Margarita Cedeño

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La data: Un recurso valioso

Ha surgido un nuevo producto que concita la atención de los mercados bursátiles en todo el mundo. Un nuevo “commodity” que ha sustituido al petróleo como el recurso más valioso, según una reciente publicación de The Economist. Las 5 empresas más rentables del mundo provienen del mundo de la tecnología: Alphabet (empresa matriz de Google), Amazon, Apple, Facebook y Microsoft, todas dedicadas a obtener data de sus clientes y aprovecharlas para que guíen sus estrategias de negocio.

En esta semana, que atestigua la conmemoración del Día Mundial de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información, es importante reflexionar sobre el valor de la data, en un mundo donde la economía digital ya alcanza un valor nominal de 11.5 billones de dólares, equivalente al 15.5% del PIB mundial.

Según cálculos del Banco Interamericano de Desarrollo, en las últimas tres décadas, “cada dólar invertido en tecnologías digitales ha añadido en promedio 20 dólares al PIB, 6.7 veces mayor que las inversiones no digitales, las cuales agregaron 3 dólares por cada dólar invertido”. La mayor parte de esa inversión se sustenta en la importancia de la data para el futuro de los mercados y sus prospectivas en la generación de capitales.

En el futuro previsible, no hay duda alguna de que los datos experimentarán un aumento exponencial, lo que ha llevado a que el “big data” o datos masivos, deje de ser considerado como una tecnología emergente y se convierta, de pleno, en pilar de la transformación digital de las sociedades y en una fuente vital para que la administración pública pueda guiar sus acciones hacia mejores resultados.

En el marco del proyecto República Digital, política pública que impulsa la inclusión del país en la economía digital, resulta importante generar un espacio de amplia discusión sobre el uso de la data en la generación de ingresos y la mejora de los servicios públicos en el país.

Es un tema sobre el cual hemos insistido en otras ocasiones, incluso ante otros Gobiernos y organismos internacionales. En el Foro de Desarrollo Sostenible de la CEPAL realizado el año pasado, sostuvimos que “los Gobiernos tienen que apoyarse en la ciencia para la concepción y ejecución de las políticas públicas, así como crear una cultura de la gestión pública a partir del Big Data”.

Para esto, claro está, se requiere de capacitaciones, propuestas de regulación, acuerdos de confidencialidad, sistemas con normativas de calidad y protección, que permitan al ciudadano confiar en el uso correcto de la información que pone a disposición de la administración.

También sobre este tema hablamos ante la Secretaría de Integración Centroamericana (SICA), resaltando la importancia de que los Gobiernos trabajen con procesos meticulosos de construcción de bases de datos que ayuden a identificar las privaciones agudas que enfrentan las personas.

Evidentemente, para captar todo el potencial del “big data” en América Latina y el Caribe, hay que invertir tiempo y esfuerzo en varios temas, que van desde los marcos normativos hasta la propiedad industrial, pero es una tarea que es preciso acometer ahora, antes de que la locomotora de la economía digital, nos pase por el frente, sin tener las capacidades de aprovecharnos de ella.

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Un mes cambió todo

En este mes revoltoso de mayo se cumplen 50 años del inicio de un conjunto de acontecimientos que marcaron a toda una generación. El mayo de 1968 fue el estandarte de un profundo cambio que tocó a Occidente de una manera inimaginable e inigualable.

El 1968 es memorable por un conjunto de hechos que parecerían un juego de ajedrez entre maestros, que surgieron de una “fiebre” inaudita dirigida a cambiar por completo a la humanidad. No fue solo París, aunque fue el hecho más emblemático, fueron también las protestas en contra de la guerra de Vietnam, el asesinato de Martin Luther King, la primavera de Praga, el movimiento huelguístico en Polonia, la revolución cultural de la China maoísta, además de otros movimientos de tinte liberador.

Lo que se logró en el mayo de 1968 no fue un nuevo orden mundial, ni mucho menos la reposición de gobiernos de uno u otro bando del espectro ideológico. Lo que se logró fue un cambio sin precedentes en la forma en que se ejerce la autoridad, moldeando con el cincel revolucionario, la presión que se ejerce sobre los gobiernos y la política.

En aquel año llegaba Rafael Molina Ureña como Embajador dominicano ante el Gobierno francés. Quién fuera brevemente presidente de la República durante los hechos de abril de 1965, llegaba al Palacio del Eliseo a presentar las cartas credenciales al general Charles de Gaulle, en representación del presidente Joaquín Balaguer, a quién las ráfagas del mayo parisino, al igual que en el resto de la región, también le llegarían.

El bienestar económico de los “baby boomers” trajo consigo un deseo generalizado de cambios en un mundo bipolar, donde las expresiones de protesta, la manifestación de la indignación y la apropiación cultural de una revolución. No solo fueron las calles que se llenaron de mensajes de protesta, también la música, la poesía, la literatura, un mundo artístico fecundo y variopinto nació de aquel mes de la rebelión.

“La insolencia es una de las mayores armas revolucionarias”, frase escrita en alguna pared, que resume el desafío abierto a una autoridad que más que injusta, demostró estar desconectada de los cambios generacionales que le sobrevinieron, tras unos hechos que aislados no llamaban la atención, pero que juntos moldearon una transformación social significativa.

El Editorial de El Tiempo, periódico colombiano, dice que el “mayo de las utopías” quiso “dejar claro que las viejas formas autoritarias y deshumanizantes de un modelo de orden social que por largos años permaneció en un lugar sagrado habían caducado”.

La “insumisión permanente” hoy marca a los hijos de mayo del 1968 que hoy pueblan los poderes políticos, los círculos intelectuales y académicos y los espacios mediáticos. Y aunque ese “largo 68” del que escribe Richard Vinen, historiador británico, fue cercenado por las políticas económicas de la década siguiente, no menos cierto es que sus efectos han perdurado estos 50 años.

La importancia de esta fecha no reside en los cambios que pudo generar en el corto plazo, sino en el cuestionamiento a una sociedad envenenada, al concepto mismo del ejercicio del poder y la jerarquía y a las normas sociales que impedían que floreciera una humanidad renovada. Como escribió Tony Judt en sus memorias al relatar su visión del mayo del 1968: “protestamos en contra de lo que no nos gustaba y estábamos en lo correcto al hacerlo. Desde nuestro punto de vista, fuimos una generación revolucionaria”. Una generación que, en un mes, cambió todo.

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La magia del libro

Hace unos meses vino al país, por iniciativa nuestra, un joven ‘booktuber’ español de nombre Sebastían García Mouret. Con apenas 23 años, su canal en YouTube está en boca de muchos, como una forma efectiva de promover la lectura entre los jóvenes. Preocupada por la lectura, no pude evitar cuestionarme cómo un joven de su edad ve el presente y el futuro de la lectura en el mundo y qué podemos hacer desde las políticas públicas para promover que los niños, niñas y adolescentes lean más.

Desde que inauguramos la primera y única Biblioteca Infantil y Juvenil de la República Dominicana en el 2007, hemos estado evaluando los comportamientos positivos que surgen de promover la lectura entre nuestros infantes. El impacto en las destrezas y habilidades, la mejora en las calificaciones, más facilidades para comunicarse, son apenas algunos de los beneficios que provienen de buenos hábitos de lectura.

La más reciente Encuesta Nacional de Consumo Cultural data del 2015, realizada por el Banco Central, arrojó que cerca del 19% de la población dominicana de 15 años y más residente en las zonas urbanas compró algún producto cultural; de los cuales el 54% correspondió a libros, un indicador importante para ir midiendo el impacto de las políticas de promoción del libro y la lectura en la población. En la medida en que aumente este indicador, más lectores tendremos.

De igual manera, el éxito de las políticas de fomento a la lectura está atado al éxito de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo y las ferias regionales que se realizan, puesto que son plataformas importantes para los autores dominicanos, que les permiten conectar con otras latitudes.

Hay que insistir en los postulados de la Ley 502-08 del Libro y Bibliotecas, que declaró de interés social “la política de fomento de la lectura, del Sistema Nacional de Bibliotecas y de la actividad editorial”. Hay que reconocer que aún los costos de producción de una obra literaria son privativos y que el mercado de los libros es “poco comprendido”, como decía una autora dominicana en una reciente entrevista.

Existe un vínculo indisoluble entre el avance de la población en sus habilidades, que va de la mano con la lectura. En un mundo con tantos estímulos externos, que ha puesto en una pantalla el acceso al entretenimiento y la cultura, solo podemos apelar a la creatividad de padres, madres, tutores y profesores, para mostrar a los infantes la magia de la lectura.

Lo que se requiere es volver a poner de moda al libro entre los niños, niñas y adolescentes. Para esa tarea, la tecnología es una aliada extraordinaria. Hoy día han surgido nuevos hilos conductores entre el mundo digital y los libros, que va más allá de que los autores coloquen sus obras en medios digitales. Me refiero a los ‘youtubers’ y ‘bookstagrammers’, que han tomado las redes sociales y las plataformas en línea para crear contenido audiovisual que promueve la literatura.

Es una forma innovadora de incitar a los más pequeños a la lectura y, por qué no, a los grandes también. Por eso trabajamos para crear una comunidad con estos promotores digitales de la lectura, para que apoyen a otros a hacer lo mismo y, de esa manera, generar mayor atractivo en la lectura.

“Leer es un valor añadido”, decía María José Rincón en un reportaje que leí recientemente. Mientras más hacemos comprender a los ciudadanos cuál es ese valor agregado, en especial para los más jóvenes, cada vez más tendremos comunidades lectoras dispuestas a promover la lectura y el conocimiento. Con constancia y perseverancia, la magia del libro perdurará.

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Lo económico también se juega en lo social

En el marco del Foro Social que organizamos la semana pasada en Punta Cana, un hito de gran trascendencia para la región, conversamos sobre los retos de los países que conforman el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), a los fines de garantizar desarrollo sostenible con equidad e innovación.

La interesante discusión, moderada por el Representante del BID en la República Dominicana, Miguel Coronado, tocó uno de los temas más urgentes para toda América Latina, que se acentúa gravemente en los países centroamericanos y en la República Dominicana.

Hoy en día, 4 de cada 10 empresas de la región tienen problemas para encontrar el personal calificado que requieren sus negocios, lo que convierte a toda América Latina en la región con la mayor brecha de capacidades en el mundo. Como punto de comparación, a nivel mundial, el promedio establece que esto suceda en 2 de cada 10 empresas.

Esto es así a pesar de que en conjunto los países latinoamericanos dedican más del 5% del producto interno bruto a programas de educación y capacitación técnica, según confirma el Banco Interamericano de Desarrollo en un reciente informe.

El tema también fue objeto de discusiones profundas, en el marco del Foro Económico Mundial que se celebró en Sao Paulo el pasado mes, advirtiendo que es un tema que inicia en la educación primaria y secundaria, dado que “los estudiantes de América Latina y el Caribe poseen más de un año de retraso respecto de lo esperable para el nivel de desarrollo económico de la región”.

Las mejores prácticas demuestran que un modelo exitoso de educación y capacitación tiene tres características claves: facilidades para hacer la transición entre el mundo del trabajo y el mundo de la educación; la integración estrecha de los sistemas de educación y capacitación con el mercado laboral y; el alineamiento entre las estrategias de crecimiento económico y el desarrollo de destrezas para la productividad.

Durante la discusión en el Foro de SICA, coincidimos en que debemos ver con una mirada más crítica los esfuerzos que realizan los Gobiernos para impulsar la adquisición efectiva de conocimientos, que resulten en inserción laboral y mayor productividad para las economías de la región.

Es esencial, por igual, que se aproveche la plataforma que ofrecen los programas de capacitación, para transmitir conocimientos complementarios para la convivencia y la confraternidad.

Lo más urgente es abordar las principales desconexiones entre el mundo de la educación y el mundo del trabajo. Existen lagunas entre las instituciones educativas y los empleadores.

Para ello, los organismos recomiendan una nueva mentalidad empresarial que impulse un nuevo enfoque de la educación y la capacitación en el desarrollo de la fuerza de trabajo de la industria, lo que Michael Porter ha llamado la estrategia del valor compartido.

Lo mismo se requiere de los Gobiernos. Sus acciones son la clave para formar empleados capaces de lidiar con desafíos futuros. En la región SICA debemos tener claridad con este gran reto, que es esencial para que alcancemos un nuevo nivel en el desarrollo.

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Una política social para SICA

Como parte del compromiso de la Presidencia Pro Témpore del Sistema de Integración Social Centroamericana (SICA), asumida por la República Dominicana el pasado mes de enero, se ha hecho un gran esfuerzo para avanzar en una de las áreas donde más rezago se evidencia en la región, que es en las políticas sociales.

En un contexto de crecimiento económico relativamente estable, la región Centroamericana y la República Dominicana, tenemos la oportunidad de ir saldando la deuda social que tenemos con nuestros ciudadanos, que se refleja en los indicadores de educación, salud, acceso a las tecnologías, calidad de vida, acceso al agua, entre otros más.

A eso se suma la imperiosa necesidad de adecuar nuestra matriz productiva a nuevas formas de empleo y formar al personal capacitado que requieren las empresas y la industria, para continuar generando empleos de calidad. Como muestra, recientes encuestas confirman que 4 de cada 10 empresas en la región enfrentan dificultades para encontrar el personal calificado que requieren, un dato que confirma que América Latina es la región con la mayor brecha de capacidades en el mundo.

Más aún, al discutir las políticas sociales en los países que conforman la región SICA, nos tenemos que preguntar cómo abordar la alta tasa de informalidad de los mercados laborales, la desigualdad de género, la discriminación a grupos vulnerables, el envejecimiento de la población, las lagunas existentes en la institucionalidad y, de manera transversal, las deficiencias del sistema democrático.

Todo lo que sucede en la sociedad tiene un reflejo en lo social. Por eso resulta tan importante analizar y abordar los problemas de nuestros países desde una óptica más amplia, que incluya a lo social como un eje transversal de la colaboración entre los países de Centroamérica y la República Dominicana.

En ese sentido, Punta Cana es la sede de un hito histórico para SICA, puesto que por primera vez se prioriza lo social entre los ejes de intervención de la Presidencia Pro Témpore de dicho organismo. De igual manera, es una primicia para el Sistema que se conforme un equipo de coordinación de las labores y acciones del conjunto de Ministros de los distintos consejos de SICA, que guardan relación con el área social.

Es decir, las sesiones que se llevan a cabo esta semana en Punta Cana, tocan lo social desde la educación, la salud, la cultura, la agricultura, la pesca, la prevención de desastres naturales, la vivienda, la alimentación y la nutrición.

El resultado de este encuentro será una agenda social que “pone en el centro a las personas, familias y colectividades; y reconoce la importancia de proteger su bienestar, frente a diferentes riesgos que impliquen una pérdida de ingreso o de poder adquisitivo, como una estrategia no solo para reducir la pobreza, sino para construir una región más inclusiva, equitativa, resiliente, competitiva, productiva, democrática, estable y feliz”.

De esta manera, daremos cumplimiento a uno de los más importantes objetivos de SICA, que es lograr un sistema regional de bienestar y justicia económica y social para los pueblos centroamericanos y la República Dominicana.

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La posindignación

En los reportes de la más reciente edición del Foro Económico Mundial sobre América Latina, realizada en Sao Paulo, Brasil, el mes pasado, resalta con mucha claridad el llamado de la presidenta de Transparencia Internacional, Delia Ferreira, en torno a la importancia de que la sociedad “entre en la fase de la posindignación, que no es solo salir a la calle, sino dirigir esa energía a crear canales de participación”.

En la última década, diversos sucesos alrededor del mundo, no solo en América Latina, han puesto en entredicho la calidad de las democracias y las reglas que sustentan la institucionalidad, lo que ha llevado a ciudadanos de distintas latitudes, a elevar sus protestas, legítimas o no, para reclamar cambios en el orden existente.

Nació así la “indignación” como respuesta a la injusta realidad imperante, que no es más que la considerable desigualdad social que aún afecta el mundo en que vivimos. Pensamos equivocadamente que la tendencia perversa de acumulación inexplicable de riqueza había cambiado a partir de la crisis económica y financiera de finales de la década pasada, pero ha sido todo lo contrario.

Según la Reserva Federal de los Estados Unidos, el 1% de las familias más ricas controla el 38,6% de la riqueza norteamericana, una cifra récord, mientras que el 90% de las familias de menos ingresos se dividen el 22,8% de la riqueza. Es un patrón que se repite en casi todos los países, desnudando la realidad de que cada vez somos más desiguales.

Un contexto así nos lleva a cuestionar cuál es el poder de los sin poder, recordando la obra homónima de Vaclav Havel, ex presidente de la República Checa. Y aunque la obra de Havel es una reflexión en torno a la función de la ideología, no deja de darnos pistas importantes en torno a las características de un movimiento de protesta, que a fin de cuentas también tiene su cimiente en la indignación como “respuesta emocional ante una realidad que se considera injusta”.

La situación política, social y económica de un país, cuando va a la deriva, se manifiesta en una crisis de la democracia, que genera respuestas en los ciudadanos. La cuestión es cómo podemos pasar de la respuesta efímera a la generación de vías efectivas de participación ciudadana, que nos permitan avanzar por igual, tanto en tiempos turbulentos como en los momentos de estabilidad social.

Las vías de participación a las que debemos aspirar, deberían resultar en un diálogo franco y abierto, en un intercambio de experiencias e ideas, en torno a los problemas actuales y futuros que enfrentamos desde el sistema político.

En el diseño democrático que impera, el espacio idóneo para que suceda este importante intercambio, es mediante la partidocracia. Como decía Tocqueville al analizar la democracia americana, “los partidos, las facciones o las asociaciones son absolutamente esenciales para el bienestar de la sociedad democrática”.

Al final de cuentas, la posindignación pasa por asumir la tarea fundamental de participar en los asuntos públicos y con el ejercicio racional de la ciudadanía. Pero para ello, deben existir los canales de participación idóneos, los cuales, en todo escenario, deben generarse desde el ámbito de lo político. Por eso es tan importante, hoy más que ayer, atender con urgencia los cambios que necesita la política y la partidocracia, comenzando por la legislación sobre partidos que aún descansa en el Congreso Nacional.

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El premio Nobel de la educación

Cada vez estoy más convencida de que el destino de la humanidad depende de su disposición a formarse, a adquirir conocimientos y ponerlos a disposición del bien colectivo. Es decir, la sociedad en la que vivimos está condicionada por qué tanto esfuerzo y dedicación pongamos a la educación.

El Foro Mundial sobre Educación y Habilidades que organiza la Fundación Varkey en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, ha reunido a todas las autoridades mundiales del sector educativo, para discutir cómo preparamos a los jóvenes para el mundo en el que viviremos a partir del 2030.

La premisa se alinea con la preocupación que plantean los Objetivos de Desarrollo Sostenible que, como sabemos, contemplan 17 objetivos y centenares de acciones enfocadas hacia la mejora sustancial del mundo en que vivimos.

En el marco del Foro se hace entrega del que se considera el “premio nobel” de la educación, que reconoce la entrega y valentía de profesores alrededor del mundo. Esta premiación es inspiradora, puesto que la premisa básica de un sistema educativo eficiente es, justamente, que el capital humano encargado de formar a los ciudadanos del futuro sea de la mejor calidad.

El conjunto de interesantes debates y discusiones generados durante el evento deja bien claro el rol fundamental de los profesores en la formación de estudiantes conscientes, capaces de asumir su rol de responsabilidad hacia el planeta tierra.

El premio que promueve la Fundación Varkey, idea de Sunny Varkey, intenta devolver el respeto y prestigio a la labor de la enseñanza, y más que nada, devolver a los profesores el reconocimiento que se merecen.

Como dijo Varkey: “la brecha entre pobres y ricos, la paz y el terrorismo, la desigualdad de género, la falta de habilidad y el desempleo; todo está relacionado con la falta de educación”. La vocación del profesor debería ser la más importante del mundo, la más respetada y cuidada profesión, sin embargo, no lo es.

¿No es cierto que todos los grandes hombres y mujeres en la historia de la humanidad, tuvieron uno o varios profesores que le formaron? Siendo así, a ellos también corresponde el reconocimiento a los aportes que realizaron.

Alguien dijo una vez que “si tienes que poner a alguien en un pedestal, pon a los maestros. Son los héroes de la sociedad”. Hoy que estamos impulsando la revolución educativa en la República Dominicana, tenemos que promover cada vez más el ejemplo de los buenos maestros, que sirva de inspiración a otros más, para que comprendan la gran responsabilidad que tiene un profesor con el futuro de la sociedad.

No es casualidad que la profesión del educador contribuye más al futuro de la sociedad que cualquier otra y, por ende, sobre ella pesan los grandes cambios que requiere la sociedad.

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Innovación y salud

El sector salud está ávido de nuevas ideas y acciones distintas, que le permitan elevar sus niveles de eficiencia a la hora de prestar el necesario servicio que requiere la población. En años recientes, la revolución en el área de la tecnología ha hecho una gran promesa a la salud pública: disminuir los costos, mejorar los tiempos de respuesta y fortalecer la salud preventiva.

Esta promesa viene acompañada de la posibilidad de curar enfermedades que hasta ahora han eludido al genio humano, gracias a una sinergia entre máquinas y humanos, que transformará para siempre la ciencia de la salud.

Sin embargo, la República Dominicana se queda rezagada a la hora de implementar tecnología en el sector salud. La razón es conocida por los actores públicos y privados: la baja, y a veces nula, inversión en innovación, desarrollo e investigación (el famoso I+D+i), que a decir de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), no forman parte de las “prioridades de la política de salud”, por ende, son parte de las razones que explican la debilidad institucional del sector salud.

En la innovación y la tecnología es que podremos encontrar respuesta a los principales retos que enfrenta el sector salud. Por ejemplo, en lo relacionado a la salud preventiva en países como el nuestro, apenas entre un 30 y un 40 por ciento de la población está al día en medidas preventivas de salud, mientras que en un país OCDE, ese porcentaje se eleva a un 80 por ciento.

Estudios que han realizado organismos multilaterales apuntan que esta diferencia en la inversión es clave para comprender una parte esencial de las carencias institucionales del sector.

Algunos apuntan a que los grandes espacios para la innovación en salud se encuentran en “estrategias integradas para promover estilos de vida saludable, en la mejora de la organización y gestión de los servicios para asegurar la continuidad de la atención entre los niveles del sistema de salud, y en desarrollar nuevas plataformas para la entrega efectiva de tecnologías de probada costo-efectividad, además de promover mecanismos de pago de los proveedores que premien la calidad”.

Adoptar un enfoque de ese tipo para la República Dominicana, requiere de importantes inversiones en infraestructura y de cambios normativos y de regulación. Pero lo que más requiere es una transformación sustancial de la cultura organizacional del sector.

Un paso esencial para este cambio de mentalidad, tanto en los prestadores del servicio como en los receptores, es el enfoque hacia la atención primaria. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicó un estudio sobre 7 países de la región, donde estima de forma conservadora que se podrían evitar más del 20% de las hospitalizaciones con una buena atención primaria, lo que equivale a un ahorro anual de varios miles de millones de dólares.

La innovación en salud debe enfocarse hacia esa parte de la atención, para fomentar una cultura de prevención y diagnóstico oportuno, que alivie las presiones que recibe el sistema de salud. Las políticas públicas pueden hacer mucho en ese sentido, pero lo más importante inicia en la investigación, el desarrollo y el fomento a la innovación.

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Desarrollo Rural Sostenible

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), realiza en esta semana su 35avo período de sesiones de la Conferencia Regional de la FAO para América Latina y El Caribe. El cónclave reúne a las autoridades de todos los ámbitos involucradas en las políticas, públicas y privadas, en torno a la erradicación del hambre y las formas de malnutrición en nuestra región.

A pesar de que la riqueza mundial creció significativamente durante las últimas dos décadas, y los países de ingreso mediano han recuperado terreno frente a los países de ingreso alto, aún persisten problemas en torno a la alimentación, que requieren acciones contundentes por parte del Estado y el resto de la sociedad.

Este será un tema importante que abordar en la Conferencia de la FAO, especialmente por la “significativa transformación estructural de las zonas rurales en países de América Latina y el Caribe”. Los expertos están preocupados porque esta transformación ha “excluido a millones de jóvenes que carecen de acceso a trabajos decentes, mientras que la extrema pobreza sigue limitando las oportunidades de una cuarta parte de la población rural de la región”.

Aún persisten grandes desigualdades territoriales que perpetúan la pobreza en las localidades, lo que a su vez desemboca en conflictos sociales y políticos, en la afectación constante al medio ambiente y la preocupante inseguridad de los ciudadanos.

Por ende, la FAO advierte que no son suficientes las estrategias tradicionales de desarrollo rural, a la hora de garantizar una transformación estructural sostenible e inclusiva desde el punto de vista social en las zonas rurales.

El hambre es el escándalo moral de nuestros tiempos, como dice el Papa Francisco. A la región de América Latina y el Caribe debe preocuparle especialmente este tema, debido a que la desaceleración de las economías de la región en el período 2015-2016, que resultó en 18 millones de pobres más para el territorio latinoamericano, también resultó en 2.4 millones de latinoamericanos más padeciendo hambre.

Y aunque nuestro país tiene importantes resultados que mostrar en torno a la disminución del hambre y la desnutrición, no podemos obviar que el rescate de la ruralidad para la producción sostenible es impostergable. Hoy en día, 183 mil familias del programa Progresando con Solidaridad participan de las estrategias de huertos familiares y comunitarios, a la vez que 23 mil familias se han involucrado en la crianza de animales. El apoyo de la FAO y del PMAen estos proyectos ha sido invaluable.

El desarrollo rural sostenible, como hemos apuntado en otras ocasiones, depende de varios factores, entre los que resalta la necesidad de acceso a asistencia técnica, el financiamiento blando, el seguro ante desastres y, muy importante, el uso de tecnologías y estrategias de resiliencia ante choques climáticos y para la protección del medio ambiente.

El trabajo que se realice en torno a este tema debe combinar de la mejor manera posible la información objetiva y la intuición política, para lograr lo que Rafael Pinilla Pallejá denominó la “doble legitimidad”, es decir, la legitimidad científica y la democrática.

La Ley núm. 589-16, que crea el Sistema Nacional para la Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional en la República Dominicana, aunado al extraordinario esfuerzo realizado en torno a la Hoja de Ruta para el cumplimiento del ODS 2, donde participaron decenas de instituciones públicas y privadas, con el seguimiento de la Vicepresidencia, el Gabinete Social, la FAO, el PMA y otras instituciones, son las cartas más importantes con las cuales podremos ganar la partida al hambre y la malnutrición.

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Rendir cuentas

La problemática de la calidad de la democracia está presente en nuestras sociedades desde muchos frentes distintos. Aunque vivimos en una época de paz y prosperidad, que resulta idónea para que trabajemos en fortalecer la institucionalidad, no menos cierto es que aún nos falta mucho camino por recorrer para que haya mayores cuotas de participación de los ciudadanos en los asuntos políticos, en un contexto de sociedades más abiertas, donde las cuestiones públicas puedan debatirse en base a la racionalidad y la responsabilidad.

Es por ello que resulta tan importante el ejercicio de la rendición de cuentas por parte de los gobernantes hacia los gobernados. Aunque rendir cuentas pareciera una idea sencilla en primera instancia, en realidad es un concepto teóricamente complejo y que en la práctica aún requiere de un proceso más riguroso.

De igual manera, es un concepto que debe tener raíces culturales en la sociedad porque, aunque resulta obligatorio para quienes forman parte del sector público, también debe ser una costumbre arraigada en el resto de la sociedad.

La historia dominicana recoge tres grandes ejemplos de la rendición de cuentas. El primero, el más reconocido, el de Juan Pablo Duarte, cuando presentó un informe detallado y pormenorizado de los gastos en los que incurrió cuando se desplazó hacia el Sur en actividades propias de la lucha independentista. Conocido es por todos que Duarte devolvió al tesoro dominicano la suma que no utilizó, ascendiente a 827 pesos.

El segundo gran ejemplo que recoge la historia es el de Ulises Francisco Espaillat, presidente dominicano desde abril hasta octubre del 1876, derrocado por su reconocida honestidad y transparencia, con la cual intentó generar cambios en la forma como se hacía la política en nuestro país. Sin embargo, las oscuras fuerzas que ven en lo público una fuente de riqueza, le impidieron cumplir su noble misión. En honor a Ulises Francisco Espaillat celebramos cada 29 de abril, el Día Nacional de la ética pública.

El tercer gran ejemplo lo tenemos en el profesor Juan Bosch, líder moral de varias generaciones de dominicanos y dominicanas. En su toma de posesión, como una muestra inequívoca de su valentía frente a los males que afectaban al Estado dominicano, advirtió que pondría un freno para evitar “que las finanzas nacionales se nos desplomen a causa de gastos sin control”.

El Barón de Montesquieu decía que “del mismo modo que la religión ordena que se tengan las manos puras para ofrecer sacrificios a los dioses, las leyes requerían costumbres frugales para que se pudiese dar algo a la patria”.

Esa frugalidad, el compromiso con cuidar lo que es público, se manifiesta en cada rendición de cuentas, en cada presentación del Estado de la nación, de sus finanzas y del uso que se ha dado a los recursos públicos.

Al rendir cuentas, se responde a las exigencias de más calidad de la democracia que tienen los ciudadanos. Es la única manera en la que podremos superar la falta de identificación de los ciudadanos con el Estado y con la política e impulsar un nuevo quehacer político, que ponga la transparencia en el centro de las virtudes que se requieren de un servidor público.

Con la rendición de cuentas construimos legitimidad democrática y renovamos la validez de la autoridad, honrando y respetando a los hombres y mujeres que han otorgado su confianza a través del voto.

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Mujeres y niñas de la ciencia

En toda la historia del premio Nobel, máximo galardón que reconoce el avance de la ciencia, el arte y la literatura en el mundo, 844 hombres han sido reconocidos, mientras que apenas 49 de los premios han sido para mujeres. La mayoría de estos últimos han sido en las áreas de literatura o por los aportes a la paz, mientras que apenas 17 mujeres se han alzado con el Nobel de física, química o medicina.

Aunque se podrá argumentar muchos factores para justificar esta realidad, lo cierto es que la brecha de género en los sectores de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas – las llamadas STEM – persiste desde hace años en todo el mundo.

Cuando investigamos sobre las primeras mujeres que se aventuraron a las ciencias, encontramos a Ada Lovelace, la primera programadora, a Mary Anning, paleontóloga y coleccionista de fósiles, Wang Zhenyi, poetisa y matemática china, Elizabeth Blackwell, médica inglesa, Marie Curie, física y química, y algunas otras más.

La información sobre ellas es escasa, no porque no haya en la historia mentes brillantes femeninas en el campo de la ciencia y de la investigación, sino porque, desgraciadamente, han quedado en el recuerdo de pocos y el olvido de muchos.

Lo peor de todo es que no se enseña lo suficiente sobre ellas en los centros educativos, para enseñar a las niñas que hay un futuro en la ciencia para la mujer y que, al igual que como sucede en otras áreas de la sociedad, se requiere el cerebro femenino en la ciencia.

Muestra de ello es el hallazgo de un estudio publicado en la revista Science, que determinó que “la percepción de que los hombres son más brillantes e inteligentes que las mujeres y, por tanto, más adecuados para desempeñar carreras para personas listas…es interiorizada por las niñas a una edad tan temprana como los seis años”.

Aún sin llegar a una edad donde puedan elegir con certeza a qué dedicar su vida, la sociedad está condicionando a las niñas a pensar que no son lo suficientemente inteligentes para un conjunto de profesiones y que, por ende, no deben ni considerarlas. ¡Qué injusticia!

Pese a que la presencia de mujeres en programas universitarios es mayor al 50% de la matrícula, apenas un 7% del sexo femenino cree que tendrá una profesión relacionada con la ciencia.

El sistema educativo como lo conocemos, se ha empeñado en la enseñanza de las ciencias y las matemáticas, de una forma tal, que ahuyenta a las niñas, impidiéndoles interesarse en lo más mínimo y convirtiendo a las que si lo hacen, en las “raras” del grupo. La Resolución 70/212, de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que establece el Día Mundial de las Mujeres y las Niñas en las Ciencias, enfatiza en el rol que juega el Estado en elevar el interés público en que el cerebro femenino esté cada vez más presente en la ciencia.

Menospreciar el conocimiento que puede aportar la mujer, es empequeñecer el saber propio. Hoy en día, tenemos que reafirmar el rol que juegan niñas y mujeres en un mundo cada vez más enfocado hacia la ciencia y la tecnología.

Rita Levi-Montalcini, neuróloga y senadora italiana, que trabajó hasta su muerte, a los 103 años, decía que “después de siglos de inactividad, las mujeres jóvenes pueden ahora mirar hacia un futuro moldeado por sus propias manos”. Sin embargo, la pregunta que debemos hacernos es: ¿qué hacemos hoy para que las mujeres jóvenes tengan en sus manos las herramientas necesarias, que les permitan moldear un futuro más cercano a la ciencia?

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Más allá del PIB

El llamado “Consenso de Washington” instauró un pensamiento económico que consideraba el crecimiento del producto interno bruto (PIB), como el indicador ideal para medir el progreso de los países de la región americana. El conjunto de políticas económicas acordadas por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, luego de la caída del muro de Berlín, impactaron decididamente las economías de toda América Latina y, claro está, dejaron su estela de consecuencias en el ámbito político y social.

Se generó una dependencia excesiva entre los impulsores de las políticas públicas, en torno al producto interno bruto como medida del rendimiento económico nacional, sin considerar que el PIB no mide en qué medida la producción de bienes y servicios contribuye al progreso social, de qué manera genera más oportunidades de empleo, seguridad económica y calidad de vida.

En definitiva, el PIB, si bien esencial para entender el avance económico de un Estado, ha demostrado ser insuficiente para comprender el panorama económico y social de la sociedad, y el impacto de las políticas de expansión económica en el bienestar general de los ciudadanos.

En años recientes, cuando nos hemos dado cuenta de cómo nos afecta la fuerte desigualdad social que vive el mundo, se ha puesto atención al tema, desarrollando nuevas medidas e indicadores que nos permitan tener una mejor fotografía del desarrollo económico y social de una población.

En ese tenor, resulta interesante el enfoque que ha propuesto el Foro Económico Mundial, mediante el llamado “Índice de Desarrollo Inclusivo”, propuesto como una evaluación que permita comprender mejor el desarrollo de los Estados. Este Índice contempla tres dimensiones.

La primera es la del crecimiento y el desarrollo, donde se engloba el aumento del PIB, la productividad laboral, los niveles de desempleo y la expectativa de vida. El segundo es el de la inclusión, medido desde el ingreso medio por hogar, el ingreso medido por GINI, la riqueza medida por GINI y la evolución de la tasa de pobreza. Finalmente, se evalúa la dimensión de la equidad intergeneracional y la sostenibilidad, medidas mediante los niveles de deuda pública, la dependencia de la economía hacia el carbono, el grado de dependencia y los ahorros.

Richard Samans, director general y responsable de la Agenda Global del Foro Económico Mundial, ha advertido que “cuando se mide en función del PIB, el crecimiento económico se entiende mejor como medida de primera del rendimiento económico nacional, pero el resultado que las sociedades esperan es un progreso amplio y sostenible de su calidad de vida”.

Es necesario poner fin a la crisis de la desigualdad y sus crisis colaterales. Tenemos que impulsar políticas económicas que estén acompañadas de políticas sociales efectivas. De acuerdo con OXFAM, el año pasado solamente, el 82% del crecimiento en la riqueza a nivel global, fue amasada por el 1% de la población mundial, mientras que el 50% menos pudiente no recibió nada. Y las consecuencias de esa fuerte desigualdad las tendremos que afrontar más temprano que tarde.

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