De periódicos y periodismo

  • 19 agosto 2015

La Noticia, Santo Domingo, 23 de diciembre de 1977, p.2B.

Aunque en la República Dominicana ha habido periódicos desde hace más de un siglo, el periódico como negocio ha venido a desarrollarse de manera apreciable a partir de los últimos treinta años, y más propiamente, desde 1961; y si en los pocos años que han pasado desde 1961 el negocio de vender noticias se ha desarrollado en el aspecto económico, en cambio ha tenido poco desarrollo en el aspecto de la profesionalidad de quienes los dirigen, que en la mayor parte de los casos son sus dueños. Puede decirse que el bajo nivel de progreso que ha tenido en el país la división del trabajo ha impedido que se haya establecido una distinción clara entre la posesión de los bienes de producción que sirven para hacer y poner a la venta un periódico y el oficio de periodista, y por esa razón hallamos al frente de la confección de casi todos los periódicos a los propietarios de las maquinarias, el papel y los edificios que se usan para fabricar el producto llamado periódico. Esos propietarios consideran que el producto de su industria es suyo, no de quienes lo compran, y como es suyo hacen con él lo que les da la gana; algo parecido a un fabricante que metiera en el artículo que produce lo que a él le parece bueno, no lo que el público desea comprar.

Si comparamos la situación de los periódicos y sus propietarios en la República Dominicana con la de países capitalistas donde la división del trabajo ha llegado a niveles muy altos (caso de Inglaterra, de Francia, de los Estados Unidos) vemos que los dueños de los periódicos ingleses, franceses y norteamericanos son capitalistas que en su mayoría no han entrado nunca en las salas de redacción o de máquinas de sus periódicos, o son accionistas que ni siquiera saben cuál es la dirección del periódico donde tienen su dinero invertido, o son capitalistas especializados en el negocio editorial, esto es, que tienen una gran parte de sus capitales, y tal vez todos, invertidos en periódicos y revistas, pero a lo mejor no saben ni redactar una carta, mucho menos escribir un artículo; tienen talento para saber qué busca el público en un periódico y sin embargo no saben cómo se hace eso que le gusta al público. En tales países la dirección de un periódico se confía al llamado editor y la administración a un equipo de especialistas en la materia, los dueños o los accionistas cobran cada año sus beneficios y no tienen la menor intervención en la política editorial.

En el caso del negocio periodístico, cuando éste tiene los caracteres que tiene en la República Dominicana, ¿qué es lo que denuncia de lejos el atraso de un país?

Lo denuncia el hecho de que el dueño del periódico que al mismo tiempo lo dirige, es un capitalista porque tiene dinero pero no lo es desde el punto de vista de su desarrollo social e intelectual. En esos aspectos actúa y piensa dentro de los cortos límites de un negocio pequeño, que funciona para servir a muy poca gente; digamos, un ventorrillo que se maneja con criterio y métodos propios de un vecindario de diez o doce familias. Así, por ejemplo, los propietarios de algunos periódicos dominicanos ni siquiera han pensado nunca que como dueños de los medios de producción de esos artículos que son los periódicos que ellos hacen, tienen derecho, dentro del sistema en que vivimos, a los beneficios que dé ese negocio, pero que nada los autoriza a meterles de contrabando a los compradores de esos artículos sus problemas personales, sus odios o sus amores, sus pasiones o sus miedos. Sus asuntos privados son suyos y al público que da su dinero a cambio de noticias no le importa para nada la vida privada de los dueños de las máquinas, los edificios y el papel que se usan en hacer ese artículo que él compra para estar informado de los asuntos que le interesan, así como no le importa para nada la historia personal del dueño de la fábrica de jabón que él consume o el color de la res cuya carne va a comerse a mediodía.

En la medida en que los propietarios del negocio de publicar periódicos se estancan, se retrasa el desarrollo de los periodistas que no reciben de esos propietarios ni el estímulo ni el ejemplo ni las enseñanzas que deberían recibir para convertirse en periodistas completos; y aclaramos que la palabra completos en este caso no significa que sean capaces de escribir con igual capacidad sobre lo divino y sobre lo humano; al contrario, en el sentido moderno el periodista completo es el que se especializa y estudia tan a fondo y tan detalladamente la especialidad a que se dedica que llega a ser un maestro en esa materia. Con periodistas especializados en cada una de las actividades importantes de la sociedad, un periódico puede informar de manera adecuada y seria sobre los problemas que más interesan a los lectores. Por ejemplo, sólo para escribir los editoriales, The New York Times tiene diez periodistas a sueldo y dos bajo contrato.

Veamos un ejemplo de periodismo subdesarrollado: El de un periódico que le ha servido al lector dominicano toneladas de informaciones sobre la SIP. ¿Qué es la SIP para el lector de ese país? Nada entre dos platos. De mil lectores, tal vez uno sabe qué es la SIP y a novecientos noventinueve ni siquiera les interesa saberlo; pero al dueño de ese periódico sí le interesa la SIP, le interesa muchísimo, y como le interesa a él, les mete a sus lectores SIP por los ojos y SIP por los oídos, y en fin de cuentas viene a suceder que los que compran ese periódico han pagado a lo largo de los años varios pesos por un tipo de información que ni les va ni les viene.

Nosotros tenemos título de periodista de la Escuela de Periodismo de La Habana y trabajamos en Cuba para los diarios Informaciones y El Crisol y para la revista Bohemia, que tiraba 500 mil ejemplares a la semana, y además dirigimos el diario Siempre sin que nuestro nombre figurara en el directorio de esa publicación porque no éramos cubanos; quien figuraba como director, aunque sólo fue tres veces a la imprenta era el Dr. Carlos Prío Socarrás. Por el hecho de haber trabajado como periodistas conocimos bien las ideas y los hábitos de la gente que hacía periodismo en Cuba y recordamos que los directores de periódicos cubanos decían y repetían constantemente que el periodista no es noticia, pero aquí son noticia casi diaria ciertos periodistas propietarios, sobre todo los que están ligados a la SIP y hacen de la SIP noticia de primera plana, y sucede que la SIP es una asociación de negociantes y nada más, de manera que no se justifica que todo el que se mueve alrededor de ella arrastre una cola de publicidad como no se les hace a empresarios de la categoría de un Henry Ford III o un David Rockefeller, que pueden comprar cien SIPS con lo que les sobra del dinero que destinan a dar propinas.

Otro síntoma del atraso del país que se manifiesta a través de los periódicos es el hábito de usar la publicación propia en responder a planteos que se hacen en privado, algo parecido a que un militar o un policía use el arma que lleva a la cintura por razones de su función pública en resolver los asuntos de tipo personal que se le presentan. A cualquier planteamiento que se le hace en privado, el dueño del periódico responde públicamente, en un editorial, en un artículo con firma o en una columna de la redacción, y se vale del privilegio de ser dueño de un órgano de información pública para dar su versión personal, que en todas partes del mundo se considera deformada, interesada y contraria a la verdad, de un asunto que no le fue planteado en público; y le vende al lector, que compra el periódico para recibir información de carácter general, un asunto personal que el lector no tiene por qué comprar y el vendedor no tiene derecho a imponerle. Esa es una violación grosera de las normas comerciales más elementales que sólo puede darse en un país como la República Dominicana, donde todavía no se ha formado la clase que establece las reglas por las cuales se guía la sociedad.

Al hablar de normas comerciales debemos aclarar que en la sociedad capitalista esas normas deben ser las burguesas, que se basan en fundamentos morales burgueses, que no estamos aspirando a que la sociedad actual sea regida según las normas socialistas. Pero todavía no hay normas de conducta burguesas, y eso es lo que explica que algunos de los dueños de periódicos dominicanos no se han dado cuenta de que lo que ellos tienen y manejan es un negocio como cualquier otro, y que el hecho de que en su negocio el papel se use en imprimirles palabras y no en envolver jabón no les da categoría de seres privilegiados, que nacieron con el don divino de establecer sus propias reglas para beneficio suyo y perjuicio de los demás.

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