Bosch: ¡A Comprar sin Dinero!

  • 27 julio 1977

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 27 de julio de 1977
Página 4.-

Por el número de compatriotas que según se dice viven en ella, Nueva York se ha convertido en la segunda ciudad dominicana, de manera que las cosas importantes que suceden en Nueva York tienen que ser de interés para los dominicanos, y en Nueva York se produjeron a mediados de este mes hechos que sobrepasan la categoría de importantes y entran en el limitado número de los históricos, al menos en el terreno de los estudios sociales.

Un compañero peledeísta que tiene la capacidad de saber distinguir entre lo que es importante y no lo es nos llamó desde Nueva York a primera hora del día 14 para decirnos en pocas palabras lo que estaba sucediendo en la enorme y portentosa capital del dólar. “Esto es un caos”, nos decía el compañero Jaime Vargas. Pero se trataba de un caos social, algo que se ha visto pocas veces en la historia y que sólo se da a raíz de una catástrofe como un terremoto destructor o un cataclismo que no deja nada en pie o como resultado de una gran batalla perdida cuando los vencedores arrebatan todo lo que hallan en su camino.

En Nueva York no hubo un terremoto ni la entrada de un ejército enemigo vencedor, y además el saqueo de más de 2 mil tiendas en el Bronx, en Queens, en Brooklyn y en Manhattan (es decir, en todos los distritos neoyorquinos), los mil y pico de fuegos de casas comerciales, la mayor parte de ellos provocados por los mismos que saqueaban esos comercios y los dejaban vacíos; la pérdida de más de mil millones de dólares causadas por los robos, los incendios, la rotura de puertas metálicas y de vidrieras así como por los vehículos descuidos, no fueron la obra de – gente que actuaban siguiendo un plan sino el producto de una erupción social incontenible que puede compararse con la de un volcán poderoso en cuyas entrañas hervía desde hacía tiempo, y crecía de manera incontenible, una enorme cantidad de lava que era impulsada por el fuego de la injusticia social.

La prensa norteamericana, y con más propiedad la de Nueva York, estuvo tres días informando sobre lo que ella misma bautizó con el nombre de La Noche de los Animales, y pasados esos tres días no volvió a mencionar los hechos del 13 y el 14 de julio. El día 18, un periodista llamado William Safire, que formó parte del equipo que escribía los discursos de Richard M. Nixon, publicó en The New York Times, el periódico más importante de la ciudad y del país, un artículo titulado Navidades en Julio que comenzaba refiriéndose a lo que a su vez había publicado un periódico de Nueva York que se hace en lengua española (El Diario). Safire copiaba en su artículo el título de ese trabajo, que era “¿Por Qué? “, así, en nuestro idioma; y se preguntaba: “¿Por qué, cuando las luces de la ciudad se apagaron, hubo una orgía de destrucción y saqueo que costó mil millones de dólares, llevada a cabo por los habitantes de los barrios bajos de la ciudad? Y seguía diciendo: “Nada igual ha pasado antes en una ciudad norteamericana”; y pudo haber dicho que tampoco había sucedido nada igual en ninguna gran ciudad inglesa, francesa o alemana, española, sueca, holandesa, en tiempos de paz y sin que se diera antes una catástrofe que hubiera destruido la ciudad.

Compradores sin Dinero

Como la mayoría de los analistas estadounidenses, Safire se hallaba confundido por la gravedad de los hechos; decía que lo que sucedió en Nueva York la noche del miércoles 13 y durante el día jueves 15 no fue un levantamiento racista porque los saqueadores atacaban por igual comercios de blancos y de negros; que no se trató de una acción desesperada llevada a cabo por un pueblo que quería satisfacer sus necesidades, porque la gente cogía tostadores de pan, pero no pan; cogía licores, no leche; cogía camisas deportivas, no zapatos para que los usaran los neoyorquinos descalzos, y que uno de los que saqueaban, llevado “por el diabólico clima de carnaval” que había en la ciudad, gritó “Navidades en julio”. Esto es, el señor Safire se aleja del problema yéndose por los caminos de lo superficial porque no alcanza a dar con las causas de lo que había sucedido. Pero él no es el único que se fuga de la realidad. La verdad es que si se leen los periódicos norteamericanos de esos días no se halla una explicación de los hechos. Sólo El Diario (y no debemos olvidar que es de lengua española) se preguntaba “¿Por Qué? “, aunque no supiera dar la respuesta.

En primer lugar, debemos decir que el saqueo y la destrucción de Nueva York comenzaron a raíz de un apagón que se produjo el miércoles 13 de julio a las 9 y 34 de la noche y terminó 25 horas después, esto es, a las 10 y minutos de la noche del 14. En esas 25 horas, miles y miles de hombres, mujeres y niños se lanzaron a las calles, como decía a gritos una mujer que corría con una bolsa de compras llena de cuanto cabía en ella, “¡A comprar sin dinero!”. En una agencia de automóviles del Bronx los saqueadores “compraron sin dinero” 50 carros nuevecitos; en Brooklyn, jóvenes y adultos cargaron sillas, sillones, mesas de comedores, camas y colchones que “compraron” en buenas tiendas de muebles; en una tienda de armas de Manhattan “compraron” rifles, escopetas y millares de tiros; en Jamaica (Queens), “compraron” todo lo que había en 32 tiendas de joyas, de licores y de discos. En 7 cuadras del Boulevard Empireal Eastern Park-way, “compraron” todo lo que había en 40 tiendas de las 46 que funcionaban en esa zona. Hubo una tienda de ropas en la cual los saqueadores “compraron” no sólo los trajes sino también todos los maniquíes. Al dueño de una tienda que estaba llena de muebles de sala y comedor, refrigeradores, televisores y lámparas de cristal, se lo “compraron” todo excepto 4 lámparas porque tal vez no les gustaron a los “compradores”. Los “compradores” eran niños que se llevaban útiles escolares y dulces y juguetes, o eran hombres que llegaban en automóviles o camionetas, amarraban cadenas o sogas a los parachoques (bompers) y a las puertas metálicas de los negocios y con la fuerza de los vehículos se llevaban esas puertas en claro y luego rompían las vitrinas a martillazos y a hierrazos. En algunas calles había kilómetros de vidrios rotos y de latas vacías que dificultaban el paso de los carros patrulleros de la Policía; pero también lanzaban carros y camiones contra las puertas de algunos comercios, que quedaban abiertos para que entraran los “compradores”. En lugares como Harlem y Brooklyn, grupos de jóvenes “compraban” las joyas que llevaban en los brazos y en las manos las mujeres que pasaban por los sitios atacados, y a los que les parezca difícil que eso pudiera hacerse de noche, horas en las cuales no había luz para ver quién llevaba joyas, les recordaremos que en ciertos barrios de Brooklyn el saqueo duró no sólo la noche del miércoles sino también todo el día jueves. En muchos lugares de Brooklyn hubo hasta 20 incendios a la vez precisamente el día 14, no la noche anterior.

Los que educaron a los Saqueadores

El ataque a las tiendas empezó en Harlem, Harlem del Este, el sur del Bronx, en Bedford— Stuyvesant, Buschwick y algunos barrios de Queens casi inmediatamente después de haber comenzado el apagón.

¿Cómo se explica eso? ¿Era que las gentes de esos barrios estaban organizadas para lanzarse a las calles de Nueva York a hacer lo que hicieron tan pronto les dieran una señal, que sería la del corte de la luz?

Si los hechos se hubieran dado en un país de pequeños burgueses como es la República Dominicana, ya alguien habría lanzado la tesis de que el apagón fue la señal convenida para que empezara el saqueo de la ciudad, porque es típico de la pequeña burguesía llegar a conclusiones por corazonadas, sin estudiar detenidamente todos los aspectos de un acontecimiento. Pero el apagón no fue una señal sino la casualidad que dejaría abierto el camino para que por él cayeran sobre Nueva York los males que la capital del dólar lleva en sus entrañas.

Decía William Safire en su artículo de The New York Times que lo que pasó en la enorme ciudad norteamericana en la noche del 13 y el día 14 de julio de este año se debe a que se ha extendido la idea inmoral de que robar es correcto si el ladrón puede quedarse con lo que ha robado, lo cual, según él, es lo que habitualmente sucede; y poco después afirmaba: “De manera inhumana, los saqueadores no se sentían culpables de lo que hacían. Ellos cogían lo que había en las tiendas como si ése fuera su derecho: era la Navidad por la libre en el mes de julio”.

Pero ni William Safire ni nadie se ha preguntado quiénes educaron a los saqueadores de Nueva York para que actuaran así, sin sentimientos de culpa; para que se adueñaran de lo que no era de ellos con ánimo alegre, como quien hacía algo justo y además de justo, digno de ser celebrado por los demás. Nadie ha puesto atención en las palabras de esa mujer de algo más de 50 años, según la describía el periodista que tomó nota de lo que ella decía: “¡A comprar sin dinero! “; y sin embargo en esas palabras está la clave para dar con la causa de los hechos del 13 y el 14 de julio; porque desde hace largos años, y para decirlo con más precisión, desde hace un cuarto de siglo los habitantes de Nueva York viven bajo una presión continua, llevada a cabo a través de la televisión, del cine, de los periódicos y las revistas, de la radio y de las pancartas o canelones, para que compren la mejor cama, el refrigerador más vistoso, el zapato más fino, el traje de moda, el cigarro más sabroso, la lavadora más rápida, el automóvil de líneas más aerodinámicas, el cristal mejor tallado, la bebida más embriagadora. Esa invitación hecha en los tonos, los modos y las palabras más atractivas para los que tienen dinero llegaba también a las casas de los que no lo tienen, que en Nueva York son cientos de miles. Hay que vender porque si no se vende no hay beneficios, y el sistema se alimenta del beneficio. Para vender hay que llevar la clientela a las tiendas; y esta vez fue la clientela que no debía ir porque no tenía dinero; fue “¡A comprar sin dinero! Y estuvo comprando sin dinero durante veinticinco horas.