Bosch: Porque Vamos (y 4)

  • 29 junio 1977

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 29 de junio de 1977
Página 4.-

Hablábamos en el artículo anterior del poder de un gobierno y decíamos que un gobierno tiene la capacidad que hace falta para convertir a un ser de carne y hueso en diez personas diferentes, y ahora agregamos que dentro del sistema llamado de la democracia representativa no hay nadie ni nada que tenga la fuerza necesaria para impedir que un gobierno haga trampa para ganar unas elecciones. Lo único que evita que un gobierno falsifique los resultados de cualquier elección es el desarrollo político de la sociedad. Por ejemplo, sería muy difícil, por no decir imposible, que en Francia aparecieran personas capaces de participar en la organización de un fraude electoral. Inglaterra fue durante mucho tiempo el paraíso de los políticos sucios, pero ya nadie recuerda un fraude electoral en ese país porque el último se cometió hace más de cien años, cosa que no puede decirse de los Estados Unidos, donde ha sido tradicional la participación de grupos gansteriles en las elecciones, aún en las municipales. Lyndon B. Johnson hizo su carrera política como experto en fraudes electorales. Un periodista llamado Víctor Lasky, autor de varios libros y de uno que en estos momentos está vendiéndose en los Estados Unidos por cientos de millares de ejemplares (titulado “No comenzó con Watergate”), se refiere a las elecciones de 1960, ganadas por John F. Kennedy contra Richard M. Nixon, y dice en la página 49 de ese libro:

Sin ninguna excepción, los periódicos de Chicago tomaron la posición de que, tal como lo dijo el Tribune, la elección del 8 de noviembre (1960) estuvo caracterizada por fraudes tan groseros y tan a la vista que se justifica la conclusión de que (a Nixon) le robaron la victoria; y agrega: Los fraudes en favor de los demócratas (la candidatura de Kennedy y Johnson) fueron organizados en escala mayor en Tejas, donde Lyndon Johnson, el vicepresidente de Kennedy, era el dueño del gallinero. Todo el proceso y todas las fases de la elección del Estado (de Tejas) se hallaban bajo el control de la Organización Demócrata, es decir, de Lyndon B. Johnson. Así, tomando en consideración la larga y tradicional historia de robos de votos en Tejas, lo que pasó en el 1960 no debía sorprender a nadie. Y aquí vienen unos párrafos que les pedimos leer con la mayor atención; y son éstos: El relleno de urnas alcanzó niveles nuevos; docenas de máquinas de votar en los colegios electorales de los republicanos fueron dañadas y decenas de millares de votos desaparecieron de la noche a la mañana. De acuerdo con una serie de artículos publicados en el New York— Herald— Tribune, nunca existieron por lo menos 100 mil votos que aparecieron como echados en favor de Kennedy y Johnson. Y a pesar de todo eso, Texas fue ganada (por Kennedy y Johnson) por el estrecho margen de 46 mil votos.

El Cambiazo

Quisimos copiar esos párrafos expresamente porque en ellos se habla de las urnas que fueron rellenadas en Tejas en el 1960 por los especialistas en fraudes electorales que trabajaron durante muchos años bajo la jefatura de Lyndon B. Johnson; y el tipo de fraude que se comete al rellenar una urna electoral es el que en los países de lengua española se conoce con el nombre de “cambiazo”, palabra que significa cambiar una cosa por otra con fines fraudulentos y con métodos también fraudulentos. Ese fraude se cometió en gran escala en las elecciones de 1966, y también aquí fue llevado a cabo bajo la dirección de los especialistas que trabajaban para Johnson.

¿Cómo se ejecuta ese tipo de fraude?

Se ejecuta usando un juego doble de urnas electorales. Uno de los juegos es el que está en los colegios, esto es, en los sitios donde vota la gente; o para decirlo con más precisión, en tales y cuales colegios electorales, que pueden ser cincuenta, cien, doscientos; el número de colegios que se considere necesario para que el fraude dé los resultados que se buscan. Por ejemplo, si se ha planeado que el fraude sea de cien mil votos en la provincia de La Vega y de ochenta mil en la de Salcedo, se escogen digamos cien colegios electorales de La Vega en los que voten más de mil personas por cada colegio y se escogen ochenta en la provincia de Salcedo. Las urnas de la provincia de La Vega serán llevadas, al terminar la elección, a la ciudad de La Vega para que sus votos sean contados en la Junta Electoral Provincial de La Vega, pero sucede que en tres o cuatro puntos, en los caminos que llevan a La Vega, habrá almacenadas cien urnas iguales a las de los colegios electorales escogidos, pero diferentes por dentro, porque por dentro estarán llenas de votos falsos calculados para que la suma de todos ellos le dé al partido que comete el fraude cien mil votos por encima de los votos de los demás partidos juntos; y así mismo se hará en el caso de la provincia de Salcedo. Los camiones que llevan las urnas legítimas las descargan y cargan las urnas falsas, y acto seguido otros camiones pasan recogiendo las urnas legítimas que son llevadas a lugares lejanos, tiradas en potreros y hasta enterradas, como sucedió aquí en las elecciones de 1966.

Los Tipos de Fraude

Hay otros tipos de fraude, y el más conocido es el de la compra de votos. La compra de votos comenzó siendo el pago por adelantado del voto que debía echarse en la urna, pero después pasó a ser la compra del voto que no debía ser echado; y eso es lo que se hace ahora: Fulano le dice a Mengano: “Tráeme el voto de tu partido y te daré tanto”; y cuando está encerrado en la caseta donde se echa el voto. Mengano coge el voto de su partido, se lo mete en el bolsillo y pone en la urna otro voto, uno cualquiera; y al salir va adonde está esperándolo Fulano o un ayudante de Fulano, saca el voto, se lo entrega y recibe el dinero. El día de las elecciones es corriente oír decir que tal partido va ganando porque su voto no se ve en la canasta donde se tiran los votos sobrantes, ésos que no se echan en la urna; pero los inocentes electores dominicanos, que se niegan a creer en la ejecución de los fraudes electorales, no piensan que si en la canasta no se ven votos de tal color, puede ser que sea porque están en la urna y puede ser que se deba a que los votantes, o muchos de ellos, se los hayan llevado para venderlos. En las elecciones de 1974 hubo partidos que pretendieron impedir la compra de votos reclamando que se les permitiera a sus delegados registrar la ropa de los votantes cuando salieran de las urnas, cosa que sólo pueden hacer los policías y los soldados.

Hay elecciones que se deciden con el uso de un tipo de fraude, por ejemplo, el del cambiazo o el de documentos falsos para que una persona pueda votar varias veces, y en algunos casos se usan al mismo tiempo distintos tipos de fraudes. En las elecciones de 1966 aquí se usaron el del cambiazo, el de la documentación falsa y también el de autorizar a votar sin documentos (en el caso de las mujeres). Pero sin duda el que tuvo más importancia fue un tipo de fraude que no se Eleva a cabo a base de votos falsos o vendidos o cambiados sino que se prepara antes del día de las elecciones: es el ejercicio de la presión, de todas las presiones que puede poner en funcionamiento un gobierno: la económica, la política, la judicial, la religiosa, la militar. Ese tipo de fraude fue decisivo en las elecciones de 1974.

Si sabemos que ésa que hemos descrito es la verdad electoral en un país como la República Dominicana (la verdad que no se ve pero es de-terminante en el resultado de las elecciones), sería una tontería engañarnos a nosotros mismos buscando en las elecciones una victoria que no podríamos obtener nunca ni aún en el caso de que votaran por nosotros todos los dominicanos adultos, porque quien gana las elecciones con fraudes no es la oposición, es el gobierno.

No Rechazamos Votos

Si lo que se busca en las elecciones es votos y nosotros no podremos buscarlos, ¿no sería mejor decirles a los peledeístas y a los simpatizantes y amigos del PLD que no vayan a votar el día 16 de mayo de 1978?

No; eso no sería lo mejor, y no lo sería porque aunque nosotros no terciaremos en las elecciones en busca de votos, necesitamos sin embargo sacar el número de ellos que nos permita, seguir siendo un partido reconocido por la Junta Central Electoral; o mejor dicho, seguir teniendo lo que se llama personería jurídica.

¿Y cuál es el número de votos que deberá sacar el PLD en las elecciones del año que viene para no perder su personería jurídica?

Es el 5 por ciento de los votos que hayan sacado todos los partidos en la última elección. En este caso la última fue la de 1974, y el total de votos de 1974 fue 1 millón 113 mii 419, de manera que el 5 por ciento para las elecciones de 1978 serán 55 mil 671 votos; pero eso es para los partidos que estaban inscritos antes de que se publicara la Ley No. 600 del 5 de mayo de este año, porque los que se inscriban después de la publicación de esa ley tendrán que presentar más de 100 mil firmas y tendrán que sacar en las elecciones el 5 por ciento del total de los electores registrados, lo que equivaldrá a más de 100 mil votos porque el Registro Electoral tiene ahora 2 millones 38 mil inscritos.

Legalmente, el PLD está obligado a sacar en las elecciones de 1978 no menos de 55 mil 671 votos, y moralmente tiene el compromiso de sacar más de 111 mil, porque ése fue el número de firmas que presentó en la Junta Central Electoral cuando pidió su reconocimiento, y se supone que desde entonces hasta ahora el PLD ha crecido numéricamente.

Así pues, para responder a la pregunta de por qué vamos a las elecciones del año que viene debemos decir: Vamos, no a buscar votos sino a aprovechar el clima de agitación política que se da en los meses de la campaña electoral para .acercarnos al pueblo y explicarle quiénes somos y qué pensamos; pero no rechazaremos ningún voto porque necesitamos sacar el número que se nos exige para seguir siendo un partido político con todos los derechos que nos concede la ley.