El Compañero Profesor Juan Bosch habla sobre el Partido

  • 18 agosto 2016

Vanguardia del Pueblo
Del 1 al 15 de enero de 1975
Páginas 4 y 5
Por: Juan Bosch

Compañero presidente, en el número anterior de VANGUARDIA del Pueblo usted termino la entrevista que le hicimos diciendo que nosotros dimos un salto cualitativo cuando rompimos con el PRD, y que ahora estamos avanzando en el terreno de lo cuantitativo, es decir, cada día somos más. Sin embargo, sabemos que en su mensaje a la Quinta Reunión del Comité Central usted propuso que no tratáramos de convertirnos en un partido grande; usted dijo que cometeríamos un error muy grave (y estamos repitiendo esas palabras porque según nuestros informes, esas fueron las que usted uso) si quisiéramos convertir el PLD en un Partido cuya finalidad fuera la cantidad, es decir, que se propusiera ser un partido grande, y suponemos que al hablar así usted tenía en mente la idea de un partido como el PRD.

Efectivamente, así era y así es. Puede parecer que hay una contradicción entre lo que dije en ese sentido en la Quinta Reunión del Comité Central y lo que dije en la entrevista que deje hecha para que publicara en el No. 10 de VANGUARDIA; pero no hay tal contradicción. Mis palabras en la Quinta Reunión fueron muy precisas porque en ellas se estableció o se formuló la existencia de una contradicción entre un partido cuyo distintivo o cuya características más salientes están en las cualidades de ese partido y otro cuyo distintivo o cuya característica más saliente está en la cantidad de sus seguidores. Si no se aclara que en un partido de grandes masas cada seguidor o miembro debe tener tales y cuales condiciones; si solo nos fijamos en el número, en la cuantía, y no en las cualidades de los miembros de un partido, entonces podemos muy bien caer en el error de que un partido es bueno porque tiene mucha gente que le siga; y muy bien puede resultar todo lo contrario, que precisamente por tener mucha gente que le siga un partido puede ser malo y hasta malísimo si esa gente si esa gente que está en el o lo sigue son partidarios de ideas malas. Por ejemplo, el Partido Nacionalista Alemán (Nazi) tenía millones de miembros, y quizá no haya habido en la historia moderna un partido tan malo como ese en el sentido de su actitud anti-histórica, antihumana, criminal. Su organización y su disciplina eran ejemplares, y sus hechos fueron infernales y de una crueldad que no puede ni siquiera describirse. Pero también un partido puede ser una calamidad para su país sin necesidad de llegar a los extremos de perversidad a que llego el Partido Nazi de Alemania; basta con que sea, como el PRD, un partido de ideas atrasadas un partido en el que sus líderes y dirigentes estén defendiendo ideas propias de los grupos dominantes y explotadores, y también basta que sea, como era el PRD mientras nosotros estuvimos en el (porque ahora ni siquiera se sabe con claridad que es el PRD), un partido de masas que actuaban emocionalmente, un típico partido populista, al estilo del peronismo, en el que se recibía a todo el que decía que era perredeísta y se le trataba como si fuera compañero cuando resultaba que a lo mejor en vez de compañero era enemigo; y no me refiero a que fuera enemigo porque fuera balaguerista o miembro de otro partido; me refiero a que fuera enemigo por razones ideológicas; enemigo ideológicamente.

Profesor, ¿pero cómo puede ser ideológicamente enemigo de un partido una persona que dice que es miembro de ese partido o solicita ser miembro?

Eso es sumamente fácil. Fíjate en el ejemplo de lo que está pasando en el partido de Perón, el Justicialista o peronista. Todos los días grupos de derechas que son peronistas matan a jóvenes de izquierda q ue también son peronistas y además que lucharon fieramente para obligar a los militares argentinos a permitir la vuelta de Perón a su país. En ese partido Justicialista o peronista estaban juntos enemigos ideológicos, enemigos a muerte, ¿y sabes por qué podían estar juntos? primero, porque se trataba de un típico partido populista, poli-clasista (es decir, donde había muchas clases reunidas) y debido a su naturaleza de partido populista o poli-clasista el partido de Perón no podía tener definición ideológica, porque si se definía como partido de derechas se le iban las izquierdas y si se definía como partido de izquierdas se le iban las derechas. Por eso Perón tenía que gobernar para las derechas y al mismo tiempo tenía que hacerles creer a los jóvenes izquierdistas de su partido que él era hombre de izquierda, cosa que lograba mandando a su mujer, Isabel de Perón, de visita a China, o mandando a su ministro de Comercio a Cuba para venderle al gobierno de Fidel Castro automóviles y otros productos de la industria argentina. El partido Justicialista o peronista era (y hasta cierto punto sigue siéndolo) un partido importante en el terreno de la cantidad, es decir, en el orden cuantitativo, pero al mismo tiempo era un partido sumamente débil en el terreno cualitativo, es decir, en lo que se refiere a las cualidades políticas que debe tener un partido revolucionario; y por eso parecía revolucionario pero no lo era. El elemento revolucionario dentro del peronismo (que dice que sigue siento peronista, pero tiene que actuar bajo la persecución de la derecha peronista); es decir, el sector que tiene las cualidades políticas necesarias para impulsar la política argentina y llevarla por el camino de lo nuevo, debió haberse separado del Partido Justicialista, en el cual no cabe realmente; debió haber hecho lo que hicimos nosotros, que nos salimos del PRD. Pero las condiciones históricas argentinas no lo han permitido. Por ejemplo, en aquel país el líder era Juan Domingo Perón, un ídolo de las multitudes, y un político de mucha capacidad táctica (porque Perón era un gran táctico natural), e incluso un hombre capaz de darse cuenta de que la sociedad actual seria reemplazada por una sociedad nueva, pero al mismo tiempo que era capaz de darse cuenta de que eso era incapaz de romper con esa sociedad vieja de la cual vivía; porque quien mantenía a Perón viviendo como un rey sin corona, como un magnate que no necesitaba dirigir bancos ni industrias pero recibía los mismos beneficios que los dueños de grandes bancos y grandes industrias, era esa sociedad vieja; de ella recibía lo necesario para vivir en la abundancia. Juan Domingo Perón sabía que los que se jugaban la vida para llevarlo a la Argentina eran las juventudes de izquierda, pero sabía también que quienes lo mantenían viviendo en España como un rey sin corona eran los grandes capitalistas argentinos, y además sabía que si volvía a la Argentina, esos tutumpotes serían los que lo mantendrían en el poder. Por eso fue incapaz de romper con las derechas de su partido y por eso ahora, después de su muerte, esas derechas están aniquilando a las juventudes peronistas porque las consideran sus peores enemigos, sus enemigos de clase. Lo mismo, exactamente lo mismo estaba empezando a suceder en el PRD cuando nosotros lo dejamos, y cometeríamos un error mayúsculo, imperdonable, si olvidando eso nos pusiéramos a hacer del PLD un partido populista como el PRD bajo el criterio de que lo que necesitamos es tener un partido grande en cuanto a número de seguidores en vez de tener un partido fuerte por sus cualidades, entre ellas por su unidad ideológica, su conocimiento de los principios políticos que gobiernan a la sociedad y su capacidad militante para luchar.

Ahora bien, sucede que un partido así, es decir, que tenga las cualidades de que acabo de hablar; un partido que represente la parte del pueblo dominicano que aspira a avanzar hacia una nueva sociedad, hacia un nuevo régimen de vida social; un partido como es ya el PLD, atrae gente, pero una clase de gente distinta a la que quiere seguir en lo viejo, distinta a la que busca afianzarse en la antigua sociedad o prosperar en ella o ascender en ella socialmente; y en ese sentido, no podemos evitar que el PLD crezca a base de nuevos miembros del Partido que tengan las cualidades políticas que busca el PLD desarrollar. Es decir, si el crecimiento del PLD produce un cambio positivo en sus cualidades políticas, no podemos oponernos a su crecimiento; pero si ese crecimiento es para convertirlo en un partido populista, en un nuevo PRD, entonces caeríamos en un gravísimo error si permitiéramos ese tipo de crecimiento.

¿Y cómo cree usted que podemos evitar que el crecimiento del PLD acabe convirtiéndolo en un partido populista del tipo del PRD o del peronismo?

Podemos evitarlo con mucha vigilancia sobre nosotros mismos. El Partido tiene que mantenerse superándose cada día y evitando cada día caer en la línea populista hacia donde lo arrastra la abundancia de bajos pequeños burgueses que tenemos en el país. Por su naturaleza social, esos bajos pequeños burgueses, especialmente los de origen pobre y muy pobre, convierten con suma facilidad en pequeños burgueses, especialmente los de origen pobre y muy pobre, convierten con suma facilidad en populista al partido donde se afilian si ese partido no tiene una base ideológica y organizativa fuerte, que en vez de adaptarse a la naturaleza social de esos bajos pequeños burgueses haga lo contrario, es decir, los lleve a ellos a adaptarse a la base ideológica y organizativa del Partido. En ese sentido, el PLD es más fuerte de lo que pueden imaginarse los que lo ven desde afuera, y lo es sobre todo desde que se celebró la Conferencia Salvador Allende, porque con ella se introdujeron en el Partido cambios tan positivos que con su aplicación el PLD se ha convertido en la organización política más eficiente del país. En cuanto a la capacidad de hacer cosas y de saber hacerlas, los que nos siguen están a bastante distancia de nosotros. Pero eso no quiere decir que seamos el Partido que debemos ser. Por ejemplo, en el seno del PLD no está llevándose a cabo una lucha de clases como la que se llevaba a cabo en el seno del PRD, pero todavía hay entre nosotros bastante gente (no dos o tres, sino bastante gente) que considera que lo que nosotros tenemos que hacer es convertir al Partido en más grande y que en vez de estar organizando Comités Patrióticos y Populares deberíamos estar organizando Comités de Base del Partido; y hay gente que cree algo diferente; que cree que nosotros, que nos hemos negado a reproducir en el PLD al PRD, debemos sin embargo reproducir al PLD en los Comités Patrióticos y Populares.

¿A qué se deben esas confusiones?

A mi juicio d que dentro del PLD hay personas que sin darse cuenta siguen pensando con las ideas perredeístas, por lo menos en algunos asuntos; por ejemplo, en el terreno de la política electoralista. En ese campo hay peledeístas que creen que el PRD fue derrotado en las elecciones de este año, y tan derrotado que tuvo que retirarse de esas elecciones un día o dos días antes de que se celebraran; pero que si hubiéramos estado dando la batalla electoral, la hubiéramos estado dando la batalla electoral, la estoy pensando, tenemos que llegar a la conclusión de que en el PLD hay gente que todavía no ha aprendido la lección que le vienen dando Balaguer y los norteamericanos a este país desde 1966: que aquí no hay elecciones sino un matadero electoral igual al que montaron los yanquis en Vietnam del Sur, y que por tal razón, lo primero que tendría que hacer un partido que pretendiera llegar al poder por elecciones sería crear las condiciones para que hubiera elecciones. Y en el caso concreto del PLD, nosotros no podemos dedicarnos a esa tarea, a ese tipo de lucha. A ese tipo de lucha debe dedicarse el pueblo, el pueblo organizado no en nuestro Partido sino en los Comités Patrióticos y Populares.

Como aquí no hay suficientes hospitales, es el pueblo, organizado a través de los Comités Patrióticos y Populares, el que tiene que encargarse de que el gobierno haga hospitales para curar a sus enfermos; es el pueblo el que tiene que encargarse de conseguir que arreglen las calles, hagan alcantarillas, coloquen cloacas y lleven las tuberías del acueducto a los barrios. Nosotros, como PLD, no podemos ocuparnos de esas cosas; lo que nosotros tenemos que hacer es formar cuadros que pueden dirigir al pueblo en sus luchas y sobre todo dirigirlo a la lucha por el poder. Nuestra tarea es dirigir el pueblo políticamente, y para eso tenemos que prepararnos, y el pueblo organizado en Comités Patrióticos y Populares que se dedique a hacer las cosas que hacen los partidos populistas.

Compañero Juan, ya usted ha explicado ese punto de vista otras veces, pero parece que usted cree que lo que predica en ese terreno no ha llegado todavía a todo el mundo en el Partido. ¿Es así o estamos equivocados?

No están equivocados, porque efectivamente, mis predicas no han llegado todavía a convencer a todo el mundo dentro del PLD de que cosa somos ahora y que cosa debemos ser en el porvenir. En el PLD hay gente que cree que el PLD en un PRD sin picaros, un PRD sin tramposos, un PRD sin demagogos y mentirosos, un PRD sin borrachos; en fin, un PRD bueno. Esa gente que no se da cuenta de que este partido llamado el PLD no puede ser ese PRD con que sueñan algunos inocentes, porque el PRD es una fuerza dedicada a mantener vivo el pasado y el PLD es una fuerza destinada a luchar por el futuro. Aquello es lo viejo y esto es lo nuevo, y por eso el PLD es diferente del PRD y tiene que seguir siendo diferente. Hasta ahora está siendo diferente y cada día lo es más, pero hay en nuestro Partido esa gente que piensa que el PLD es un PRD bueno. Ellos se dan cuenta de que no estamos reproduciendo al PRD en el PLD; se dan cuenta de que en el PLD no se hacen las cosas que no se hacían en el PRD; se dan cuenta de que desde que salimos del PRD hemos avanzado mucho, pero todavía hay una masa de compañeros a los cuales hay que convencer de que no basta con haber eliminado la reproducción del PRD en el PLD; que hay que ir mucho más allá. Cada compañero tiene que convertirse en un peledeísta y no en un perredeísta que crea que el PLD es un PRD sin vagabundos. Hay también el caso de compañeros que sin pensar así no comprenden por qué el PLD toma ciertas medidas. Por ejemplo, los compañeros de Nueva York nos enviaron una carta en la que decían que leyendo el periódico No. 7, en la Sección Hablan los Lectores, vieron lo que se les respondía al compañero Miguel Peña de La Vega y a la Federación de Estudiantes Dominicanos de la UASD, que habían escrito cartas a VANGUARDIA, Peña sobre la forma en que se vende el periódico y la FED pidiendo una suscripción, y en lo que se les respondió a ellos los compañeros de New York aprendieron que ellos estaban actuando incorrectamente porque le estaban vendiendo el periódico a cualquiera persona que pasaba por Broadway, la célebre calle de Nueva York. Y lo hacían así porque creían que VANGUARDIA era un periódico igual a todos los periódicos; que VANGUARGIA se hacía y se vendía para hacer propaganda y para ganar dinero. Los compañeros de New York no se habían dado cuenta todavía de que nuestro periódico no tiene esos fines.

Nuestro periódico es un instrumento político que persigue propósitos muy definidos; y el primero de ellos es localizar a donde quiera que este (en su casa o en su lugar de trabajo) a todo el que es simpatizante del Partido. El segundo propósito es ir formando políticamente a esos simpatizantes, y el tercero es desarrollar políticamente a nuestros militantes, a esos compañeros que venden el periódico, y al venderlo cada uno entra en contacto con 5, con 10 o con 15 personas a quienes visita cada 105 días para venderles el periódico y tiene una oportunidad (dos semanales) de discutir con esas personas los problemas políticos del país y de América y del mundo, y con esa oportunidad se le presenta también la de irse convirtiendo con el paso del tiempo en el director político de esas 5, 10 o 15 personas. Al leer la sección Hablan los Lectores del No. 7 de VANGUARDIA esos compañeros de Nueva York cayeron en darse cuenta de que nuestro periódico no es una empresa comercial y que no nos interesa para nada que un desconocido o quien no vamos a ver más compre un ejemplar del periódico y se lo lleve para su casa; no nos interesa aunque pague 10 pesos por ese ejemplar del periódico. El periódico tiene una función política y si no la cumple no nos sirve para nada. Cuando los compañeros de Nueva York se dieron cuente de su error, se hicieron una autocrítica y decidieron que desde el periódico No. 8 iban a vender VANGUARDIA en Nueva York tal y como está vendiéndose aquí. Piensen con detenimiento en esto que acabo de contarles, en el acción de los compañeros de Nueva York, y se darán cuenta de la forma en que va avanzando el Partido: en Nueva York avanza por una razón y en Santiago por otra y en un Comité Intermedio de la Capital por otra, y así va avanzando al mismo tiempo en muchos aspectos y convirtiéndose en la totalidad de sus actividades en la fuerza más importante y más capaz de todas las que en el terreno político están luchando en este país por una sociedad nueva que venga a sustituir esta sociedad podrida en que nos hallamos.

Hasta el momento, dentro del PLD no se ha manifestado ningún grupo aventurero, partidario de acciones aventureras, y eso es muy importante para nosotros, especialmente en esta hora del mundo; en esta crisis de la que hemos dicho antes que no es una simple crisis económica ni una simple crisis social sino una ruptura histórica. Un grupo que en un momento mundial como este creyera que el Partido tiene que lanzarse a acciones no estudiadas de manera cuidadosa y detallada en todos sus aspectos; un grupo que no conozca las leyes de la dialéctica y el proceso histórico dominicano podría llevar al Partido de un desastre, y con el Partido llevaría a un desastre al país.

La dialéctica nos enseña que las cosas vuelven a ser lo que fueron, pero hasta cierto punto. Así como de la cantidad de los perredeístas salió la cualidad de los peledeístas, así del trabajo cualitativo que están haciendo los peledeístas van a salir en este pueblo cantidades de partidarios de la nueva sociedad, porque la dialéctica enseña que se pasa de la cantidad a la cualidad para volver a pesar de la cualidad a la cantidad. Pero cuando se vuelve de la cualidad a la cantidad ya esa cantidad no es la misma de antes; es una cantidad modificada por la cualidad que le ha dado origen; es una cantidad cualitativamente superior. Es así como funciona el proceso dialectico: las cosas vuelven a ser lo que fueron, pero en un nivel cualitativo superior. Nosotros, los peledeístas, podemos darnos cuenta de que ese proceso ha empezado ya en la Republica Dominicana. La gente nos trata ahora con un respeto que no tenía por nosotros cuando éramos perredeístas. Cuando éramos perredeístas nos trataban con confianza, pero no con el respeto que nos manifiestan hoy. Por ejemplo, el compañero Pantaleón Fernández Domínguez se fue adeudando con el alquiler del local y pasaron unos meses y los representantes del dueño del local iniciaron un proceso para desalojarlos; pero el dueño del local, que vive en Nueva York, vino al país hace poco y fue a ver al compañero Pantaleón (o el compañero Pantaleón fue a verlo a él, no recuerdo bien el detalle) y el dueño del local le dijo al compañero Pantaleón: “¿Pero cómo cree usted que yo voy a pedir que se desaloje a la única gente seria que hay en este país? Paguen ustedes como puedan, que yo no voy a cometer el crimen de desalojarlos”.

Ese episodio y muchos otros indican que en el ánimo del pueblo ha comenzado a operar la idea de que el PLD es un partido serio; es decir, que el PLD tiene una suma de cualidades que lo hacen acreedor al respeto del pueblo, y como es natural cada día hay y cada día habrá más gente que querrá pasar al PLD; y lo que significa ese deseo es que la cantidad está siguiendo a la cualidad, o dicho en otras palabras, que la cualidad, está comenzando a transformarse en cantidad, aunque, como dije hace un rato, en una cantidad diferente, en una cantidad que va a tener cualidades que no tenía la cantidad perredeísta.

Y bien, compañeros; no hay que apresurarse a ampliar el número de miembros del PLD. Vayamos acercándonos cuidadosamente a aquellos que quieran acercarse a nosotros; tengamos mucho cuidado al escoger a nuestros futuros militantes para que no metamos dentro del Partido a gente mal formada, a gente desesperada. No olvidemos que en este país donde todavía no hay clases desarrolladas, clases que tengan conciencia política, un partido como el nuestro tendrá que seguir siendo durante algún tiempo un partido dirigido por pequeños burgueses, y en la pequeña burguesía, pero especialmente en la baja pequeña burguesía de origen pobre y muy pobre, se dan con mucha fuerza la desesperación y la necesidad de destacarse, y esas son condiciones que pueden llevan a un grupo a encabezar dentro del Partido un sector de aventureros, un sector de esos que hemos visto en muchos otros países de América llevar a los partidos de la revolución a fracasos lamentables. Esta lucha en que estamos es también la lucha en que venceremos, porque históricamente la victoria está del lado nuestro, pero nunca podremos vencer si no sabemos escoger la hora de atacar, la manera de atacar y el punto por donde deberemos atacar, y si caemos en desesperaciones y no sabemos o no podemos escoger la hora, la manera y el punto de nuestro ataque, aunque la historia este de nuestra parte, seremos aniquilados, no seremos los vencedores. No podemos permitir, pues, que bajo el prefecto de que el PLD debe crecer en cantidad se nos metan en el Partido gentes que nos hagan disminuir en capacidad de dirección.

Repito que actualmente en el PLD no hay ni la menor posibilidad de que se forme un grupo aventurero, y repito también que debemos vigilarnos unos a otros para que no se forme un grupo aventurero. Yo creo que por el momento lo más importante para el Partido es pensar en crecer cualitativamente, es decir, crecer en conciencia política, en el tipo de conciencia política que se adquiere con el estudio y con el trabajo en el seno del pueblo; crecer mediante el desarrollo político, teórico y practico de cada militante del Partido. Nuestro crecimiento no debe ser por el momento a base de número sino de cualidades. Sin cerrarles el paso a los que hoy están en Círculos de Estudio, en Comités de Base y en otros organismo del Partido sino al contrario, abriéndoles el camino para el ascenso), pensemos no en términos de números sino en términos de capacitación. Hagamos que el Partido se supere ampliando la mente política de nuestros hombres, mejorando sus condiciones de tal manera que podamos hacer un líder de cada uno de ellos, un líder capaz de producir ideas políticas, y también capaz de ponerlas en práctica dentro de un método de trabajo partidista, no personal.

Lo que nos permitirá convertirnos en la salida necesaria de la crisis actual es que antes nos convirtamos en el Partido capaz de ver con claridad donde se halla esa salida, como hay que abordarla y cuando hay que tomarla. Sabemos que la crisis no es parcial; es total porque es una crisis histórica, la del paso de una sociedad a otra. Sabemos que esa crisis histórica mundial se refleja en la Republica Dominicana en una forma elemental y simple de crisis política determinada por el afán de un hombre de mantenerse en el poder mientras viva y también en forma de crisis económica generada por la crisis económica internacional y agravada aquí por los errores cometidos en el manejo de la economía nacional, errores que a su vez se relacionan estrechamente con el afán del Dr. Balaguer de seguir gobernando el resto de su vida. Las condiciones de vida de nuestro Partido tienen que responder a ese panorama nacional. No pretendamos ser un partido que se divorcie de la realidad dominicana, ni yéndosele por delante a esa realidad ni quedándose por detrás de ella. No caigamos en el error de creer que aquí lo determinante es la cantidad de personas que haya en un partido, pero tampoco caigamos en pensar que lo determinante es un pequeño grupo que se lance a una acción desesperada.

Bueno, compañero presidente, creemos que con lo que ha dicho hoy y lo que ha dicho antes sobre ese problema que es de verdad tan importante para el Partido, no habrá necesidad de seguir tratando ese punto. Pero hay un punto del que hablo usted en la Quinta Reunión Ordinaria del Comité Central del Partido que para los peledeístas es tal vez tan importante como el que acaba de tratar, y es el de la política de alianza del Partido. ¿Qué puede usted decirnos de ese tema?

Lo que puedo decirte ahora es que ya no queda espacio para que hablemos de eso en esta entrevista, que saldrá publicada en el No. 11 de VANGUARDIA, es decir, cuando ya yo estaré en Europa.

¿Qué te parece si nos vemos mañana para dejar hecha otra entrevista sobre ese punto de la política de alianzas para que se publique en el No. 12 de VANGUARDIA? Así, de paso, dejaríamos dicho todo lo que se trató en la Quinta Reunión Ordinaria del Comité Central. Ven mañana, pues, y que sea temprano, porque ya estoy, como se decía antes en nuestro país, con la espuela puesta y el pie en el estribo.