El Profesor Bosch Analiza los Problemas Económicos*

  • 16 septiembre 1974

Artículos del Prof. Juan Bosch
Escrito en la Obras completa de J.B
Del 16 al 30 septiembre de 1974 (2)
Paginas desde 41 hasta 51.-

—Vanguardia del Pueblo (VdP): Profesor Bosch, para el número 3 de Vanguardia del Pueblo yo tenía pensado hacerle una entrevista sobre la situación económica internacional y nacional, pero se la hice sobre los planes de la Gulf and Western y la CIA de hacer una campaña de descrédito contra Ud. ¿Podríamos hacer la entrevista de hoy sobre el tema económico?

—Juan Bosch (JB): Cómo no, pero te advierto que hablar sobre el problema económico mundial no es fácil si lo que se desea es que el Pueblo se haga una idea clara de él, y para hablar de manera que el Pueblo entienda bien cuál es el problema es necesario que las preguntas que me hagas sean muy precisas.

—VdP: Sí señor, y para empezar comenzaremos por preguntarle por qué en este momento hay en el mundo, y especialmente en los Estados Unidos, tanta preocupación por la situación económica.

—JB: Porque en todos los países capitalistas se ha desatado una inflación como no se veía desde hacía muchísimos años. Inflación, como tú sabes, equivale a encarecimiento de los artículos que consume la mayoría de la gente. Puede haber encarecimiento de uno, dos o tres artículos y no haber inflación, y puede haber inflación en uno, dos o tres países, como sucedió en Bolivia, Chile y Brasil, por ejemplo, allá por los años de 1950 y tantos, y no haber inflación mundial como la hay ahora, aunque ahora tampoco es mundial porque en los países socialistas no hay inflación y en los países socialistas debe haber unos mil 200 millones de personas.

* Vanguardia del Pueblo, Año I, N° 4, Santo Domingo, Órgano del PLD, 16-30 de septiembre de 1974, pp.4-5.

Esta entrevista fue publicada bajo el título: “Analiza los problemas económicos I y II” en Vanguardia del Pueblo, Año XVII, Nos. 793 y 794, Santo Domingo, Órgano del PLD, 26 de diciembre de 1990, p.4, y 2 de enero de 1991, pp.4-5, respectivamente (N. del E.).

En cuanto a la preocupación de la gente por esa inflación o por el enorme encarecimiento de la vida, es bueno recordar que hace pocos días un economista muy conocido en el mundo capitalista (que además de economista es escritor) dijo que la inflación es políticamente mortal. ¿Por qué es políticamente mortal? Porque termina siempre en crisis económicas profundas y esas crisis se llevan por delante gobiernos y organizaciones sociales.

—VdP: ¿Podemos hacer un corto aparte para que nos diga cómo se llama ese economista y escritor y cómo se llama la novela suya que se desarrolla en Santo Domingo?

—JB: Sí. Se llama John Kenneth Galbraith y la novela se llama Triunfo o El Triunfo y ha sido publicada en español hace dos o tres años. El nombre del país donde se desarrolla esa novela no es República Dominicana ni Santo Domingo; es Puerto Santo, y el nombre del dictador que figura en ella no es Trujillo sino Martínez, pero Martínez, como todos sabemos, era el segundo apellido de Ramfis, el hijo de Trujillo, y en la novela el hijo del dictador estudió en los Estados Unidos, tal como lo hizo Ramfis en los años anteriores a la muerte de su padre. Galbraith es autor de varios libros, entre ellos, algunos acerca de economía, y el artículo donde dice que la inflación es políticamente mortal apareció en una revista que publica cada domingo The New York Times, llamada The New York Times Magazine, la correspondiente al 15 de este mes.

Por cierto, en ese artículo Galbraith dice unas palabras que había dicho yo, hablando por Radio Comercial, en enero de este año. Dice Galbraith que los “países comunistas tienen precios estables y monedas fuertes”, y así es. En los países socialistas no se conoce la inflación; al contrario, los precios son estables, es decir, permanentes, y en algunos casos bajan, aunque muy poco a poco, lo cual demuestra que la planificación de la economía, de la producción y del consumo, es la única garantía contra la inflación, y la economía sólo puede planificarse, es decir, sólo puede manejarse con planes y bajo control donde los medios de producción están también bajo el control de la sociedad.

—VdP: Profesor Bosch, Ud. estuvo anunciando esta crisis desde el año 1971. Yo recuerdo que en una comparecencia por televisión, en el programa El Pueblo Cuestiona, Ud. dijo que las medidas que estaba tomando Nixon para evitar esta crisis, creo que por agosto de 1971 ó 1972, no iban a resolver nada. ¿Cómo se dio cuenta Ud. entonces de que había una crisis y de que esa crisis no iba a ser resuelta por el gobierno de Nixon?

—JB: Esa pregunta es muy compleja o complicada y al responderla se me pueden ir de la mente algunos puntos. En primer lugar, me di cuenta de que había una crisis en marcha porque siempre he puesto atención a las noticias de carácter económico. Por ejemplo, todos los días leo lo que se dice sobre el movimiento de la Bolsa de New York. En las llamadas bolsas que hay en todas las capitales del mundo capitalista se compran y se venden acciones de las grandes empresas, y analizando las operaciones diarias de las Bolsas se da uno cuenta de cómo va la situación económica. Pero hay otras señales, como son, por ejemplo, el número de desempleados de un país desarrollado; si ese número aumenta, es mala señal, si disminuye, quiere decir que la situación económica es normal o mejor que normal. Además, en el caso concreto de los Estados Unidos, para 1970 había ya muchas demostraciones de que su economía se hallaba en crisis. Una de ellas era el aumento del desempleo, otra, el aumento de los precios, pero la más importante para mí era que desde 1968 el país tenía déficit en la balanza de pagos, es decir, que los dólares que salían hacia otros países eran muchísimos más de los que entraban; eran miles de millones más cada año. Y como se trataba de cantidades enormes, que hasta ese momento el mundo no había conocido, me di cuenta de que estaba en formación una crisis gigantesca y además, nueva en muchos aspectos, nueva, por lo menos, para los economistas y los gobernantes de este siglo, porque en el pasado hubo una crisis parecida, pero de eso hace tres siglos, y como hace tres siglos no existía la ciencia económica, aunque ya entonces había lo que podríamos llamar economistas (muy pocos, por cierto), sucedió que la crisis se resolvió casi por sí sola y no quedó escrito en ningún libro qué fue lo que se hizo para resolverla, y por esa razón los economistas de hoy no saben cómo se resolvió, qué métodos se aplicaron para resolverla, y como no lo saben no pueden aplicar aquellos métodos a la crisis actual.

En cuanto a que Nixon y sus consejeros económicos no iban a poder resolver la crisis de 1971-1972, me di cuenta porque ellos hicieron dos cosas que ni juntas ni separadas le daban solución a la crisis; una de ellas fue tirarles encima el problema a otros países, como por ejemplo, al Japón; la otra fue aplicar remedios que eran únicamente monetaristas, es decir, que sólo tenían que ver con la abundancia o el valor de las monedas, y resulta que aunque el exceso de monedas desata una inflación, la inflación no se debe únicamente al exceso de moneda. Con esto sucede lo que sucede con una persona que es muerta o herida de un tiro. Para que el tiro mate o hiera a alguien es indispensable que un dedo apriete el gatillo de un revólver o de un fusil, pero también es indispensable que exista el fusil y además que esté cargado. Si hubiera exceso de moneda y al mismo tiempo hubiera exceso de producción de los artículos de consumo (no, por ejemplo, exceso de producción de armas de guerra y falta de artículos de consumo), entonces no habría inflación, y hasta podría resultar todo lo contrario, que los precios de los artículos de consumo fueran más bajos.

—VdP: ¿Y cuál fue la crisis de que habló usted hace un momento, de la que yo, por lo menos, no he oído hablar?

—JB: Estoy seguro de que sí has oído hablar de ella. Lo que sucede es que aunque se menciona en los libros de Historia, no se estudia por lo que dije hace un momento, porque no se sabe hoy por qué y cómo se resolvió; y como no se estudia, sino que se menciona casi de pasada nada más, la gente que ha leído sobre ella no la recuerda. Pero esa crisis duró por lo menos un siglo, de mediados del siglo 16 a mediados del siglo 17; y fue, como la actual, una inflación. Lo que la produjo fue el exceso de oro y plata que España sacó de América, sobre todo de México y del Perú, así como lo que agrava la inflación actual es el exceso de dólares que los Estados Unidos echaron a rodar en 30 ó 31 años de guerras en Europa y Asia. No se sabe cuánto oro y cuánta plata sacaron los españoles de América, pero para aquella época fue muchísima, y sin embargo tal vez fue menos relativamente que la cantidad de dólares que los norteamericanos han puesto a rodar por el mundo en la tercera parte del tiempo que usaron los españoles para llevar a Europa el oro y la plata de América. La mente humana no alcanza a imaginarse cuántos dólares han puesto a circular en el mundo los yanquis desde el año 1941; pero son tantos que como dije en una ocasión, equivalen fácilmente a los gastos anuales de nuestro país desde el nacimiento de Cristo hasta hoy, calculando esos gastos a 250 millones de dólares por año. Y que conste, que hablo sólo de los dólares gastados en actividades de guerra.

—VdP: ¿Y Ud. cree que esta inflación puede durar tanto como la de hace tres siglos?

—JB: Bueno, hace tres siglos que terminó, pero empezó hace más de cuatro; y debo decirte que nadie sabe cuánto puede durar la de ahora, pero en su etapa de crisis tiene ya seis años sin que la mayoría de la gente se haya dado cuenta. Nosotros los dominicanos podríamos darnos cuenta si lleváramos registros de los precios. Por ejemplo, en este mismo número de Vanguardia del Pueblo saldrá una lista de los precios de 17 artículos de consumo general; pero déjame aclarar que esa lista es de los precios de 1966, de 1971 y de este año. Pues bien, si te pones a observar esos precios notarás que entre 1966 y 1971 hubo aumento, pero relativamente pequeño; las habichuelas aumentaron de 15 a 19 centavos la libra, la carne corriente de vaca aumentó de 40 cheles a 60, la de puerco de 35 a 50, la pasta de jabón de 8 a 12, el huevo de gallina de 3 a 4, pero de 1971 a 1974 el aumento es escandaloso. ¿Por qué? Porque ese aumento empezó a acelerarse en 1969 y todavía está en aceleración.

¿Quieres que te diga una cosa? Para mí, la inflación actual es la más peligrosa que ha conocido la humanidad. El secretario del Tesoro de los Estados Unidos dice que durará de dos a cinco años, pero fijarle ese tiempo no tiene sentido. El presidente Ford dice que esta inflación es el enemigo número uno de su país, y es verdad. El problema más serio que le presenta al mundo capitalista es que las salidas que se le ven son políticamente peligrosas para los gobiernos que las tomen, incluyendo entre ellos al gobierno norteamericano. Por eso dice Galbraith que la inflación es políticamente mortal.

—VdP: ¿Y esta inflación no podría resolverse por sí sola, como dijo Ud. que se resolvió la otra, la del siglo 16?

—JB: Mira, no se sabe cómo se resolvió aquella, pero yo tengo la impresión de que el desarrollo del capitalismo, que estaba entonces en sus primeros tiempos, absorbió el oro y la plata que habían dado origen a la inflación, porque lo que desata una inflación es que vayan a dar a manos de las gentes dinero, oro o plata o cualquiera moneda que tenga valor real, es decir, lo que se llama capacidad de compra. Cuando sucede eso, muchísima gente se halla de buenas a primeras con dinero para comprar artículos que no compraba antes o que si los compraba los compraba en cantidades menores. Al crearse esa situación hay más dinero para hacer compras que artículos en venta. Algunas veces el encarecimiento es de uno o dos o tres artículos que escasean, pero entonces no hay propiamente inflación. La inflación significa encarecimiento de la totalidad de todo lo que se compra, desde arroz y plátanos hasta aviones y ferrocarriles. En períodos de inflación se encarecen la tierra y las casas, las telas y las medicinas; no hay nada que escape al encarecimiento. En la inflación actual se ha encarecido hasta más de dos veces el interés del dinero, cosa que aparentemente no tiene explicación, porque si hay dinero de más, es decir, hablando con más precisión, si hay dólares de más, debería ser más barato el interés que se cobra por prestarlos, puesto que si los dólares sobran hay o debe haber más facilidades para aprestarlos. Pero sucede que los bancos cobran más interés por prestar dólares porque el aumento de los precios de todos los artículos es muy rápido y los intereses se cobran a plazos, por ejemplo, a tres meses, a seis meses, a un año, a dos años, y nadie sabe qué precios van a tener los artículos de consumo diario dentro de tres meses, seis meses, un año o dos años. Los intereses suben, pues, tomando en cuenta no la cantidad de dólares que haya para prestar sino el ritmo a que aumenta el costo de la vida, o dicho de otro modo, tomando en cuenta cuánto habrá que gastar dentro de cierto tiempo para comprar un flux, unos zapatos o un automóvil o la leche, pero pensando siempre que habrá que gastar más a medida que el tiempo vaya pasando.

Como iba diciéndote, el desarrollo del capitalismo, según mi manera de entender el problema, absorbió en los siglos 16 y 17 el exceso de oro y plata que los españoles llevaron a Europa, y debe tomarse en cuenta que entonces no se conocía el billete de banco, entonces las monedas eran de metal, de oro y plata, y las de menos valor eran de cobre. El capitalismo se hallaba entonces en pleno desarrollo, podemos decir que era un muchacho que estaba creciendo y al crecer el oro y la plata sobrantes cubrieron las necesidades de ese crecimiento. Pero ahora no hay desarrollo capitalista posible. Ya el capitalismo dio todo lo que iba a dar.

—VdP: Profesor, en la revista ¡Ahora! se publicó hace como un mes un artículo sobre la inflación que se llamaba creo que la Nueva Crisis Capitalista, y su autor comparaba la crisis actual con la de 1873. ¿Es eso correcto?

—JB: No. La crisis de 1873, a la que me referí, aunque muy de pasada, en las palabras que dije en el acto conmemorativo del asesinato de Salvador Allende, que tuvo lugar en el Teatro Capitolio (que por cierto fue un acto muy bueno), fue una de las llamadas crisis cíclicas, es decir, de las que se producían cada tantos años en el sistema capitalista, pero no fue una crisis mortal como es ésta. Por ejemplo, seis años después de esa crisis, es decir, en el 1879, inventó Edison la bombilla eléctrica, el bombillo, como dice nuestro pueblo, y eso por sí solo da una idea de todo el camino que tenía por delante el capitalismo, pues detrás del bombillo vendría el cine, vendrían la plancha y la cocina eléctrica, el refrigerador, el aire acondicionado, y faltaban todavía el desarrollo del automóvil, el avión, los cohetes, la televisión. En fin, para 1873, el capitalismo tenía por delante sus mejores tiempos; ahora, esos mejores tiempos están a su espalda.

En ese artículo de ¡Ahora! hay cosas buenas y hasta muy buenas, como por ejemplo cuando su autor dice que la guerra se convirtió en una industria y esa industria en una de los pilares del sistema capitalista, pero hay otras que no lo son, como por ejemplo los párrafos en que relaciona la crisis actual con la subida del precio del petróleo. Los hechos son al revés. El petróleo subió debido a que la inflación mundial arrastró a ese producto, es decir, lo obligó a encarecer. Lo que hicieron los países petroleros fue poner su petróleo al nivel de precios que tenían el año pasado los artículos que ellos compraban en los países industriales, que eran los que les compraban a ellos más petróleo.

Por último, el autor del artículo de ¡Ahora! no entiende claramente en qué consiste el fenómeno dialéctico, cuál es su mecánica, porque a pesar de que dice que el agua cambia de naturaleza a partir de los 100 grados, para convertirse en vapor, lo cual es un fenómeno de cambio dialéctico, al hablar de la inflación pregunta que cuál es el fenómeno que ha capitalizado ese cambio y se responde que es el conflicto del petróleo, y el cambio dialéctico no se produce debido a la presencia de un tercer elemento que aparece de buenas a primeras caído del cielo. Ese tercer elemento, por ejemplo, el fuego que hace hervir el agua, toma parte en el proceso porque es una necesidad o un resultado de ese proceso. El encarecimiento del petróleo fue un resultado natural del proceso inflacionario que iba extendiéndose por todo el mundo debido al carácter mundial que tiene el capitalismo; y ese proceso inflacionario fue a su vez el resultado natural del exceso de dólares lanzado sobre el mundo por los Estados Unidos para cubrir sus necesidades militares, pero esas necesidades militares fueron a su vez el resultado natural del hecho de que la industria de la guerra se había convertido en uno de los pilares del sistema capitalista, es decir, que el sistema capitalista necesita la guerra para mantenerse funcionando, y por esa razón los Estados Unidos han estado haciendo la guerra en Europa y en Asia durante más de 30 años. Los cambios dialécticos, pues, se presentan inevitablemente en el curso del desarrollo de todos los procesos, de cualquier naturaleza que sean: químicos, mecánicos, biológicos, sociales.

—VdP: ¿Y el próximo cambio, cuándo cree Ud. que se dará?

—JB: No es fácil saberlo, pero de todos modos no será inmediatamente. Lo que tenemos ahora mismo por delante es una época de inestabilidad. No hace mucho The New York Times decía en un editorial que los números que se refieren al encarecimiento de la vida en los Estados Unidos han sido en el mes de agosto peor que malos; han sido increíbles; que si el paso que dio el encarecimiento en ese mes de agosto se mantiene un año, el costo de la vida aumentará para el año que viene en 46 por ciento, lo cual le parece alarmante el New York Times, y lo es en efecto. Sin embargo, ¿qué ha pasado en la República Dominicana?

Aquí, en nuestro país, hay artículos que han subido desde el 1971 mucho más de ese 46 por ciento que ha alarmado al New York Times. La leche, por ejemplo, dobló el precio; los huevos subieron el 100 por ciento; el jabón, lo mismo; el aceite casi el doble; el arroz, casi el doble, de 14 a 25, y el bacalao más del doble, de 51 centavos a uno con 20. Pero los que gobiernan este país no están dándose cuenta de lo que está pasando y el Dr. Balaguer cree, como lo ha dicho varias veces, que la inflación es buena para el desarrollo económico, y ha estado jugando la carta de la inflación botando el dinero, tirándolo al basurero inflacionista con una consciencia verdaderamente escandalosa.

—VdP: Pero el Dr. Balaguer dice que él ha hecho obras de infraestructura, como Tavera y Valdesia, y que el dinero empleado en esas obras no es malgastado, no es inflacionario.

—JB: El dinero gastado en esas obras es inflacionario porque es dinero que se cogió prestado, de manera que aumentó el circulante nacional, o la cantidad de pesos dominicanos que había en circulación, lo aumentó a razón de dos pesos dominicanos por cada dólar que se cogió prestado. Ahora bien, son obras reproductivas, o serán reproductivas cuando produzcan electricidad y cuando sus aguas se usen en canales, pero todavía no se hace ninguna de las dos cosas.

Quiero decirte una cosa, y es que si la inflación actual es políticamente mortal, según dijo Galbraith, para países como Estados Unidos e Inglaterra, como Japón e Italia, para nosotros va a ser más que mortal, y lo será especialmente por las locuras económicas del Dr. Balaguer. Ahora mismo está diciéndose que el Dr. Balaguer va a hacer más avenidas de lujo y que va a comenzar a construir el Faro a Colón.

¡Qué Dios nos coja confesados! Eso sería un crimen económico, pero no debemos poner en duda que ese crimen se cometa. En el orden económico, el Dr. Balaguer vive fuera de este mundo; pero nosotros, los dominicanos, somos los que vamos a pagar los platos que él rompa.

Tenemos que organizarnos, tenemos que organizar al pueblo para hacerle frente a la situación que vendrá como resultado de la inflación mundial que está en marcha. Pero de eso, de la organización del Pueblo y del tipo de lucha que debemos desarrollar hablaremos en el próximo número de Vanguardia del Pueblo. Ahora no disponemos de más espacio, así es que te espero dentro de dos semanas.

—VdP: Hasta entonces, compañero Bosch… si Dios quiere. (Y al oír ese si Dios quiere el compañero presidente del PLD se echó a reír).