Bosch: La Acumulación Originaria (6)

  • 30 marzo 1977

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 30 de marzo de 1977
Página 4.-

La forma más pura de la acumulación originaria es aquella en la que se reciben ganancias importantes sin haber hecho ninguna inversión; y eso fue lo que hizo Petán Trujillo, hermano del dictador, que desde los primeros días de la dicta dura estableció un impuesto de un peso, y a veces de más, por cada tronco de pino que cortaban las empresas aserradoras de la región montañosa de La Vega. No sabemos cuánto alcanzó a cobrar Petán Trujillo por ese concepto, pero debió ser mucho dinero porque para 1937 los enterados decían que el inventor del impuesto de los pinos se había hecho muy rico,

Trujillo puso en práctica algunas formas de acumulación originaria que favorecieron a mucha gente, como fue el caso de la valorización de tierras que fueron cruzadas por nuevas carreteras, y entre esas tierras estaban las de zonas madereras abiertas a la explotación en la región fronteriza con Haití; pero en conjunto las que adquirieron más valor fueron las tierras urbanas de las ciudades a las que se les hicieron alcantarillas, acueductos y asfaltado de calles y avenidas, si bien la valorización de tierras urbanas gracias a la inversión de dineros del Estado no alcanzó a ser en tiempos de Trujillo sino una parte mínima de lo que ha sido bajo el gobierno del Dr. Balaguer.

Al morir Trujillo la ciudad Capital podía tener a lo sumo 300 mil habitantes, y al cumplirse los once años del gobierno del Dr. Balaguer tiene por encima de un millón, y lo mismo ha sucedido proporcionalmente en otras ciudades, como en Santiago y San Francisco de Macorís. Entre 1930 y 1977 la población dominicana se ha multiplicado por cinco, y sólo por ese hecho las tierras se han valorizado a tal punto que las mejores para la producción agrícola han aumentado de precio no menos de veinte veces; pero en el caso de las tierras urbanas el aumento ha sido mucho más alto. Al abrir avenidas lujosas por sitios despoblados de la Capital, el gobierno balaguerista ha llevado a valer 40 pesos el metro cuadrado de terrenos que en julio de 1966 no se vendían a ningún precio porque ni estaban en la zona urbana ni tenían condiciones para la explotación agrícola. En lugares donde el gobierno del Consejo de Estado vendió a 2 pesos no se consigue hoy ni un solar si no se paga de 50 pesos arriba el metro cuadrado.

Terrenos Urbanos

La llamada reforma agraria del Dr. Balaguer fue una buena ocasión para que varios dueños de arrozales hicieran su acumulación originaria cobrando sus tierras de arroz por mucho más de lo que valían o recibiendo en pago de ellas solares en la Capital de la República. Recordemos el caso del señor Eduardo Bogaert Román, que fue expuesto con lujo de detalles en nuestro artículo “Póngale nombre, Dr. Balaguer”, publicado en la revista Política, No. 6, correspondiente al mes de octubre de 1972 Al señor Bogaert Román se le dieron un poco más de 617 mil pesos por tierras que valían solamente 217 mil en el mejor de los casos; y para pagarle al señor Bogaert se le cancelaron las siguientes cuentas, que tenía con instituciones del Estado:

4 mil 535 pesos con 89 centavos, acreencia del Banco Agrícola; 8 mil 778 con 21 centavos, acreencia del Banco Agrícola; 110 mil pesos para ser abonados al Banco de Reservas de la República Dominicana, por cuenta de la Arrocera del Norte,-C. por A., y/o Eduardo G. Bogaert Álvarez (hijo de Bogaert Román), a deuda mayor contraída por dicha empresa con esa institución bancaria (del Estado, debió decir el documento gubernamental de compra). Las cantidades que acabamos de dar indican que el señor Bogaert Román le debía al Estado, no se sabe desde cuándo, por lo menos 166 mil 725 pesos con 57 centavos, lo que indica que él y su familia hacían negocios usando dinero del pueblo que recibían a través de dos bancos del Estado.

Para pagarles de inmediato sus tierras arroceras por dos veces más de lo que valían, el gobierno les entregó al señor Bogaert Román y a dos hijos varios solares en la Capital; los más caros fueron fijados al precio de 16 pesos el metro cuadrado, pero los había de 8 y 9 pesos; en total, los solares fueron valorados en 350 mil pesos con 40 centavos. La operación fue hecha no hace todavía cuatro años y medio y ya esos solares están valiendo por lo menos un millón de pesos.

Para darles valor a esos solares y a todos los que eran propiedad del Estado en la Capital, muchos de los cuales pasaron en el año 19/2 a manos de arroceros en la misma forma, por la misma razón y en condiciones muy parecidas a los que hoy son propiedad de las familias Bogaert Román y Bogaert Álvarez, el gobierno ha gastado una cantidad altísima de millones de pesos, no sólo en avenidas de lujo sino también en casas, que también son de lujo si fueron de las que se construyeron en los terrenos donde se hallan los solares de las familias Bogaert Román y Bogaert Álvarez y de otras personas beneficiadas por el proceso de acumulación originaria que mantiene en desarrollo el gobierno del Dr. Balaguer.

Negocio y Fraude

Miembro de la familia Bogaert es Fernando Álvarez Bogaert, casado con una hermana de José Méndez, que en el año 1971 era la cabeza de una firma que llevaba su nombre y que tenía un capital declarado de 50 mil pesos, de los cuales se le debían 40 mil a uno de sus socios. La José Méndez & Compañía se dedicaba a la compra y venta de frutos del país, pero el 20 de marzo de 1972 quedó constituida en la José Méndez & Co., C. por A., y 10 días después estaba solicitando del Banco de Reservas de la República Dominicana, empresa del Estado, un préstamo de 600 mil pesos (contra pagaré a 180 días, renovable por 180 días más, re-conductivo), cantidad que sería dedicada a la compra de tabaco y pagada con un interés de 10 por ciento anual.

La solicitud del crédito fue hecha el 2 de mayo de 1972 en la sucursal de Santiago del Banco de Reservas y no fue conocida por el público porque se mantuvo en medio del silencio más acogedor. Los solicitantes fueron José Méndez Ramos, presidente de la firma; Mercedes Hortensia Méndez de Maruschke, vicepresidente y tesorera, y José Domingo Méndez González, secretario. En el documento no figuraron números de cédulas, a pesar de que la ley lo exige, pero tampoco figuraba el nombre del funcionario del gobierno que estaba por detrás de los Méndez. Ese era Fernando Álvarez Bogaert, que había sido secretario de Estado de Agricultura y era en esos días director del Consejo Estatal del Azúcar (CEA), que administra los ingenios del Estado dominicano. A pesar de su aspecto de operación bancaria respetable, el préstamo de 600 mil pesos a la José Méndez & Co., C. por A., fue una forma de acumulación originaria que no se conoció en tiempos de Marx, y cualquiera que inicie un negocio de compra y venta de tabaco con un crédito de 600 mil pesos, renovable a los tres meses y además re-conductivo, puede darse por millonario a los dos años, especialmente si conoce el negocio como lo conoce la familia Méndez, que por dos generaciones lo había hecho en Cuba con provecho, y si el préstamo le es concedido por un banco del Estado y entre los funcionarios del Estado hay un familiar de mucha influencia como era el caso de Fernando Álvarez Bogaert, cuñado de José Méndez.

Ese familiar de los Méndez tiene hoy, según estimaciones de personas que están enterada, alrededor de 12 millones de pesos. A nosotros nos tocó denunciar ante el procurador general de la República a ese flamante millonario, y pusimos en sus manos comprobantes de un fraude de varios millones en perjuicio del Consejo Estatal del Azúcar. Del dinero del fraude se cambiaron pesos dominicanos por 2 millones de dólares, y esos dólares le fueron entregados a Fernando Álvarez Bogaert, según declaró la persona que hizo la operación.

Acumulación y Reelecciones

En el libro “Composición Social Dominicana” (página 315 de la 7a. edición) decíamos qué la persona que nos informó acerca de la fortuna que tenía Trujillo en 1954 opinaba que hasta mediados de ese año había en el país de 40 a 50 dominicanos que tenían, en bienes y dinero, entre 250 mil y 300 mil pesos; de 10 a 12 que tenían entre 300 mil y 500 mil; unos 10 que tenían hasta un millón, y 5 que tenían más de un millón. Si consideramos que con la construcción de la Feria de la Paz se enriquecieron algunos más, podemos estimar que en los 31 años del trujillato hubo de 75 a 77 personas que fueron beneficiadas por la acumulación originaria trujillista. En once años de balaguerismo ese número tiene que ser multiplicado por lo menos por cuatro; y la inmensa mayoría de los que después de 1966 han pasado de un sueldo a veces modesto a millonarios, que son unos 300 dominicanos, lo han hecho por la vía de la construcción de urbanizaciones, avenidas y otras obras públicas y por la de la corrupción, pero más por la última porque en esta etapa de la acumulación originaria en que estamos viviendo, la manera más socorrida de hacer con rapidez el primer millón de pesos ha sido la del negocio sucio; el contrabando, el cobro de servicios no rendidos cuando por el medio ha habido dineros del Estado; pero también ha habido donación disimulada de bienes públicos, como la de colonias de caña del Consejo Estatal del Azúcar y las que se hacen con apariencia de exenciones de impuestos. Entre 1966 y 1976 el gobierno del Dr. Balaguer ha exonerado del 60 por ciento de los impuestos de aduanas de mercancías por valor declarado de 2 mil 424 millones 455 mil pesos, cantidad realmente escandalosa. Entre esas mercancías ha habido desde vehículos de lujo hasta maquinarias para explotaciones mineras; y ésa es también una forma de distribuir entre unos pocos los dineros del pueblo.

En el orden social, él proceso de acumulación originaria que estamos viviendo significa la estructuración de una capa de millonarios que se forma rápidamente y asciende de inmediato a la cumbre del poder económico y político, y desde esa posición va tomando el control de los centros vitales del país, y con esos centros bajo su mando se asegura la continuidad de sus privilegios con las sucesivas reelecciones del Dr. Balaguer.

Es, en otros tiempos y con otros métodos, lo mismo que bajo los reyes absolutos sucedió en Europa en los siglos en que tuvo su vigencia la acumulación originaria descrita por Carlos Marx en el capítulo XXIV de El Capital.