La Tragedia de Grenada: 30 años después

Me encontraba en Grenada con el propósito de presidir una reunión de consulta regional con los representantes de CARIFORUM, a los fines de determinar las futuras relaciones entre la Unión Europea y los países de África, Caribe y Pacífico con posterioridad al 2020, año en que expira el llamado Acuerdo de Cotonou.

Mi estancia en la pequeña isla del Caribe coincidió con la conmemoración del trigésimo aniversario del desmoronamiento de la Revolución liderada por el New Jewel Movement, el asesinato del primer ministro Maurice Bishop y varios de los miembros de su equipo de gobierno, así como la intervención militar norteamericana ordenada por el presidente Ronald Reagan.

Como se sabe, Grenada había conquistado su independencia del Reino Unido en el 1974, pasando a formar parte de la Comunidad Británica de Naciones. Como Primer Ministro quedó instalado Eric Gairy, quien desde la década de los cincuenta se había destacado como líder sindical, dirigente político popular y alto funcionario del gobierno colonial.

Las elecciones realizadas en el 1976, en las que Gairy trató de legitimar sus funciones de jefe de gobierno, fueron consideradas fraudulentas por la oposición y observadores internacionales. Para gobernar, entonces, recurrió al uso de la fuerza y al empleo de grupos paramilitares.

En el enfrentamiento contra el gobierno autoritario, demagógico e ineficiente de Gairy, se destaca el New Jewel Movement, formado en el 1973, como resultado de una coalición integrada por varios grupos populares, influidos por el movimiento Black Power, en los Estados Unidos; las luchas anti-coloniales de Angola, Mozambique y Guinea-Bissau; las propias luchas de varios pueblos del Caribe, así como por la Revolución cubana.

Como líder de la nueva organización política emerge la figura de Maurice Bishop, un joven abogado que a los 22 años se había graduado de la Universidad de Londres con notas sobresalientes, y quien desde muy temprana edad, respaldado por su padre, había mostrado sensibilidad ante las necesidades y aspiraciones de los sectores más vulnerables de la sociedad.

En 1979, junto a otros jóvenes dirigentes, logra derrocar el gobierno de Erick Gairy, dando origen a un proyecto revolucionario que se extendería durante cuatro años, entre 1979 y 1983.

El triunfo de la Revolución en Grenada suscitó gran entusiasmo en el movimiento revolucionario de la época. Ese mismo año, en Nicaragua, había surgido victoriosa también la Revolución sandinista contra la dictadura de Anastasio Somoza hijo; y en El Salvador, el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional se encontraba librando batallas decisivas contra el viejo orden oligárquico.

Conflicto entre líderes

No obstante la simpatía y el apoyo provocado por la Revolución de Gre nada en el plano internacional, así como por sus indiscutibles logros en el ámbito nacional, al cabo de cierto tiempo empezó a gestarse un malestar entre los principales líderes del movimiento revolucionario: Maurice Bishop y el vice primer ministro, Bernard Coard.

Maurice Bishop y Bernard Coard se conocían desde niños. Habían estudiado en la misma escuela. Frecuentaban los mismos lugares. Tenían los mismos amigos. Albergan las mismas ideas. Eran ambos inteligentes, preparados y laboriosos.

En el período en que Bishop se encontraba en Inglaterra realizando sus estudios de Derecho, Bernard Coard hacía los suyos en sociología y economía en la Universidad de Brandeis, en los Estados Unidos, y luego en la de Essex, a poca distancia de Londres.

Estas dos figuras cautivantes tienen, sin embargo, personalidades y estilos distintos. Maurice Bishop es la figura carismática, gran orador, con fino sentido del humor, que conecta emocionalmente con el pueblo. Bernard Coard, por su parte, es el ideólogo y organizador por excelencia. Es el hombre eficiente que desde el Ministerio de Finanzas, Comercio e Industria, dirige la economía del país.

Durante una primera etapa de la Revolución estos dos hombres trabajaron juntos. Se consultaban continuamente. Se cuenta que Maurice Bishop remitía con frecuencia a muchos de los compañeros del movimiento y funcionarios del gobierno a Coard para que obtuvieran su parecer, con antelación, antes de tomar cualquier decisión.

Sin embargo, con el tiempo, las relaciones entre estas dos destacadas figuras de la Revolución de Grenada empezaron a deteriorarse. Hay quienes afirman, como es el caso de Cletus St. Paul, jefe de seguridad y persona muy cercana del primer ministro grenadino, con quien tuve la oportunidad de conversar ampliamente durante mi viaje por la isla de las especies, que las diferencias entre ambos no sólo eran ideológicas y de formas de dirección, sino que, además, había recelo de Coard hacia Bishop.

Sea como fuere, lo cierto es que mientras Maurice Bishop entendía que dado el bajo nivel de desarrollo económico y social en su pequeña nación, así como la falta de una fuerza capaz de dirigir una revolución proletaria, no había condiciones para hacer de la Revolución en Grenada una revolución socialista, Bernard Coard, por el contrario, creía que con esa forma de pensar se estaba frenando el avance del movimiento revolucionario.

Coard empezó a maniobrar dentro del Comité Central y el Buró Político del New Jewel Movement, al igual que dentro del Ejército Revolucionario, tratando de ganar mayoría para su causa, sobre la base de que el liderazgo de Bishop, en lugar de garantizar un avance del proyecto revolucionario, constituía una retranca.

Al final lo logró. Bernard Coard, que era un hombre obstinado y diligente, conquistó el apoyo de la mayoría dentro de los distintos estamentos de dirección del movimiento revolucionario y del gobierno, provocando la realización de una reunión en septiembre de 1983, en la que se determinó que Maurice Bishop no continuaría siendo el líder del movimiento, sino que de ahí en adelante tendría que ser un liderazgo compartido.

Por disciplina partidaria, Bishop aceptó la decisión. Sin embargo, siendo la figura con mayor nivel de respaldo en el pueblo, consideró que lo ocurrido había sido una humillación que procuraba debilitarlo políticamente hasta dejarlo sin relevancia alguna. Por eso, en lugar de proceder a su aplicación, procuró ganar tiempo para revertir la situación.

Un final desgarrador

Una crisis de confianza reinaba en el ambiente. Había fuertes tensiones en la organización. Circulaban rumores en la población sobre posibles actos de violencia; y las relaciones entre los dos viejos amigos y compañeros de lucha revolucionaria terminaron por desvanecerse.

Así ocurrió que al retorno de un viaje de Maurice Bishop por Hungría, Checoslovaquia y Cuba, los dos bandos en pugna se preparan para una ofensiva política final. El de Bernard Coard asesta primero, y el 12 de octubre de 1983, ocurre lo inaudito: se somete a Bishop a arresto domiciliario.

En esa condición permanece durante una semana. Se hacen intentos de arreglo entre los dos sectores en pugna que terminan en el fracaso. Algunos de los partidarios del primer ministro tratan de movilizar al pueblo en su defensa, y el día 19 una nutrida multitud acude a su casa y lo libera de la vigilancia policial.

Bishop y la multitud se dirigen a la plaza del mercado, donde presuntamente pronunciaría un discurso. Pero sin que hasta ahora nadie haya podido explicar las circunstancias, la muchedumbre se desvía y decide dirigirse hasta el Fuerte Rupert y tomar su control.

Se logra el objetivo, pero poco tiempo después llegan vehículos blindados, a las órdenes de la facción de Bernard Coard. Disparan contra la multitud, matan y hieren a algunos. Capturan a Bishop y a varios miembros de su gabinete. Todos son trasladados a un patio del fuerte militar, donde son colocados frente a un pelotón de fusilamiento y ejecutados en forma sumaria.

El dramático final de esa pugna de liderazgo dentro del New Jewel Movement motivó la intervención militar de los Estados Unidos, y con ello el fin de la Revolución de Grenada.

Han transcurrido treinta años de aquellos desgarradores acontecimientos. Durante ese tiempo, Bernard Coard y sus colaboradores, que en principio fueron condenados a pena muerte, lograron que ésta se les conmutara y cumplieron una condena de 25 de años de prisión.

Hoy están en libertad.

Pero durante ese tiempo, el cadáver de Maurice Bishop, y de quienes cayeron abatidos junto a él, no han sido encontrados. Su casa, desde donde, por un instante, fue liberado por una muchedumbre airada, hoy yace entre la maleza, el descuido y la ruina; y en el patio del fuerte en el que se les arrancó la vida, lo único que perdura es el impacto de las balas, una placa oxidada y unas flores marchitas.

Al final, una revolución truncada y el olvido.