¡Abril 2018!

Ha llegado el mes de abril, en el cual se da inicio la primavera que para la mayoría de las personas, es la estación más bella del año, pero abril para los dominicanos, particularmente para el autor de esta columna, tiene en la historia de nuestro pueblo una importancia extraordinaria y afirmamos, categóricamente, esta verdad porque el levantamiento militar, apoyado por el pueblo, que se inició el 24 de abril de 1965, generó un episodio que ha quedado como ejemplo de dignidad, independencia, heroísmo y patriotismo en la historia contemporánea de todos los pueblos hispanoamericanos y también de todos los pueblos del mundo.

Fue a la 1:30 p.m. a través de los micrófonos de Radio Comercial, que el doctor José Francisco Peña Gómez, al iniciar el programa Tribuna Democrática, anunció que le había informado telefónicamente el capitán del Ejército Mario Peña Taveras, que el jefe de Estado Mayor y otros oficiales superiores de esa institución militar, habían sido apresados y que se había dado inicio al movimiento constitucionalista que apoyaba el retorno de Juan Bosch, gobernante legítimo de nuestro pueblo, a la presidencia de la república.

El anuncio del doctor Peña Gómez, fue acompañado de manera inmediata por el himno nacional de Francia “La Marsellesa”, que era un estímulo para que el pueblo apoyara la decisión del grupo de militares constitucionalistas, que bajo la jefatura del coronel Hernando Ramírez habían apresado a la oficialidad superior del Estado Mayor del Ejército.

Ese movimiento militar clandestino había sido fundado en los primeros meses de 1963, por el coronel Rafael Fernández Domínguez, con la autorización expresa del profesor Juan Bosch, que desempeñaba en aquel entonces las funciones de Presidente de la República.

Nuestro pueblo, valiente, responsable, viril y decidido, se lanzó a las calles, primero que nada, de la ciudad capital para que se cumpliera el objetivo real de esa acción, que era el retorno a la vigencia de la Constitución de 1963.

Cuatro días después, el gobierno de Estados Unidos de América, encabezado por la arrogante figura de Lyndon Johnson, se opuso a nuestra decisión y ordenó el desembarco de tropas de la infantería estadounidenses en tierra dominicana.

La presencia de las tropas estadounidenses en territorio nacional, indignó a los militares constitucionalistas que habían derrotado a las tropas del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas (CEFA), en el escenario del Puente Duarte, sobre el Río Ozama, donde entregaron sus vidas más de dos mil dominicanos entre militares y civiles, patriotas y militares del CEFA, profundamente equivocados, y faltando a la obligación que tenían como guardianes de la democracia y la soberanía e independencia de la nación.

Esa victoria popular atemorizó al presidente del gobierno y demás miembros de la nación más poderosa del mundo, que equivocados también, creyeron que la presencia de las tropas estadounidenses en territorio dominicano, el pueblo acobardado, abandonaría las armas y se rendiría ante los soldados invasores. Que equivocación más grosera la de los norteamericanos y que lección de dignidad y de valor les dio el pueblo.

En este mes de abril conmemoramos el 53 aniversario de ese episodio, eterno e inmortal de nuestra historia y celebraremos también el 16 de abril, el restablecimiento de relaciones diplomáticas con el hermano pueblo cubano que bajo la dirección de Fidel Castro Ruz, brindó su apoyo militante al pueblo que por el líder de la revolución cubana ha sido llamado “pueblo legendario, veterano de la historia y David del Caribe”.