¿Qué es un Partido de Liberación Nacional? (y 5)

  • 03 noviembre 1982

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 3 de noviembre de 1982.-

Por: Juan Bosch

En Nicaragua hay un gobierno revolucionario que no está encabezado por un presidente de la Republica sino por los comandantes que forman la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Esos comandantes dirigían las columnas guerrilleras que tomaron Managua, la capital del país, el 20 de julio de 1979, al día siguiente de haberla abandonado Anastasio Somoza Debayle, el último de los varios herederos políticos que tuvo el fundador de la dictadura somocista.

El nombre de Sandino quedo estrechamente vinculado a la lucha del pueblo nicaragüense contra Anastasio Somoza García y sus herederos desde que la dirección de esa lucha, que duro nada menos que cuarenta y tres años, paso de los viejos políticos conservadores y liberales contemporáneos del primer Somoza (entre los cuales había algunos más viejos que el) a una generación nueva que aplicaba al estudio de la historia ideas y métodos con los cuales pudo analizar desde puntos de vista más justos los acontecimientos de su país y a los actores que dirigieron esos acontecimientos.

Gracias al empleo de tales ideas y tales métodos la nueva generación de combatientes anti-somocistas pudo conocer quién era Sandino, al que los jefes militares de la intervención norteamericana y los viejos políticos nicaragüenses nos somocista que habían dirigido los partidos tradicionales así como toda la plana mayor somocista acusaban de ser un bandido y un asesino sin entrañas.

Esa nueva generación, que empezó a incorporarse a la lucha contra la dictadura después de la muerte de Anastasio Somoza García, ocurrida más de veinte y tres años después de la muerte de Sandino, descubrió mediante las ideas y los métodos modernos de análisis de la historia, que Sandino, el héroe de la guerra de liberación nacional llevaba a cabo contra los interventores militares norteamericanos, era la contraparte de Somoza y por tanto representaba para Nicaragua todo lo opuesto de la que representaba el dictador. Esa oposición venia dada en muchos aspectos, de los cuales el más llamativo era el hecho de que mientras Sandino se convirtió en un héroe nacional, y en una figura internacional, combatiendo a los ocupantes extranjeros del país, Somoza, de funcionario civil del gobierno nicaragüense títere que era, paso a ser jefe de la Guardia Nacional porque así lo dispuso el ministro (nombre que se les daba entonces a los embajadores) de Estados Unidos en Managua; y estando en ese cargo ordeno a unos cuantos de sus oficiales que mataran a Sandino, como en efecto lo hicieron, en la noche del 21 de febrero de 1933. El teniente Abelardo Cuadra, que estuvo en la reunión en que se ordenó el crimen, nos contó que al llegar al cuartel donde lo esperaban los oficiales convocados por el, Somoza dijo estas palabras: “Vengo de la Embajada (en esos tiempos se decía Legación) y el embajador (ministro) me ha dicho que hay que matar a Sandino”.

Al comparar ese mensaje tan vil con el que Sandino les transmitía a sus soldados y oficiales (“Yo quiero patria libre o morir”), los jóvenes que se enfrentaban a la dictadura somocista tenían necesariamente que sentir por Sandino una admiración tan grande como grande era el desprecio que les merecía Somoza.

Creación del FSLN

Porque su imagen pública era la antítesis de la de Somoza y sus herederos, y porque la dictadura somocista se había creado y sostenido durante años y años con el apoyo norteamericano, Sandino y el sandinismo se convertían de manera natural en la fuerza política alrededor de la cual se unirían todos los anti-somocistas; y decimos de manera natural basándonos en hechos concretos, como por ejemplo la participación en la lucha armada contra el somocismo de personajes sandinistas, como el general Ramón Raudales y el coronel Santos López (este último había tomado las armas, para combatir bajo el mando de Sandino a la ocupación norteamericana de 1925, cuando apenas tenía 12 años) y que ya en el año 1958 los combatientes anti-somocistas de Las Segovia, la región montañosa del norte del país, bautizaron sus guerrillas con el nombre de Frente Revolucionario Sandino.

Durante los cinco años que siguieron a la muerte de Anastasio Somoza García el movimiento anti-somocista estuvo burbujeando aquí y allá, y en esa época se formaron las primeras células comunistas, pero la corriente comunista no llego a cuajar en un partido porque los jóvenes que empezaron a formarse como líderes del movimiento tuvieron el acierto de intuir que el sandinismo podía ser más atractivo que el comunismo para las masas nicaragüenses porque esas masas conocían, por lo menos de oídas, los hechos de Sandino y las circunstancias en que habían sido asesinado por Somoza. Los abanderados de esa posición fueron Carlos Fonseca Amador, Tomas Borge, Silvio Mayorga, Santos López y Faustino Ruiz, que habían logrado organizar el Frente de Liberación Nacional y en junio de 1961 lo transformaron en Frente Sandinista de Liberación Nacional, aunque el cambio de nombre tardo dos años en hacerse público. Dieciséis años después de haberse dado a conocer la existencia de ese frente, entraban en Managua los comandantes y los soldados de la revolución llevando en alto la bandera roja y negra que Sandino había hecho ondear en la guerra contra los ocupantes norteamericanos de su país.

A lo largo de esos dieciséis años las fuerzas sandinistas fueron nutriéndose con hombres y mujeres que procedían de varias clases y capas sociales, y dentro de esa variedad de clases y capas sociales, y dentro de esa variedad de clases y capas había, como es natural, varias posiciones políticas; pero unas y otras podían convivir porque el Frente Sandinista de Liberación Nacional no era un partido comunista.

Un partido comunista es fundamentalmente una organización de la clase obrera, y aunque en él puede haber algunos que otros pequeños burgueses y hasta algún que otro burgués, formaran en sus filas a título de que compartan no solo la ideología sino también todas las características propias de la clase obrera, y así debe ser porque la meta estratégica, o dicho de otra modo, la razón de ser de un partido proletario es hacer la revolución proletaria; pero la finalidad de los partidos o frente de liberación nacional es lo que dicen sus nombres; o sea, conquistar, por las buenas o por las malas, la independencia nacional, y para conseguir este propósito es indispensable lograr la unidad de todos los sectores sociales que necesiten, y por tanto reclamen, y luchen por lograrla, la real, la efectiva, la verdadera independencia de su patria.

Cuando muro Carlos Fonseca Amador (que desempeñaba la jefatura militar y política de la revolución y cayó el 7 de noviembre de 1976 en el combate de Zinica), ya el movimiento revolucionario había dejado de llamarse anti-somocista y había pasado a llamarse sandinista, lo que indica que a esa altura de la lucha la revolución desbordaba los límites que tenía antes de fundarse el Frente Sandinista de Liberación Nacional y creaba metas que irían más allá del derrocamiento del régimen somocista. Eso era de esperarse porque como sucede en toda obra humana, las revoluciones obedecen a procesos regidos por leyes que impulsan el desarrollo de cuanto contiene en su seno fuerzas vivas, y en virtud de esas leyes, solo lo que ha muerto deja de moverse.

Etiopia Tikdem

Hablemos ahora de Etiopia, que tiene un carácter singular entre los Estados debido a que es el más antiguo del mundo, para decirlo de otra manera, el que al día de hoy tiene más tiempo de establecido aunque a lo largo de los siglos que se le atribuyen ha cambiado de apariencia pero ha seguido siendo una organización estatal salvo en los pocos años (de 1935 a 1941) en que su territorio fue ocupado por un poder extranjero, la Italia fascista.

Etiopia fue hasta el año 1974 una monarquía que preservo muchas características feudales aunque después de la ocupación italiana el capitalismo se extendió por varios lugares del país, como por ejemplo la capital (Addis—Abebba) y sus alrededores y la zona marítima (costas del mar Rojo). En febrero de 1974 se `produjo un movimiento revolucionario que estallo en los cuarteles militares y abolió la monarquía. En diciembre de ese año el llamado Gobierno Militar Provisional de Etiopia hizo pública una declaración que tiene interés político de excepción porque la revolución etiópica, como sabe todo el mundo, acabo convirtiéndose en pocos años en una revolución socialista sin que en sus orígenes pueda hallarse la acción abierta o clandestina de un partido comunista. Es más, dentro de los militares que dirigieron el levantamiento de 1974 había tal disparidad de ideas que no tardaron en lanzarse unos contra otros en luchas que al fin fueron dominadas por una corriente encabezada por el coronel Mengistu Haile Mariam, quien hasta poco antes había estado desempeñando en Washington las funciones de agregado militar de su país.

El carácter de levantamiento militar y las luchas entre sectores militares que tuvo la revolución etíope en sus primeros cuatro años se explican porque el origen profundo de ese movimiento se hallaba en la contradicción entre las fuerzas feudales que estaban instaladas en el aparato del Estado y las corrientes capitalistas que se expandían en el cuerpo social; y lo que llama la atención de ese movimiento es que sus organizadores o jefes, o por lo menos los más avanzados de ellos, lo enmarcaron dentro de las líneas de una revolución de liberación nacional, que ellos llamaron Etiopia Tikdem y según el manifiesto de Etiopia Tikdem publicado, como dijimos hace un momento, en diciembre de 1974, “La filosofía política debe surgir de la cultura y del suelo de Etiopia; y debe, además, emanar de las aspiraciones de las amplias masas (del pueblo); no debe ser importado del extranjero como un decorativo articulo comercial”.

La frase que acabamos de copiar puede servirle hasta a un partido fascista, pero la que le seguía dejaba ver con claridad cuál era la intención de los jefes de Etiopia Tikdem, porque esa decía así:

“También debe ser una filosofía que acerque a Etiopia a sus vecinos progresistas, comprometidos con la equidad y la justicia humana, así como con las amplias masas de la humanidad.

Y si ese párrafo no es suficiente para hacernos una opinión correcta de lo que era Etiopia Tikdem, lean a seguidas algunos de los llamados “cinco principios fundamentales del actual movimiento”:

“1) Todos los etíopes, sin importar su religión, lengua, sexo o filiación local, vivirán juntos en igualdad, fraternidad, armonía y unidad baja el amparo de su patria. Etiopia se convertirá en un país en el cual prevalecerán la justicia, la igualdad y la libertad”.

“2) La idolatría desmedida del lucro particular, que ha encadenado a nuestro pueblo a la pobreza y que tanto ha humillado a nuestro país a los ojos del mundo, será erradicada. En o adelante, los intereses de la comunicada serán los más importantes”.

“4) El hombre (etíope) trabajara para mantenerse a sí mismo y a su comunidad. Se le dará al trabajo humano, por consiguiente, un lugar respetado en el marco de nuestra sociedad. Por el contrario, la explotación y el parasitismo serán modos de vida condenables”.

Así, en ese lenguaje que el Partido Comunista Dominicano hubiera condenado por derechista, se escribió el documento fundamental de Etiopia Tikdem, y dejamos al lector que opine con entera libertad acerca de que es un partido de liberación nacional lo mismo en Etiopia que en Cuba o en Nicaragua.

Santo Domingo, 14 de octubre, 1982.-