Los Ascensos de Trujillo

  • 24 abril 1980

Al comenzar el año 1922, la presencia de la infantería de Marina de los Estados Unidos en Santo Domingo era un motivo de preocupación para los gobernantes norteamericanos. En ese momento Rafael L. Trujillo, segundo teniente de la Policía Nacional Dominicana de 30 años cumplidos, no podía darse cuenta de hacia adonde lo llevarían los acontecimientos políticos que se derivarían de la crisis económica en que iba hundiéndose el país y de la campaña internacional contra la ocupación militar que estaban llevando a cabo intelectuales como Fabio Fiallo y Max Henríquez Ureña y líderes obreros como José Eugenio Kunhardt.

En el mes de mayo de 1922 hizo viaje a Washington un abogado que representaba en el país a los más importantes intereses norteamericanos. Se trataba de Francisco José Peynado, persona de reconocida habilidad y muy discreta, quien, dadas sus conexiones en los círculos de poder económico de los Estados Unidos, debía estar en contacto con políticos prominentes que tuvieran acceso a personajes como el secretario de Estado, Charles Evans Hughes, puesto que en poco tiempo fue aprobado el llamado Plan Hughes—Peynado cuya aplicación determinaría la restauración del Estado dominicano y la subsiguiente salida de la fuerza militar interventora. En pocas palabras, la médula del plan consistía en la creación de una especie de comité con poderes de decisión formado por los jefes de los partidos políticos dominicanos cuya función principal sería escoger a un presidente provisional de la República. Ese presidente provisional tendría el encargo de convocar a elecciones en menos de dos años, y las fuerzas de ocupación militar saldrían del país cuando tomaran posesión de sus cargos el presidente de la República y los senadores y diputados elegidos.

El 15 de septiembre (1922), por la Orden Ejecutiva No. 800, el gobernador militar de Santo Domingo estableció que “la única fuerza armada encargada del mantenimiento del orden público, de vigilar por la seguridad de las instituciones del gobierno de la República Dominicana, de ejercer las funciones de Policía general del Estado y de velar por la ejecución de las leyes de la República” era la Policía Nacional Dominicana; de manera que por mandato del poder ocupante, que actuaba, naturalmente, cumpliendo órdenes de sus superiores, la Policía Nacional pasaba a tener las atribuciones que en todas partes del mundo tiene el ejército, atribuciones que se basan en la posesión del monopolio de la fuerza y por tanto en el monopolio de la violencia organizada de la sociedad. Cinco semanas después (el 21 de octubre) tomaba posesión de su cargo el presidente provisional.

Ese mismo día 21 de octubre Vicini Burgos nombró a los altos jefes de la Policía Nacional y a varios capitanes, primeros y segundos tenientes. Entre los capitanes se hallaba Rafael L. Trujillo, que no había pasado todavía a ser primer teniente. Menos de dos años después (en septiembre de 1924), Trujillo sería ascendido a mayor y el 6 de diciembre, a teniente coronel, jefe de Estado Mayor, comandante auxiliar de la Policía Nacional. Siete meses y medio más tarde Rafael L. Trujillo pasaba a ser coronel comandante de la Policía Nacional Dominicana; el 13 de agosto de 1927 era ascendido a general de Brigada y el 17 de mayo de 1928 la Ley No. 928 convertía la Policía Nacional en Ejército Nacional. Al llegar a esa posición, en las manos de Trujillo cayó, de hecho, el poder del Estado, y si algo sucedía, le caerían también en las manos las formalidades que le dan legalidad a ese poder.

IV

La más grande de las crisis conocidas en la historia del capitalismo fue la que estalló el último miércoles de octubre de 1929, que se conoce con el nombre de miércoles Negro. Esa crisis, mencionada en los libros de economía como la Gran Depresión, fue políticamente devastadora en todo el mundo, pero estaba llamada a ser de importancia histórica en la República Dominicana, donde sus primeros efectos iban a coincidir con los de hechos políticos que podrían ser calificados de casuales, en la medida en que se dieron al mismo tiempo que la crisis y sus efectos o que produjeron sus efectos en esa oportunidad, pero pedimos que si se toman por casuales se tenga en cuenta aquella afirmación marxista de que el azar, o sea, la casualidad, es una categoría histórica.

¿Cuáles fueron esos hechos?

El primero de ellos fue la reelección del presidente Horacio Vásquez, que a pesar de que había sido elegido en 1924 para gobernar hasta el 16 de agosto de 1928 aceptó la tesis de que su mandato debía ser prolongado por dos años más, lo que se consagró mediante la redacción de una nueva Constitución, la de 1927; pero antes de que terminara el tiempo de la prolongación aceptó ser propuesto para que se le reeligiera por cuatro años, esto es, por un período que iría del 16 de agosto de 1930 al 16 de agosto de 1934.

Tanto la llamada prolongación como la propuesta reelección eran manifestaciones típicas del proceso que en países de escaso desarrollo clasista, como era entonces la República Dominicana, lleva al hombre que encabeza las fuerzas sociales desde la jefatura del Estado, a sustituir, con el respaldo de esas fuerzas, a la clase gobernante que todavía no se ha formado.

La propaganda reeleccionista iba en aumento y estaba creando una fuerte agitación política que se hallaba en su etapa culminante en los días finales de ese mes de octubre de 1929 debido a que Horacio Vásquez, que para entonces estaba cumpliendo los 70 años, había enfermado a tal punto que debió salir hacia los Estados Unidos para ser sometido a tratamiento médico, e inició su viaje en el momento mismo en que empezaba la Gran Depresión; Al volver al país, el 5 de enero de 1930, los efectos de la crisis se hacían sentir fuertemente en las débiles estructuras políticas dominicanas.

Otro de los hechos sería la ejecución del plan político que iba a poner en manos de Rafael L. Trujillo lo que en el artículo anterior calificamos de las formalidades que le darían legalidad al poder que sobre el aparato del Estado tenía él desde que había pasado a ser el jefe de la fuerza armada del país que a partir del 17 de mayo de 1928 cambió su nombre de Policía Nacional Dominicana por el de Ejército Nacional.