personas dependientes de las gentes a quienes les sirven, y como es natural, sus preocupaciones tienen el tamaño de la familia para la que trabajan no pasan del círculo familiar.

Profesor, pero eso es usted está diciendo tiene una gran importancia desde el punto de vista político.

Claro que la tiene, ¿y por qué crees que lo digo? Si no tuviera importancia política no hablaría de eso. La importancia es en varios niveles, pero el que debe interesarnos, como miembros que somos de un Partido revolucionario, es el de la dependencia ideológica de las mujeres que trabajan para una familia, aunque serán sus propias familias. Esa dependencia ideológica es lo que las mantiene en un estado perpetuo y generalizado de retraso político. Si la mujer dominicana, y de países parecidos al nuestro, no se incorpora masivamente a la lucha política, hay que buscar la explicación en el hecho de que la gran mayoría de ellas no han pasado todavía de ser dependiente. Las grandes mayorías de las mujeres dominicanas no son todavía seres sociales porque aún no han llegado a ocupar un lugar en la producción para la sociedad. Hay una minoría de mujeres de todas las capas de la pequeña burguesía, incluyendo las capas pobres y muy pobre de la baja, que piensan y sienten en términos sociales, no familiares; y esas, naturalmente, no son dependientes en el orden ideológico. Nosotros tenemos muchos ejemplos de mujeres así en el PLD y tú mismo puedes seguramente recordar en este momento no menos de cien, si te lo propones. Imagínate durante un minuto que a una de esas mujeres peledeístas que no son políticamente dependientes le dice el marido, o el novio, o el hermano o el papa: “Te prohíbo que sigas yendo al Partido”. En ese mismo instante se produce un conflicto, o comienza a producirse un conflicto entre el hombre que dijo esas palabras y la compañera a quien se las dijo. Y suponte que un patrón, el patrón de la camisera que he estado mencionado, le dice el día antes de unas elecciones (si nos figuramos que en este país hay elecciones propiamente dichas y no mataderos electorales): “Mira, mañana vas a votar por Mengano y por Perencejo”. Ese patrón estaría perdiendo el tiempo, porque una mujer a quien la naturaleza de su trabajo ha convertido en un ser social es una persona políticamente independiente, y lo es también en otros aspectos, en sentimiento y con sus opiniones. En cambio, la cocinera de una familia está esperando que el dueño de la casa le diga por quien va a votar porque ella no tiene posiciones tomadas en nada que sea de carácter social; tiene posiciones tomadas en lo que se relacione con la familia para la cual trabaja, y si trabaja para su familia, hará lo que le mande su marido o le m ande alguno de sus hijos o hará aquello que a juicio de ella es lo que su marido o sus hijos quisieran que ella hiciera.

¿Entonces, compañero presidente, el carácter de una persona, digamos de una mujer, cambia si cambia la posición de ella en las relaciones de producción?

Cambia la manera de sentir y de actuar, no digo de una mujer, hasta la de un pueblo cambia si hay cambios en la posición de las gentes en las relaciones de producción. Por a una mujer al frente de una empresa capitalista y a su marido en un empleo público y veras como al cabo de cierto tiempos la mujer es la jefa de la casa. ¿Por qué sucede eso? Pues porque la mujer pasa a ser la jefa o el jefe debido a que desarrolla capacidad de mando, capacidad para tomar decisiones, y desarrolla todas las condiciones de carácter y de mente que acompañan a esa capacidad, y mientras tanto el marido no las ha desarrollado porque en su trabajo de empleado público o burócrata no se ponen en función esas condiciones o cualidades. No hay sino que fijarse en la manera de actuar de las mujeres de un país como la República Dominicana para darse cuenta de que son diferentes. ¿Qué es lo que las hace diferentes? ¿Es que las de Francia, Alemania, Suecia o los Estados Unidos pertenecen a una raza superior a la de las mujeres dominicanas? Nada de eso; es que las de esos países que acabo de mencionar han pasado a ser seres sociales porque intervienen en la producción social mientras las de aquí, en si inmensa mayoría, no han pasado de ser seres familiares, y por lo tanto mujeres ideológicamente y socialmente dependientes de una familia, de la familia para la cual trabajan, que muy bien puede ser, y es, en la mayoría de los caso, su propia familia. Y para acabar de responder tu pregunta te diré que si la cocinera de tu casa pasara a ser cocinera de un restaurante o un hotel o una fonda, en un tiempo dado, digamos un año o dos años o tres años, su manera de ser cambiaria porque ella pasaría de ser un ser dependiente a ser un ser social. Tu dirás que como se explica ese cambio si esa mujer no dejo de ser cocinera, y yo te diría que siguió siendo cocinera, pero cambio su naturaleza social porque en vez de cocinar para ti, para tu papa, para tu mama y tus hermanos paso a cocinar para desconocidos; antes hacia la comida dedicándole un plato a tu papa, cuyos gustos conocía muy bien, y además tenía interés afectivo, sentimental en que tu papa se sintiera satisfecho con ese plato y con la sazón del pescado, al que le daba exactamente el punto que le gusta a tu papa; pero ahora, en el restaurante, cocina para cincuenta personas distintas a quienes no conoce, cuyos gustos ignora; cocina para una clientela anónima, es decir, para la sociedad, y le da a la comida una sazón buena para todo el mundo. En pocas palabras, de trabajadora improductiva que era en tu casa paso a ser trabajadora productiva en una empresa a la que tiene que proporcionarle todos los días los gastos de producción de la comida que hace y además una plusvalía, un beneficio; cambio su posición en las relaciones de producción y eso determina que haya un cambio sustancial en su actitud ante la vida. Cuando ese cambio se generaliza, es decir, si en vez de ser la cocinera de tu casa nada más la que ha cambiado en su manera de ser porque cambio su posición en las relaciones de producción, se produjera el mismo tipo de cambio en el caso de todos los dominicanos, o de la mayoría de los dominicanos, habría un cambio en la manera de sentir, de actuar, de pensar de todo nuestro pueblo.

¿Y qué relación tiene eso que acaba usted de decir con la existencia de la baja pequeña burguesía pobre y muy pobre?

Una relación muy estrecha, de causa a efecto, o para decirlo de manera más simple para que lo entienda la gente que va a leer esta entrevista, aquí tenemos una proporción muy grande de bajos pequeños burgueses pobres y muy pobres (y esa es la causa) y eso tiene resultados, entre ellos que hay muchísimas mujeres de esas capas sociales, que por ser miembros de la baja pequeña burguesía pobre y muy pobre carecen de un lugar determinado en las relaciones de producción, lo que equivale a decir que la sociedad no tiene para ellas un lugar en esas relaciones y por eso la sociedad no las prepara, no las capacita para producir porque no hay lugar para ellas en la producción, y entonces esas mujeres se acogen a lo único que tienen a la mano, que es el trabajo de cocinera, de sirvientas, de niñeras; o hacen ese trabajo en una casa ajena o lo hacen en la suya. De paso quiero preguntarte algo: ¿Tú sabes si aquí hay escuelas para enseñar a esas mujeres a cocinar, a tender una cama, a cuidar a un niño? ¿No lo sabes? Pues yo puedo decírtelo: no hay. Las mujeres del pueblo que trabajan como cocineras, sirvientas, niñeras, no aprenden en ninguna parte; aprenden de oídas, es decir, mirando lo que hacen otras. Por otra parte, debo aclarar que la existencia de tanta baja pequeña burguesía pobre y muy pobre en nuestro país es también un efecto de una causa, un resultado de un hecho anterior (o tal vez sería mejor decir de la falta de un hecho anterior), que es el poco desarrollo clasista del pueblo dominicano, y ese poco desarrollo clasista a su vez se debe al atraso económico, en que hemos estado viviendo durante cuatro siglos. En el año 1937, que es como decir el mes pasado porque menos de cuarenta años es como un mes en la historia de un país, todos los establecimientos industriales de la República Dominicana, con la excepción de los ingenios de azúcar, que eran 14, tenían 9 mil 20 empleados y obreros y aprendices, y los empleados y los trabajadores de los ingenios eran en su gran mayoría extranjeros; yanquis y puertorriqueños los empleados, y cocolos y haitianos los trabajadores. Desde luego, si no había oportunidad de trabajo para los que iban llegando a la edad de trabajar, ¿Qué sucedía? Que la gran mayoría de los hombres y las mujeres se quedaban sin ocupar puestos de obreros en las relaciones de producción, y mientras tanto la población crecía, y dentro de la población lo que crecía era la baja pequeña burguesía pobre y muy pobre, que procedía más que nada de la mediana y la baja pequeña burguesía de los campos. ¿Cómo, o mejor dicho, por que procedía de esas capas campesinas? Porque el campesino dueño de 100 tareas, o de 50 o de 30, se moría y les dejaba a 8 o 10 hijos esas tierras, que repartidas tocaba a 3, 5,10 tareas, y en esos años la tierra dominicana era muy barata, era baratísima, de manera que los hijos pasaban a trabajar sus tareítas o las vendían, y en los dos casos, si no cambiaban de posición en las relaciones de producción, sino hallaban trabajo de obreros o no pasaban a bajos o medianos pequeños burgueses, caían en la baja pequeña burguesía pobre y muy pobre, y estas dos capas se multiplicaron tanto bajo el gobierno de Trujillo y se han seguido multiplicando tanto desde la muerte de Trujillo, que actualmente el país estás siendo ahogado por ellas; es decir, la sociedad dominicana está siendo ahogada por un mar agitado de bajos pequeños burgueses pobres y muy pobres. Entre otras cosas, eso es lo que explica que desde la muerte de Trujillo la Universidad Autónoma haya pasado a tener diez veces el número de estudiantes a pesar de que desde entonces se han establecido en el país dos universidades y la escuela de medicina se San Pedro de Macorís. La gran mayoría de los estudiantes de la UASD proceden de las dos capas de bajos pequeños burgueses de que estamos hablando. Y eso, que no cuento el altísimo número de bajos pequeños burgueses pobres y muy pobres que se han ido a vivir a New York y a Puerto Rico.

Profesor, pero el tema de esta entrevista y de la anterior quedo desviado porque el interés de hacérselas estaba en que nos hablara en ellas de la escuela hostosiana, o de Hostos, que fue de lo que usted hablo en San Cristóbal en su cofe… digo en su charla sobre Educación y clases sociales en la Republica Dominicana.

Sí, lo que estás diciendo es así, y yo comprendí desde el primer momento que lo querías era que hablara de lo que dije en San Cristóbal. Pero sucede que lo que he dicho hoy y lo que dije en San Cristóbal; lo que pasa es que en las dos entrevistas he ampliado el punto referente a la baja pequeña burguesía pobre y muy pobre de nuestro país y su relación con la educación. ¿Por qué lo he hecho así? Porque es absolutamente necesario que se comprenda que la sociedad dominicana no tiene un lugar en las relaciones de producción para la baja pequeña burguesía pobre y muy pobre, que es donde se halla colocado el mayor número de dominicanos, y especialmente de dominicanos jóvenes; que no lo tiene ni para los sectores campesinos, y además que esas capas sociales no adquieren ningún tipo de educación en el medio social en que se forman; tampoco en sus casas o en las calles se les enseña nada que les sirva para trabajar, salvo en el caso de los campesinos que se quedan en el campo, que según van creciendo y recogiendo en su medio social enseñanzas cuando salgan del campo para ir a las ciudades? ¿Y qué van a hacer con ellas los que se metan a la policía o a la guardia o al caliesaje?”.

La escuela hostosiana, como explique en San Cristóbal, fue una escuela concebida y dirigida como un todo que iba desde el primer año de primaria hasta el último del bachillerato en un proceso de desarrollo o evolución coherente, integral. En esa escuela todo lo que se enseñaba tenía una relación con lo que iba a enseñarse después y especialmente tenía una relación con la sociedad que Hostos creyó que debía formarse en el país, que era naturalmente la sociedad burguesa, y sucedió que cuando la escuela hostosiana fue desmantelada, cuando fue desmontada no quedo sustituida con ninguna otra. El autor oficial del desmantelamiento de la escuela hostosiana fue el Dr. Joa quín Balaguer, que al ocurrir el desmantelamiento era secretario de Educación Publica y Bellas Artes, y desde luego a él le cabe la responsabilidad no solamente de haber dirigido ese desmantelamiento sino también la de no haber puesto en el lugar de la escuela hostosiana nada que pudiera sustituirla. La fuerza que presionó para que se destruyera la escuela hostosiana fue la congregación jesuita del país, dirigida entonces, a lo menos públicamente, por el padre Losada (y si no era ese apellido era uno muy parecido), y el argumento que se usó para ejecutar esa lamentable hazaña fue el de que la de Hostos era una “escuela sin Dios”, acusación que se le había hecho a principios de este siglo pero que se había disipado ya para el 1940 y tantos, porque para entonces nadie hablaba de “escuela sin Dios”. Es verdad que la escuela hostosiana era laica, no atea como se ha dicho, pero eso respondía a la concepción de una escuela para crear una sociedad burguesa, solo que en un país de tan poco desarrollo clasista y por tanto social y político darse cuenta de que entre una escuela laica y una atea había una diferencia como de aquí a la luna.

Pero de eso tal vez hablaremos después, que ahora no nos da el tiempo para más.