Margarita Cedeño

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Neurociencia para la innovación

A propósito de que este 2019 ha sido declarado “Año de la Innovación y la Competitividad”, es pertinente hablar sobre el rol de la neurociencia para potenciar la capacidad innovadora de los seres humanos, ya que, al final de cuentas, innovar es idear y crear, que es lo mismo que poner el cerebro en acción al servicio de la humanidad.

Para que la innovación sea parte de la cultura dominicana, es esencial sistematizar el proceso de creatividad y educar a la población sobre cuáles son los pasos necesarios para producir innovación, tanto a nivel individual como colectivo.

Si aspiramos a lograr resultados diferentes en el contexto de la sociedad y de las organizaciones, resulta necesario comprender el proceso de la innovación y aplicarlo a los modelos organizativos y al sistema educativo.

No se puede confundir la creatividad con la innovación, la primera es la acción de generar nuevas ideas, la segunda es la aplicación de dichas ideas en un espacio, organización o conglomerado. Como ha dicho William Coyne, la creatividad es el concepto y la innovación es el proceso.

Es por ello que la innovación se sustenta en procesos cognitivos efectivos, que demandan de nuestro cerebro una cierta capacidad de adaptabilidad y evolución que ha llevado a la neurociencia a investigar cómo podemos potenciar la capacidad cerebral en los seres humanos.

Las neurociencias pueden generar en las organizaciones mejoras de la gestión y los recursos, que promuevan y faciliten la innovación y el cambio. Destacados especialistas como Schwartz destacan que hay que profundizar en los mecanismos neuronales que subyacen a la toma de conciencia de la innovación y favorecer el desarrollo de nuevos y complejos circuitos neuronales necesarios para superar la resistencia al cambio y a la mejora.

El cerebro tiene la capacidad de evolucionar y desarrollar nuevas conexiones neuronales, lo que los expertos han llamado la Neuroplasticidad, pero puesto ante la necesidad de sobrevivir o evolucionar, elegirá en automático la primera, es decir, la supervivencia.

Como la innovación por definición es evolución, tenemos que trabajar desde la neurociencia, para que nuestros educadores aprendan y enseñen a innovar, de forma que las futuras generaciones cultiven el arte del aprendizaje continuo.

Como dice Facundo Manes, el saber es la mayor riqueza de un país, y para aprovecharlo tenemos que impulsar en los ciudadanos la capacidad de innovar y presentar soluciones pertinentes y viables a las problemáticas que enfrentamos.

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Crisis de confianza

La región de América Latina y el Caribe enfrenta una crisis de desconfianza hacia las instituciones públicas, que debe preocupar a los entes públicos y mover a la acción a quienes participan del espectro donde se mueven los partidos políticos, las organizaciones no gubernamentales y, claro está, las instituciones públicas.

Los ciudadanos demandan mejores servicios públicos, sin embargo, existen serias brechas entre estas aspiraciones y el compromiso de dedicar una mayor parte de sus ingresos al pago de impuestos o tasas de servicios.

Al final de cuentas, como ha publicado el Banco Interamericano de Desarrollo en un reciente informe, que ha sido discutido bastante en el país, los ciudadanos «prefieren los programas gubernamentales que ofrecen resultados inmediatos», en lugar de los programas que dejan beneficios en el largo plazo.

La pregunta que ya ha surgido en otras ocasiones, pero que aún espera respuesta, es cómo pueden los funcionarios públicos, electos y designados, recuperar la confianza pública.

La cuestión se propaga desde dentro hacia afuera. Inicia en el círculo familiar, continúa en el círculo comunitario hasta llegar a la esfera nacional. Por ejemplo, el más reciente Latinobarómetro indica que un 63% de los ciudadanos brasileños tiene poca confianza en los miembros de su comunidad. En contraste, en Estados Unidos, ese número baja hasta un 20%.

Es un indicador de cómo se está construyendo la dinámica de vinculación dentro de las comunidades, lo que a la corta y a la larga, se refleja en la interacción con las instituciones y las personas que hacen presencia en cada demarcación.

Las instituciones públicas deben, por ende, ahondar en lo que sucede dentro de las comunidades, para abordar la situación de desconfianza existente. Como bien indica el informe del BID, aunque los ciudadanos son quienes eligen a sus representantes, el sistema político-institucional existente crea un incentivo perverso enfocado en logros en el corto plazo, en lugar de la implementación de políticas públicas complejas y que requieren tiempo para generar resultados.

Para algunos resultará ocioso el tema, pero en general, a simple vista, es una realidad que está generando graves consecuencias en varios países de la región, que resultan en un menor desarrollo económico y una menor inversión social.

La situación se convierte en un círculo vicioso, en la misma medida en que la desconfianza se extiende desde los actores institucionales hasta sus políticas y viceversa. ¿Sobrevivirá la democracia a la crisis de confianza? Al cómo que ya hemos esbozado antes, se suma esta inquietud que es filosófica y práctica.

Hay cambios estructurales que tendrán que esperar. La usanza de la política dominicana advierte que es mejor iniciar con pequeños avances, aunque significativos. En consecuencia, debemos apostar por reformas a lo interno de las instituciones, que al sumarse, generen cambios en los distintos sectores de la sociedad.

Esa tarea debe iniciar en las comunidades, como primer punto de aglomeración política, facilitando el ejercicio ciudadano de los derechos y deberes, con transparencia y un enfoque hacia la rendición de cuentas.

El empoderamiento colectivo de los ciudadanos es esencial. Los partidos políticos cargan con el mayor peso para que una mayoría de los ciudadanos vuelvan a sentirse representados por las instituciones públicas.

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Ética digital

El mundo se ha volcado con determinación hacia el espacio digital, por muy diversas razones. En algunos casos por el deseo de estar comunicado, en otros por la necesidad de obtener una información o por la comodidad de apoyarse en la tecnología para ser más productivos y aprovechar mejor el tiempo. No importa el por qué, la humanidad está poniendo la tecnología y sus herramientas, al servicio de sus intereses.

Como ha sucedido en otras ocasiones en la historia, los grandes avances cualitativos y cuantitativos, han traído consigo amplios debates sobre cuál debe ser la media con la cual se mida el comportamiento de la humanidad. Es decir, cuáles son los principios universales que deben regir el uso que los seres humanos damos a las herramientas y recursos puestos a nuestra disposición.

Es un debate en torno al comportamiento ético de los ciudadanos cuando se enfrentan al dilema de que los avances en la ciencia cada vez más nos hacen sentir como si todo fuera posible para el ser humano, cuando en realidad, no lo es. Los límites deben ser establecidos desde la ética, por ende, la ética misma se convierte en un fenómeno humano que está permanentemente inconcluso, por lo que debe refinarse de generación en generación. Algunos ya afirman que la ética es el gran proyecto común en la historia de la especie humana.

Ese gran proyecto que constituye un reto para el mundo digital, puesto que la tecnología bien puede ayudar a la construcción de una sociedad abierta, pluralista, tolerante, justa y equitativa; como también puede servir para ahondar las dificultades existentes y profundizar las brechas entre los entes sociales. La diferencia está en la forma como podamos potenciar las oportunidades positivas que genera la innovación digital, porque sin lugar a dudas, el progreso que genera la era digital ha de estar al servicio de todos y de la sostenibilidad del planeta.

Al hablar de ética digital, tenemos que abordar con responsabilidad la necesidad de articular un conjunto de reglas que gobiernan las interacciones que suceden en el ámbito digital. ¿Qué es aceptable y qué no en el uso de las redes sociales? ¿Cómo se define el buen uso de la información personal que otorgamos a entes públicos y privados? ¿De qué manera podemos formar conciencia sobre la responsabilidad de cada individuo en el uso de las herramientas digitales?

Un pragmático diría que, por tratarse de un territorio inexplorado, donde aún no existen reglas claras, sería tolerable un margen de errores, hasta tanto se defina un marco normativo. Sin embargo, la ética se trata de fundamentos, principios que están inscritos en el código genético de la humanidad y que son de aplicación universal, sin importar el ámbito de que se trate. Los principios comunes del mundo <> se encuentran en los derechos humanos, en el compás de los valores, en la libertad, la igualdad y la solidaridad.

Al debate sobre la ética digital debemos sumarnos todos, porque requerirá rigurosidad en la tarea de definir un marco común aplicable a todos los usuarios del internet y la tecnología en general.

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El riesgo demográfico

El estudio de las tendencias y el acopio de informaciones precisas sobre la configuración demográfica de la sociedad, son el método que más nos acerca a la predicción sobre el futuro de un conglomerado de personas, una nación o un país.

Es un tema de tan alta relevancia, que países como España han creado organismos públicos a cargo de enfrentar el reto demográfico, que para ellos significa el desarrollo de una estrategia nacional para dar respuesta el envejecimiento poblacional, el despoblamiento territorial y los efectos de la población flotante.

Para la República Dominicana parecería un tema que no es urgente, pero al contrario de lo países europeos y otros más desarrollados, países con las condiciones demográficas nuestras, requieren abordar el tema con mayor urgencia y determinación.

En toda América Latina se habla de un bono demográfico que debe ser aprovechado por los Gobiernos, para impulsar una mayor inclusión en el desarrollo productivo. Para la región, ese bono supone que hoy en día hay más personas en edad de trabajar, que las que son dependientes o que necesitan asistencia económica. Pero esta realidad solo se puede traducir en una ventaja para nuestros países, si las personas en edad de trabajar efectivamente logran insertarse con éxito en el mercado laboral.

La paradoja que enfrenta la región es que, a pesar de disfrutar del bono demográfico, 1 de cada 5 jóvenes ni estudia ni trabaja, los ya famosos “Ninis”. Se han discutido muchas estrategias y acciones para enfrentar esta realidad, pero ha llegado la hora de buscar soluciones en el corto plazo al tema, porque el tiempo apremia.

Como advirtió Pablo Gottret del Banco Mundial en un Foro realizado la semana pasada en el país, América Latina corre el riesgo de envejecer siendo pobre, lo que generaría una presión económica adversa a nuestros sistemas de protección social y los sistemas sanitarios, puesto que no podrían asegurar la calidad de vida de todos los ciudadanos ni atender efectivamente el gran volumen de personas que requerirían servicios.

Es menester profundizar sobre los mecanismos de articulación entre formación y mercado laboral, a la vez que se favorezcan los trabajos que inciden en la movilidad social ascendente, para que los jóvenes de hoy, al llegar a su edad de envejecimiento, puedan disfrutar de los frutos de una vida productiva.

En el centro de la estrategia deben estar ciertos aspectos fundamentales: la formación técnico-profesional y las pasantías profesionales, que preparan a los jóvenes para ser parte de un mercado productivo cuyos retornos propician movilidad social, y por otro lado, la alineación de las ofertas formativas con las necesidades del mercado, un elemento crucial para que se mantenga un ritmo constante en el mercado laboral. A la vez, no se puede ignorar la necesidad de regenerar las zonas más vulnerables con una óptica sociológica.

Las políticas demográficas no pueden estar alejadas de los ámbitos de decisión política, porque necesitamos estar preparados para lo que viene en las próximas décadas. Es un reto que tenemos que abordar.

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Democracia ilógica

Detrás del telón, la democracia y sus instituciones, tal como las conocemos, son cuestionadas constantemente por los ciudadanos. Diversos factores fundamentales sustentan la poca – o casi nula – confianza de los ciudadanos en la democracia actual.

Con la llegada del periodo pos-imperialista se han creado expectativas en la población mundial, en torno a la globalización de la democracia como la estructura capaz de generar una mayor igualdad entre los ciudadanos. Aunque los avances de la humanidad en ese sentido han sido notables, el progreso no llega a la velocidad requerida por los ciudadanos. Todavía muchos ciudadanos en todas partes del mundo, albergan el temor de morir sin llegar a disfrutar del desarrollo económico y social prometido.

La consecuencia natural es una erosión de la confianza que tienen los ciudadanos en las estructuras democráticas y en las instituciones políticas, que se maximiza por el inevitable deseo de los seres humanos de obtener resultados relativamente inmediatos.

Yuval Noah Harari, el muy reconocido autor de “21 lecciones para el siglo XXI”, lo describe de la siguiente manera: “la humanidad está perdiendo la fe en el relato liberal que ha dominado la política global en la últimas décadas”, un relato que, en resumen, nos dice que “si continuamos liberalizando y globalizando nuestros sistemas políticos y económicos, generaremos paz y prosperidad para todos”.

Es cierto que se pueden reconocer grandes avances en la humanidad, porque no hay medida alguna que no refleje una mejora de las condiciones y el bienestar de quienes habitamos la tierra. Sin embargo, la democracia liberal que impulsamos no ha logrado traducir esos logros en un reconocimiento por parte de los ciudadanos, que le legitime y le permita continuar siendo el sustento de la vida en sociedad.

En poco tiempo, el cuestionamiento a la democracia ha pasado de los círculos académicos a la realidad política. Muestra inequívoca de ello son el Brexit, el resultado de las elecciones recientes de varios países y las constantes protestas ciudadanas que observamos en todas las latitudes.

En consecuencia, hay algo de ilógico en la democracia. Estamos mejor que nunca antes, sin embargo, confiamos cada vez menos en el sistema que ha propiciado el avance que vivimos. Hoy se hacen más constantes las advertencias ante la peligrosa deriva autoritaria de nuestras sociedades y el resurgimiento del nacionalismo extremista y hasta el mismísimo fascismo. A los más nacionalistas se les olvida que en un mundo globalizado, tenemos que ser leales a los nuestros, pero a la vez, también hay que ser responsables con el resto.

La respuesta a este dilema parece ser “regresar a los orígenes”, como dice Juan Luis Cebrián, argumentando a favor de una opinión pública correctamente informada, capaz de ejercer sus derechos individuales en total libertad, con actores imparciales que puedan arbitrar los procesos.

Sin embargo, la base fundamental del cuestionamiento a la democracia y a la política sigue siendo el prestigio perdido de sus instituciones, que impacta a todo el ecosistema político, incluyendo a sus protagonistas y a los grupos de interés que le conforman.

No queda más que trabajar por un equilibrio entre la necesidad del cambio y el fortalecimiento de las bases originales de la democracia, con la certeza de que el péndulo que se mueve entre uno y otro, siempre se ponga del lado del bien común.

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Su cerebro y Usted

En la víspera de la puesta en circulación de la más reciente obra del doctor José Silié Ruiz, destacado neurólogo del país, resulta idóneo resaltar la importancia de colocar en el tapete el estudio de tan importante órgano del ser humano.

A estas alturas de su historia, la humanidad aún no logra descubrir del todo lo que puede hacer el cerebro. Aún falta mucho por profundizar en la rigurosidad científica, curiosidad académica y el entendimiento del ser humano en su realidad social y cultural, su trayecto evolutivo y su espiritualidad.

Henry Marsh, uno de los más reconocidos neurocirujanos del mundo, escribió alguna vez que hoy en día “mirar el cerebro es como contemplar una noche estrellada usando unos lentes baratos. Solo apreciamos una pequeña parte”.

Esa realidad es la que hace difícil llevar el conocimiento científico del cerebro al argot popular, a la cultura general y al colectivo. Hace falta mucho arrojo intelectual para nutrirnos del conocimiento necesario para comprender tan complejo órgano.

El inolvidable Eduard Punset siempre decía que “el alma está en el cerebro” y que nos falta un mayor análisis del cerebro humano y el comportamiento que este dicta, para así responder a un gran conjunto de cuestionamientos aún pendientes.

El mundo en el que ya vivimos es el de una sociedad que, gracias a la ciencia, podrá sobrevivir a todas las grandes enfermedades, aumentando considerablemente la expectativa de vida. Pero es también un mundo donde las grandes enfermedades del siglo XXI serán el resultado de cuestiones neurológicas y de comportamiento.

Del entendimiento del cerebro humano, vamos a adquirir el conocimiento necesario para combatir con mayor efectividad los males sociales que afectan a la humanidad, como el hambre, la miseria, la carencia económica, los problemas psicológicos, los comportamientos que llevan a crímenes contra la humanidad, la inseguridad ciudadana, entre muchos otros.

Cómo dice Facundo Manes, “somos nuestra experiencia, emociones, pasiones, sueños y esperanzas”, y todo eso lo procesa nuestro cerebro.

Temas tan importantes como la incidencia de los factores biológicos en la felicidad o la infelicidad, el análisis del condicionamiento cerebral hacia la desigualdad o igualdad de género, y el consiguiente comportamiento de las sociedades que han dado apertura a la equidad de género, son de sumo interés para las políticas públicas. Como bien indica el autor, hombres y mujeres compartimos el 99% del código genético, pero existe un 1% que nos hace diferentes.

Al estudiar el comportamiento de la individualidad comprendemos el de la colectividad. Es decir, que del análisis del cerebro humano y el comportamiento que este dicta podemos obtener un entendimiento del devenir de la sociedad, que nos ayuda a explicar tantos sucesos y a responder un gran conjunto de cuestionamientos.

La obra del doctor Silié, Su Cerebro y Usted, alimentará un acervo necesario de divulgación científica, vital para que la República Dominicana se inserte en un mundo cada vez más técnico, cada vez más tecnológico y cada vez más científico.

Es el testimonio de un dominicano valioso, un profesional dedicado al análisis profundo de su área de mayor experiencia, y a la vez comprometido con la divulgación del conocimiento para beneficio de la sociedad.

Sus escritos consolidan esa visión de que “el alma está en el cerebro” y que el fascinante mundo de conocimiento que aún desconocemos sobre este órgano vital del cuerpo humano despierta emociones profundas y una curiosidad fascinante. Una obra imperdible para comprender mejor a la humanidad.

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La Gran Guerra

Los historiadores han estudiado desde muchas perspectivas, los sucesos que desembocaron en la Gran Guerra o la Primera Guerra Mundial, un conjunto de sucesos bélicos que involucró a las potencias industriales y militares en el período comprendido entre 1914 y 1918.

En este año se conmemora el centenario del fin de la Gran Guerra, razón que ha llevado a los países de lo que entonces fue la Triple Alianza (el Imperio alemán, el Imperio Austro-Húngaro, el Imperio otomano y el Reino de Bulgaria) y los de la Triple Entente (Reino Unido, Francia, el Imperio Ruso, Italia, Japón y Estados Unidos), a reunirse en Francia para recordar a los que perecieron como consecuencia de este gran conflicto. Más de veinte millones de personas fallecidas fue el resultado trágico de este fatal evento, que fue preludio y antesala de la Segunda Guerra Mundial, que luego dejaría 70 millones de muertes más.

El <> del que escribe Nassim Taleb – reivindicado en el país por el dilecto amigo Tony Raful – jugó su papel en este conflicto de escala mundial. El asesinato en Sarajevo del heredero al trono austriaco, el archiduque Francisco Fernando, no podía generar por sí solo un conflicto de escala mundial, pero desencadenó un conjunto de eventos desafortunados que llevó a que las tensiones existentes entre los países de ambos bandos, se exacerbaran al punto de causar la Gran Guerra.

El 1914 marcó un punto de inflexión. Churchill escribió que <>. Pero al parecer, había en el aire ciertas patologías políticas y morales que crecían sin control, generando un idealismo que, en lugar de resultar en una revolución, generó una guerra, que a la postre generó revoluciones.

Julián Casanova escribía para El País, que <>. Ese era el caldo de cultivo para un conflicto beligerante que se esperaba fuera corto.

Sin embargo, la contienda se extendió por más de cuatro años, trayendo consigo la escasez de comida y materias primas que colocó al pueblo en contra de los imperios. Para el final de la guerra, sólo quedaban el imperio británico y el francés, todos los demás habían desaparecido.

La escasez mundial generada por una guerra que se extendió más de lo deseado, explica la ocupación militar norteamericana en la República Dominicana entre 1916 y 1924. El campo de batalla de la Gran Guerra eran los terrenos de producción de azúcar de remolacha y sus protagonistas eran los obreros de las grandes potencias mundiales. La inevitable alza en los precios que sobrevino impactó los grandes mercados, que respondieron con acciones como la escenificada en nuestro país, que generaron un saldo extremadamente positivo en la balanza comercial, que lamentablemente no se tradujo en una mejoría de las condiciones de vida de los dominicanos. Las consecuencias del conflicto, sin dudas, se extenderían aquí por muchos años por venir, incluyendo la aparición de la cruenta dictadura trujillista, a seguidas del dominio militar y policial de los años de la intervención.

El impacto de la Gran Guerra en América Latina en general es, todavía, un territorio poco explorado por la historiografía latinoamericana. Si bien es cierto que la mayor parte de los países de la región declararon su neutralidad, algunos se vieron obligados a subordinarse a los designios de Estados Unidos, como es el caso de Panamá y Cuba que eran protectorados de tratados; y Haití, Nicaragua y nuestro país, que funcionaban como protectorados de facto.

La Gran Guerra es el resultado de ideas exacerbadas, resultado de la visión de una élite político-social europea que generó las <> sin compresión alguna del resultado que tendría en la historia, invirtiendo en la guerra y no en la paz. A 100 años, el Papa Francisco y otras personalidades relevantes, nos hacen el llamado contrario, a trabajar por la paz de la humanidad y evitar otra Gran Guerra.

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Maestro del derecho

Con el fallecimiento del doctor Juan Manuel Pellerano Gómez, se ha ido uno de los grandes maestros del derecho dominicano, referente obligado para todos los que estudiamos la carrera de la toga, el birrete y las normas jurídicas. No fue solo uno de los padres del derecho constitucional en nuestro país, sino también el gran impulsor de la institucionalidad en el sector justicia.

Sobre esto último hay que resaltar su empeño y dedicación hacia la Escuela Nacional de la Judicatura, de la cual fue su primer Director, de manera honorífica, según cuenta Jorge Subero Isa en un reciente artículo, donde relata la génesis de una de las instituciones que más aportan al desarrollo del sector justicia en nuestro país. Hasta el 2011, el doctor Pellerano Gómez, primero como Director honorífico y luego como Miembro del Consejo Directivo, aportó a la formación de un amplio grupo de profesionales que hoy pueblan los tribunales y las cortes de nuestro país.

El doctor Pellerano Gómez llevó a la Escuela Nacional de la Judicatura mucho de lo que ya desarrollaba en su ejercicio privado. Su reconocido bufete es también una escuela por la que han pasado cientos, sino miles, de abogados y abogadas, que luego de su paso por allí, se han dedicado a las distintas ramas del derecho.

Los 60 años de experiencia del doctor Pellerano Gómez merecen el reconocimiento unánime de la sociedad dominicana, puesto que ha sido uno de los educadores que más ha influenciado al país, tanto en el ámbito de la ley, como también en su autoría de una amplia diversidad de libros y obras bibliográficas.

El reconocido “abogado de los abogados”, quizás el más completo del país, también realizó grandes aportes a la deontología jurídica, que humanizaron el desempeño profesional del derecho en la República Dominicana. Sus aportes al Colegio de Abogados y a lo que constituye el Código de Ética del abogado dominicano, son invaluables, al igual que la introducción del recurso de amparo, la promoción de la seguridad jurídica para inversiones en el país y la justicia constitucional en el país.

Muchos fueron los puestos públicos y privados que le fueron ofrecidos, pero el doctor Pellerano Gómez tenía la certeza de que sus mejores aportes eran desde su firma privada, con el ejemplo y sirviendo de inspiración a las generaciones que le sucedieron. No hay un abogado o abogada que si se le pregunta quienes figuran en la lista de los mejores abogados del país, no menciona a Juan Pellerano Gómez.

Los jóvenes futuros abogados y abogadas que llenan las aulas de nuestras universidades, deberían acudir con mayor frecuencia al estilo y ejemplo de una figura de la estatura profesional y moral del doctor Pellerano Gómez, puesto que el ejercicio del derecho en la República Dominicana, necesita de más personas como el, que encuentran el equilibrio entre un ejercicio privado próspero y el compromiso social con la mejora de la sociedad.

La influencia que ha ejercido en el devenir de su fecunda carrera profesional marcará por años el ejercicio del derecho de manera positiva. Nos queda su agradable recuerdo, su caballerosidad y gentileza, su amplio conocimiento del derecho y ejemplo a seguir.

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Construir unidad en el partido

Aquellos que redoblaron por varias semanas los tambores de la división peledeista, vieron acallados una vez más sus clamores, con una demostración contundente de disciplina partidaria y unidad del liderazgo político, con el balance que otorga la apertura a la diferencia de criterios y la validación de las decisiones en los organismos de mayor representatividad de la base, una muestra de respeto hacia los demás miembros del Partido de la Liberación Dominicana, lo que pocas veces se ve en la política.

Schattschneider, quizás el más importante estudioso de los partidos políticos en los Estados Unidos antes de la II Guerra Mundial, afirmó que “los partidos políticos crearon la democracia” y que la democracia moderna es impensable en otros términos que en los de los partidos. Este ha sido el consenso de las democracias y ha quedado demostrado en diversos procesos sociales y electorales que hemos podido observar alrededor del mundo.

Siendo así, toca al liderazgo de los partidos políticos construir la democracia hacia lo externo y hacia lo interno, sin dejar de lado el ejercicio de la autoridad que le confiere la norma jurídica y la delegación de poderes en el Partido.

Ahora bien, una pregunta interesante que se hacía Schattschneider en su obra “Party Governments” o “El Gobierno de los Partidos” era en torno a los procesos internos de los partidos, que en aquella época, – y quizás ahora también – no llamaban la atención de la opinión pública ni de los ciudadanos, mucho menos en los círculos académicos o de estudios, ni en quienes generan opinión.

Los partidos políticos crecen o mueren en torno a los torneos electorales. Por ende, la antesala lógica a los certámenes electorales, que son, sin dudas, las primarias de cada partido, deben constituir espacios de debate participativo sobre quiénes deben representar a la institución política ante los electores.

Lo que muy pocos comprenden es que alrededor de las decisiones del certamen electoral, como es el caso de la discusión sobre las primarias, también se discute sobre cómo se ejerce el poder dentro de la organización política. La forma como se relacionan las instancias centralizadas del poder político con las descentralizadas y locales, son reflejos de la salud de las relaciones internas del Partido y de cómo se manejan los procesos internos de una institución política.

Por eso, en un tiempo en que se premia la transparencia y la capacidad de rendición de cuentas, propiciar la participación y el consenso dentro de una institución tan grande como lo es el PLD, es un ejercicio de aplicación de los principios de la democracia, fortaleciendo las bases sobre las que se ha construido el ideal peledeísta.

James Madison, en sus famosos papeles federalistas, decía que “mientras la razón del hombre continúe siendo falible, y el hombre esté en libertad de ejercitarla, se formarán siempre distintas opiniones“, un recuerdo de que la diversidad de criterios es inevitable en todas las instituciones conformadas por hombres y mujeres.

Tocqueville, por su parte, insistió en que “a pesar de que las agrupaciones políticas, por definición, aspiran a imponer sus puntos de vista en la comunidad, en la práctica la interacción entre ellas ha contribuido al surgimiento de normas de tolerancia y de institucionalización de los derechos democráticos”.

En definitiva, ¿en torno a qué disputan los partidos? En torno a ideología e intereses. Lo que no podemos, al decir de Tocqueville, es aferrarnos “a los principios antes que a las consecuencias”. Estar listos para evolucionar y adaptarnos a una sociedad que ha cambiado y que tiene sus reclamos, requiere del balance entre el consenso y el disenso. El PLD está listo para el equilibrio.

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¿Qué daño hace formar en valores?

La presencia de las Sagradas Escrituras en los planteles escolares de la República Dominicana es indiscutible. La Biblia está revestida de una singular importancia y pertinencia para forjar valores cristianos en los niños, niñas y adolescentes, que por siglos ha demostrado ser vital para las relaciones armoniosas en las sociedades.

Todos los que hemos conocido la importancia de su lectura, colegimos en que la Biblia es el Manual de Vida por excelencia, porque en ella se encuentran instrucciones precisas para ostentar el modelo integral de vida que los miembros de la familia, como el núcleo que conforma la sociedad, deben aprender para el alcance de una sociedad saludable, justa y equitativa; con un desarrollo humano digno.

Su lectura nos ilustra en los valores con los que debemos conducirnos para ser ejemplo de ciudadanos correctos en todos los entornos que ocupemos, incluyendo nuestras propias familias. Siempre he dicho y reiteró que si viviésemos conforme los diez Mandamientos no habría cárceles, ni desgracias ni guerras.

El denominado Libro de la Ley, la Palabra de Vida, la Espada del Espíritu, ha contribuido a forjar lo que consideramos hoy derechos inalienables del ser humano, porque en sus preceptos están contenidas reflexiones esenciales sobre la dignidad humana y la vocación del hombre a ser bueno y honrado.

No es casualidad, entonces, que la Biblia haya sobrevivido guerras, cambios sustanciales de la sociedad, los vaivenes de la política y las grandes catástrofes de la humanidad. En consecuencia, tampoco es de extrañar que la Biblia, como Ley de Dios, haya inspirado a los seres humanos de todas las clases sociales, con sus escritos sagrados que son a la vez santos y autoritativos.

Si la naturaleza humana está ineludiblemente acompañada de sus creencias religiosas y espirituales, sean cuales sean, ¿no resulta evidente que el estudio del principal documento escrito que acompaña a la humanidad en su devenir espiritual sea parte integral de la formación humana?

Algunos advertirán que el Estado, como receptor y administrador de los fondos públicos no debería obligar a todos a aprender de tal o cual libro, pero la Ley 44-00, que modifica la Ley General de Educación, establece claramente el recurso del que disponen padres, madres y tutores para eximir a sus hijos, en el caso que quieran, del aprendizaje bíblico.

Lo lamentable de este debate público motivado por una Resolución que demanda el cumplimiento de dicha Ley que data del 2000, es que el Congreso Nacional, y en especial representantes de la oposición, exijan el cumplimiento de la Ley para la asignación de recursos económicos, pero no exijan lo mismo al momento de impulsar la formación religiosa de los estudiantes, que al final de cuenta es una formación ética, moral y basada en principios humanos que el concierto de países que habitan la Tierra, asumen como inalienables.

¿Qué hace más daño? Formar niños, niñas y adolescentes que no tengan temor a Dios, que no conozcan las enseñanzas de Jesús, que ignoren la importancia de respetar la dignidad de los demás; o por el contrario hace más daño que una ínfima minoría de ciudadanos que profesan una religión que no esté basada en la teología católica romana o la teología cristiana, no se vean reflejados del todo en el contenido de la formación humana y religiosa. Evidentemente, para estos últimos, siempre existirá la opción de estar exentos de la materia.

La Biblia es la misma para todos, con variantes sustentadas en la interpretación histórica, contextual e idiomática. Si bien es cierto que estas variantes son objeto de profundos debates teológicos, no menos cierto es que en el concurso de quienes siguen los preceptos de la Biblia, sea cual sea la denominación religiosa que profese, se aplican los principios de la democracia, la igualdad y la justicia social, que al fin y al cabo es de lo que estamos sedientos.

Y yo me pregunto: ¿Porque leamos o aprendamos del comunismo, nos convertiremos en comunistas? Profesar una religión o ninguna, ser comunista, demócrata o socialista, siempre es una decisión desde la razón del Ser humano, pero para tomar decisiones sensatas y coherentes hay que estar informados.

En un mundo complejo, que bombardea a nuestros hijos con informaciones incontrolables, que les desorientan y les llevan por el camino equivocado, los legisladores deberían tomar más de su tiempo para regular el inmensurable cúmulo de estímulos negativos que reciben nuestros hijos, en lugar de poner en cuestionamiento el libro que sustenta la fe de los dominicanos y dominicanas.

Ahora más que nunca se necesita enseñar respeto y amor. En esta era de lo absurdo y de la civilización del espectáculo, promover contenidos positivos parece ser una pequeña gota en un océano de barbaridades. Pero es la forma como podremos generar cambios positivos en las comunidades del país, para así guiarnos más por los valores bíblicos y menos por los antivalores que escuchamos y vemos en todas partes.

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Seguridad alimentaria y nutricional

Durante esta semana se reúne el Comité Mundial sobre Seguridad Alimentaria de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en conmemoración al Día Mundial de la Alimentación, que se celebra cada 16 de octubre a nivel mundial.

El encuentro que reúne a agencias internacionales, gobiernos y miembros de la sociedad civil, sirve de escenario para conocer el informe sobre el estado de la alimentación y la agricultura en el mundo, una radiografía que desnuda la realidad económica y social de la seguridad alimentaria y nutricional a nivel mundial.

En esta edición, se ha prestado especial atención al impacto de las migraciones, un tema que preocupa a la comunidad internacional por su complejidad. La inmensa cantidad de personas que migran de las zonas rurales hacia la ciudad, en búsqueda de oportunidades y una mejor calidad de vida, tiene un impacto negativo en el desarrollo rural y en la agricultura, lo que a la postre pone en juego la seguridad alimentaria y nutricional.

En los países en desarrollo, la migración del campo a la ciudad alcanza el 50% de los movimientos humanos hacia lo interno de los países, lo que indica un abandono de las zonas rurales. Es por ello que hay que trabajar con urgencia en la implementación de políticas públicas coherentes, que apuesten a un balance entre migración, desarrollo de las zonas rurales y promoción de la agricultura sostenible.

En ese tenor, la oportuna presentación del Plan Nacional para la Soberanía y la Seguridad Alimentaria y Nutricional de la República Dominicana coloca al país en una posición idónea para construir esas políticas coherentes que se requieren para asegurar la disponibilidad de alimentos y la nutrición adecuada de la población.

Al Plan se une el gran esfuerzo que realizamos desde la Vicepresidencia, en la construcción de la hoja de ruta del Objetivo de Desarrollo Sostenible 2, que busca que en los países haya hambre cero para el 2030. Se trata de un documento estratégico del cual forman parte todas las instituciones de la sociedad civil, los organismos internacionales y las instituciones gubernamentales vinculadas al tema.

Un aporte a resaltar es la inclusión de la Escala Latinoamericana y Caribeña de Seguridad Alimentaria (ELCSA), un manual con características científicas que mide la seguridad alimentaria en los hogares, el cual hemos implementado desde el Sistema Único de Beneficiarios (SIUBEN), para que sirva de base científica a los esfuerzos que se implementarán con la ejecución del Plan de Seguridad Alimentaria y Nutricional y la Hoja de Ruta del ODS 2.

Tal y como lo afirma el lema que ha adoptado el Comité Mundial de Seguridad Alimentaria para este año <>, lo que significa que debemos cerrar las brechas que aún persisten en el acceso a los recursos necesarios para la producción sostenible. Las causas estructurales que resultan en hambruna y malnutrición están directamente relacionadas con la gobernanza, la economía, las limitaciones a la productividad, la demografía, las brechas sociales y la falta de cuidado al medio ambiente.

Durante la Cumbre Mundial sobre la Alimentación se determinó que <>. Es un objetivo ambicioso pero alcanzable, si trabajamos al unísono y con determinación.

La República Dominicana ya ha sido reconocida por la FAO, por cumplir anticipadamente la meta de disminución del hambre y la malnutrición a la mitad, en gran medida gracias a proyectos como “Comer es Primero”. Ahora el gran reto es la resiliencia ante los embates del cambio climático, por un lado, para lo cual ya disponemos del Protocolo Nacional de Actuación para la Protección Social frente a Choques Climáticos, desarrollado con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo; y por el otro lado, para los efectos de la migración en la seguridad alimentaria, disponemos del Plan Nacional y la hoja de ruta del ODS 2.

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Un Nobel contra la violencia sexual

Nadia Murad y Denis Mukwege han sido galardonados con el Premio Nóbel de la Paz, por sus extraordinarios aportes a la lucha contra la violencia sexual, que de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, corresponde a “todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de ésta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo”.

Evidentemente, este Premio Nobel es otorgado en un momento de la historia mundial, donde el tema de la violencia sexual y su impacto en la equidad de género, preocupan cada vez más a la opinión pública y, en consecuencia, ha generado una ola de demostraciones y manifestaciones en contra de este flagelo.

El surgimiento del movimiento #MeToo, y en la República Dominicana el movimiento #SomosTú, han impulsado una agenda positiva que genera conciencia sobre la importancia de enfrentar una de las manifestaciones más deleznable del machismo.

La manifestación más reciente ha sido la confirmación de Brett Kavanaugh como Juez de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos, que ha polarizado las opiniones y posturas en ese país, en torno al abuso y la violencia sexual.

Las estimaciones mundiales indican que alrededor de una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual de pareja o violencia sexual por terceros, en algún momento de su vida. Como parte de una respuesta integral a esa realidad, hemos trabajado arduamente en un proyecto denominado “Cultura Ciudadana”, que se ha propuesto como primer paso crear conciencia sobre “El Real Cariño”, un llamado al amor sincero en las parejas dominicanas.

El Premio otorgado a Murad y Mukwege les reconoce por su lucha sin descanso. La primera logró escapar del calvario y la explotación sexual del Estado Islámico en Irak y lucha por llevar a los criminales ante la justicia internacional. El segundo es un ginecólogo congoleño que ha asistido a más de 50 mil mujeres desgarradas por la violencia sexual.

En ambos casos, el jurado cuya sede está en Oslo, ha rendido homenaje a millones de mujeres que ya sea en silencio o a viva voz, han sufrido las consecuencias físicas y emocionales de una atrocidad que sucede, en igual medida, en tiempos de guerra y en tiempos de paz. La violencia sexual, además, trae consigo otros flagelos: la violencia emocional y económica, el abuso de drogas y alcohol, la coerción y la hostilidad, la humillación y la trata de personas.

El ejemplo de Murad y Mukwege sirve de inspiración para que no banalicemos la violencia ni la consideremos una realidad que no podemos evitar. La violencia sexual deja marcas indelebles en la vida de las mujeres víctimas, que se transmiten a toda la familia y, en consecuencia, a la sociedad misma.

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