Bosch y la Opinión Pública

Vanguardia del Pueblo
Agosto del 1978

Alguien dijo en cierta ocasión que “periodismo significa escribir a sueldo sobre cosas que se ignoran”; y la verdad es que por las cosas que escriben, ciertos periodistas dominicanos no hacen más que confirmar ese apotegma.

Por ejemplo, cierto periodista—que mejor sería llamarle “plumífero asalariado”—al referirse al PLD y al compañero Juan Bosch, en relación a la crisis de mayo, escribió en su columna, New York, En Blanco y Negro, que se publica en el periódico La Noticia, lo siguiente:

“Del otro lado ha habido personas y entidades que a la vez que contribuyeron a enlodar las aguas, quisieron pescar en sus revueltas corrientes. El triste galardón en tan funesta operación, se lo llevo Juan Bosch, de acuerdo al jurado de una opinión publica cada vez más generalizada”

Pues bien, al margen de toda falta de sintaxis y ortografía que en tan pocas líneas deja deslizar el autor, es indispensable fijarse en el concepto establecido de que Juan Bosch se lleva el galardón de la funesta operación de pescar en corrientes revueltas; “de acuerdo al jurado de una opinión publica cada vez más generalizada”.

En verdad, ¿Qué se quiso expresar con semejantes palabras? ¿Cómo asociar los términos jurado y opinión pública?

A pesar de haberle dado muchas vueltas, debemos confesar que aún no hemos podido salir del pasmo y del desconcierto, del asombro y la tribulación. Pues lo cierto es que solo si concedemos entero crédito a lo que decíamos al principio de este artículo, se explica que un supuesto escritor ignore el significado de las palabras que emplea.

Como se sabe, el jurado es una institución jurídica que se utiliza en Francia y en los países que viven bajo el sistema del “common law” (como Inglaterra), en el conocimiento de los juicios correspondientes a la jurisdicción criminal, como dicen los abogados; y la opinión publica es un concepto propio de la psicología social. ¿De dónde se seca, que es un jurado de opinión pública el que está calificando en forma tan generalizada al compañero Bosch, por lo que el autor tilda “funesta operación”?

No lo sabemos. Pero de todas maneras, les hacemos un señalamiento a los jurados de la Academia de Ciencias de Suecia, para que al seleccionar los próximos candidatos al Premio Nobel, tenga constancia de las valiosas contribuciones que al campo interdisciplinario del derecho, la psicología social y la lingüística ha hecho este ilustre dominicano.

Pero no nos desviemos. Nuestro estimado articulista ha querido decir, con toda seguridad, que de acuerdo con la opinión publica nacional, el profesor Juan Bosch ha quedado descalificado después del proceso electoral del 16 de mayo.

Pues bien, ahora tendríamos que preguntarnos: ¿Y qué es la opinión pública? ¿Acaso es consenso unánime a que llega el pueblo como consecuencia de un proceso de debate libremente entablado en una sociedad aséptica de todo germen anti—democrático?

IDEOLOGÍA Y OPINIÓN

En realidad, como sabe prácticamente todo el mundo, la opinión pública es una ficción. Lo que ocurre es que en una sociedad dividida en clases, la clase dominante logra imponer su ideología; y es a esta ideología de la clase dominante, impuesta en la moderna sociedad de masa, a través de los medios de comunicación, a lo que se le llama impropiamente opinión pública.

Dicho en otras palabras, la opinión pública no es más que la opinión particular de la clase dominante expresada por medio de todos los recursos técnicos con la finalidad de dejar inalterada la sociedad actual.

Más aun, los medios de comunicación en cualquiera sociedad capitalista forman parte, voluntaria o involuntariamente, de una estructura de poder transnacional, que es en definitiva la que le impone el mensaje el medio, o si se prefiere, la que conforma la opinión pública

Más aun, los medios de comunicación en cualquiera sociedad capitalista forman parte, voluntaria o involuntariamente, de una estructura de poder transnacional, que es en definitiva la que le impone el mensaje al medio, o si se prefiere, la que conforma la opinión pública.

De donde se desprende, sencillamente, que la opinión publica es en todo caso el criterio impuesto por el imperialismo con la finalidad de reforzar los valores de la dependencia.

BOSCH Y OPINIÓN

Ahora bien, comprendiendo todo lo que significa Juan Bosch en términos de perspectiva histórica para la realización de un proceso autentico de liberación nacional que saque a nuestro pueblo de la situación de atraso y miseria en que le ha tocado vivir, el imperialismo norteamericano ha iniciado una ofensiva para desacreditar su figura política.

Esa ofensiva del imperialismo data de la época en que Juan Bosch era candidato a la presidencia por el PRD, allá por los lejanos días del 1962, pero se ha ido acentuando gradualmente en la medida en que el propio compañero Bosch se ha ido identificando con posiciones políticas cada vez más avanzadas.

Y naturalmente, esto no es por azar. Porque es que el imperialismo comprende perfectamente que en la medida en que destruyen un líder revolucionario que es capaz de interpretar las grandes corrientes históricas que se registran en la humanidad en consonancia con los grandes anhelos de cambio de su pueblo, en esa misma medida produce un retraso en el desarrollo de la revolución.

Desde luego, en esa tarea de descredito, el imperialismo no ha estado solo. Por el contrario, ha encontrado valiosos e inestimables colaboradores criollos, tanto de derecha como de una izquierda tan políticamente confundida, que parece requerir la linterna de Diógenes para darse cuenta que definitivamente el imperialismo no es honesto.

Igualmente, a esta campaña se han sumado, consciente o inconscientemente, escritores independientes, que al decir de Stefan Sweig cuando habla sobre Fouche, parece que al escribir el nombre de Juan Bosch, la pluma les rezuma hiel.

Así, pues, no es un gran descubrimiento el que hace el autor de marras cuando quiere hacer significar que el profesor Juan Bosch ha sido “descalificado” por la opinión pública. Eso es de viejo sabido, pues no es de ahora que el imperialismo procede a orquestar una feroz propaganda contra las posiciones que representa.

El objetivo fundamental del imperialismo en nuestro país consiste, en lo inmediato, en echar las bases para la consolidación de las instituciones que sirvan de fundamento al sistema, y por ende, de sus propios intereses, y la destrucción de toda perspectiva histórica que signifique la transformación estructural del sistema y la quiebra de los intereses imperialistas.

En vista de que Juan Bosch es cabeza visible de esta última concepción, el imperialismo no ha titubeado en conformar una opinión pública que propenda a desfigurar su personalidad política.

En uno de los prólogos de El Capital, Marx recordaba que Perseo, el héroe griego, se envolvía en un manto de niebla para perseguir a los monstruos. ¿Nos taparemos nosotros también los oídos y los ojos, con nuestro manto de niebla, para no ver ni oír las monstruosidades del imperialismo?