Euclides Gutiérrez

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¡La Gran Epopeya! (I)

Hoy es lunes 13 de agosto y el jueves próximo, nuestro pueblo celebra y conmemora el 155 aniversario de la Restauración de la República, episodio eterno, inmortal, valiente y ejemplar en la historia de América y más allá de América, porque fue un ejemplo de dignidad de una pequeña nación de una isla del Caribe que apenas llegaba, si acaso, a doscientos cincuenta mil habitantes y que decidió enfrentar con limitada ayuda del exterior o de otro pueblo, más pequeño que el pueblo dominicano en el orden territorial, aunque con una población que duplicaba a la población dominicana, y que fue el pueblo haitiano, que sirvió de refugio momentáneo a los precursores de la recuperación de la Soberanía de nuestra Patria, en aquel momento encabezado por Francisco del Rosario Sánchez, quien había sido junto a Juan Pablo Duarte y Matías Ramón Mella, desde el 27 de febrero de 1844, uno de los Fundadores de la República.

El pueblo dominicano derrotó con valentía y decisión admirables al ejército de España, que era todavía en ese entonces uno de los países más poderosos y ricos de Europa. La Anexión a España, fue una decisión, de una traición cuya responsabilidad histórica es principalmente de Pedro Santana, cuyos restos sin justificación alguna, reposan en el Panteón de la República, donde descansan los restos de quienes fueron sus víctimas. Ese episodio inmortal fue encabezado en sus inicios por un grupo de héroes, después del fusilamiento de Sánchez en San Juan de la Maguana, cuando en el Cerro de Capotillo, en la hoy provincia de Dajabón, arriaron la bandera española y enhestaron la dominicana, dando inicio a una guerra convertida luego en “Guerra de Guerrillas” o “Guerra Irregular”, como era llamada, que las tropas españolas no pudieron enfrentar, habiendo influído en esa confusión de los españoles, la toma de Santiago por las fuerzas Restauradoras, agresivas y coherentes, que eligieron entonces después de incendiar y tomar la ciudad, el primer Gobierno de la Restauración, el que estuvo encabezado por José Antonio Salcedo (Pepillo).

A partir del 16 agosto de 1863 hasta el 12 de julio de 1865, día en que las tropas españolas derrotadas en el escenario geográfico dominicano, abandonaron nuestro territorio, sin haber podido dejarle la imposición de compromisos que lesionaran la soberanía y dignidad del pueblo, condiciones que estaban escritas en el llamado pacto de “El Carmelo”, ese acuerdo se había discutido en el lugar donde hoy está construido el “Hotel Jaragua” y fue rechazado y repudiado por Pedro Pimentel, presidente de la República en Armas, del tercer Gobierno de la Restauración. Es una reducida lista de los grandes Próceres de La Restauración, con méritos incuestionables, que debe recordar siempre el pueblo dominicano: Próceres, Héroes y Mártires de La Restauración, que deben ser recordados con gratitud eternamente: Francisco del Rosario Sánchez, Santiago Rodríguez, Pedro Pimentel, Benito Monción, José María Cabral, Gregorio Luperón, Gaspar Polanco, Marcos Adón, Eusebio Manzueta, Fernando Arturo de Meriño, Benigno Filomeno de Rojas, Ulises Francisco Espaillat, José Antonio Salcedo (Pepillo) y Pedro Francisco Bonó.

Celebremos y conmemoremos La Restauración de la República con más decisión y vigor de mantener por siempre y eternamente, la Soberanía, Independencia y dignidad de la República Dominicana, herencia de los próceres y héroes que han ofrendado su vida y su sangre no solamente en febrero de 1844, en agosto de 1863, también agregando a esas fechas gloriosas el 24 de abril de 1965.

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Haitianizandonos

Profundamente decepcionado por la incapacidad e irresponsabilidad de las autoridades edilicias o municipales de esta ciudad de Santo Domingo, primada de América como ha sido bautizada, a lo que debemos sumar que fue calificada una vez, hace más de 60 años, no por dominicanos, servidores o no de la dictadura de Rafael Trujillo Molina, como una de las ciudades, o tal vez la más limpia de Hispanoamérica, se haya convertido hoy, paso a paso y día a día, en una réplica o imitación de la capital de la llamada República de Haití, que conocemos con el nombre de Puerto Príncipe.

Qué pena o qué vergüenza nos da, a quien muchas personas califican como “montecristeño”, que nos hace sentir orgulloso también, aunque vinimos al mundo en el antiguo “Hospital Internacional”, ubicado en la avenida México esquina Rosa Duarte donde está hoy un colegio evangélico, pero que en 1936 era un moderno centro médico, donado por la Iglesia Evangélica al pueblo dominicano en septiembre de 1930, cuando nos azotó el ciclón de San Zenón.

¡Haitianizándonos!, frente a la indiferencia e irresponsabilidad de las autoridades del Ayuntamiento de esta legendaria ciudad de Santo Domingo. Por todas las calles de todos los barrios que la conforman, en diferentes esquinas, venta de frutas y comida, manejadas por haitianas y haitianos y las calles, una inmensa mayoría, por la que transitan en triciclos y carretillas, vendedores de cocos, guineos, mangos y naranjas.

No existe autoridad, ni municipal y menos de la Policía, institución creada bajo el criterio de que es “una autoridad civil uniformada, para imponer el orden y mantener el respeto a todos los ciudadanos del país”, pero en el caso de las haitianas y haitianos del que hemos hablado, que deben ser sometidas al orden y respeto de esta ciudad, en la realidad son totalmente indiferentes.

El autor de esta columna escribió un libro, que va por su tercera edición en menos de cinco años, que lleva el título de “Haití y la República Dominicana: Un origen y dos destinos”; y debemos sentirnos complacidos y orgullosos, porque nuestro libro ha tenido esa demanda y por los elogios que hemos recibido, sobre todo de extranjeros, particularmente de España.

En ese libro hemos recogido la verdadera historia del pueblo haitiano, calificativo que no se corresponde con la verdad, porque Juan Bosch, el gran maestro político dominicano y de América, con la responsabilidad que tenía como escritor y ensayista afirmó, hace mucho tiempo, que Haití no era un Estado y en consecuencia no era una República; que Haití era realmente “Un conglomerado humano”.

Estamos en el mes de agosto, en el que conmemoramos y celebramos a partir del día 16, el inicio en Capotillo del levantamiento que se convertiría en “Guerra de la Restauración”, que en la realidad histórica es la gran epopeya del pueblo dominicano en la cual demostró, en una verdad incuestionable, que ha sido desde la génesis de su nacimiento “Un actor solitario de su historia”; verdad que motivó a Fidel Castro Ruz, personaje inmortal de la historia contemporánea universal, llamarlo “Pueblo legendario, veterano de la historia y David del Caribe”.

Es muy doloroso también, para quien escribe esta columna, fundador, militante y dirigente del Partido de la Liberación Dominicana, que fue concebido, creado, fundado y dirigido por Juan Bosch para servirle a nuestro pueblo. Y el maestro concibió esa idea, teniendo presente como antecedente el levantamiento revolucionario militar y popular, iniciado el 24 de abril de 1965. ¡Que no conviertan a Santo Domingo en el Puerto Príncipe Moderno!.

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Cosas que no ven

“Pero, en la realidad histórica y en la política, esas cosas que no se ven son más importantes que las que se ven”; la idea y la frase no son del autor de esta columna, sino del apóstol de la independencia de Cuba, José Martí, admirador y amigo del pueblo dominicano. Y decimos estas cosas porque el pasado 9 de junio del corriente año, escribimos una columna con el título de “En guardia”.

En esa columna decíamos que hay una caballería de “pseudo intelectuales, veletas sin rumbo, oportunistas y ascensoristas” que son al mismo tiempo agentes encubiertos de organizaciones internacionales, que hace tiempo quieren borrar del mapa geográfico de América a la República Dominicana para establecer en la Isla de La Española, un Estado integrado por dominicanos y haitianos.

Hemos pasado más de 50 años escribiendo en periódicos, para emisoras de radio, televisión y varios libros también, lo que quieren hacer con esta Patria nuestra, en la que Duarte, Sánchez y Mella y los restauradores, fundaron y rescataron a la República.

En su forma de escribir, en su lenguaje, fue lo que hizo público en sus escritos Víctor Grimaldi, embajador de nuestro gobierno en el Vaticano; Víctor ni habla ni dice mentiras, es un periodista veterano, autor de varios libros de historia, fue subalterno, discípulo, amigo y colaborador de Juan Bosch, el gran maestro político dominicano y de América.

Y aunque lo que él ha denunciado no sea toda una verdad incuestionable, se han producido acontecimientos, recientemente, que son parte de los preparativos que tienen como principal objetivo embarrar y desacreditar la figura del Presidente de la República, del gobierno del Partido de la LiberaciónDominicana, que es nuestro compañero Danilo Medina Sánchez.

.La consigna nuestra ha sido siempre que “La pelea es peleando” y la acompañamos diciendo que “en política solamente se hace lo que conviene”; y no conviene a los peledeístas, mujeres y hombres esconder la cabeza como el avestruz y quedarnos tranquilos, escuchando tantos disparates, mentiras y calumnias, contra el gobierno del PLD: Los gobiernos de nuestro Partido que han dirigido la nación, los que fueron encabezados por Leonel Fernández y el que es encabezado por Danilo Medina, no han sido los mejores gobiernos del mundo; pero en los momentos históricos que vivimos han desarrollado y auspiciado el crecimiento y el reordenamiento de la nación.

Tenemos todavía muchas cosas que enfrentar, reorganizar y solucionar: en la salud, en el orden agrícola, en la educación, en la garantía a los ciudadanos para su seguridad; planes y proyectos que para ejecutarlos no se puede improvisar. Nos lleva mucho tiempo, por la naturaleza de la composición social dominicana, como hemos explicado en otras oportunidades en esta columna y en los libros que hemos aportado a la familia dominicana.

¡Bien por Víctor Grimaldi!, es a nosotros, mujeres y hombres del PLD, a quien nos corresponde y estamos obligados a defender el gobierno que preside el compañero Danilo Medina Sánchez, teniendo presente, muy presente, que es con nuestra conducta, honesta, serena, valiente, como servidores públicos o como simples ciudadanos, que hemos nacido y nos hemos desarrollado en las escuelas, universidades, en las tareas agrícolas, como obreros, profesionales o en otras actividades de la vida, en este escenario geográfico que nos legaron como república los fundadores y restauradores de la misma. Reiteramos: “La pelea es peleando”.

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¡Haití: Otra Vez! (II)

En nuestras columna anterior publicada el 16 de Julio, relatábamos el momento en el que montado en el autobús de Caribe Tours, el presidente René Prevál se dirigió a saludar a Fidel Castro e inmediatamente le dijo, que tenía sumo interés de conversar con él porque quería que el gobierno cubano, enviara a su país una comisión de médicos que estuviese integrada por ginecólogos, ginecobstetras, pediatras, cirujanos y clínicos que eran profesionales que no existían en números suficientes en su país, para atender las necesidades más urgentes de los haitianos. Fidel le respondió diciendo que tenía que hablar con sus asesores para ver cómo podía Cuba ayudar a los haitianos. Fidel y el autor de esta columna, que era su Edecan Civil designado por el presidente Leonel Fernandez Reyna, volvimos a sentarnos en el asiento del cual nos habíamos puestos de pies y Fidel, dirigiéndose a nuestra persona, dijo: “bueno, yo creo que ellos no tienen dinero para pagar nuestros médicos”.

Al ser cuestionado por Fidel, respondimos; “Comandante, los organismos internacionales están invirtiendo en el pueblo haitiano, cientos de millones de dólares, suficientes para pagar a una comisión de veinte y cinco o treinta médicos que ustedes envíen a Haití”. Estamos hablando del mes de agosto de 1998, cuando Fidel realizó su primera visita a nuestro país. Dos horas más tardes, después de Fidel hablar con sus acompañantes, nos preguntó si podíamos invitar a René Prevál a la cena que se le ofrecía esa noche en la casa del compañero Hernán Vásquez Cabrera, y le contestamos que, aunque era una cena dedicada a su persona, estábamos seguros que no había inconvenientes. Le informamos a Danilo Medina, los deseos de Fidel, y nos autorizó a invitar a Prevál, a la cortesía que tenía el Comité Político del PLD, con el comandante de la Revolución Cubana.

En estos momentos, Haití está en peores condiciones económicas, sociales y políticas, después de haber sufrido aquel terrible terremoto que destruyó practicante a Puerto Príncipe en el año 2010 y ahora a esa situación se han sumado los desórdenes de hace apenas quince días, que en los asaltos y destrucción de las tiendas y supermercados de la ciudad y los terribles asaltos a los automóviles y vehículos de transporte que circulaban por las calles y los que se exhibían en las agencias de venta de vehículos de motor, y otros daños causando pérdidas, que se presume ascienden a más de ciento treinta millones de dólares; acontecimiento que no era esperado que se produjera, particularmente después de haber “celebrado elecciones”, eligiendo presidente y miembros del poder legislativo con el auspicio de organizaciones internacionales.

El autor de esta columna reitera la necesidad de que el gobierno dominicano ofrezca a Haití la construcción de esas policlínicas de ginecología y pediatría para que se ponga fin, o se lleve a su mínima consecuencias lo que ocurre con las haitianas que vienen a parir aquí, que lo único que genera esa conducta de los haitianos, son serios y graves perjuicios para el pueblo dominicano. Hemos hablado de diez o doce clínicas desde Montecristi a Pedernales, de un kilómetro o algo más de distancia de la frontera de los dos países y que reiteramos, el personal médico y de enfermería sea dominicano, o de otros países, así como que Francia, Canadá y Estados Unidos aporten los equipos y mobiliarios necesarios para el funcionamiento de las mismas.

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¡Haití: Otra Vez! (I)

En agosto del año 2007, el autor de esta columna publicó la primera edición de un libro que recoge varios y breves ensayos históricos con el título de “Haití y la República Dominicana: Un Origen y Dos Destinos”. Nos sentimos complacidos porque ha tenido una extraordinaria acogida y en el exterior, particularmente en España y en Centroamérica, al parecer lo han leído con mucha atención y tenemos cartas en nuestro poder, saludándonos por la publicación de ese ensayo; y lo único que debemos ratificar es que, al escribirlos, nos hemos atenido a la verdad absoluta, analizando el pasado y el presente. Ahora por los acontecimientos en días pasados en Puerto Príncipe, hemos recibido muchas llamadas, de personas, amigos y conocidos, que han comprado nuestro libro y titulamos esta columna, como lo habíamos hecho en otros trabajos publicados en el libro. Pero hablemos de algo que no debemos pasar por alto.

El Matutino “Diario Libre”, por el cual no tenemos ninguna simpatía, en su edición del lunes 9 de julio del corriente año en su página 16, titulado “Dialogo Libre”, publica una información bajo el siguiente título: “Francia quiere construir varios hospitales en Haití pero no hay interés de ellos”: y más adelante el primer párrafo de la información dice: “Francia quiere construir hospitales en Haití para ayudar a disminuir la cantidad de parturientas haitianas en la República Dominicana, pero el Gobierno de Haití no ha mostrado interés para que eso se produzca, señaló el embajador de ese país europeo en Santo Domingo, José Gómez.” Dice un viejo refrán, que para nosotros nos es español sino dominicano “Que para muestra basta un botón”. Y este debe ser el botón dos mil, o sea una de las pruebas que ratifican cual es el criterio, de las capas sociales más altas del conglomerado humano, que es la llamada “República de Haití”.

Saludamos con respeto la decisión del gobierno francés que viene a recoger algo que hemos dicho desde hace muchos años, porque la mayor parte de nuestra vida, de niño y adolescente, la vivimos en la frontera y en la Línea Noroeste y no recuerdo haber escuchado decir que en “la Maternidad de Loma de Cabrera” que era la que existía en 1944, o en los hospitales de Dajabón, Montecristi o Villa Isabel, llamada ahora Villa Vásquez, las mujeres haitianas venían a dar a luz a sus hijos; y partiendo de entonces, cuando se inició ese capítulo, gobernando Joaquín Balaguer, pocos años después del 1965, se nos ocurrió la idea de que nuestro gobierno debía construir desde Montecristi hasta Pedernales, dentro del territorio haitiano, a un kilómetro de la frontera, por lo menos diez clínicas de maternidad donde nacieran los hijos de las haitianas.

Equipar esas clínicas debía ser un compromiso de Francia, Canadá y Estados Unidos, o de los organismos internacionales, aunque los médicos Ginecólogos, la mayoría fueran dominicanos, pagados por el gobierno de nuestro país o por esos organismos, que hoy están pagando a cientos de médicos cubanos, y de otras nacionalidades que están atendiendo al pueblo haitiano. La presencia en Haití de médicos cubanos fue autorizada por Fidel Castro en su primera visita a la República Dominicana a petición verbal de René Prevál, en presencia del autor de esta columna, dentro de un autobús de Caribe Tours. El Comandante Fidel Castro, nuestro amigo inolvidable, conversó con nosotros sobre la petición de Prevál, lo cual relataremos en la próxima columna.

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En guardia

El 25 de junio del corriente año, nuestra columna fue publicada con el título ¡”Por mal camino”! y en ella a grandes rasgos, remontándonos en el pasado por más de 60 años, recordábamos la época en la cual nos iniciamos en la hermosa y honradora carrera del magisterio; decíamos que comenzamos a conocer al pueblo dominicano porque vivíamos en un escenario que no tenía una riqueza excepcional, pero era el asiento de la compañía agrícola más poderosa del mundo, como se llamaba la United Fruit Company conocida en Centroamérica como “Mamita Yunai”, primera productora de guineos del mundo, cuya producción dominicana se vendía en territorio estadounidense.

Esa empresa llamada en nuestro país “Grenada Company”, tenía más de cinco mil empleados de los cuales dos mil quinientos eran trabajadores agrícolas.

Las características de ese escenario no se ha vuelto a repetir en República Dominicana y allí aprendimos, en términos reales, auténticos y verdaderos, lo que era en el orden social y en su composición, nuestro pueblo: valiente, decidido, agresivo, frontal, en el cual no existe la discriminación racial, por sometimiento de la esclavitud, como ocurrió en la mayoría de los pueblos latinoamericanos; por eso la columna que hemos recordado, era una advertencia a lo que estamos viviendo actualmente: el estado de inseguridad que se va extendiendo, al parecer, por todo el territorio nacional, en el cual aparecen de manera constante y permanente, ciudadanos haitianos que se han sumado a esa corriente de asesinos, feminicidas, ladrones, estafadores, provocadores y desenfrenados, que manejan vehículos como motocicletas, carros, autobuses y camiones, sin ningún temor a las autoridades encargadas de mantener el respeto a las leyes de tránsito y a garantizar y preservar la seguridad de todos los dominicanos.

Ahora, esa caballería de “veletas, oportunistas y ascensoristas”, que quiere decir arribistas, y agentes encubiertos de organizaciones internacionales, que hace tiempo quieren borrar del mapa geográfico de América, la República Dominicana y convertir a la nación que ocupa la parte oriental de la isla de Santo Domingo, en domicilio responsable y obligado a tener en sus hombros, esa carga con su desgraciada población que habita la parte occidental de la isla, llamada, embustera y caprichosamente, República de Haití, que en realidad políticamente no existe, lo que existe única y exclusivamente, como dijo el gran maestro político dominicano y de América Juan Bosch, es “un conglomerado humano”.

Ha llegado el momento de enfrentar con responsabilidad esta situación y los primeros responsables somos los hombres y las mujeres que militan en el PLD, que es el partido político que gobierna el país y que tiene la responsabilidad histórica frente al futuro, de lo que pueda suceder. Los primeros que están obligados a encabezar esa lucha son los compañeros jóvenes que aspiran a relevar la dirección del Partido entre los cuales está el autor de esta columna, dispuesto a apoyarlos en sus aspiraciones y sus obligaciones como militantes, formados en esa escuela inigualable, que creó y fundó Juan Bosch: “La pelea es peleando”; vamos a la pelea, enfrentemos a los viralatas, intelectuales, buscadores de empleo y de renombre, que quieren desplazar al PLD del escenario político nacional: ¡”En guardia compañeras y compañeros”!

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¡Juan Bosch, siempre!

El pasado Sábado 30 de Junio del 2018, se cumplió un nuevo aniversario del natalicio de Juan Bosch. El autor de esta columna está convencido, profundamente convencido, de que uno de los doce grandes próceres de la república de todos los tiempos, ha sido este hombre excepcional que ha honrado con su presencia en el escenario político nacional, no solamente al pueblo dominicano, sino también a todos los pueblos de América y del mundo, particularmente aquellos pueblos de Europa, África y Asia que lucharon tesoneramente por la independencia, la libertad, la democracia y el derecho a vivir como seres humanos beneficiados de todos los atributos y virtudes que son acreedores los que habitamos este planeta llamado tierra.

¡Que grande fuiste, Juan Bosch! y dentro de tu grandeza infinita e incuestionable, que herencia más hermosa nos dejaste, en las más de cincuenta obras que tu genio plasmó, muchas de ellas traducidas en otras lenguas y utilizadas hoy todavía como instrumentos de enseñanza en colegios, escuelas y universidades de primera categoría. Tu hombría motorizada por tu honestidad y firmeza de carácter sirvió de base para imponer tu don de líder y maestro, en el seno de una sociedad tan difícil como la nuestra, que al conocerla profundamente, después del regreso de tu largo exilio, te permitió describirla como no lo ha hecho ningún sociólogo en la historia cultural dominicana. Plasmada en ese libro que tiene como título “Composición Social Dominicana”. El autor de esta columna quiere hoy al recordarte, llamar la atención a mis compañeras y compañeros sin importar su jerarquía, categoría y los años que llevan militando en el PLD que nuestro compromiso es con tu memoria, que debemos respetar sin necesidad de explicaciones.

No me gusta escribir en primera persona, pero puedo asegurar ante el pueblo sin temor y sin dobleces, que el día que llegue a despedirme de la vida, que es una realidad que se impondrá, me puedo ir honrado, porque fui tu discípulo, compañero, asistente personal por más de veinte y dos años, profundamente convencido de que al estar a tu lado y servirte, le estaba sirviendo al pueblo dominicano, y a la República que fundaron Duarte, Sánchez y Mella, que rescataron a sangre y fuego a partir del 16 de agosto de 1863, Santiago Rodríguez, Pepillo Salcedo, Pedro Pimentel, Matías Ramón Mella, José María Cabral, Gregorio Luperón, Benito Monción y otros cuyos nombres están presentes en este momento. República que como Estado independiente, sin importar los acontecimientos que han sucedido, han mantenido como pueblo y nación su independencia y dignidad, como quedó, firme y decidida en el año de 1965, cuando a partir del 28 de abril de ese año obligamos al gobierno de los Estados Unidos de América, a sentarse en una mesa de negociaciones para discutir en un escenario de dignidad e igualdad, el acuerdo que obligó a las tropas de la nación más poderosa del mundo y de sus cómplices identificados como soldados de la mal llamada Organización de Estados Americanos, abandonar nuestras tierras sagradas por la enorme cantidad de sangre que ha derramado este pueblo calificado “Legendario, Veterano de la Historia y David del Caribe”.

Emociona realmente el recuerdo de los dominicanos, tener presentes ahora, mañana y siempre a esa figura, que fue la consigna y la insignia que levantamos a partir del 24 de abril de 1965, para reponer en las manos del pueblo el derecho a ser dueño de su propio destino: ¡JUAN BOSCH SIEMPRE!.

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Por mal camino

Hace ya muchos años, en algunas de las columnas que escribimos inmediatamente después del ajusticiamiento de Trujillo en mayo de 1961, la experiencia de años de magisterio que teníamos, desde la campaña de alfabetización que se inició en 1951, por mandato expreso del jefe del gobierno dominicano, y que fue el momento en el que nos iniciamos en esa carrera tan hermosa, en la cual dejamos 41 años de nuestra vida, alfabetizamos más de dos mil mujeres, hombres, adolescentes y niños en los bateyes de la compañía bananera Grenada Company en la que trabajaba nuestro padre.

Alfabetizamos en Walterio, Maguaca, Madre, Julián y Jaramillo, y esa experiencia a la edad de 15 años nos permitió formarnos una idea de lo que era realmente nuestro pueblo. Cuando Trujillo fue ajusticiado en 1961, el 60% de la población de nuestro país estaba alfabetizada.

Existían las escuelas primarias rurales en todo el país, así como también escuelas primarias y en los distritos más importantes había también escuelas normales llamadas después “liceos secundarios”.

Bajo la severa disciplina, represiva e intolerante de la dictadura, nuestro pueblo era un pueblo organizado, y fue esa situación que nos llevó a tener la idea de que un pueblo como el nuestro, por su composición social, solamente podía ser gobernado de dos maneras: educándolo íntegramente y enseñándole no solamente sus derechos y sus deberes sino también sus obligaciones y el respeto a las disposiciones legales de una sociedad organizada.

La otra forma que había ejercido Trujillo en su largo mandato era la forma de la intolerancia y la represión.

Estuvimos muchos años después, profundamente convencidos, cuando estudiamos la composición social de este pueblo y Juan Bosch iluminó la educación de este país, con su libro “Composición Social Dominicana”, del cual hemos hablado y seguiremos hablando toda la vida.

Ahora, en estos momentos, bajo los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana, que fundó Juan Bosch en 1973, anunciando que esa organización no era propiedad de nadie sino del pueblo dominicano, las cosas, al parecer, no van por el camino correcto. La increíble cantidad de delitos, crímenes, homicidios, feminicidios, y robos que suceden a diario en nuestro país, son más que suficientes para llamar la atención y elevar o profundizar nuestra preocupación. No son solamente los delitos de menos categoría y los crímenes y homicidios que se producen en el seno de la sociedad civil, sino también la cantidad asombrosa y alarmante de los crímenes y otros delitos que cometen las autoridades encargadas de mantener el orden público y las buenas costumbres.

No solamente oficiales, rasos y soldados de las Fuerzas Armadas, que la componen el Ejército de la República Dominicana, la Armada o antigua Marina de Guerra y la Fuerza Aérea Dominicana, que son las tres instituciones vitales y básicas para la existencia de la República Dominicana, a esas instituciones se suma la Policía Nacional.

No transcurre un día de la semana sin que algún miembro de las Fuerzas Armadas y más numerosamente de la Policía Nacional, aparezcan implicados en delitos de toda categoría, que realmente lo que hacen es no solamente avergonzar a quienes dirigen esas instituciones militares y policiales, sino a su vez a las autoridades judiciales, Ministerio Público, jueces, tribunales colegiados y desde luego también al Poder Ejecutivo.

¡Mucho cuidado pueblo dominicano, y mucho cuidado Partido de la Liberación Dominicana, que la responsabilidad es de todos nosotros, como guías del destino de la nación dominicana!

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¡Por Buen Camino!

Los periódicos matutinos más importantes del país publicaron en sus primeras páginas del viernes pasado, la inauguración de la construcción de la segunda línea del teleférico y terminal de autobuses de la ciudad de Santo Domingo de Guzmán, de sus provincias y municipios limítrofes que conforman, en realidad, la antigua ciudad de Santo Domingo que se ha extendido y crecido, desorganizadamente, que tienen en toda su extensión, Distrito Nacional, capital de provincias y municipios aproximadamente 4 millones de habitantes, que no es mucho. El presidente de la República Dominicana, Danilo Medina, había inaugurado el teleférico de la parte oriental que es otra novedad extraordinaria, que no tiene paralelo en la región de Centroamérica y el Caribe.

Esas decisiones del gobierno que preside el compañero Danilo Medina, son las que demuestran de manera indiscutible el grado de modernización que han imprimido los gobiernos del PLD, los primeros presididos por Leonel Fernández y los segundos por Danilo Medina Sánchez. Estos dos gobiernos han modernizado totalmente la infraestructura física de la nación, porque además de las carreteras, puentes, caminos vecinales, edificios escolares, reconstrucción de hospitales, se ha dado un real ejemplo con la dedicación del gobierno a la producción agrícola, ganadera, porcina, avícola y de otra naturaleza en todo el territorio nacional. ¡Qué buenos gobiernos y que trabajadores los gobiernos del PLD!. El autor de esta columna reitera, por vigésima vez, ahora más que nunca, que es la única nación del Caribe y Centroamérica, por no ir más lejos, que produce el 90% de lo que consume, es la República Dominicana.

Estamos recibiendo muchos reconocimientos desde el exterior, de organismos internacionales, entre los cuales, algunos como la OEA, que no tienen ni se merecen ningún respeto de nuestra persona. Una decisión de ese desacreditado instrumento represivo internacional, ha declarado a la expresión folklórica de la música del merengue, como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Cuantos años tardaron; el merengue como expresión típica de baile dominicano, se tocaba en New York y Europa y más tarde en otros lugares de Hispanoamérica, desde finales de la década de 1930 y principios de 1940. Cuantos disparates hablan de los primeros autores del merengue en tierras extrañas: los primeros fueron en Estados Unidos, Negrito Chapuseaux y Francisco Alberto Simó Damirón, más luego en Venezuela Billo Frómeta, pianista dominicano y su orquesta “Billo’s Caracas Boys”, el tercero quien lo popularizo en Estados Unidos y Puerto Rico, fue Ángel Viloria y su “Conjunto Típico Cibaeño” y más luego en Europa, particularmente en España, Napoleón Zayas, excelente saxofonista, que lo interpretaba con una orquesta que tenía el nombre de su majestad, en homenaje a la hija de Trujillo, Angelita y que luego recibió el nombre de Anacaona.

Todos estos acontecimientos, políticos, culturales, musicales, están siendo avalados por la pléyade de peloteros dominicanos que juegan beisbol en los Estados Unidos y que han obtenido premios de todas las categorías, encabezados por Juan Marichal, Pedro Martínez, y Vladimir Guerrero y faltan muchos más que vendrán luego a poner en alto el nombre de este pequeño país, heroico, coherente, valiente que ha sabido enfrentar dando ejemplo de admiración al mundo entero, todas las amenazas, los planes e intentos de destruirlo. ¡Por buen camino vamos pueblo dominicano, “Legendario Veterano de la Historia, David del Caribe y Actor Solitario de su Historia”!.

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¡30 de mayo 2018!

Pasado mañana miércoles, se cumplen 57 años del ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina, que había gobernado a nuestro país por más de 30 años.

El autor de esta columna que ha estado escribiendo sobre la composición social dominicana, se siente obligado a realizar una pausa, para tratar aspectos sobre el episodio que hemos señalado, porque es nuestra obligación como maestro, de reiterar algunos juicios, que son fundamentales y obligatorios para los políticos profesionales, especialmente mis compañeros del PLD, cuyo gobierno encabezado por Danilo Medina Sánchez, dirige la vida presente y posiblemente futura, de la nación.

Y queremos recordar que hace aproximadamente 8 años recibimos una comisión de profesionales e intelectuales, nativos de San Cristóbal, que tenían la idea de hacer un monumento en el parque central de esa ciudad, frente a la iglesia, en la cual estuvo ubicada la casa en que nació Trujillo.

Nos pidieron que redactáramos lo que debía figurar en la tarja que se iba a instalar en ese lugar. Así lo hicimos y queremos darlo a conocer: “En este lugar estuvo la casa en la cual nació, el 24 de octubre de 1891, Rafael Leonidas Trujillo Molina, hombre a quien el destino deparó la oportunidad, a partir del 16 de agosto de 1930, de gobernar al pueblo dominicano.

Ejerció su autoridad, a sangre y fuego, hasta el 30 de mayo de 1961, fecha en que cayó ajusticiado. Sus condiciones políticas le permitieron ejercer el mando, imponiendo un régimen eficiente, organizador, constructor, agresivo e intolerante, con imborrables matices asesinos, como expresión de su avasallante personalidad.

Transformó radicalmente a la nación en el orden económico, social y político, incorporándola institucional y definitivamente al siglo XX”.

La idea de las personalidades que nos visitaron en relación con el parque central de San Cristóbal, no ha podido materializarse, pero de diez íntimos amigos del autor de los cuales dos han fallecido, Marcos Pérez Collado y Pompilio Bonilla Cuevas y ocho más que sufrieron prisión y persecución del régimen trujillista y están vivos, al leer lo que escribimos, con una asombrosa identidad de criterios, aceptaron esa descripción histórica como honesta, verídica y acertada.

A la que se han sumado dos libros, ensayos históricos, del autor que son: “Trujillo monarca sin corona”, con cinco ediciones y “Los magnicidios dominicanos”, con tres ediciones, que tienen una demanda importante en el extranjero, por dominicanos ausentes y por nativos de esos países. “Trujillo monarca sin corona”, ha sido calificado como un libro best seller de importancia histórica incuestionable, de las dictaduras hispanoamericanas.

Hoy, 57 años después está presente en el orden económico, social, educativo, militar y político la actuación en nuestro país del feroz y agresivo gobernante, que como hemos señalado, incorporó al país al siglo XX.

Trujillo, en la realidad histórica, era el capitalismo con los matices de su personalidad. La fortuna que personalmente acumuló en esos 31 años de gobierno, al momento de su muerte estaba valorada en 320 millones de dólares de ese entonces; lo único doloroso y lamentable y que debe ser criticado siempre, es que esa fortuna que era propiedad del pueblo dominicano, como lo decía Trujillo, y lo ratificó después el gran maestro político dominicano y de América Juan Bosch, fue sustraída o robada por manos ajenas, cuya conducta es imperdonable.

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El Pueblo Dominicano II

El mes de mayo en la historia contemporánea dominicana, tiene una importancia extraordinaria. En este mes, el día 5 de mayo de 1965, se juramentó, en la puerta de El Conde, como Presidente de la República en Armas, Francisco Caamaño Deñó, impuesto por Juan Bosch, para que dirigiera al pueblo dominicano, frente a la abusiva e injusta intervención de las tropas del gobierno de Estados Unidos de América en nuestro país.

El 19 del mismo mes y año murieron en el asalto al Palacio Nacional, Rafael Fernández Domínguez, Juan Miguel Román, Euclides Morillo, Ilio Capocci, otros combatientes constitucionalistas, y el 30 de mayo de 1961 cayó ajusticiado en la prolongación del Malecón de Santo Domingo, Rafael Trujillo Molina. Pero son las circunstancias las que determinan, obligado por la numerosa petición de los lectores de esta columna, continuar con el tema que habíamos tratado.

Hablábamos del libro de Juan Bosch, Composición Social Dominicana, que cuando fuimos distinguidos y honrados de presentar su 6ta. edición en 1976, señalábamos que “lo que hizo el profesor Juan Bosch, al escribir Composición Social Dominicana, no fue repetir como un papagayo lo que habían dicho Marx y Engels y los demás maestros del materialismo histórico, sino usar el método de pensar de esos maestros y aplicarlo a la historia dominicana”.

Al hacer eso descubrió que las luchas de clases que se han llevado a cabo en nuestro país principalmente, y sobre todo, a partir del nacimiento de la República hasta poco después de la llegada al poder de Trujillo, ha sido entre diferentes sectores de la pequeña burguesía y no entre burgueses y proletarios.

Ese descubrimiento pasó a explicar muchos aspectos de nuestra historia que nos llenaban de confusión a los que la estudiamos, pero para llegar a ese descubrimiento, que es trascendental en la historiografía dominicana, el profesor Bosch tuvo que profundizar seriamente en el campo socio histórico, para darse cuenta de que en nuestro país, como en cualquiera que tenga las características sociales nuestras, no hay un pequeña simple burguesía; hay un complejo pequeño burgués compuesto por una alta, una mediana y baja pequeña burguesía, y dentro de la capa de la pequeña burguesía hay además una pequeña baja burguesía pobre y otra muy pobre y es de estas dos últimas capas de donde sale nuestro lumpen proletario, a quienes los dominicanos comúnmente llamamos “tigueraje”.

Realmente la composición social del pueblo dominicano, aunque como decíamos, tenemos identidad en el idioma, en los hábitos de vida, las costumbres y la religión, con la totalidad de los pueblos hispanoamericanos, ratificamos que aquí, en el escenario geográfico de lo que es hoy la República Dominicana, no existió la esclavitud; ni un Estado de sumisión y explotación como los que existieron en otro pueblos hispanoamericanos como son los casos de Cuba, Puerto Rico, México, Centroamérica, Venezuela, Colombia, Brasil y la totalidad de las naciones andinas y esa realidad histórica, incuestionable, fundamentada en conceptos científicos de la verdad, es la que ha convertido a nuestro pueblo, que desde su génesis ha combatido contra españoles, ingleses, franceses, haitianos, españoles de nuevo a partir de agosto de 1863 y con las tropas de infantería de Estados Unidos de América, llamado el país más poderoso del mundo, cuyos representantes diplomáticos a partir de junio de 1965, se vieron obligados a sentarse en una mesa de negociaciones, en las reuniones que se celebraron en el 3er piso del edificio Copello, ubicado en la calle El Conde esquina Sánchez de la legendaria ciudad de Santo Domingo. Continuaremos…

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El pueblo dominicano

Desde el inicio del año 2018, numerosos amigos, del autor de esta columna, no podemos decir cuántos se comunican con nosotros a diario, por ese instrumento de tortura y loquera que es el teléfono, particularmente los llamados celulares. Hablan profundamente preocupados por el desorden extraordinario, que es calificativo correcto, que se produce todos los días en los medios de comunicación radiales y televisivos, de una cantidad realmente tan grande mujeres y hombres, hablando de todos los temas, particularmente el político; y como consecuencia del mismo incursionando en el terreno de la historia con ignorancia total que nos preocupa.

Esa conducta de mujeres y hombres en nuestro país, tiene que ser enfrentada por los sectores del gobierno del PLD que preside el compañero Danilo Medina; por el Ministerio de Educación y por nuestro Partido, que es el responsable de dirigir el destino de los dominicanos.

Juan Bosch, el Gran Maestro Político, dominicano y de América, percibió desde que regresó al país en 1961, después del ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina, lo compleja que era la composición social dominicana.

Muchos años después, en 1970, fue que escribió ese ensayo extraordinario que se llama Composición Social Dominicana, que no sabemos cuántas ediciones tiene, pero debemos recordar que fue el autor de esta columna quien recibió el honor y distinción de presentar la 6ta. edición de ese ensayo en 1976, en un concurrido acto al que fueron invitados los profesores de historia de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, así como numerosos intelectuales y periodistas. No tenemos la cantidad, pero este libro debe andar muy por encima de 60 ediciones. Solamente ese gran maestro inigualable, que fue Juan Bosch, pudo escribir una obra de esa naturaleza.

Ella es la que nos explica, con esa prosa única de su autor, cual es la composición social de nuestro pueblo: hablamos el mismo idioma de todos los pueblos hispanoamericanos; tenemos las mismas costumbres y los mismos hábitos de vida, que los pueblos de origen español de nuestro continente; pero en la realidad histórica hay una diferencia profunda con ellos, que tiene su origen en que Santo Domingo español, en términos absolutos, no existió la esclavitud.

Los conquistadores españoles en los inicios del siglo XVI, cuando llegó Diego Colón a La Española como gobernador y Virrey, presentó sus credenciales como dueño de las tierras que su padre, Cristóbal Colón, había incorporado a la Monarquía española.

Años después, hacia 1520 extinguida la población aborigen que existía, que no ascendió a más de doscientos cincuenta mil habitantes, quedaron tal vez, cinco mil familias españolas y más de sesenta y cinco mil negros, que fueron traídos como esclavos, que eran mujeres y hombres que procrearon las mujeres, hijos con los blancos españoles y terminaron las mujeres blancas españolas amancebándose con los negros esclavos domésticos, de donde salió el llamado color dominicano.

Aquí, en el idioma que habla nuestro pueblo, no se conoce la palabra “Amo, ni Ama, ni Señorito ni Nana, ni Aya” las cuatro palabras de autoridad y distinción más usadas son: “Don, Doña, Patrón y Jefe”. Esa realidad es la que identifica, explica y define a los dominicanos. En otra oportunidad volveremos a tratar el tema.

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