Bosch: Porque Vamos (3)

  • 22 junio 1977

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 22 de junio de 1977
Página 4.-

No actuaron con claridad política los pele- deístas que en la elección de precandidatos del Partido a la Presidencia y a la Vicepresidencia de la República votaron por aquellos que a su juicio iban a producirle al PLD más votos en las elecciones del año que viene. Eso fue votar con un criterio equivocado porque el Partido no tiene que buscar votos en el matadero electoral de 1978; lo que tiene que buscar es el contacto político con el pueblo durante los meses de la campaña, que dura hasta el 15 de mayo. Los votos que la gente echará en las urnas el 16 de mayo podrán ser más o menos, y nosotros debemos agradecer de antemano los que echen por el PLD sus simpatizantes y amigos, y contamos con los que echarán los peledeístas miembros y aspirantes a miembros del Partido, pero no podemos convertirnos en reformistas, perredeístas o socialcristianos, porque así como no compartimos ni las ideas ni la conducta de esos señores así no debemos compartir tampoco sus aspiraciones. Ellos aspiran a ser los vencedores en las elecciones de 1978 y nosotros aspiramos a usar la fiebre política que les da a los dominicanos en los meses de la campaña electoral para adelantar la tarea de construir el PLD.

Y si eso es lo que buscamos, ¿qué importancia puede tener para un peledeísta que el candidato del Partido a la Presidencia o a la Vicepresidencia de la República sea Fulano o sea Mengano? ¿Cómo es posible que en un partido como el nuestro haya habido compañeros que no se dieron cuenta de que al votar por un precandidato achacándole como una virtud política lo que para nosotros no lo es ni puede serlo (al menos en esta oportunidad) votaron exactamente como lo hubiera hecho un perredeísta, y nada más?. Si nosotros sabemos de antemano que no podemos ganar las elecciones, ¿de dónde sale ese interés en sacar muchos votos? ¿Qué vamos a hacer con esos votos? ¿Para qué nos servirán?

Queremos y debemos dedicarnos a construir el Partido y de paso debemos proyectar sobre todo el país nombres de peledeístas que tienen condiciones para ser líderes, lo cual es también una manera de adelantar el desarrollo del Partido, pero no podemos pasar de ahí porque ir más allá podría tener malas consecuencias. La gallina no es más inteligente que nosotros, y a una gallina no se le ocurre meterse en el buche una mazorca de maíz. Es verdad que se llena de maíz, pero se lo embucha grano a grano, y con cada uno se fortalece, aumenta de peso, se desarrolla.

El que pensó que con tal candidato podíamos acercarnos más al pueblo pensó bien, pero no el que creyó que con tal otro conseguiríamos más votos.

Los que niegan El Fraude

En la República Dominicana había cierta tradición de vida política que se cortó al llegar al poder Rafael L. Trujillo, y como Trujillo gobernó en un vacío político tantos años, cuando su dictadura desapareció dejó entre otras herencias la de una falta total de tradición en la actividad partidista; faltaban las tradiciones buenas y las malas, y conviene aclarar que en ese orden de cosas el conocimiento de lo malo es tan útil como el conocimiento de lo bueno porque los dos enseñan muchas cosas. Por ejemplo, todavía a estas alturas, dieciséis años después de la muerte de Trujillo, el pueblo dominicano desconoce lo que es un fraude electoral, y lo que es peor, se niega tercamente a admitir que a la hora de contar los votos que se echan en unas elecciones puedan dejar de contarse todos los que fueron metidos en las urnas.

En los años de Trujillo el elector tenía que ir a votar y tenía que hacerlo por Trujillo o por el candidato que Trujillo señalara, pero eso sí, ese voto se contaba; y el dominicano de hoy con edad para recordar aquellos tiempos piensa que si en los días de Trujillo se contaban los votos ahora se cuentan también. Pero no lo cree sólo el dominicano de la calle. Veinte días antes de las elecciones de 1974 el Dr. Peña Gómez dijo en Tribuna Democrática que era increíble “que un gobernante como el Dr. Joaquín Balaguer, culto profesor de Derecho, historiador y escritor, recurra a métodos tan incivilizados (como el fraude electoral) para tratar de ganar unas elecciones”; y obsérvese que ni siquiera dijo “para ganar” sino “para tratar de ganar unas elecciones”, con lo cual afirmaba que con fraudes pueden hacerse esfuerzos para tratar de ganar elecciones pero no pueden ganarse. Pero hubo más. El Dr. Peña Gómez, que por el hecho de ser un político profesional (porque no se le conoce ningún otro oficio) debía saberse de memoria qué cosas son y cómo se organizan y se cometen los fraudes electorales, estaba tan seguro de que el Dr. Balaguer perdería las elecciones de 1974 que ese mismo día afirmó, también en Tribuna Democrática: “Vamos a demostrarle el domingo a partir de las 10:30 de la mañana a Joaquín Balaguer que el Acuerdo de Santiago es un rodillo que aplastará para siempre con el peso de sus fuerzas al balaguerismo perseguidor”, afirmación que nosotros comentamos unos días después de esta manera: “. . .palabras muy bonitas pero muy superficiales, porque el rodillo que tenía fuerza estaba en manos de Balaguer y no (en las) del Acuerdo de Santiago”.

¿Por qué dijimos que el rodillo que tenía fuerzas estaba en manos del Dr. Balaguer y no en las del Acuerdo de Santiago?

Ahora vamos a explicarlo, y lo haremos para el conocimiento no sólo de los miembros y los aspirantes a miembros del Partido sino también para el de los simpatizantes y amigos que leen VANGUARDIA del Pueblo.

El Poder de un Gobierno

A pesar de que el país vivió casi la tercera parte de un siglo bajo la dictadura de Trujillo, todavía los dominicanos no se dan cuenta de lo que puede hacer un gobierno que está decidido a mantenerse en el poder.

Aquí y en cualquier parte del mundo donde se celebran, las elecciones se hacen no a base de personas sino a base de documentos personales. Lo que se cuentan no son las personas que han votado sino los votos que se han sacado de las urnas; pero sucede que hay gentes que creen que los documentos son las personas y confunden el conteo de los documentos con el de los votantes. Tal vez esto que estamos diciendo no se entienda con toda la claridad necesaria, y por eso vamos a decirlo de otra manera.

Si en los lugares donde se vota hubiera un salón para cada partido de los que tercian en las elecciones y cada votante tuviera que entrar en el salón que je correspondiera a su partido, el conteo final de los votos sería en realidad el conteo de las personas que votaron, y ese conteo sería hecho con suma facilidad: tantos en el salón colorao, tantos en el salón verde, tantos en el salón morao. Con ese método no habría manera de hacer fraudes porque ningún gobierno puede hacer seres humanos. Pero cuando se trata de documentos personales (el acta de nacimiento, la cédula, el pasaporte, el registro electoral), quien los hace es el gobierno, y el gobierno puede darle a Fulano de Tal diez documentos distintos con diez nombres diferentes, diez lugares y días y años de nacimiento y diez profesiones. Un gobierno tiene la capacidad que hace falta para convertir a un ser de carne y hueso en diez personas diferentes siempre que esas diez personas tengan el mismo sexo y el mismo color de ojos; y el voto se da no a base de la persona que lo echa en la urna si no a base del documento personal que presenta esa persona en el colegio electoral donde va a votar. Si en cada colegio hay una lista de los votantes que deberán votar en él, en uno de ellos el votante falso puede figurar con tal nombre, en un segundo figurará con tal otro, y así, hasta llegar al colegio número diez.

En una charla de radio de las que estuvimos haciendo en el año 1970, época en que las mujeres dominicanas podían votar con cualquier documento (acta de nacimiento, pasaporte, cédula personal), explicábamos que diez mil mujeres debidamente organizadas podían votar fácilmente siete veces cada una, lo que daba sesenta mil votos de más si se tomaba en cuenta que diez mil de esos votos eran verdaderos, y por sesenta mil votos perdió las elecciones en Colombia en abril de ese año el general Rojas Pinillas, y todos los colombianos sabían que esos sesenta mil votos habían sido falsos. Con menos de cien mil votos falsos ganó John F. Kennedy las elecciones de 1960.

En esa charla explicamos que había diferentes tipos de fraudes electorales y decíamos que con uno de ellos puede aumentarse la votación de un partido y rebajarse al mismo tiempo la de otro u otros partidos. Ese tipo de fraude se lleva a cabo comprando a los delegados de los partidos en un número limitado de mesas electorales, y la forma en que se lleva a cabo el fraude es la siguiente: Como al terminar la elección los delegados se quedan solos, los que fueron comprados se van a dar una vuelta y los restantes abren la urna, cuentan los votos, sacan tantos de tal partido y los sustituyen por votos del partido que compró a los demás delegados o resuelven echar en la urna más votos del partido que debe ganar y agregar nombres en la lista de los que votaron (una lista que se va haciendo a medida que los votantes entran a echar sus votos en la urna) o haciendo una lista nueva con nombres que llevan anotados los delegados del partido comprador. Si se sigue el primer método, esto es, el de cambiar los votos sin aumentar el número de los votantes y por tanto sin agregar nombres, es mucho más difícil darse cuenta de que se ha hecho un fraude; sólo los delegados de los partidos lo sabrán y ningún funcionario de ninguna Junta Electoral entrará siquiera en sospechas porque en ese caso no queda ninguna señal de violencia o de falsedad en el proceso electoral. Sin embargo ese tipo de fraude es el menos común debido a que en elecciones donde tercian varios partidos no resulta fácil comprar a todos los delegados de todos los partidos en muchas mesas, pero aunque sea el menos común, combinado con otros ayuda a conseguir lo que se busca, que es ganar las elecciones por las buenas o por las malas.