Sin Militares la Huelga General No Tumba Gobiernos*

  • 01 agosto 1974

Artículos del Prof. Juan Bosch
Escrito en la Obras completa de J.B
Del 1 al 15 agosto de 1974 (1)
Paginas desde 3 hasta 13.-

—Vanguardia del Pueblo (VdP): Las Fuerzas Armadas, es decir, Ejército, Marina y Aviación, por una parte, y la Policía por la otra, publicaron recientemente dos comunicados, los cuales salieron al mismo tiempo que un artículo del director de Radiotelevisión Dominicana. En esos comunicados y en el artículo, los lectores han visto una franca amenaza contra los partidos del Acuerdo de Santiago, y más concretamente contra el PRD y sus dirigentes, a quienes parece que el Gobierno achaca un plan subversivo con el fin de derrocarlo. ¿Qué puede Ud. decirnos sobre esos comunicados y la intención con que fueron publicados?

—Juan Bosch (JB): Lo que tengo que decirte es que efectivamente, los comunicados a que te refieres, y el artículo de Font Bernard, y además varias declaraciones de conocidos balagueristas que se habían publicado antes, han producido la impresión de que el Gobierno cree que los partidos del Acuerdo de Santiago, y especialmente el PRD, están desarrollando un plan para derrocarlo. Ante esa suposición, el Gobierno reaccionó como lo hace siempre, en forma exagerada o desmedida, es decir, fuera de medida, porque no es verdad, aunque Peña Gómez quiera que el Pueblo lo crea, que el Acuerdo de Santiago, o el PRD por sí solo, tiene fuerza para tumbarlo. Al Pueblo se le ha hecho creer que las huelgas llevadas a cabo en la Capital y en otros sitios del país son un ensayo para desatar una huelga general que va a tumbar a Balaguer, pero eso es una nueva manera de engañarlo. Antes del 16 de mayo lo engañaron haciéndole creer que Balaguer sería derrotado en las elecciones, y el Pueblo se dejó llevar por los charlatanes que inventaron ese cuento, y ahora están engañándolo con el fantasma de la huelga general. En dos palabras, al Pueblo están alimentándolo con mentiras. Cuando una de esas mentiras se ha agotado, se pone en circulación otra. Al agotarse el 15 de mayo la mentira de que Balaguer iba a ser derrotado electoralmente, se ha lanzado la de que será derrocado antes del 16 de agosto por una huelga general; y cuando pase el 16 de agosto se pondrá a circular la de que habrá un golpe de estado antes de fin de año. Así, endrogado cada dos o tres o cuatro meses por una nueva mentira, el pueblo dominicano, este pobre pueblo compuesto mayoritariamente por baja pequeña burguesía que quiere soluciones mágicas, seguirá esperando que un golpe de suerte milagroso le resuelva su situación, que es verdaderamente desesperada.

* Vanguardia del Pueblo, Año I, N° 1, Santo Domingo, Órgano del PLD, 1-15 de agosto de 1974, pp.4-5.

—VdP: ¿Por qué dice usted que la creencia del pueblo en que una huelga general podría tumbar al Gobierno es una nueva forma de engaño? ¿Es que usted no cree en ese método de lucha que ha dado resultado en otros países y aquí mismo, cuando fue derrocada la junta cívico-militar de Rodríguez Echavarría a principios de 1962?

—JB: Mire, vamos a comenzar por el rabo para que no se nos olvide después hablar de eso. La junta cívico-militar de Rodríguez Echavarría no fue derrocada por una huelga general; fue derrocada porque al general Rodríguez Echavarría lo hicieron preso, de manera que la junta cívico-militar se quedó sin la parte de militar; se quedó solamente en cívica, es decir, formada por civiles, porque la palabra cívica en ese caso no tenía nada que ver con la Unión Cívica. Rodríguez Echavarría fue hecho preso, si no recuerdo mal, en las primeras horas de la noche del 19 de enero de 1962, pero pudo haber sido en la del 18. Lo detuvieron el entonces mayor Rafael Tomás Fernández Domínguez y Elías Wessin-Wessin, que según me parece era entonces teniente coronel. El propio ex general Rodríguez Echavarría me ha contado cómo se produjo aquel episodio. En fin, lo importante es que quede bien claro que la huelga contra Rodríguez Echavarría tuvo el apoyo de un sector de las Fuerzas Armadas, el sector opuesto a Rodríguez Echavarría, y digamos también, para que quede igualmente claro, que ese sector opuesto a Rodríguez Echavarría fue apoyado por la Embajada norteamericana, y que eso fue lo que determinó la caída de Rodríguez Echavarría. El coronel Fernández Domínguez, con quien hablé de eso en Puerto Rico, no tenía la menor idea del apoyo yanqui al movimiento contra Rodríguez Echavarría, y eso le dolió mucho porque él era un antiimperialista convencido. Recuerdo que me decía: “¡Cómo nos engañan!”.

Y ahora, pasemos a la primera parte de tu pregunta, ésa de que si yo no creo en la huelga general como método de lucha que ha dado resultado en otros países. Sí, yo creo en la huelga general como método de lucha, pero no para tumbar gobiernos porque ningún gobierno se tumba con una huelga general. La huelga general puede ser un pretexto para que las Fuerzas Armadas tumben al Gobierno; pero no debemos confundirnos: lo que tumba a un gobierno es la rebelión de las Fuerzas Armadas. Una huelga general para obtener determinados beneficios populares es algo aconsejable, pero para tumbar a un gobierno, si no se tiene el apoyo de los militares, la huelga general no da resultados. Lo más que puede conseguirse con una huelga general de ese tipo es que a su fracaso comience una ola de represión, como, por ejemplo, la que desató Cuba el entonces coronel Batista raíz del fracaso de la huelga de marzo de 1935. Esa ola represiva fue bárbara. En Cuba no quedo nada que pudiera enfrentarse a Batista; los líderes que se salvaron, se salvaron porque salieron de país, entre ellos Grau San Martin, que había sido presidente de la República. Entre los asesinados estuvo nada menos que Antonio Guitera, un ídolo de las masas revolucionarias.

—VdP: Pero si todo el país se para, el Gobierno no podrá sostenerse, y las huelgas que están haciéndose en los barrios de la Capital y de las ciudades y los pueblos del interior indican que será fácil parar todas las actividades del país.

—JB: Eso es lo que se le está haciendo creer a una parte del Pueblo, a esa parte que no tiene conocimientos de los mecanismos del poder, esa parte que no sabe nada de política; y se le hace creer abusando de su inocencia. Pero eso es engañarlo; eso es estafarlo, darle esperanzas que nunca se verán convertidas en realidades. Una huelga en un barrio es una cosa y una huelga general, en todo el país, es otra, y además, una huelga general no tumba a un gobierno, como te dije antes. Lo que tumba a un gobierno, repito, es la rebelión de las Fuerzas Armadas; que las Fuerzas Armadas hagan presos al presidente y a los secretarios de Estado y a todos los jefes políticos del Gobierno; eso y nada más. A fines de 1961, aquí hubo una huelga general, y por cierto apoyada por la Embajada yanqui, que estaba destinada a tumbar precisamente al Dr. Balaguer, de quien los yanquis no querían saber entonces. Esa huelga duró, según creo recordar, algo así como nueve días, y fracasó. ¿Por qué fracasó? Porque las Fuerzas Armadas, encabezadas entonces por Rodríguez Echavarría, siguieron apoyando al Gobierno.

¿Tienen acaso el Acuerdo de Santiago y el PRD apoyo de los militares?

No; no lo tienen, porque si lo tuvieran ese apoyo se habría manifestado durante las elecciones, es decir, en el mes de mayo, y todos nosotros sabemos que quien tuvo entonces el respaldo militar fue Balaguer. Es más, el propio Peña Gómez dijo que si él hubiera encontrado “un coronel que quisiera casarse con la gloria” habría tumbado al Gobierno. Si no lo encontró entonces, no va a encontrarlo ahora. De manera que ese cuentazo del derrocamiento de Balaguer por medio de la huelga general es pura charlatanería, demagogia para mantener al pueblo ilusionado. Yo conozco eso bien. En el año 1970 Peña Gómez no quería salir del país porque, según me decía, sus protectores espirituales le aseguraban que Balaguer no iba a durar hasta el 16 de agosto, y después del 16 de agosto, que no iba a durar hasta el fin del año.

—VdP: ¿Por qué dijo usted que una huelga en un barrio es una cosa y una huelga general, en todo el país, es otra?

—JB: Porque es así. A base de rumores, de llamaditas por teléfono y de secretearles a los que “están en la cosa”, se ha echado a rodar la idea de que las huelgas de los barrios son ensayos para llegar a una huelga general, y han sido precisamente esos rumores, recogidos por el enorme organismo de caliesaje del Gobierno, lo que ha llevado al Gobierno a reaccionar, como dije, en forma desmedida, exagerada; ha lanzado la amenaza de las Fuerzas Armadas y la Policía que salió en los comunicados que publicaron los militares y los jefes policiales. Pero resulta que las huelgas en los barrios son una cosa y una huelga general es otra. Todas las actividades de un barrio, o de un pueblo pequeño o mediano, se paralizan cerrando uno o dos colmados, dos o tres tallercitos individuales y algunos ventorrillos; y cerrar esos establecimientos es fácil si se toma en cuenta que el Pueblo vive en la mayor desesperación, y los dueños y los clientes de esos negocios son gente del Pueblo; y cuando digo pueblo, hablo de la baja pequeña burguesía, especialmente en sus niveles pobre y muy pobre. Mire, esa gente no puede sufrir más. No tienen luz, no tienen agua; la mayoría no tiene trabajo, son chiriperos que salen cada día a ver qué pueden conseguir, en sus barrios no hay servicios médicos, la vida amanece cada día más cara y la policía es siempre abusiva. Balaguer no se da cuenta de la situación del Pueblo, y además, si se diera cuenta, no le importa, o por lo menos no le quita el sueño. Para Balaguer lo que cuenta son los sectores de poder que lo sostienen en la presidencia de la República.

Pues bien, viviendo como viven, en estado de desesperación, esas masas populares de los barrios de la Capital y de los pueblos grandes y medianos y pequeños se van fácilmente a la huelga porque esas huelgas de los barrios son protestas; realmente, son protestas, no huelgas; y son protestas y no huelgas por varias razones; una de ellas es que lo que se paraliza en una huelga de barrio no son centros de trabajo sino negocios individuales, en los cuales la decisión de cerrar la toma una sola persona, y la otra razón es que el mayor número de esos centros son comercios medianos y pequeños, y aunque cierran las puertas de la calle, esos comercios les venden a sus clientes por las puertas del patio, de manera que ni los dueños dejan de vender ni los clientes dejan de adquirir lo que necesitan. Date una vuelta por un barrio en huelga y verás que lo que estoy diciéndote es la verdad.

—VdP: Profesor, pero usted dijo hace poco que una huelga general es otra cosa. ¿Puede usted explicar qué es una huelga general?

—JB: Yo no voy a explicar lo que es una huelga general porque eso lo sabe todo el mundo. A lo que me referí cuando dije que una huelga general era otra cosa es a la diferencia que hay entre una huelga de barrio y una general; o mejor dicho, a la diferencia que hay entre organizar una huelga en un barrio y organizar una huelga general, que se lleve a cabo en todo el país, en todos los centros de trabajo. Sociológicamente, una huelga general es hecha por los trabajadores y los empleados, no por los patronos; la hacen los asalariados, no los dueños de negocios y empresas. Pero admitiendo que en una huelga política haya patronos y dueños que participen en las actividades huelguísticas, es muy difícil que se dé una huelga general en la que los que determinen cerrar los establecimientos sean los patronos, los dueños, pues si se diera ese caso sería una huelga de derechas llevada a cabo contra un gobierno de izquierda, o por lo menos un gobierno popular, como sucedió, por ejemplo, en Chile, donde las derechas hicieran huelgas de transporte y de otras ramas de la actividad económica contra el gobierno popular de Allende.

Organizar una huelga general en este país no es fácil; no es tan fácil como organizar la de un barrio. El hecho de que sea posible llevar a un barrio a la huelga, y hasta llevar a la huelga a todos los barrios de todas las ciudades y pueblos del país, no significa que se pueda hacer también una huelga general. El caso de los barrios es uno y el del país es otro. No se pueden hacer ensayos de huelga general haciendo huelgas de barrios. Para llevar al país a una huelga general se necesita que tomen parte en ella los obreros de la Gulf and Western, los de los ingenios de los Vicini y del CEA, los de la Manicera e Industrias Lavador, los de Molinos Dominicanos, Pidoca, Textil los Mina, la Cementera, la Corporación Eléctrica, la Falconbridge, la Alcoa; los de las fábricas de cerveza y ron y refrescos y los de la Tabacalera; los de las fábricas de salsas de tomate y jugo y los del transporte; y eso, amigo mío, es bastante difícil.

Un obrero industrial dominicano es un privilegiado; tiene el privilegio de estar trabajando, y eso lo dijo muchas veces el propio Peña Gómez, de manera que no me explico por qué se ha olvidado ahora de sus palabras. El obrero dominicano es un privilegiado porque tiene trabajo seguro en un país donde la mayoría de la gente no tiene trabajo ni siquiera temporal. Ahora bien, ese obrero privilegiado sabe que si se va a una huelga pierde su privilegio; pierde su trabajo seguro, y sabe también que tal vez durante el resto de su vida no hallará un empleo. Fue esa la razón de que durante la revolución de 1965 las industrias del país no pararon, por mucho que se trató de conseguir que se pararan y a pesar de que la mayoría de los trabajadores eran partidarios de la revolución.

—VdP: ¿Quiere decir que usted considera que una huelga general hecha para derrocar el Gobierno sería un fracaso aunque no fracasaran las huelgas parciales de los barrios?

—JB: Exactamente, eso es lo que pienso. Una por una, todas las huelgas de los barrios, y las de los pueblos medianos y pequeños, pueden ser muy buenas, pero la huelga general sería un fracaso. ¿Por qué? Porque las condiciones sociológicas de cada país están determinadas por las características de sus clases, es decir, de las clases que componen su población, y aquí los barrios están habitados mayoritariamente no por obreros sino por baja pequeña burguesía pobre y muy pobre, y el comportamiento de la baja pequeña burguesía pobre y muy pobre es muy particular, en cambio las grandes industrias del país están servidas por trabajadores que carecen todavía de conciencia clasista, y carecerán de ella mientras sean privilegiados en el sentido en que lo expliqué hace un momento; y la huelga de los barrios es hecha por la baja pequeña burguesía, y animada sobre todo por las capas pobre y muy pobre de esa pequeña burguesía, mientras que el nervio y el músculo de la huelga general sería el proletariado de las industrias grandes del país, y ese proletariado no se irá a una huelga que se haga por razones políticas, y mucho menos a una huelga hecha para tumbar al Gobierno, aunque se trate de un gobierno repudiado de manera firme por todo el Pueblo, incluyendo en él los trabajadores, como es el caso del gobierno balaguerista.

De hace unos días para acá, pero eso sí, después de haber dicho Peña Gómez aquello del coronel que quisiera casarse con la gloria (una frase que dijo porque le pareció muy bonita, muy oratoria, pero que no debió decir nunca un líder político, como no debió decir la de Puerto Plata, aquella de “cantarán las metralletas en las calles”), el Acuerdo de Santiago está diciendo que no se propone el derrocamiento de Balaguer sino la democratización del país; pero miles de estudiantes y cientos de profesores oyeron decir en la Universidad, en la campaña de las elecciones para escoger los representantes estudiantiles, que las huelgas de los barrios irían en aumento y que el plan era preparar las condiciones para declarar una huelga general que “dé al traste con el Gobierno”, frasecita que usa mucho la baja pequeña burguesía política nuestra. Y eso que se dijo en la Universidad a través de altoparlantes se dice miles de veces al día en la calle.

Afirmar, como lo ha hecho varias veces Peña Gómez por los periódicos, mientras sus agentes dicen lo contrario en las calles, que las huelgas de los barrios son espontáneas, que nadie está organizándolas, es pura charlatanería. No lo cree la gente ni lo cree el Gobierno, que pretende aprovechar la oportunidad para justificar medidas represivas como las que están tomándose después de un tiempo de calma relativa. Por ejemplo, hacía quizá dos años, o tal vez algo más, que no se veía un crimen como el del fusilamiento de los dos jóvenes del barrio Simón Bolívar. No; no hay huelgas espontáneas, eso es pura charlatanería y además confunde más al Pueblo y lo lanza a actuar a la loca, pues los muchachos que oyen decir que las huelgas de los barrios son espontáneas se ponen a organizar huelgas sin saber una palabra de esa actividad, y por otra parte el Pueblo acaba creyendo que las huelgas salen del aire.

Las huelgas de los barrios se justifican como actos de protesta, pero no como método de lucha bueno para tumbar al Gobierno, y como protestas pueden serle muy útiles al Acuerdo de Santiago en su afán de conseguir que Balaguer negocie con los partidos que lo componen. Pero para que esas huelgas rindieran esa utilidad, el Acuerdo tendría que decírselo al pueblo; decirle “Nosotros estamos organizando las huelgas, pero no para tumbar al Gobierno sino para demostrarles a él y al país nuestra fuerza y para obligar al Dr. Balaguer a negociar con nosotros”. Pero ningún líder del Acuerdo quiere cargar con la responsabilidad de decir eso. Lo que quieren es que el Pueblo crea que ellos le van a quitar a Balaguer de ahí; a lo que aspiran es a seguir presentándole al país una cara revolucionaria que ya no tienen, si es que alguna vez lo tuvieron.

Repito que todo eso es pura charlatanería, charlatanería politiquera de mala ley, porque se hace con el fin de mantener al Pueblo endrogado para que siga creyendo en los líderes acuerdistas. Nosotros, es decir, el Partido de la Liberación Dominicana, denunciamos esa política barata con la misma energía con que denunciamos los crímenes y los abusos del balaguerismo.

—VdP: Entonces, si no hay posibilidad de salir de Balaguer con una huelga general, ¿qué es lo que tiene que hacer el Pueblo para librarse de un gobierno que no resuelve los problemas del país, si no que más bien los complica más cada día?

—JB: El Partido de la Liberación Dominicana lo ha dicho ya, y no sólo lo ha dicho sino que está haciéndolo; y eso es lo importante, hacer las cosas, no solamente decirlas si no aplicarse a hacerlas. Lo que hay que hacer es organizar al Pueblo para que lleve a cabo una lucha seria, larga, consciente; no una lucha de pocos días que va a terminar con un triunfo mágico. La caída de la dictadura de Grecia se ha debido a que en el juego de las fuerzas políticas internacionales, los militares griegos perdieron el equilibrio y han tenido que pagar abandonando el poder. Pero aquí no participan las fuerzas políticas internacionales, y no hay fórmulas mágicas para salir de un gobierno puesto ahí por los yanquis, un gobierno que cuenta con el apoyo político, económico y militar de los que lo pusieron en el poder. Los Estados Unidos son el país más fuerte del mundo capitalista y en este rincón del Caribe no hay influencia de otros poderes contrapuestos con el yanqui. Eso no debe ser olvidado por los luchadores políticos ni durante un minuto, porque la lucha que tenemos que llevar adelante no es contra Balaguer, no es una simple lucha de dominicanos contra dominicanos. En la apariencia es una lucha contra el gobierno balaguerista, pero en la realidad es una lucha contra el poderío norteamericano. Con esto pasa lo mismo que con muchos otros aspectos de la actividad política, que hay cosas que se ven y cosas que no se ven, y a menudo las que no se ven son más importantes que las que se ven. Aquí lo que se ve es Balaguer y lo que no se ve son los yanquis, y los yanquis son millones de veces más poderosos que Balaguer. Hay que saber organizarse y saber presentar nuevas formas de lucha: hay que poner al pueblo en marcha, pero no para hacer disparates si no para que lleve adelante un programa de trabajo serio, que le garantice la victoria.

Nosotros no tenemos fórmulas mágicas. Nosotros estamos creando los Comités Patrióticos y Populares, que serán los centros alrededor de los cuales se organizará el Pueblo para luchar contra la reelección balaguerista, contra el matadero electoral y por todas las reivindicaciones del Pueblo.

Pero de eso hablaremos otro día, porque hoy se hace tarde.