La Historia Secreta del Golpe de Estado de 1963.

  • 24 septiembre 2016

Separata de Vanguardia del Pueblo
Miércoles, 25 de septiembre de 1985
Por: Juan Bosch

La Historia Secreta del Golpe de Estado de 1963.-

Un día como hoy, hace dieciocho años, fue derrocado el gobierno que presidia el autor de estas líneas, y aunque he explicado en discursos de radio que se publicaron en varios periódicos y también en numerosas declaraciones de radio, de televisión y de prensa escrita las causas inmediatas del golde de Estado que destruyo a ese gobierno, son muchas las personas que se refieren a los sucesos del 25 de septiembre de 1963 sin tomar en cuenta lo que he dicho, y quiero hacer provecho de que hoy se cumplen dieciocho años de aquel golpe militar para dejar en claro ciertas ideas fijas, pero confusas, que repiten de tarde en tarde algunos supuestos historiadores y analistas cargados de pasiones políticas.

En la versión de los acontecimientos que di hace diez años explique que tarde mucho tiempo en conocer la verdad, porque el golpe del 25 de septiembre estuvo rodeado de un gran misterio. Nadie decía una palabra sobre las razones que lo provocaron y aunque yo tenía sospechas bien fundadas de que había una relación directa entre él y los ataques a Haití que llevaba a cabo un grupo guerrillero haitiano comandado por el ex general León Cantave, no tenía datos concretos, objetivos, que me permitieran relacionar esos ataques armados al país vecino con el derrocamiento del gobierno que me toco presidir; y no los tenía, entre otras razones, porque le embajador John Bartlow Martin me decía que los ataques procedían de Venezuela, y yo no podía concebir la idea de que el representante del presidente Kennedy me hablara mentira, sin ninguna necesidad de hacerlo porque nunca le pregunte de donde salían Cantave y sus guerrilleros.

Tampoco podía concebir que esos ataques partieran de territorio dominicano dado que pocos meses antes les había ordenado al ministro de las Fuerzas Armadas y los jefes del Ejército, de la Aviación y de la Marina que disolvieran un campamento de haitianos anti-duvalieristas que Cantave había organizado en Sierra Prieta, cerca de la Capital. Y no podía imaginarme que al desmantelar ese campamento los que lo ocupaban iban a ser llevados a la Línea Noroeste, donde lo reorganizaron, y desde allí empezaron los ataques armados, el primero de los cuales fue llevado a cabo en la noche del 5 de agosto sobre la ciudad de Juana Méndez—en francés, Ouanaminthe—. Ese ataque fue hecho usando como base una finca de cabuya llamada Plantación Dauphin, propiedad de un norteamericano.

El campamento de Sierra Prieta había sido montado a espaldas mías y lo m ismo se hizo con el de la Línea Noroeste. Las armas, entre las cuales había bazucas, la ropa, las medicinas, las municiones y los vehículos usados en Sierra Prieta y en la Línea eran traídos al país desde la base Romey, situada en Puerto Rico; y las noticias de los ataques que difundían la Associated y la United Press eran elaboradas en una habitación del hotel Jaragua, pero el embajador Martin, que sabía todo eso muy bien, m e hacía creer que el territorio dominicano no tenía nada que ver con la existencia, y mucho menos con las acciones de las guerrillas de Cantave.

El día 23 de febrero era lunes y yo había ido al Palacio Nacional muy temprano, como lo hacía siempre. A eso de las 6 de la mañana me hicieron una llamada de Radio Televisión Dominicana para informarme de que en Dajabón estaban cayendo tiros procedentes de Juana Méndez. Las dos ciudades, separadas por el rio Masacre, quedan a poco más de dos kilómetros la una de la otra, por lo cual creí lo que me decían y en el acto di órdenes de que llamaran a Palacio a los jefes militares para que desayunaran conmigo. Cuando me comunicaron que ellos me esperaban en el comedor me presente allí y les dije lo que me habían informado. Nadie hizo comentarios, pero a mí me sorprendió la mirada de asombro que los invitados cambiaban entre sí.

¿A qué se debían esas miradas?

La pregunta que me hacía seria respondida por mí mismo muchos años después. Mientras tanto, al día siguiente, leyendo El Caribe, supe que los tiros haitianos que caían en Dajabón no estaban, en realidad, dirigidos a Dajabón sino que se disparaban para repeler un ataque que estaban haciendo desde el amanecer a la guarnición de Juana Méndez, los guerrilleros del ex general Cantave. La noticia aparecía en primera página, fechada el lunes en Dajabón, ilustrada con fotos de guerrilleros haitianos sanos y de otros heridos así como de parte de su armamento, y además de varias de Cantave, una de ellas tomada mientras bajaba la escalera del avión que lo había llevado de Dajabón a San Isidro.

Esa última foto me llamo la atención porque en ella se veía al ex general haitiano correctamente vestido, con corbata y un maletín Sansonite en la mano derecha.

Al ver esa foto me dije: “Este hombre tenía ropa den Dajabón; luego, los ataques a Haití no salían de Venezuela sino de territorio dominicano”.

¿Tenía yo la razón? ¿Y cómo no había de tenerla si era evidente que con esa ropa de paseo o de salones Cantave no podía haber entrado en Haití en la noche del domingo al lunes con el plan de atacar a tiros la guarnición de Juana Méndez?

En ese momento tomé la decisión de aclarar de una vez por todas el misterio de las actividades de León Cantave sin que tuviera la menor sospecha de que por detrás de sus incursiones guerrilleras en Haití estaba el gobierno de los Estados Unidos, y con él sus representantes en la República Dominicana, el embajador John Bartlow Martin y Fritz Long, jefe de la misión militar norteamericana. Y no tenía sospechas porque en la historia mundial no se había dado nunca el caso de que un gobierno organizara en un país amigo fuerzas guerrilleras extranjeras sin consultar para nada al jefe del Estado de ese país amigo, que era ante la OEA, ante las Naciones Unidas y ante todos los gobiernos el responsable, por mandato constitucional, de la política internacional de su país.

(Esta historia secreta necesita más espacio para ser contada, pero no disponemos hoy de él. Esperamos tenerlo pasado mañana si la dirección del Listín Diario no manda otra cosa).

Listín Diario, viernes 25 de septiembre de 1981.-