Euclides Gutiérrez

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Bien por Danilo

Danilo Medina, presidente de la República del gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, en sus atribuciones como responsable de la dirección de las relaciones internacionales de nuestro país, ha establecido relaciones abiertas con el gobierno de la República Popular China.

Esa decisión, responsable, valiente, necesaria y justa, ha recibido el apoyo y el aplauso de la inmensa mayoría de nuestro pueblo, aun de algunos partidos de oposición, que están convencidos de cuánto beneficiará esa decisión a esta nación, situada en el corazón estratégico de América, que ha esperado más de 50 años después del ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina, para relacionarnos con una de las tres o cuatro naciones con más poder económico que existen en el mundo. ¡Bien por Danilo! El autor de esta columna, tu compañero de 40 años, te felicita, te aplaude y te apoya.

El 16 de abril pasado, se cumplieron 20 años del restablecimiento de nuestras relaciones diplomáticas con Cuba, que realizó Leonel Fernández Reyna, siendo presidente en 1998, dando cumplimiento a una decisión del PLD avalada por el gran maestro político dominicano y de América, el profesor Juan Bosch.

En un acto hermoso, elegante y responsable, celebrado en el Ministerio de Relaciones Exteriores, el autor de esta columna fue distinguido y honrado al ser invitado como amigo de Cuba y de Fidel Castro, para celebrar esa fecha, acompañando al ministro de Relaciones Exteriores, Miguel Vargas Maldonado y al embajador de ese país hermano, Carlos de la Nuez. Estos dos pueblos, distinguidos, el cubano y el de la República Popular China, son expresiones de dignidad y valentía en defensa de su soberanía y solidaridad con otros pueblos del mundo.

Estamos en la obligación de recordar que entre febrero, marzo y abril de 1966 visitamos por tres meses la República Popular China, aceptando la invitación del gobierno de esa nación, después de haber participado en la Primera Conferencia de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina, Tri-continental, celebrada en La Habana, Cuba, en los inicios de ese año. Nuestro viaje a China, partiendo desde Francia, lo realizamos acompañado de aquella inolvidable compañera Aniana Vargas, que junto a otras militantes del 14 de junio viajaron a China a realizar cursos de entrenamiento político y de otra naturaleza.

En China, el autor de esta columna dictó un ciclo de conferencias, sobre la guerra iniciada el 24 abril de 1965 y el enfrentamiento a las tropas de intervención de Estados Unidos de América.

Entre otras ciudades importantes visitamos también Cantón y Shanghái y en esta última recibimos a otras compañeras entre las cuales estaba Sagrario Bujosa, que nos llevó dos cartones de cigarrillos Edén que nos enviaban desde Santo Domingo.

Volveremos a hablar de China más adelante, no importa lo que digan los voceros anónimos del Departamento de Estado de Estados Unidos de América, y mucho menos lo que digan los gusanos de origen cubano, lacayos y servidores incondicionales de los sectores más agresivos de la política del imperio que no ha dejado de hacer todos los esfuerzos para avasallar a los pueblos hispanoamericanos.

¡Adelante Danilo! y el gobierno del PLD que tú presides, que este pueblo pequeño, heroico, valiente, ha hecho conciencia mayoritaria, firme, de que es un “Pueblo legendario, veterano de la historia y David del Caribe”. ¡Bien por Danilo!

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24 de Abril 1965

Mañana 24 de abril se cumple el 53 aniversario del “Levantamiento Militar Constitucionalista” de 1965, que tenía como objetivo fundamental el retorno a la vigencia de la Constitución de abril de 1963 y el restablecimiento como presidente de la República del profesor Juan Bosch, el gran maestro político dominicano y de América, que había ascendido a la Presidencia elegido por el 60% de los votos que depositó el pueblo en las elecciones del 20 de diciembre de 1962.

Ese levantamiento militar, apoyado por la inmensa mayoría de nuestro pueblo, es uno de los episodios políticos militares más importantes en la historia contemporánea de América; porque para impedir el triunfo de su objetivo el gobierno de Estados Unidos presidido por el funesto Lyndon B. Johnson, ordenó la ocupación del territorio nacional con tropas de infantería, gestionando después el apoyo a esa abusiva y criminal intervención, de la mal llamada Organización de Estados Americanos (OEA), a la cual el autor de esta columna llama Organización Basura.

El pueblo dominicano, “Legendario y veterano de la historia”, sorprendió al mundo admirado, porque con la valentía tradicional de su proceso histórico como nación, enfrentó a partir del 28 de ese mes de abril de 1965 la abusiva y grosera intervención estadounidense. Dirigido nuestro pueblo por oficiales profesionales, dominicanos, algunos de ellos graduados en cursos especiales en escuelas militares estadounidenses establecidas en Panamá y en territorio de Estados Unidos.

En forma inmediata los dominicanos recibimos el apoyo, no solamente en manifestaciones populares de otros pueblos de América, sino también de otros pueblos del mundo, aun aquellos que no pertenecían a los países y a los gobiernos que proclamaban y defendían el sistema socialista. Entre las figuras de proyección mundial que se pronunciaron defendiendo y apoyando al pueblo dominicano, debemos mencionar a dos: Fidel Castro Ruz y Charles de Gaulle.

Cuánta satisfacción y emoción embarga al autor de esta columna, al recordar ese episodio que en el orden militar y político es el más importante de los que ocurrieron en nuestro país durante el siglo pasado.

El Levantamiento Militar Constitucionalista de 1965 ha sido llamado por nosotros “La Epopeya Incompleta” y aunque todavía están vivos muchos de los actores principales, militares y civiles, no podemos olvidar, ni olvidaremos jamás, a los que han desaparecido del escenario de la vida: solamente vamos a citar a los más importantes de los que han muerto: Juan Bosch, expresidente de la República, gloria dominicana de todos los tiempos; coronel Rafael Fernández Domínguez , fundador del Movimiento Militar Constitucionalista; coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, presidente del Gobierno Constitucional de la República en Armas; coronel Miguel Hernando Ramírez, capitán de navío Manuel Ramón Montes Arache, fundador jefe de los hombres rana de la Marina de Guerra, coronel Juan María Lora Fernández, Juan Miguel Román, jefe militar del 14 de Junio; Norge Botello, comandante civil de los soldados constitucionalistas; Eliseo Andújar, comandante civil de los soldados constitucionalistas. Y faltan cientos de dominicanos, descansando para siempre y en vida, que son y serán eternamente, próceres de la República.

Solamente queda citar de nuevo, el elogio de admiración y respeto que pronunció Fidel Castro Ruz, en su primer viaje a la República Dominicana; elogio que dice: “Pueblo legendario, veterano de la historia, David del Caribe”.

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¡Celebraciones de abril!

Hoy 16 de abril del corriente año 2018, estamos celebrando dos fechas históricas de gran importancia en la vida del pueblo dominicano: veinte años del restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, que se habían cumplido para el momento que fueron normalizadas en abril de 1998, treinta y siete años del ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina.

Esa decisión tomada por el gobierno del PLD, que presidía Leonel Fernández Reyna, vino a darle cumplimiento a una disposición que se había tomado, obedeciendo el mandato del profesor Juan Bosch, el gran maestro político dominicano y de América, que había residido en Cuba por muchos años y que allí había fundado con Juan Isidro Jiménez Grullón, el Partido Revolucionario Dominicano, para combatir la dictadura de Trujillo.

La otra fecha que conmemoramos, es el levantamiento militar constitucionalista iniciado el 24 de abril de 1965, al que el autor de esta columna ha llamado la “Epopeya incompleta”.

Fidel Castro Ruz, el gran líder político y militar, fundador del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, asumió la jefatura política del pueblo cubano, el 1ro.

de enero de 1959, cuando bajo su mandato fue derrocada la dictadura de Fulgencio Batista, servidora esclava de los intereses políticos del imperialismo norteamericano; Fidel dijo, en una de sus intervenciones, hace muchos años, hablando de los cubanos y dominicanos que “nada ha podido entibiar jamás los sentimientos de admiración, fraternidad y simpatía que ha existido entre nuestros dos pueblos”.

Y el autor de esta columna está en la obligación de agregar, que ha sido mucha la sangre que se ha ofrendado en las luchas por la independencia y libertad de estos pueblos. Presente hoy y ahora, y estará siempre, esa unidad de solidaridad y simpatía, de la República de Cuba y la República Dominicana.

La otra fecha como hemos señalado es el 24 de abril, cuando se inició ese episodio que primero conmovió a los pueblos americanos y más tarde después del 28 de abril de 1965, conmovió y admiró a la inmensa mayoría de los pueblos del mundo, cuando esta pequeña nación ubicada en las tres cuarta parte de la isla de Santo Domingo, enfrentó con el valor, arrojo y la firmeza de sus experiencias bélicas pasadas, las tropas estadounidenses que por mandato del presidente de la nación más poderosa del mundo, desembarcaron en tierra dominicana, convencidos, los que ordenaron ese atropello, que el pueblo dominicano iba a rendirse y entregar las armas, acobardados por el poder de destrucción del ejército invasor. ¡Qué sorpresa se apoderó de los invasores con la decisión de los dominicanos!.

Encabezados por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, el capitán de navío Manuel Ramón Montes Arache, y un numeroso grupo de oficiales superiores y subalternos del Ejército Nacional, la Marina de Guerra, la Fuerza Aérea y la Policía Nacional, nuestro pueblo se organizó en “comandos revolucionarios” para defender su soberanía e integridad como república independiente.

Recibimos el apoyo y solidaridad pública e inmediata de Fidel Castro Ruz, primer ministro y jefe del gobierno revolucionario de Cuba; el general Charles de Gaulle, presidente de Francia y de gigantescos movimientos populares de los pueblos indignados por el abuso y atropello del gobierno de Estados Unidos de América, con la complicidad de la mal llamada Organización de Estados Americanos (OEA). No podemos olvidar jamás estas fechas de dignidad y patriotismo.

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Llamando al Diablo

El autor de esta columna ha conocido profundamente, la valentía, inteligencia y malicia del pueblo dominicano, y cuando hablamos de pueblo, hablamos en orden genérico; el pueblo dominicano está integrado por mujeres y hombres, de quienes hemos aprendido, desde hace más de sesenta años, cuando fuimos alfabetizados totalmente, que aprendimos a escribir, porque sabíamos leer antes de cumplir los siete años de edad.

Hecho que, ocurrido en la ciudad de El Seibo, en los finales del año 1942, cuando nuestro padre Euclides Gutiérrez Abreu, Capitán del Ejército Nacional, comandaba la provincia de El Seibo, cuando en ese entonces, Higüey y La Romana, no eran provincias sino municipios de El Seibo.

Haber vivido en esa región y luego en otras provincias y lugares del país como en Loma de Cabrera, municipio de Dajabón, en la frontera domínico-haitiana, Santo Domingo, en aquel momento Cuidad Trujillo, San Francisco de Macorís y a partir de 1946 en San Fernando de Montecristi, en su municipio cabecera, una de las poblaciones, por no decir ciudades, de tradición admirable en la historia dominicana.

El autor de esta columna nació en Santo Domingo en el corazón de Gazcue, pero vivió en Montecristi y en las fincas bananeras de la División Berlanga, de la Grenada Company, desde antes de cumplir los once años de edad; haber recorrido todas esas localidades urbanas de la república, nos enseñó, como expresión de la inteligencia y malicia de los dominicanos, los refranes que, en nuestra lengua o idioma, que es el español, son reconocidos como “sentencias populares”.

Uno de esos refranes dice y repetimos “Una Cosa es Llamar al Diablo y Otra es Verlo Llegar” y eso ahora está sucediendo con los haitianos, impulsados por una gama de organizaciones internacionales basuras, como la llamada Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), organismo supuestamente independiente, ligada íntimamente a la otra basura internacional que se llama Organización de Estados Americanos, (OEA), auspiciada y económicamente financiada por los Estados Unidos de América, Canadá y Francia.

Juan Bosch el Gran Maestro Político dominicano y de América, con la responsabilidad intelectual, política e histórica que le corresponde, afirmó hace mucho tiempo, que Haití no era república, ni Estado organizado sino pura y simplemente un conglomerado humano; y ese conglomerado humano que es el 90% de quienes lo integran, no sabe leer ni escribir, y desconoce la realidad de su historia.

Olvidan que en la Batalla de Azua de 1844, en la de Santiago de 1844 también, y en las de Santomé y Sabana Larga, diez años después, el pueblo dominicano, “Legendario, Veterano de la Historia y David del Caribe”, les dio una pela, en el orden militar en el escenario del territorio de nuestro pueblo, sin violar nunca la Frontera de Aranjuez. Con su conducta agresiva e irrespetuosa contra nuestro pueblo, los haitianos “Están Llamando al Diablo”.

Y ahora recordando la inteligencia y la malicia de los dominicanos, podemos agregar que una cosa es llamarlo “Y Otra es Verlo Llegar”. Que no jueguen apoyados por la basura de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la otra basura de la Organización de Estados Americanos OEA, que la historia de los pueblos hispanoamericanos, quienes la adornan como nación independiente, soberana y libre, es el pueblo dominicano, que no ha tenido miedo nunca, con quienes han tratado de pisotear la dignidad nacional, comenzando por España, Inglaterra, Francia, el conglomerado humano llamado Haití y los Estado Unidos de América.

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¡Abril 2018!

Ha llegado el mes de abril, en el cual se da inicio la primavera que para la mayoría de las personas, es la estación más bella del año, pero abril para los dominicanos, particularmente para el autor de esta columna, tiene en la historia de nuestro pueblo una importancia extraordinaria y afirmamos, categóricamente, esta verdad porque el levantamiento militar, apoyado por el pueblo, que se inició el 24 de abril de 1965, generó un episodio que ha quedado como ejemplo de dignidad, independencia, heroísmo y patriotismo en la historia contemporánea de todos los pueblos hispanoamericanos y también de todos los pueblos del mundo.

Fue a la 1:30 p.m. a través de los micrófonos de Radio Comercial, que el doctor José Francisco Peña Gómez, al iniciar el programa Tribuna Democrática, anunció que le había informado telefónicamente el capitán del Ejército Mario Peña Taveras, que el jefe de Estado Mayor y otros oficiales superiores de esa institución militar, habían sido apresados y que se había dado inicio al movimiento constitucionalista que apoyaba el retorno de Juan Bosch, gobernante legítimo de nuestro pueblo, a la presidencia de la república.

El anuncio del doctor Peña Gómez, fue acompañado de manera inmediata por el himno nacional de Francia “La Marsellesa”, que era un estímulo para que el pueblo apoyara la decisión del grupo de militares constitucionalistas, que bajo la jefatura del coronel Hernando Ramírez habían apresado a la oficialidad superior del Estado Mayor del Ejército.

Ese movimiento militar clandestino había sido fundado en los primeros meses de 1963, por el coronel Rafael Fernández Domínguez, con la autorización expresa del profesor Juan Bosch, que desempeñaba en aquel entonces las funciones de Presidente de la República.

Nuestro pueblo, valiente, responsable, viril y decidido, se lanzó a las calles, primero que nada, de la ciudad capital para que se cumpliera el objetivo real de esa acción, que era el retorno a la vigencia de la Constitución de 1963.

Cuatro días después, el gobierno de Estados Unidos de América, encabezado por la arrogante figura de Lyndon Johnson, se opuso a nuestra decisión y ordenó el desembarco de tropas de la infantería estadounidenses en tierra dominicana.

La presencia de las tropas estadounidenses en territorio nacional, indignó a los militares constitucionalistas que habían derrotado a las tropas del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas (CEFA), en el escenario del Puente Duarte, sobre el Río Ozama, donde entregaron sus vidas más de dos mil dominicanos entre militares y civiles, patriotas y militares del CEFA, profundamente equivocados, y faltando a la obligación que tenían como guardianes de la democracia y la soberanía e independencia de la nación.

Esa victoria popular atemorizó al presidente del gobierno y demás miembros de la nación más poderosa del mundo, que equivocados también, creyeron que la presencia de las tropas estadounidenses en territorio dominicano, el pueblo acobardado, abandonaría las armas y se rendiría ante los soldados invasores. Que equivocación más grosera la de los norteamericanos y que lección de dignidad y de valor les dio el pueblo.

En este mes de abril conmemoramos el 53 aniversario de ese episodio, eterno e inmortal de nuestra historia y celebraremos también el 16 de abril, el restablecimiento de relaciones diplomáticas con el hermano pueblo cubano que bajo la dirección de Fidel Castro Ruz, brindó su apoyo militante al pueblo que por el líder de la revolución cubana ha sido llamado “pueblo legendario, veterano de la historia y David del Caribe”.

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¡Reconocimiento!

El 21 de marzo del corriente mes, el ciudadano presidente de la República, Danilo Medina Sánchez, reinauguró en la legendaria ciudad de Montecristi, que es la patria chica adoptiva del autor de esta columna, las instalaciones del hospital Padre Fantino, que, según las crónicas publicadas por los periódicos nacionales, beneficiará acerca de 15 mil personas de esa comunidad provincial, cuyo costo ascendió a la suma de RD$97,790,443.00.

Ese hospital fue construido en los primeros años de la década iniciada en 1950, durante el gobierno dictatorial de Rafael Trujillo Molina, y fue ratificado como director del mismo, un médico, eminente, de primera categoría, que se llamó Juan Enrique Kunhardt que era nativo de San Francisco de Macorís y que tenía muchos años prestando servicios en Montecristi, casado con una hermosa dama llamada Gilma Grullón Peralta.

No hemos olvidado nunca en el registro de nuestra memoria, aquel médico extraordinario, atento, y servicial con todos los sectores de la comunidad montecristeña.

Fantino era un sacerdote católico de origen italiano que vivió en Montecristi y que le sirvió, en el orden social, a muchas personas y que se merece el recuerdo y el respeto como otros sacerdotes que vivieron allí, pero el doctor Kunhardt fue una figura no solamente extraordinaria como profesional, sino legendaria por la manera espontánea, solidaria, y casi paternal, como le sirvió a los montecristeños.

En el lugar que el hospital se levantó, era el play municipal que llevaba el nombre de Pedro Alejando San, uno de los más grandes lanzadores de béisbol, que, en toda su historia, se han recordado.

Ese aporte del gobierno del PLD, que preside Danilo Medina, debe llevar el nombre del doctor Kunhardt y emplazamos a las autoridades de la provincia, gobernador, senador, diputados, alcalde y regidores a que hagan realidad ese reconocimiento al doctor Kunhardt, que además fue gobernador de la provincia de Montecristi por muchos años.

Cuatro médicos eminentes de primera categoría, vivieron en Montecristi y que los recuerda el autor de esta columna desde que éramos un niño de apenas nueves años de edad. Además de Kunhardt estaba Federico Max Sméster, cirujano eminente, graduado en la Universidad de París, en la Facultad de Ciencias Médicas de La Sorbona, hijo de Rosa Sméster, compañera de Ercilia Pepín y gloria del magisterio nacional.

Otro de los médicos era Julio Isidor Silva, médico general y cirujano, que trabajaba junto a Federico Sméster en la clínica propiedad de Federico, que eran también médicos atentos y solidarios con todos los sectores sociales.

El otro médico era el doctor Guitó, de nacionalidad haitiana, casado con una distinguida dama francesa, blanca, de pelo rubio, maestra de piano que daba clases y enseñó a tocar ese instrumento y hablar francés a muchas personas, entre ellas a dos hermanas, damas muy distinguidas, Australia e Idalia Grullón.

La primera es la madre de un médico reconocido de Montecristi que se llama Julio Manuel Rodríguez Grullón, ex- presidente del Colegio Médico Dominicano, compañero de infancia y amigo apreciado del autor de esta columna.

Que Montecristi le haga honor y reconocimiento a Juan Enrique Kunhardt, que con tanto cariño y solidaridad cuidó por la salud de los que habitaban esa población de nombre histórico, que desgraciadamente no ha recibido los honores y el cuidado a que es merecedora por siempre.

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Atención a Pedernales

Hace años, allá por el inicio de la década de 1960 a 1970, período de extraordinarios acontecimientos históricos en la vida del pueblo dominicano, que comenzaron a producirse a fines de ese año de 1960 con el asesinato de las hermanas Mirabal, crimen que no tenía antecedentes durante los 30 años de la dictadura de Rafael Trujillo Molina, fue un hecho que demostró al autor de esta columna que en la realidad política de ese entonces, Trujillo había perdido totalmente el sentido de la prudencia, que como asesino político, selectivo, represivo e intolerante, había demostrado por largo tiempo.

Al crimen de las hermanas Mirabal y de su amigo y acompañante Rufino de la Cruz, le habían precedido el secuestro de Jesús de Galíndez en Estados Unidos de América, Gerald Lester Murphy, el piloto del avión que lo trasladó a Santo Domingo; del médico que le acompañaba Miguel Rivera y más luego de Tavito de La Maza y del coronel Rafael Cobián Parra, jefe de Inteligencia del Ejército Dominicano.

Para entonces el autor de esta columna era abogado, con ejercicio profesional y larga experiencia burocrática como secretario de la oficina de Rafael Augusto Sánchez Ravelo y más luego de Luis del Catillo Morales; como hijo de militar sabíamos y conocíamos en términos de su personalidad al dictador dominicano. Conocíamos en detalle la matanza de haitianos, mujeres y hombres que residían en nuestro país, particularmente en las comunidades rurales de la Línea Noroeste.

“El corte” se llevó cerca de 4,500 seres humanos y fue una decisión tomada y ordenada por el mismo Trujillo, como lo reconoció en unas declaraciones que hizo después de 1944, cuando celebramos la fundación de la República y el centenario de la Independencia.

A partir de aquel hecho, los haitianos, como dijo Trujillo, aprendieron a respetar nuestro pueblo. Venían masivamente a trabajar en la industria azucarera, en grupos ordenados con documentos de identidad, organizados en pelotones y compañías, calificativos militares, bajo la responsabilidad de oficiales del Ejército.

Después del ajusticiamiento de Trujillo ocurrido en mayo de 1961, las cosas comenzaron a cambiar y en los últimos veinte años, bajo el gobierno de nuestro partido, el PLD, que nos obliga a señalarlo, las cosas han empeorado hasta términos inaceptables.

En nuestro libro “Haití y la República Dominicana: Un origen y dos destinos”, ampliado en su 3ra. edición que está circulando, recordando al maestro político dominicano y de América Juan Bosch, reiteramos que Haití no es una nación, ni una república y mucho menos un Estado.

Es simplemente un conglomerado humano, disperso, sin principios de ordenamiento de ningún género, que sus dirigentes alientan y estimulan la migración masiva de sus habitantes al territorio de la República Dominicana. Eso explica ese crimen inaceptable, abusivo, horroroso, en su propiedad agrícola de un matrimonio dominicano en los campos de Pedernales, ejecutado por tres haitianos que trabajaban con ellos.

A ese crimen los habitantes de Pedernales respondieron con el valor, el coraje y la responsabilidad que ha caracterizado la vida del pueblo dominicano. Pongamos atención, mucha atención a lo ocurrido en Pedernales, que es seguro que se va a repetir en otras provincias de la nación dominicana.

Las autoridades que supuestamente gobiernan a los haitianos, apoyados por la gran conspiración internacional que promueven y apoyan Estados Unidos de América, Francia y Canadá, creen que pueden jugar con este “Pueblo legendario, veterano de la historia y David del Caribe”.

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Fecha memorable

El viernes pasado, 9 de marzo, se conmemoró el 201 aniversario del nacimiento de Francisco del Rosario Sánchez, que de los grandes próceres republicanos de nuestra historia, es la figura mas patética y dramática que conmueve profundamente por su final, cuando fue fusilado el 4 de julio de 1861 en San Juan de la Maguana por órdenes del gran traidor en la historia del pueblo dominicano, llamado Pedro Santana.

Sánchez fue fundador y prócer dos veces de la república, que con la entrega de su vida en el martirologio de San Juan de la Maguana, entró en la inmortalidad como ejemplo inigualable.

Este viernes pasado en el aniversario del nacimiento de esa gigantesca figura de la historia de nuestro pueblo, fue escogido por la Fundación de Militares Constitucionalistas para rendir homenaje a Eulalio Ceferino Peralta Fernández, militar constitucionalista, héroe y prócer de la república por su valiosa participación en el Movimiento Militar Constitucionalista, que se inició el 24 de abril de 1965.

Ese mismo día también, 9 de marzo de 2018, se escogió para realizar un reconocimiento al autor de esta columna por haber sido miembro del Gabinete, como ministro encargado de Interior y Policía, del Gobierno Constitucional de la República en Armas, presidido por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.

Agradecemos profundamente la distinción de la Fundación de Militares Constitucionalistas presidida por Andrés Fortunato Victoria, que ha mantenido en alto, de manera coherente y militante, la defensa de ese episodio inmortal en la historia de América, que asombró al mundo, cuando a partir del 28 de abril de 1965, las tropas de Infantería de la nación más poderosa del mundo, Estados Unidos de América, desembarcaron en las playas dominicanas para impedir el regreso a la presidencia de la república del profesor Juan Bosch, el gran maestro político de América, elegido presidente en las elecciones del 20 de diciembre de 1962 por una abrumadora mayoría de votos y derrocado, antes de cumplir el primer año de su mandato, el 25 de septiembre de 1963 por un golpe de Estado, financiado y auspiciado por el gobierno estadounidense y por los sectores sociales más atrasados del país, apoyados por la alta jerarquía de la Iglesia Católica dominicana.

Honraron con su presencia el acto, auspiciado por la Fundación de Militares Constitucionalistas, un apreciable grupo de militares constitucionalistas, veteranos de las Fuerzas Armadas, así como civiles combatientes, mucho de los cuales ofrendaron sus vida en defensa por el retorno de Juan Bosch a la presidencia y por la soberanía nacional, mancillada por las tropas interventoras de Estados Unidos.

Fue esa valiente y hermosa decisión, de enfrentar a las tropas interventoras con las armas en las manos, que elevó la admiración a nuestro pueblo por la inmensa mayoría de los pueblos del mundo y motivó que aquella figura inolvidable de la historia de América y del mundo que se llamó Fidel Castro Ruz, calificara y proclamara como “Pueblo, legendario, veterano de la historia y David del Caribe” a la nación, al parecer pequeña en términos geográficos, que se ha desarrollado en la parte oriental de la isla de Santo Domingo.

¡Gloria eterna a Francisco del Rosario Sánchez, fundador y prócer dos veces de la república! ¡Gloria eterna también a Juan Bosch, Francisco Caamaño Deñó, Rafael Fernández Domínguez, Manuel Ramón Montes Arache, Juan María Lora Fernández, Juan Miguel Román, Euclides Morillo, Norge Botello, Eliseo Andújar y a todos los militares y civiles, combatientes constitucionalistas, que vivirán eternamente en el recuerdo de nuestra patria!

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¡Juan Pablo Duarte! (VI)

En nuestra columna anterior, volvimos a repetir tal vez por décima o más veces, desde que escribíamos hace más de 30 años, en nuestra columna “Meridiano Nacional”, en el matutino El Sol, que se editaba en Santiago, que debíamos tratar con términos reales a las figuras de más importancia política y transcendencia histórica en la vida de nuestro pueblo, encabezados por Juan Pablo Duarte, líder más importante de los fundadores de la República, a quien acompañaron en esa inolvidable tarea, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella, y otros compañeros que aunque necesarios e importantes, no tuvieron en aquel entonces la vocación y entrega de protagonizar, como primeros actores de ese episodio inmortal y eterno.

Duarte, Sánchez y Mella, son los fundadores de la República, los dominicanos del presente y los del mañana estamos obligados a cumplir con el compromiso sagrado de mantener viva, independiente y soberana la patria que nos vio nacer y en la que vamos a descansar de manera definitiva.

El pueblo dominicano o dicho en términos sociales de manera correcta, la nación dominicana, cuya génesis se remonta, muy lejos en el levantamiento que llevó a cabo el gran capitán de la escuela militar dominicana, Enriquillo, cuando en 1519, se alzó en las montañas del Baoruco para preservar las vidas de sus hermanas y hermanos de raza, sometidos a la explotación y al maltrato por los hijos de los conquistadores españoles que habían aparecido en el escenario físico de la isla en 1492.

Después de Enriquillo, invicto, capitán del Baoruco, vinieron los negros cimarrones, que aprendieron del jefe militar aborigen, transculturizado, que sabía hablar, leer y escribir el español y que había aprendido cuando era paje y escudero de Diego Velázquez, los conocimientos fundamentales en el orden militar que aplicó después con maestría admirable en las montañas del sur de la isla de La Española.

Los fundadores de la república fueron políticos excepcionales, sensibles a la realidad de nuestro pueblo, que no aceptó en ningún momento de manera complaciente la dominación de los haitianos cuando ocuparon la parte oriental de la isla y se negaron a hablar y no aprendieron nunca el creole y el patuá y asimilar las costumbres y los hábitos de vida de los haitianos, actitud que era la más vivida expresión de que los dominicanos-españoles o españoles dominicanos, como se auto llamaban los habitantes de la parte oriental de la isla, se habían convertido en una nación de firmes convicciones, dispuesta a correr todos los riesgos y realizar todos los sacrificios que fueren necesarios por su existencia.

Ha concluido el Mes de la Patria, y frente a los peligros que amenazan a los dominicanos, o las maniobras y atrevimientos de los enemigos de nuestra soberanía, auspiciadas y financiadas por Estados Unidos de América, Francia y Canadá a través de esos organismos internacionales, encabezados por esa entelequia prostituida llamada Organización de Estados Americanos, (OEA) y su dependencia llamada Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), tenemos que invocar no solamente a Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella, sino también a los héroes y próceres de la Restauración de la República, encabezadas por aquellas figuras como Pepillo Salcedo, Pedro Pimentel, Benito Monción, José María Cabral, Gregorio Luperón, sumando a su recuerdo a Juan Bosch, Francisco A. Caamaño Deñó, Rafael Tomás Fernández Domínguez, Manuel Montes Arache, que no podrán ser olvidados en la historia de este pueblo “Legendario, veterano de la historia y David del Caribe”.

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¡Juan Pablo Duarte! (IV)

En julio de 1838, Juan Pablo Duarte fundó la sociedad secreta “Trinitaria”, que como hemos ratificado, en ocaciones anteriores, era una sociedad de carácter patriótico, democrático, revolucionario e independentista, que fué sin lugar a dudas el primer partido político fundado en América, con objetivos independentistas de crear un Estado con el nombre de República Dominicana. La manifestación, admirable, mas cierta, de ese objetivo democrático que hemos señalado es el verso de Duarte que dice: “Los Blancos, morenos, cobrizos, cruzados, marchando serenos, unidos y osados, la patria salvemos de viles tiranos, y al mundo mostremos que somos hermanos”. Lo que revela que Duarte no tenia asomos de discriminación racial y que a esa edad de 25 años, empíricamente, era un sociólogo, que conocía la composición social de nuestro pueblo.

Hace poco tiempo que leímos y escuchamos, que alguien de origen haitiano, había acusado a Duarte de ser racista; este poema breve, brillante y hermoso es el mentís de esas acusaciones calumniadoras y difamadoras que eleva la figura del Fundador de la República, a una estatura que lo ubica en términos históricos, entre las grandes figuras independentistas de hispanoamerica. Más adelante en las notas que servían de base al proyecto de Constitución que había elaborado, señala con claridad incuestionable que “La bandera dominicana, puede cobijar a todas las razas, y no excluye ni da predominio a ninguna de ellas”, por eso su pensamiento político, tiene, desde entonces, hasta la presente época y en el futuro, una vigencia plena que debemos defender para el pueblo dominicano.

Por esas razones Duarte encabezó en la parte oriental de la isla en 1843, la revolución contra el gobierno de Boyer, y jugo un papel estelar que lo llevó al liderato de los republicanos, sus compatriotas, que luchaban por la independencia de nuestro pueblo. Denunciado y perseguido más tarde, se vio obligado a ausentarse del territorio nacional dejando a dos de sus compañeros, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, encargados de llevar a cabo las gestiones finales del movimiento republicano. Sánchez redactó el manifiesto del 16 de enero de 1844, en el cual quedaron plasmados los principios republicanos y liberales que Duarte había predicado durante años y ratificaron en el cuerpo de ese documento, la firme voluntad de crear un Estado independiente y soberano.

Después del 27 de febrero, proclamada la República bajo la consigna hermosa y eterna de “Dios, Patria y Libertad”, se incorporó a la Junta Central Gobernativa, dominada por sectores conservadores que no tenían fe en la viabilidad de la República; se inició entonces un proceso de luchas internas, que culminó con la expulsión del territorio nacional de los patriotas fundadores, de la República y es necesario, significar y señalar, que ese Estado, nació a la vida pública, llevando en su seno, oportunistas, conservadores y anexionistas en las más altas posiciones, usurpadas a los iniciadores y fundadores del movimiento republicano, separatista, que encabezó siempre la vocación de sacrificio y el amor a la libertad de nuestro pueblo. Hoy 174 años después, se sienten, porque duele, las manifestaciones de los oportunistas, conservadores, y ahora anexionistas, militantes y voceros de los intereses de la política de Francia, Canadá y los Estados Unidos de América, en contra de la independencia y la soberanía de la República Dominicana. Continuaremos…

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¡Juan Pablo Duarte! (III)

Juan Pablo Duarte aparece de nuevo en Santo Domingo, en 1831 o 1832, cuando tenia la edad de 19 años y se dedicó a trabajar en el negocio de su padre. Realizó una intensa vida social, que le ligó a importantes sectores de la pequeña burguesía urbana, y en esa vida social fue testigo de matrimonios, padrino de bautizos y asistió a reuniones de carácter cultural.

Esas actividades en la sociedad de aquella época fue lo que le permitió percibir que existía un sentimiento patriótico, que rechazaba la presencia de los haitianos en el país; a Juan Pablo hay que reconocerle la admirable sensiblidad política que tenía, que a esa edad le permitió interpretar el momento histórico que vivía el pueblo dominicano de entonces, renuente en sus capas más importantes a aceptar la presencia de la dominación haitiana.

El régimen de Boyer había envejecido y de un gobierno liberal y progresista, pasó a ser una dictadura con serios problemas económicos y la aparición de una resistencia interna muy activa y frontal.

En los años transcurridos, inmediatamente después de su regreso al país, era un hombre estudioso, que leía, traducía del francés al español y también el latín; era un hombre de cultura avanzada, con un fino instinto político de profundidad, que lo convirtió entre los hombres de su edad, 24 a 26 años, con ascendencia y liderato entre sus compatriotas.

Y usamos el término de compatriotas porque para ese momento, particularmente para el 16 de julio de 1838, cuando fundó la sociedad secreta “Trinitaria”, las bases históricas del pueblo dominicano lo habían convertido en nación, totalmente diferente al conglomerado humano que se conocía con el nombre de República de Haití.

Los dominicanos hablaban español, tenían las mismas costumbres y los hábitos de vida acentuados por el sentimiento religioso de ser cristianos católicos, negados radical y totalmente a ser iguales que los haitianos.

En la realidad histórica la sociedad secreta “Trinitaria”, fundada por Juan Pablo Duarte y un pequeño grupo de compañeros, fue realmente un partido político, con claros objetivos y definidos principios estratégicos independentistas: la separación de Haití y la fundación de un Estado con el nombre de República Dominicana. Duarte fue el ideólogo, fundador y propagador de la idea y el instrumento que tenía como función dar a conocer la fundación de esa República.

Con acertado criterio táctico, promovió y auspició la unidad con los adversarios de Boyer, enviando a Mella a territorio occidental para que gestionara la alianza con los reformistas adversarios del mandatario haitiano.

Era un político tan inteligente y decidido que viajó a El Seibo para hablar con los hermanos Santana, Pedro y Ramón, para incorporarlos al movimiento revolucionario, lo que revela el sentido de la unidad frente a un enemigo común que no podía ser combatido por grupos desligados de las fuerzas sociales determinantes de la vida nacional.

La familia dominicana en realidad era una sociedad rural, con escaso desarrollo del capitalismo, que luego de la revolución inglesa y francesa, había promovido e impulsado el desarrollo en todos los aspectos de la organización, la producción, educación, salud y otras necesidades importantes para que se diera un paso de avance, que fuera decisivo en la consolidación de la libertad y la democracia.

Duarte tenía mucho antes del 27 de febrero de 1844, un concepto muy definido de la nación dominicana y de las mujeres y los hombres que la integraban. Continuaremos…

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¡Vamonos con Dios!

Esa exclamación que para el autor de esta columna es una consigna que expresa una actitud de decisión para marchar de frente, tal vez, hasta el infinito y la aprendimos hace 45 años, en 1973, mientras guardabamos prisión en la carcel de La Victoria, acusado o implicado, supuestamente, en complicidad con el desembarco que habia encabezado en los primeros dias de febrero de ese año, el Coronel Francisco A. Caamaño Deñó, Procer dominicano, que habia desempeñado las funciones de presidente del Gobierno Constitucional de la Republica en Armas, consecuencia del levantamiento militar que se habia iniciado el 24 de abril de 1965 y que a partir del 28 de ese mes, habia enfrentado en defensa de la soberania y dignidad de nuestro pueblo, intervención militar en nuestro territorio, ordenada por el gobierno de los Estados Unidos de América, que presidió en ese entonces una nefasta e inolvidable figura ejecutiva, llamado Lyndon B. Johnson. “Vamonos con Dios en este año 2018”.

Y esta consigna, va dirigida a mis compañeras y compañeros, miembros del PLD, que tienen la responsabilidad de dirigir los destinos del país, con el gobierno que ha puesto en nuestras manos la mayoría del pueblo dominicano, encabezado por Danilo Medina Sánchez. También en este momento queremos repetir las frases que hemos pronunciado en decenas de ocasiones, cuando hablamos en términos políticos: “La pelea es peleando”, y la queremos recordar particular y especialmente a nuestros compañeros mas jóvenes, que para el autor de esta columna, no solamente pueden ser nuestros hijos, sino también nuestros nietos. La política es un oficio y una profesión como son la ebanistería, carpintería, herrería, y la mecánica u otras manifestaciones que en la práctica deben ser aprendidas y que no se pueden dominar totalmente sus conocimientos, en un día, una semana o un mes; pero la política es fundamentalmente un arte y una ciencia.

Estamos convencidos, hace mucho tiempo y somos los primeros en esa convicción, que ha llegado la hora del relevo en los mas altos niveles del PLD, pero a los de más edad y experiencia deben relevarlos, políticos profesionales, formados, como militantes en las filas de nuestro partido. Como “dinosaurio” de muchos años de vida, el autor de esta columna no puede ser engañado, ni confundido y mucho menos hipnotizado con ese lema de que “ha llegado la hora de la juventud”. Siempre hemos dicho que Adolf Hitler aquel funesto caudillo alemán, que a los 45 años de edad había sometido a casi la totalidad de los pueblos de Europa por medio de la conquista, y para derrotarlo no buscaron jóvenes ingleses, rusos, estadounidenses ni franceses; tuvieron que juntarse Winston Churchill con más de 70 años de edad Jefe del gobierno ingles; Joseph Stalin, primer Ministro del gobierno de la Unión Sovietica y Franklin Delano Roosevelt, presidente de los Estados Unidos de America, invalido, en una silla de ruedas, con 75 años de edad, a los cuales se sumó después Charles de Gaulle, Jefe de la resistencia francesa, con mas de 70 años.

¡Vamonos con Dios! y tengamos presente que “La pelea es peleando”, que este gobierno del PLD que encabeza el presidente de la república, Danilo Medina Sánchez, esta obligado a cumplir con el legado de Juan Bosch, el Gran Maestro Político Dominicano y de América de todos los tiempos; “El Presidente Moral Eterno de la República”, que lo concibió, lo fundó, organizó y dirigió para servirle al pueblo dominicano.

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