Bosch: Inversiones Extranjeras

  • 31 agosto 1977

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 31 de agosto de 1977
Página 4.-

El gobierno que nos tocó encabezar en el año 1963 fue derrocado por la misión militar norteamericana debido a que descubrimos, de manera casual, que en el país había campamentos guerrilleros haitianos organizados y mantenidos por el Pentágono con la debida autorización del presidente Kennedy, pero sin conocimiento de parte nuestra. En ninguna parte del mundo se había visto un caso parecido de abuso de poder y desprecio a la soberanía de un país amigo, y si ese hecho se hacía público el escándalo iba a dejar malparado el prestigio de John F. Kennedy, que ya había sufrido un duro golpe con el fracaso de Bahía de Cochinos. Para evitar el escándalo, el gobierno constitucional de la República Dominicana fue derrocado fulminantemente antes de que tuviéramos tiempo de comprobar lo que habíamos descubierto. Ahora bien, con todo y lo que esa intervención podía significar en la vida del pueblo dominicano, sus efectos no pueden compararse con los que tuvo la de 1965, y sin embargo todavía a esta altura no se ha enjuiciado con la necesaria atención la diferencia que hay entre un hecho y otro; es más, aún hay gente que se niega a aceptar la idea de que el golpe de 1963 fue dado por la misión militar norteamericana y hasta hoy nadie ha intentado siquiera averiguar cuáles fueron las causas reales de la intervención de 1965, que se ha presentado en los Estados Unidos y aquí como la acción de un Lyndon B. Johnson enloquecido por el miedo a 51 supuestos comunistas dominicanos. Pero así como no había los tales 51 comunistas tampoco hubo el miedo de Johnson. Lo que había era la necesidad de enviar tropas a la República Dominicana para evitar que volviera a ponerse en vigor la Constitución de 1963, que estaba llamada a quedar restablecida con la victoria de la Revolución de Abril.

La Era de las Multinacionales

La Constitución de 1963 obstaculizaba el desarrollo en nuestro país de las empresas multinacionales, especialmente de las que se dedicaron a negocios agroindustriales y mineros, y para 1965 la empresa multinacional se perfilaba como lo que es hoy, la expresión más dinámica del imperialismo. Desde 1965 para acá, las multinacionales han alcanzado su más alto nivel de desarrollo, y dada la mentalidad de un Lyndon B. Johnson y de sus colaboradores, cualquier país pequeño que se atravesara en el camino de las multinacionales debía ser barrido sin piedad, y eso fue lo que se hizo en el 1965 con la República Dominicana. Kennedy actuó en septiembre de 1963 para evitarle a su gobierno un perjuicio político si se conocía la noticia de que mantenía en nuestro país, a espaldas del gobierno constitucional dominicano, campamentos de guerrilleros haitianos; pero Johnson actuó como socio del gran capital multinacional que había perdido, con la victoria de Fidel Castro, el territorio favorito para sus inversiones en la zona tropical y quería reconquistar en la República Dominicana lo que le habían quitado en Cuba.

La intervención militar de 1965 es lo que explica el desarrollo impetuoso que han tenido en nuestro país las empresas multinacionales, incluyendo entre ellas a las que para ese año estaban establecidas aquí, como es el caso de la Alcoa Exploratión y de la Falconbridge, si bien esta última no empezaría a producir ferroníquel sino en 1971.

El ejemplo mejor conocido de una multinacional que se benefició de la intervención norteamericana de 1965 es el de la Gulf and Western Industries. La Gulf and Western le compró a la South Porto Rico el Central Romana cuando todavía se hallaban en territorio dominicano las fuerzas de ocupación. En el número 96 de VAN¬GUARDIA (página 5) se dieron datos acerca de las vinculaciones del gobierno de Johnson con la Gulf and Western a través de políticos demócratas, y en los Estados Unidos se ha dicho en letra impresa que el creador de la Gulf and Western, Charles Bludhorn, recibió de boca de Johnson seguridades de que podía comprar sin temores el Central Romana porque él mismo (el presidente de los Estados Unidos) le garantizaba la estabilidad política de la República Dominicana, cosa que podía hacer porque tenía aquí sus marines; y fue a partir de haberse establecido en este país cuando la Gulf and Western empezó a subir como la espuma.

Tres Ejemplos

La República Dominicana se convirtió rápidamente, después de la intervención militar de 1965, en el paraíso de las multinacionales, y para que nadie piense que estamos exagerando vamos a presentar algunos ejemplos de multi-nacionales mineras que han recibido en nuestro país beneficios fiscales escandalosos y han tenido trato preferencial en el monto de divisas no entregadas al Banco Central. Para la mejor comprensión de los lectores, limitaremos los ejemplos al caso de multinacionales mineras, que trabajan con materias primas que son propiedad del país y que por esa sola razón deberían dejar en manos del Estado una alta proporción de sus beneficios.

Veamos el caso de la Alcoa, que tuvo hasta 1975 ingresos brutos de 146 millones 632 mil 108 pesos, de los cuales el Estado recibió sólo 43 millones 868 mil 583, de manera que a la empresa le quedaron 103 millones 763 mil 525, o sea, 59 millones 894 mil 942 más que al Estado.

En cuanto a la Falconbridge Dominicana, sus ingresos brutos hasta 1975 fueron 329 millones 727 mil 665 pesos, y de ese dineral el Estado dominicano sólo recibió 10 millones 241 mil 804, lo que indica queja diferencia a favor de la empresa fue de 319 millones 485 mil 861, casi 32 veces más que lo recibido por el Estado.

La Rosario Dominicana, S.A., tuvo hasta 1975 ingresos brutos por 29 millones 438 mil (cantidad que se ha multiplicado en 1976 y en este año de 1977), y de ese dinero el Estado obtuvo 9 millones 305 mil 59, de manera que la diferencia en favor de la Rosario fue de 20 millones 132 mil 941.

Ahora, veamos la relación de las divisas que no volvieron al país:

Entre 1966 y 1976, la Alcoa exportó 159 millones 626 mil 253 millones de dólares en bauxita dominicana, de los cuales el Banco Central recibió en divisas 70 millones 251 mil 689 y la Alcoa se quedó con 89 millones 374 mil 564.

La Falconbridge, que empezó a exportar ferroníquel en 1971, exportó entre ese año y el de 1976 nada menos que 430 millones 343 mil 41 dólares, pero al Banco Central entraron sólo 88 millones 325 mil 264, de manera que el valor de nuestro mineral que no volvió al país fue de 324 millones 17 mil 777.

El caso de la Falconbridge ha sido más escandaloso que el de la Alcoa, en cambio entre 1975 y 1976 la Rosario exportó 77 millones 758 mil dólares en oro y plata y entregó al Banco Central divisas por la cuantía de 74 millones, 777 mil 201, de modo que el valor no retornado fue de sólo 2 millones 980 mil 799.

Hasta 1975; las tres multinacionales mineras obtuvieron ingresó dé 505 millones 797 mil 773 pesos, pero de esa cantidad el Estado sólo recibió 53 millones 415 mil 446, y a las empresas les quedaron 442 millones 382 mil 327; y si hablamos de divisas, entre los años 1966 y 1976 las ventas en dólares de las tres alcanzaron a 667 millones 727 mil 294, pero las divisas que entraron en el Banco Central fueron sólo 233 millones, 354 mil 154, de manera que en el exterior se quedaron 434 millones 373 mil 140 de dólares.

¿Completando el Ahorro Nacional?

Hay quienes aseguran que las inversiones extranjeras vienen a completar el ahorro nacional porque contribuyen, con dinero que nosotros no producimos, a proporcionar los fondos que se necesitan para el desarrollo del país. Los datos que hemos ofrecido indican que por lo menos en el caso de la República Dominicana, las inversiones extranjeras sustraen riquezas nacionales que no pagan ni siquiera dejando en el país los dólares que esas mismas riquezas producen; y además, como sucedió con la Falconbridge y la Rosario, gran parte de la llamada inversión se hizo con préstamos avalados por el Estado o con préstamos obtenidos de bancos establecidos en el país, que es lo mismo que decir con dinero ahorrado por los dominicanos, o lo que es igual, que en vez de venir a completar el ahorro nacional, la mencionada inversión extranjera lo que ha hecho en ciertos casos ha sido usar en provecho suyo el ahorro nacional.

Estamos seguros de que esa situación no se da en otros países, pero sabemos también que en otros países no hubo mano militar extranjera que les abriera a las empresas multinacionales la puerta de entrada de la propiedad nacional. De los países de América, sólo el nuestro fue ocupado por fuerzas militares cuyo papel era iniciar aquí la era de las multinacionales; y para eso había que impedir que se restableciera la Constitución de 1963.

Eso se obtuvo con la intervención norteamericana de 1965, y el 28 de noviembre de 1966 se proclamó la nueva Constitución, a lo largo de la cual pueden leerse los artículos y los párrafos de artículos que dan base legal aparentemente inconmovible a la expoliación de las multinacionales. Esos son, la parte final del artículo 47: “En ningún caso la ley ni poder público alguno podrán afectar o alterar la seguridad jurídica derivada de situaciones establecidas conforme a una legislación anterior”; el artículo 103: “Los yacimientos mineros pertenecen al Estado y sólo podrán ser explotados por particulares en virtud de las concesiones o los contratos que se otorguen en las condiciones que determine la ley”; y los siguientes párrafos del 110: “…los particulares pueden adquirir, mediante concesiones que autorice la ley, o mediante contratos que apruebe el Congreso Nacional, el derecho irrevocable de beneficiarse, por todo el tiempo que estipule la concesión o el contrato, y cumpliendo con las obligaciones que la una y el otro les impongan, de exenciones, exoneraciones, reducciones o limitaciones de impuestos, contribuciones o derechos fiscales o municipales incidentes en determinadas obras o empresas de utilidad pública, o en determinadas obras o empresas hacia las que convenga atraer, para el fomento de la economía nacional, o para cualquier otro objeto de interés social, la inversión de nuevos capitales”.

Engárcense en una cadena esos tres eslabones sueltos de la Constitución de 1966 y se comprenderá por qué las bazookas norteamericanas cumplieron la misión de impedir que la Revolución de Abril le devolviera al país la Constitución de 1963.