Bosch: Los Escrúpulos de María Gargajo

  • 03 agosto 1977

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 3 de agosto de 1977
Página 4.-

De buenas a primeras el periódico norteamericano The New York Times se destapó publicando varios artículos sobre la Gulf and Western, la más grande propietaria de tierras dominicanas y dueña de varios negocios que operan en este país, y en uno de esos artículos, cuyo autor es Seymor M. Hersh, se mencionó al gobierno del Dr. Balaguer dando a entender, sin decirlo, que entre él y la Gulf and Western había tratos dudosos y posiblemente contrarios a la ley.

¿Qué era lo que decía en The New York Times Seymour M. Hersh?

Pues decía que la Comisión de Bolsa y Valores de los Estados Unidos tiene pruebas de que la Gulf and Western, “comenzando en los primeros años de la década de 1970, pagó por anticipado millones de dólares de impuestos sobre la exportación de azúcar cada mes de diciembre al Banco Central de la República Dominicana”, que es el país donde se halla “la mayor parte de las altamente provechosas inversiones azucareras de la compañía”. Según el periodista neoyorquino, esos impuestos “no tenían que ser pagados sino en los meses de enero, febrero y marzo siguientes”, cosa que al parecer le dijo a Hersh un antiguo ejecutivo de la compañía, pero la Gulf and Western “hacía esos pagos anticipados para, ayudar a la República Dominicana a mejorar a fin de año su balanza de pagos”.

El antiguo ejecutivo de la empresa dueña del Central Romana dijo, hablando a través de Seymor M. Hersh, que “en diciembre de 1974, y respondiendo a una solicitud del gobierno dominicano, la Gulf and Western le entregó al Banco Central por lo menos 40 millones de dólares”, y 1 explicó que el gobierno hizo la petición alegando que la balanza de pagos del país era deficitaria”. Ai llegar a ese punto, Hersh pasó a hablar por su cuenta y dijo estas palabras: “Eso puso a la compañía (es decir, la Gulf and Western) en buena posición ante los ojos del gobierno dominicano”.

Un Poco de Historia

En esos párrafos que hemos traducido del periódico newyorkino se halla la sustancia de lo que dijo acerca de nuestro país y del Dr. Balaguer el periodista Seymour M. Hersh, en una muestra típica del periodismo aventurero y superficial que se hace en los Estados Unidos, porque lo cierto es que la Gulf and Western tenía no una buena sino una magnífica posición ante los ojos del gobierno de nuestro país mucho tiempo antes de que le diera al Banco Central, si es que se los dio, 40 millones de dólares en el mes de diciembre de 1974. Es más, la Gulf and Western se estableció en la República Dominicana a principios de 1967 precisamente porque sabía que podía contar con el apoyo ciego y completo del Dr. Balaguer en cualquier momento y para resolver cualquier problema, porque así se lo había pedido el hombre que hizo posible su retornó al poder, esto es, Lyndon B. Johnson, presidente, en esa época, de los Estados Unidos. Cuatro años después, cuando los Estados Unidos se hallaban bajo el gobierno de Nixon, decíamos nosotros, hablando por radio el día 18 de mayo (1971):

“…Ahora mismo, por ejemplo, el Dr. Balaguer ha concedido una exoneración de impuestos por veinte años a la Gulf and Western, es decir, al Central Romana, basándose en que esa empresa va a invertir un millón 300 mil dólares en ampliar su fábrica de furfural. Pero van a hacer ya veinte años que al Central Romana se le dio una exoneración de impuestos para que estableciera esa fábrica y en esos veinte años el Central Romana ha ganado varias veces lo que invirtió para establecer esa fábrica, y de tales ganancias debió sacar el millón 300 mil dólares que va a gastar ahora en ampliarla. Suponiendo que en veinte años no subieran de precio los productos que importa el Central Romana ni subiera ninguno de los impuestos exonerados, la nueva exoneración significa para el Central Romana unos 32 millones de impuestos que no pagará, o lo que es lo mismo, de beneficios netos que le entrarán; a su vez, esa suma significa beneficios promedios de un millón 600 mil pesos por año durante veinte años; y eso quiere decir que el Central Romana recuperará en menos de un año, en menos de diez meses, el millón 300 mil pesos que va a invertir en ampliar la fábrica de furfural, y todavía le quedarán más de diecinueve años y dos meses metiéndose en el bolsillo 135 mil pesos mensuales de beneficio. ¿Y saben ustedes lo que significa eso en el porvenir de nuestro país? Pues significa por lo menos 300 escuelas de 100 mil pesos cada una que podrían hacerse en veinte años, para educar a los niños que vienen naciendo desde hace seis años y que nacerán en los próximos veinte años; unas 300 escuelas que los dominicanitos del porvenir no tendrán porque el dinero para hacerlas estará en manos de los hijos millonarios de los dueños del Central Romana. Y esos hijos millonarios no serán dominicanos”.

La Balanza de Pagos

En otra parte del artículo de Seymour M. Hersh se decía que The New York Times consiguió en la biblioteca que el Fondo Monetario Internacional tiene en Washington publicaciones del Banco Central de la República Dominicana en las cuales puede apreciarse el enorme salto que dieron las reservas dominicanas entre el mes de noviembre de 1974, cuando eran de 32 millones de dólares, y el mes de diciembre, cuando llegaron a 91 millones 800 mil. Pero ni Hersh ni los economistas que debe tener The New York Times a su servicio se tomaron el trabajo de ver las publicaciones del Banco Central de los meses de noviembre y diciembre de años anteriores, porque si las hubieran visto se habrían dado cuenta de que ese salto de noviembre a diciembre se daba cada año, sin faltar uno solo desde que el Dr. Balaguer tomó el poder, porque era ya una costumbre del Dr. Diógenes Fernández, gobernador que fue del Banco Central hasta el año pasado, falsear año por año los datos que se refirieran a la balanza de pagos del país.

Precisamente, hablando de la balanza de pagos que presentaban las cifras del Banco Central al 31 de diciembre de 1971 decíamos nosotros en otro discurso, dicho por radio el 5 de mayo de 1972, que “… el que tiene miedo de que aquí se produzca un déficit en la balanza de pagos no está bien de la cabeza, porque ese déficit ya se ha producido. Lo que sucede es que al pueblo se le oculta la verdad y ni siquiera la gente que está al frente de la mayoría de los negocios sabe lo que está pasando”… “En este país, donde la mayoría de las autoridades piensa que al pueblo no se le debe decir nunca la verdad, no se puede creer ni siquiera en los libros del Banco Central”.

E inmediatamente agregábamos:

“Los que están enterados de las intimidades del Banco Central saben que a fin de cada año esos libros se cuadran dejando afuera importaciones del mes de diciembre, que se hacen aparecer después en el mes de enero del nuevo año, y dejan de pagarse deudas en dólares, que vienen a pagarse también en el nuevo año, y eso se hace a fin de poder decirle al país, al comenzar cada año, que el año anterior hubo superávit (de divisas)”. Lo que nos faltó decir entonces fue que además de eso, el Banco Central les pedía a algunas empresas que adelantaran la entrega de divisas; pero ahora, al cabo de más de siete años, el Dr. Diógenes Fernández, que era gobernador del Banco Central para la época en que pronunciamos las palabras que hemos copiado, ha venido a admitir que decíamos la verdad, según puede verse en declaraciones que hizo al Listín Diario y que ese periódico publicó el 28 del pasado mes de julio en su página 11—A.

Escupiendo el Huevo

Esto fue lo que dijo Diógenes Fernández:

“…creemos que las autoridades monetarias están en el deber, antes de quedarse cruzadas de brazos frente a un problema de balanza de pagos, de seleccionar la alternativa que sea más conveniente para el país en ese momento, para el financiamiento del posible déficit que pueda afrontar la balanza de pagos”; y en el párrafo anterior había dicho que “es lógico pensar que el Banco Central, que tiene a su cargo la preparación de la balanza de pagos del país, acuda todos los años a las empresas productoras de divisas con SI propósito de hacer el mayor acopio de ingresos para así concluir la balanza de pagos en las mejores condiciones posibles”.

Detengámonos un momento en expresiones tan impropias de un exgobernador del Banco Central como ésas de que el Banco “tiene a su cargo la preparación de la balanza de pagos del país” o la de “concluir la balanza de pagos” y llegaremos fácilmente a la conclusión de que el Dr. Fernández no alcanzó a saber nunca qué cosa es una balanza de pagos. Para él se trataba de un acomodamiento de números que debía hacerse cada fin de año con intenciones propagandísticas en favor del gobierno, no un hecho económico que se produce constantemente, hora tras hora y día tras día como fruto natural de la política económica de un país, no como resultado de remiendos llevados a cabo en la contabilidad del Banco Central o de adelantos de divisas hechos a petición del Banco o del gobierno por empresas como la Gulf and Western, que necesariamente debían cobrar el favor de esos adelantos con exoneraciones como el de la fábrica de furfural, que puso en manos de los “muchachos” de mister Bludhorn 32 millones de dólares calculados año y medio antes de las sucesivas subidas de precios del petróleo, lo que quizá signifique más de 100 millones a los precios actuales de ese combustible.

El periodista Seymour M. Hersh califica de impuestos adelantados lo que era un adelanto en la entrega de divisas, pero eso no debe preocuparnos. Lo que nos llama la atención es su empeño, y el de The New York Times, en dar a entender, sin decirlo, que entre el gobierno dominicano y la Gulf and Western hubo tratos dudosos y posiblemente ilegales, porque resulta que ni Hersh ni el Times manifestaron el menor interés en la suerte de este país cuando la Gulf and Western, la Falconbridge, la Alcoa, los bancos norteamericanos o la Rosario Mining decidieron venir a chuparse la sangre del pueblo dominicano. Sus escrúpulos nos recuerdan los de María Gargajo, que lavaba el huevo, pero para que nadie se lo comiera, tan pronto le rompía el cascarón escupía la clara y la yema