La Crisis social no es crisis Política

  • 11 noviembre 2016

Vanguardia del Pueblo

Miércoles 02 de mayo de 1984

Por: Juan Bosch

La semana pasada debe ser bautizada con el nombre de La Semana Trágica Dominicana porque solo así quedara distinguida en la historia nacional con la categoría que le da el hecho de que en tres de sus siete días hayan sido muertos y heridos de bala más de quinientas personas, entre ellas niños y mujeres, y varios miles fueron detenidas, todo ello en tiempo de paz, algo que no había ocurrido nunca en los muy largos años de la vida de nuestro pueblo; pero además de bautizada con ese nombre, La Semana Trágica Dominicana debe ser analizada en detalle, parte por parte, para sacar de ese análisis las lecciones que hay en el seno de todos los acontecimientos históricos, y en este artículo, que será corto para que lo que va a decirse en él llegue rápidamente a la conciencia de los lectores de VANGUARDIA, sentaremos algunas de las bases en que debe apoyarse ese análisis.

Por de pronto, que nadie se engañe en lo que se refiere a los sucesos de La Semana Trágica. Mucha gente, incluyendo algunos peledeístas, ha creído que ella fue una crisis política, o mejor dicho, el estallido de una crisis política; y no lo fue. Nosotros habíamos dicho montones de veces que la crisis económica en que n os hallábamos provocaría una crisis social y que a su vez la social generaría una crisis política. La económica veníamos padeciéndola desde hacía tiempo y la social se presentó ahora, es decir, la semana pasada, y lo hizo en forma de estallido, tal como se presenta ese tipo de crisis en las sociedades de escaso desarrollo clasista como es la nuestra.

Esa manera súbita, de reventazón que no se anuncia con tales o cuales síntomas sino que desde el primer momento tiene todas las apariencias de un acto de desesperación colectiva, es el producto de un estado de cólera individual multiplicado por miles y miles de personas que en un momento dado, y debido a estímulos externos, se contagian las unas a las otras de una necesidad violenta de actuar en contra de una autoridad dada, que en el caso que nos ocupa ha sido el gobierno de un partido que ha defraudado a las grandes masas populares en escasos seis años de ejercicio del poder público.

Debido a que esas grandes masas están compuestas en le Republica Dominicana mayormente por bajos pequeños y muy pobres, y el bajo pequeño burgués de esas dos capas es un ser que lucha contra toda la sociedad, la crisis que estalló el lunes 23 de abril estaba agazapada en el alma de cada uno de ellos y al estallar lo hizo con la violencia acumulada en esas almas a lo largo de los seis años de defraudación que les hizo padecer el PRD.

Eso estaba previsto; lo había dicho repetidas veces la dirección del PLD, pero los autoproclamados líderes políticos dominicanos no se preguntaron nunca que diferencia había entre una crisis social y una política y al estallar la primera creyeron que era la segunda.

La crisis social, que habíamos anunciado, generara una crisis política, y esta ha comenzado. Comenzó en medio de la social, paso a agudizarse cuando empezaron a caer los muertos y los heridos en cantidades crecientes, pero sus efectos no se ven porque la forma en que esa crisis está manifestándose es subjetiva, no objetiva; es en un deterioro rápido del poder que el PRD había tenido sobre la voluntad política de las masas. A estas alturas, la casi totalidad de los líderes del PRD están desprestigiados y lo está el presidente de la República, lo que equivale a decir, el símbolo del poder perredeísta.

La Semana Trágica Dominicana ha sido el producto de una crisis social, no de una crisis política, pero a crisis política que ella debía provocar estaba en la entraña misma de la que se vivió en tres días de la semana pasada como está el ave del porvenir dentro del cascaron del huevo que pone una ave de su especia.

30 de abril, 1984.-