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¡Cuéntalo bien Reinaldo!

Hechos mal contados pueden crear percepciones equivocadas. La historia dominicana, por ejemplo, está mal contada y con muchos artificios para consolidar a los que se han impuesto contra patriotas. Se falsean figuras para lograr sus propósitos.

Deshacer esos desvíos, haría posible sacar algunos y entrar otros al Panteón Nacional. Por lo mismo, pasar a cambiar muchos nombres en calles y avenidas. Esa es una tarea pendiente, pero para lograrlo se debe completar la obra inconclusa de Duarte.

A sólo cuatro meses de proclamada la Independencia Nacional, Pedro Santana produjo un golpe militar contra la Junta Central Gubernativa, la cual se componía por una mayoría de los trinitarios, o como les llamaban, los “muchachos de la Puerta del Conde”.

Desde entonces ha quedado pendiente consolidar el Estado y sus instituciones y hacer valer su carácter soberano como país independiente. Esa es la obra inconclusa de Duarte, a la que el PLD se comprometió a completar.

El desenfoque de ese objetivo fundacional del PLD, de completar la obra de Duarte, lo está llevando a debilitar al Estado, en vez de fortalecerlo. Pretender que desde el Poder del Estado “todo se puede” y que “no hay límites”, es lo mismo que desdecir del compromiso partidario. Más bien, provoca un retroceso de lo que hasta ahora se ha logrado. Ese compromiso fundacional se acordó en mi hogar.

Se dicen cosas, pretendiendo hacernos retroceder. He suscrito ese compromiso histórico y estoy entre los que siguen esa causa y no a un hombre o intereses personales.

Todo esto viene a cuentas porque el compañero Reinaldo afirmó en un programa de radio, y lo dicen otros, que Danilo fue quien me hizo miembro del Comité Político, insinuando que debía agradecérselo.

Danilo gestionó conmigo el apoyo a Reinaldo para la Secretaría General por tener los votos para él ganarle a Alejandrina. En cambio, Danilo se comprometió a apoyarme, con los votos que me faltaban y que él tenía, para ser elegido al Comité Político.

Esta precisión parece intrascendente, pero asociarla a otros esfuerzos para desfigurar la entereza del comportamiento político que hemos tenido, es creer que sacándonos del ruedo, resuelven.

Se debe saber que una causa no se mata, ni sacando del liderazgo a figuras como Duarte o Juan Bosch, con golpes de Estado. Ni tampoco pretendiendo lastimar la moral de una figura como Leonel Fernández, quien hoy encarna aquella causa.

A Reinaldo y a otros compañeros, situados en el mismo litoral, es oportuno decirles que enderezar y retomar los objetivos del PLD es una tarea de todos y que de nada sirve la pobreza en el debate.

Si en el PLD no se eleva el debate, guardando formalidades, se le puede aplicar una expresión popular que dice: “si se desacredita el mono, luego no podrá venderse”.

Se escucha en los mentideros políticos que se hará una nueva campaña como la que se hizo con Quirino, para frenar el crecimiento continuo del posicionamiento de Leonel. Aquella vez sorprendieron, esta vez no será igual.

Evidentemente fracasa pretender imponer las primarias simultáneas. Ahora se anima a lanzarse precandidatos presidenciales. Pero, al ser varios del mismo sector, la simpatía se dispersará y ninguno marcará.

Entre tanto, Reinaldo, si queremos retener el poder, los hechos deben ser bien contados y el debate interno debe ser ejemplar.

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El Pueblo Dominicano II

El mes de mayo en la historia contemporánea dominicana, tiene una importancia extraordinaria. En este mes, el día 5 de mayo de 1965, se juramentó, en la puerta de El Conde, como Presidente de la República en Armas, Francisco Caamaño Deñó, impuesto por Juan Bosch, para que dirigiera al pueblo dominicano, frente a la abusiva e injusta intervención de las tropas del gobierno de Estados Unidos de América en nuestro país.

El 19 del mismo mes y año murieron en el asalto al Palacio Nacional, Rafael Fernández Domínguez, Juan Miguel Román, Euclides Morillo, Ilio Capocci, otros combatientes constitucionalistas, y el 30 de mayo de 1961 cayó ajusticiado en la prolongación del Malecón de Santo Domingo, Rafael Trujillo Molina. Pero son las circunstancias las que determinan, obligado por la numerosa petición de los lectores de esta columna, continuar con el tema que habíamos tratado.

Hablábamos del libro de Juan Bosch, Composición Social Dominicana, que cuando fuimos distinguidos y honrados de presentar su 6ta. edición en 1976, señalábamos que “lo que hizo el profesor Juan Bosch, al escribir Composición Social Dominicana, no fue repetir como un papagayo lo que habían dicho Marx y Engels y los demás maestros del materialismo histórico, sino usar el método de pensar de esos maestros y aplicarlo a la historia dominicana”.

Al hacer eso descubrió que las luchas de clases que se han llevado a cabo en nuestro país principalmente, y sobre todo, a partir del nacimiento de la República hasta poco después de la llegada al poder de Trujillo, ha sido entre diferentes sectores de la pequeña burguesía y no entre burgueses y proletarios.

Ese descubrimiento pasó a explicar muchos aspectos de nuestra historia que nos llenaban de confusión a los que la estudiamos, pero para llegar a ese descubrimiento, que es trascendental en la historiografía dominicana, el profesor Bosch tuvo que profundizar seriamente en el campo socio histórico, para darse cuenta de que en nuestro país, como en cualquiera que tenga las características sociales nuestras, no hay un pequeña simple burguesía; hay un complejo pequeño burgués compuesto por una alta, una mediana y baja pequeña burguesía, y dentro de la capa de la pequeña burguesía hay además una pequeña baja burguesía pobre y otra muy pobre y es de estas dos últimas capas de donde sale nuestro lumpen proletario, a quienes los dominicanos comúnmente llamamos “tigueraje”.

Realmente la composición social del pueblo dominicano, aunque como decíamos, tenemos identidad en el idioma, en los hábitos de vida, las costumbres y la religión, con la totalidad de los pueblos hispanoamericanos, ratificamos que aquí, en el escenario geográfico de lo que es hoy la República Dominicana, no existió la esclavitud; ni un Estado de sumisión y explotación como los que existieron en otro pueblos hispanoamericanos como son los casos de Cuba, Puerto Rico, México, Centroamérica, Venezuela, Colombia, Brasil y la totalidad de las naciones andinas y esa realidad histórica, incuestionable, fundamentada en conceptos científicos de la verdad, es la que ha convertido a nuestro pueblo, que desde su génesis ha combatido contra españoles, ingleses, franceses, haitianos, españoles de nuevo a partir de agosto de 1863 y con las tropas de infantería de Estados Unidos de América, llamado el país más poderoso del mundo, cuyos representantes diplomáticos a partir de junio de 1965, se vieron obligados a sentarse en una mesa de negociaciones, en las reuniones que se celebraron en el 3er piso del edificio Copello, ubicado en la calle El Conde esquina Sánchez de la legendaria ciudad de Santo Domingo. Continuaremos…

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Buscando el crecimiento

Aunque el contexto económico mundial en cuanto a crecimiento del PIB parece ser favorable para este año, la realidad para América Latina y El Caribe presenta unas perspectivas hasta cierto punto decepcionantes, debido a una diversidad de factores, algunos son estructurales y otros son temporales.

Los informes más recientes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL), advierten que “incluso en este momento favorable para los fundamentales globales, es probable que la región tenga tasas de crecimiento sólo moderadas en los próximos años”.

La advertencia viene acompañada de un llamado a atender el importante problema de las políticas fiscales de los países que conforman la región. Según el BID, “las distorsiones de las políticas tributarias y del gasto perjudican el crecimiento económico al reducir aún más la cantidad y la calidad de la inversión”. Precisamente en esta semana, la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios hacía un llamado a retomar las discusiones en torno a la reforma fiscal, por considerarlo un tema urgente en la agenda nacional.

Sin embargo, retomar esa discusión, que evidentemente es importante, requiere que pasemos de las reformas fiscales que solo buscan aumentar los ingresos a las arcas públicas, a reformas fiscales que hagan énfasis en la estimulación al crecimiento. Para ello, hay que evaluar con sinceridad la matriz tributaria del país, una tarea que corresponde al Estado y al empresariado, principalmente.

El tema de las políticas fiscales también se está discutiendo de nuevo en Europa, a propósito del declive del Estado de Bienestar, luego de la crisis económico y financiera global. Miguel Ángel García Vega ha escrito un interesante artículo, titulado “Los impuestos que el mundo necesita”, donde hace mucho énfasis que “el relato sobre los impuestos es una discusión entre la justicia y la inequidad”. Es una frase que aplica a todas las latitudes por igual.

García Vega afirma que “el sistema tributario actual resulta incapaz de captar los recursos públicos que necesita el mundo” y que, de alguna manera, las causas de este fracaso quizá se hallan en aquellas palabras del economista John Kenneth Galbraith cuando advirtió sobre “la opulencia privada y la miseria pública”.

Una cuestión importante al momento de discutir el tema fiscal es lo relativo a los salarios. Las contribuciones de la seguridad social y los impuestos pagados sobre el salario corresponden a un “22% del total del costo laboral para los empleadores” en América Latina y El Caribe. Según el BID, cuanto más altos son estos impuestos, más probabilidades hay de que los empleadores verán ventajas en contratar a trabajadores informalmente y evitar esos pagos. Es uno de los factores que más inciden sobre la informalidad en el mercado de trabajo.

De una vez y por todas, los países de la región debemos abordar los déficits fiscales, las distorsiones de los regímenes tributarios y el ineficiente gasto tributario que no ha tenido éxito en la productividad. Solo así podremos fortalecer nuestro crecimiento económico y mantenerlo de manera sostenible en el tiempo.

“Si bien no hay una solución única para todos los países, algunos desafíos comunes son la eliminación de las distorsiones creadas por políticas tributarias mal diseñadas y la corrección del sesgo contra los gastos de capital que ha sido incorporado en los patrones de gasto público”, según indica el informe más reciente del BID. Para algunos países será más fácil que para otros, en el caso del nuestro, mucho se ha hablado sobre el tema, pero es impostergable pasar a la acción.

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Opciones del líder y dirigente

Politólogos han sustentado que las opciones de un líder son dos; hacer lo que la generalidad quiere o tener firmeza de mantener los objetivos estratégicos. Hace lo primero, los dirigidos dirigen. Si hace lo segundo, puede correr el riesgo de no ser comprendido y provocar que disminuyan sus seguidores.

Para un buen líder, procede hacer lo que quiere la generalidad si se acerca al camino de su estrategia. Se fortalece en lo inmediato. Si la posición es incomprendida, debe explicarla con prudencia, manteniendo la firmeza necesaria.

Se confunde poner el oído en el corazón del pueblo, con hacer lo que el pueblo quiere. Oírlo, permite definir métodos y medir consecuencias, para no apartarse de los objetivos estratégicos. De igual manera, es arriesgado dejar que la emotividad lo dirija.

Las diferencias de cómo proceder en este momento político, se manifiestan en definir el momento y el qué hacer, relacionándolo con la estrategia. Las posiciones no implican, necesariamente, diferencias ideológicas, sino de enfoques tácticos y metodológicos. Aunque implican, a la larga, posiciones ideológicas. Se puede pregonar una posición progresista, como se le atribuye a algunos de conducir por la izquierda, pero aparcándose a la derecha. Ahí la táctica se engulle a la estrategia.

Mantener los objetivos estratégicos de consolidar el Estado y sustentar los derechos fundamentales, incluídos los de última generación, es defender la razón fundacional del PLD. Apartarse de ellos, es terminar aparcándose equivocadamente.

La Constitución proclamada en el 2010, trae esos dos grandes objetivos; defenderla es sustentar la razón que justifica la existencia del PLD.

Éste ha sido el eje del comportamiento del Dr. Leonel Fernández, a propósito de su oposición a que por ley se le ordene las primarias simultáneas, abiertas o cerradas. Él ha explicado sus argumentos, el más sobresaliente es que los partidos se sujetan al derecho privado, por lo que se privilegian con el derecho fundamental de libre asociación y, por tanto, de decidir la escogencia de sus propuestas de candidaturas.

Las presiones de toda naturaleza, para hacerlo cambiar, no prosperaron. No ha cedido, para evitar que la estrategia sea engullida. Ha habido quien, hasta de su entorno, pretendían que adelantara su candidatura presidencial. No lo hizo, entre otras cosas, para no confundír su objetivo de respeto constitucional con un interés.

La firmeza de un liderazgo, a veces perturba hasta a sus seguidores. Es que ceder constituye renunciar al papel de ser la expresión de una causa. Corroborar con la alteración de esa Constitución es apartarse de los objetivos estratégicos contenidos en ella.

Se cálculo erradamente, cuando se creyó que si presionaban con mucha fuerza, él cedería. Decían, él “cede porque evita los conflictos”. La firmeza en su posición lo llevó a expresar lo inesperado “si las imponen, es forzado” y tiene consecuencias.

Es que el Dr. Leonel Fernández se ha templado como líder y en vez de reducirlo se ha consolidado, no podrá evitarse su triunfo en los comicios 2020.

A algunos sorprendió que aceptara de inmediato la propuesta del Presidente Medina, de diálogo y consenso. La política No es emotividad, es ideas razonadas e inteligentes y emocional. Mucho menos es doblar un pulso.

Es frecuente creerse que el liderazgo es hacer lo que todos quieren. El líder es una causa, para dirigir no puede apartarse de la estrategia compartida.

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La data: Un recurso valioso

Ha surgido un nuevo producto que concita la atención de los mercados bursátiles en todo el mundo. Un nuevo “commodity” que ha sustituido al petróleo como el recurso más valioso, según una reciente publicación de The Economist. Las 5 empresas más rentables del mundo provienen del mundo de la tecnología: Alphabet (empresa matriz de Google), Amazon, Apple, Facebook y Microsoft, todas dedicadas a obtener data de sus clientes y aprovecharlas para que guíen sus estrategias de negocio.

En esta semana, que atestigua la conmemoración del Día Mundial de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información, es importante reflexionar sobre el valor de la data, en un mundo donde la economía digital ya alcanza un valor nominal de 11.5 billones de dólares, equivalente al 15.5% del PIB mundial.

Según cálculos del Banco Interamericano de Desarrollo, en las últimas tres décadas, “cada dólar invertido en tecnologías digitales ha añadido en promedio 20 dólares al PIB, 6.7 veces mayor que las inversiones no digitales, las cuales agregaron 3 dólares por cada dólar invertido”. La mayor parte de esa inversión se sustenta en la importancia de la data para el futuro de los mercados y sus prospectivas en la generación de capitales.

En el futuro previsible, no hay duda alguna de que los datos experimentarán un aumento exponencial, lo que ha llevado a que el “big data” o datos masivos, deje de ser considerado como una tecnología emergente y se convierta, de pleno, en pilar de la transformación digital de las sociedades y en una fuente vital para que la administración pública pueda guiar sus acciones hacia mejores resultados.

En el marco del proyecto República Digital, política pública que impulsa la inclusión del país en la economía digital, resulta importante generar un espacio de amplia discusión sobre el uso de la data en la generación de ingresos y la mejora de los servicios públicos en el país.

Es un tema sobre el cual hemos insistido en otras ocasiones, incluso ante otros Gobiernos y organismos internacionales. En el Foro de Desarrollo Sostenible de la CEPAL realizado el año pasado, sostuvimos que “los Gobiernos tienen que apoyarse en la ciencia para la concepción y ejecución de las políticas públicas, así como crear una cultura de la gestión pública a partir del Big Data”.

Para esto, claro está, se requiere de capacitaciones, propuestas de regulación, acuerdos de confidencialidad, sistemas con normativas de calidad y protección, que permitan al ciudadano confiar en el uso correcto de la información que pone a disposición de la administración.

También sobre este tema hablamos ante la Secretaría de Integración Centroamericana (SICA), resaltando la importancia de que los Gobiernos trabajen con procesos meticulosos de construcción de bases de datos que ayuden a identificar las privaciones agudas que enfrentan las personas.

Evidentemente, para captar todo el potencial del “big data” en América Latina y el Caribe, hay que invertir tiempo y esfuerzo en varios temas, que van desde los marcos normativos hasta la propiedad industrial, pero es una tarea que es preciso acometer ahora, antes de que la locomotora de la economía digital, nos pase por el frente, sin tener las capacidades de aprovecharnos de ella.

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El pueblo dominicano

Desde el inicio del año 2018, numerosos amigos, del autor de esta columna, no podemos decir cuántos se comunican con nosotros a diario, por ese instrumento de tortura y loquera que es el teléfono, particularmente los llamados celulares. Hablan profundamente preocupados por el desorden extraordinario, que es calificativo correcto, que se produce todos los días en los medios de comunicación radiales y televisivos, de una cantidad realmente tan grande mujeres y hombres, hablando de todos los temas, particularmente el político; y como consecuencia del mismo incursionando en el terreno de la historia con ignorancia total que nos preocupa.

Esa conducta de mujeres y hombres en nuestro país, tiene que ser enfrentada por los sectores del gobierno del PLD que preside el compañero Danilo Medina; por el Ministerio de Educación y por nuestro Partido, que es el responsable de dirigir el destino de los dominicanos.

Juan Bosch, el Gran Maestro Político, dominicano y de América, percibió desde que regresó al país en 1961, después del ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina, lo compleja que era la composición social dominicana.

Muchos años después, en 1970, fue que escribió ese ensayo extraordinario que se llama Composición Social Dominicana, que no sabemos cuántas ediciones tiene, pero debemos recordar que fue el autor de esta columna quien recibió el honor y distinción de presentar la 6ta. edición de ese ensayo en 1976, en un concurrido acto al que fueron invitados los profesores de historia de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, así como numerosos intelectuales y periodistas. No tenemos la cantidad, pero este libro debe andar muy por encima de 60 ediciones. Solamente ese gran maestro inigualable, que fue Juan Bosch, pudo escribir una obra de esa naturaleza.

Ella es la que nos explica, con esa prosa única de su autor, cual es la composición social de nuestro pueblo: hablamos el mismo idioma de todos los pueblos hispanoamericanos; tenemos las mismas costumbres y los mismos hábitos de vida, que los pueblos de origen español de nuestro continente; pero en la realidad histórica hay una diferencia profunda con ellos, que tiene su origen en que Santo Domingo español, en términos absolutos, no existió la esclavitud.

Los conquistadores españoles en los inicios del siglo XVI, cuando llegó Diego Colón a La Española como gobernador y Virrey, presentó sus credenciales como dueño de las tierras que su padre, Cristóbal Colón, había incorporado a la Monarquía española.

Años después, hacia 1520 extinguida la población aborigen que existía, que no ascendió a más de doscientos cincuenta mil habitantes, quedaron tal vez, cinco mil familias españolas y más de sesenta y cinco mil negros, que fueron traídos como esclavos, que eran mujeres y hombres que procrearon las mujeres, hijos con los blancos españoles y terminaron las mujeres blancas españolas amancebándose con los negros esclavos domésticos, de donde salió el llamado color dominicano.

Aquí, en el idioma que habla nuestro pueblo, no se conoce la palabra “Amo, ni Ama, ni Señorito ni Nana, ni Aya” las cuatro palabras de autoridad y distinción más usadas son: “Don, Doña, Patrón y Jefe”. Esa realidad es la que identifica, explica y define a los dominicanos. En otra oportunidad volveremos a tratar el tema.

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En el bicentenario de Karl Marx

Está considerado uno de los autores más leídos de todos los tiempos. Salvo los grandes líderes religiosos, es la figura que mayor influencia ha ejercido en la humanidad. Bajo su inspiración se han realizado diversas revoluciones en distintos continentes; y conforme a su pensamiento, se han organizado varios Estados en el mundo.

Su nombre: Karl Marx.

Nació hace 200 años, el 5 de mayo de 1818, en la ciudad de Tréveris, la cual contaba en ese momento con cerca de 12 mil habitantes. Se encontraba en la porción suroeste del reino de Prusia, que conjuntamente con Austria, formaba parte de los 39 Estados de la Confederación Alemana.

Su padre, Enrique Marx, era un prestigioso abogado, de origen judío. Para poder seguir ejerciendo su profesión, en medio de las severas restricciones de la monarquía prusiana, tuvo que convertirse al luteranismo, la principal denominación protestante. Igualmente, fue un hombre de la Ilustración, un liberal clásico, interesado en las ideas de filósofos como Immanuel Kant y Voltaire.

La madre de Karl Marx, Henriette Pressburg, provenía de una próspera familia holandesa, también de origen judío, que entre uno de sus negocios llegó a fundar Philips, la muy conocida compañía electrónica.

Poco se sabe de la niñez de Marx. Era el tercero de nueve hijos, de los cuales cinco murieron de tuberculosis a temprana edad. En principio, fue educado directamente por su padre, hasta que al llegar a los 12 años de edad ingresó al bachillerato.

En 1835, a los 17 años de edad, Karl Marx se matriculó en la Universidad de Bonn para estudiar jurisprudencia y ser abogado, al igual que su padre. No obstante, no se sintió identificado con los estudios de derecho; y al año siguiente, en 1836, se trasladó a la Universidad de Berlín, donde rápidamente se sintió atraído por las ideas de Hegel, el reconocido filósofo alemán.

De la filosofía hegeliana al materialismo dialéctico

La Universidad de Berlín, fundada por Guillermo von Humboldt, era considerada por aquellos años como el mejor centro de educación superior del mundo. Había un espectacular ambiente cultural y artístico y una efervescencia intelectual que provocó la fascinación del joven Marx.

Para esa época se encontraban en boga las ideas filosóficas de Federico Hegel, quien promovió el concepto de racionalidad. A través de la amistad de dos jóvenes profesores de filosofía, Bruno Bauer y Ludwig Feuerbach, Karl Marx ingresó al Círculo de los Jóvenes Hegelianos, que elaboraron una concepción radical de la filosofía hegeliana, que los condujo de la metafísica a la dialéctica.

De acuerdo con sus propias palabras, lo que Marx hizo con la filosofía de Hegel fue colocarla “patas arriba”. Es decir, mientras Hegel creía en una visión en la que la conciencia engendra el ser, Marx, por el contrario, partía de la premisa de que es el ser, lo material, lo que da origen a la conciencia, o lo espiritual.

De esa concepción surgió la base de lo que sería el materialismo dialéctico, en oposición a la dialéctica idealista. Sobre este particular, sin embargo, sus ideas quedaron más claramente establecidas en su onceava tesis sobre Feuerbach, en las que afirmó: “Hasta ahora, los filósofos que nos han precedido no han hecho más que contemplar el mundo. De lo que se trata es de transformarlo.

Al término de sus estudios superiores, el joven filósofo aspiraba a la cátedra académica. Sin embargo, no le fue posible. Sus ideas radicales se encontraban en conflicto con el carácter autoritario del Estado prusiano.

Por eso, al trasladarse a la ciudad de Colonia, en Alemania, junto a su esposa, Jenny de Westfalia, con quien había contraído nupcias recientemente, inició una carrera que le iba a servir a lo largo de los años, para expresar con eficacia sus ideas a un amplio público: el periodismo.

Empezó escribiendo, a partir de 1842, en el periódico La Gaceta Renana. Posteriormente, desde París, en los Anales Franco-Alemanes. Luego, en una publicación de efímera existencia, Adelante; y finalmente, donde realizó su labor más extensa, en el periódico New York Daily Tribune.

De sus trabajos en la prensa fueron publicados los libros, Sobre la Cuestión Judía; El 18 Brumario de Luis Bonaparte; La Guerra Civil en Francia; La Guerra Civil en los Estados Unidos; y La Lucha de Clases en Francia.

Entre sus obras académicas se cuentan, Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel; Ludwig Feuerbach y el Fin de la Filosofía Clásica Alemana; Manuscritos Económicos y Filosóficos; La Sagrada Familia; La Ideología Alemana; Miseria de la Filosofía; El Manifiesto del Partido Comunista; Grundrisse; Contribución a la Crítica de la Economía Política; y su obra fundamental, El Capital, en tres volúmenes.

En 1844 inició una amistad con Federico Engels, que lo conduciría a realizar varias obras en conjunto, a ampliar su visión filosófica hacia los campos de la economía, la sociología, la política, la antropología y la historia, así como a intervenir, en el plano práctico, en la organización del movimiento obrero europeo.

De la revolución proletria al siglo XXI

Aunque Marx vio en el sistema capitalista una continuación de la historia como expresión de la lucha de clases, en este caso entre la burguesía y el proletariado, reconoció, sin embargo, su carácter revolucionario.

Así lo hizo junto a Federico Engels en El Manifiesto Comunista, al escribir estas palabras: “La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario. En el siglo corto que lleva de existencia, como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas. Basta pensar en la aplicación de la química a la industria y la agricultura, en la navegación de vapor, en los ferrocarriles, en el telégrafo eléctrico”.

Frente a eso concluye con la siguiente predicción: “El desarrollo de la gran industria socava bajo los pies de la burguesía las bases sobre la que esta produce y se apropia de lo producido. La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables”.

Es del alto nivel de desarrollo alcanzado por el capitalismo de donde Marx y Engels derivan la idea de su inevitable desaparición. El socialismo, como etapa de transición hacia el comunismo, solo podría llevarse a cabo como resultado de la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el estancamiento de los modos de producción.

El triunfo de la Revolución bolchevique en 1917, colocó el nombre de Karl Marx en el epicentro de las grandes transformaciones mundiales. Luego de la Revolución rusa se suscitaron varias otras oleadas revolucionarias. Se produjeron insurrecciones socialistas en China y otros países asiáticos; en Europa del Este; en África y América Latina.

Con el desmoronamiento de la Unión Soviética y de otros países socialistas, se consideró que no solo el socialismo, como manera de organización social, sino también el marxismo, como escuela de pensamiento, entraron en crisis.

Para una amplia corriente de opinión, sin embargo, no fue el marxismo lo que se vio afectado con el derrumbe del modelo socialista en varios países. Esto así, en razón de que las denominadas revoluciones socialistas no se produjeron en países capitalistas con alto nivel de desarrollo de sus fuerzas productivas, sino todo lo contrario.

Sin declararse propiamente marxista, un destacado analista político y económico norteamericano, Jeremy Rifkin, en su más reciente libro, La Sociedad de Coste Marginal Cero, hace una profecía que parece emanada de la pluma de Marx.

Dice así: “Como paradigma económico, el capitalismo ha tenido mucho éxito. Aunque su trayectoria ha sido relativamente breve en comparación con otros paradigmas económicos de la historia, es de justicia reconocer que su impacto, tanto positivo como negativo, en la aventura humana quizás haya sido más profundo y más amplio que el de ninguna otra era económica.

Lo único es que el declive del capitalismo no se debe a ninguna fuerza hostil. Frente al edificio capitalista no se agolpan hordas dispuestas a echar sus puestas abajo. Todo lo contrario. Lo que está socavando al sistema capitalista es el éxito enorme de los supuestos operativos que lo rigen. En el núcleo del capitalismo, en el mecanismo que lo impulsa, anida una contradicción que lo ha elevado hasta lo más alto y que ahora lo avoca a su fin.”

El capitalismo de la era digital; del internet de las cosas; de la inteligencia artificial; de la realidad virtual aumentada; de las impresiones 3D; de la robótica; del vehículo sin conductor; del fin del trabajo; y de la transhumanización, parecen ser los sepultureros en el siglo XXI de un sistema que, aunque ha sido reconocido por el propio Marx como el más revolucionario de la historia, encuentra, sin embargo, en la concentración de la riqueza y en la desigualdad social, la fuente permanente de su razón de ser.

A 200 años de su natalicio, Karl Marx, desde su tumba, nos envía ese recordatorio.

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El “parche mal pegao” del senado

En la prisa que caracteriza al que pretende imponer, el Senado le agregó un artículo a la Ley de Partidos, que la invalida por contradictoria. Por suerte la Cámara de Diputados está obligada a mejorarla para aprobarla.

La prisa del Senado parecía complacer al Presidente Medina que demanda primarias abierta. No escucharon a más nadie; ni a los partidos, tampoco a las iglesias y menos aún a organizaciones empresariales y de la sociedad civil.

¿El Presidente quiere primarias abierta? Le pusieron un remiendo con un “parche mal pegao” en el artículo 37, diciendo: “Las elecciones primarias abiertas y simultáneas son el instrumento que sustituye o es equivalente a las asambleas de electores y de convenciones para la selección de candidatos y candidatas a ser postulados a cargos de elección popular y constituye un proceso de votación que debe tener lugar en la etapa final de la precampaña”.

Todo se complica al leer que también se aprobó en el artículo 8 de esa Ley, que: “Los Partidos estarán obligados a llevar un registro general actualizado de todos sus afiliados por circunscripción, municipio y provincia…”.

El anterior, Art. 7, ordena que: “Ningún ciudadano podrá estar afiliado a más de un partido. Al afiliarse a otro partido, se renuncia inmediata a la afiliación anterior”. Ordena que el registro de afiliados se deposite ante la JCE”.

Las cosas se van complicando cuando los artículos 27 y 29 ordenan: Art. 27, numeral 2: “Derecho a elección y postulación: Es un derecho esencial de los afiliados de los partidos, movimientos y agrupaciones políticas: el elegir y ser elegidos para cualquier función dirigencial o postulación para ocupar un cargo de elección popular, conforme a los requisitos establecidos en sus estatutos y disposiciones reglamentarias”.

Léase detenidamente, se refiere al derecho del afiliado a “… elegir y ser elegido para cualquier función dirigencial o postulación para ocupar un cargo de elección popular…”.

Pasa a condenar el “transfuguismo” y garantiza el derecho de los afiliados. Art. 29: “Ninguna persona podrá estar afiliada simultáneamente a más de un partido, agrupación o movimiento político. La afiliación a otro partido, agrupación o movimiento político, el apoyo a otra candidatura contraria, hacer pronunciamientos en contra de candidaturas de elección Popular postuladas por su partido, la participación en actividades de partidos contrarios, o la aceptación de candidaturas por otro partido, implicarán la renuncia automática a toda afiliación anterior…”.

Las primarias simultáneas y abiertas están como “un parche mal pegado”. Y se empeora al buscar la fuente para financiarlas. El Senado hizo un “majarete” en el Artículo 54, que igualmente incluyó el Senado, para que no se le señalara otra inconstitucionalidad. Como la Constitución ordena (237) establecer la fuente de toda ley que implique gasto, dispusieron que sería con las partidas de financiamiento a los partidos.

No son los “recursos necesarios para su ejecución”. Los aportes en total de los años 2015 y 2017, fueron 805 millones, suma hacen un mil 610 millones. En el 2016, año electoral, se otorgó un mil 600 millones. Todos, en tres años, totalizan 3 mil 210 millones de pesos. Pero la JCE ha presentado un presupuesto estimado en 5 mil 628 millones de pesos. Hay un faltante de 2 mil 418.

¿Verdad que está aprobación del Senado es “un parche mal pegao”?

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Bien por Danilo

Danilo Medina, presidente de la República del gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, en sus atribuciones como responsable de la dirección de las relaciones internacionales de nuestro país, ha establecido relaciones abiertas con el gobierno de la República Popular China.

Esa decisión, responsable, valiente, necesaria y justa, ha recibido el apoyo y el aplauso de la inmensa mayoría de nuestro pueblo, aun de algunos partidos de oposición, que están convencidos de cuánto beneficiará esa decisión a esta nación, situada en el corazón estratégico de América, que ha esperado más de 50 años después del ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina, para relacionarnos con una de las tres o cuatro naciones con más poder económico que existen en el mundo. ¡Bien por Danilo! El autor de esta columna, tu compañero de 40 años, te felicita, te aplaude y te apoya.

El 16 de abril pasado, se cumplieron 20 años del restablecimiento de nuestras relaciones diplomáticas con Cuba, que realizó Leonel Fernández Reyna, siendo presidente en 1998, dando cumplimiento a una decisión del PLD avalada por el gran maestro político dominicano y de América, el profesor Juan Bosch.

En un acto hermoso, elegante y responsable, celebrado en el Ministerio de Relaciones Exteriores, el autor de esta columna fue distinguido y honrado al ser invitado como amigo de Cuba y de Fidel Castro, para celebrar esa fecha, acompañando al ministro de Relaciones Exteriores, Miguel Vargas Maldonado y al embajador de ese país hermano, Carlos de la Nuez. Estos dos pueblos, distinguidos, el cubano y el de la República Popular China, son expresiones de dignidad y valentía en defensa de su soberanía y solidaridad con otros pueblos del mundo.

Estamos en la obligación de recordar que entre febrero, marzo y abril de 1966 visitamos por tres meses la República Popular China, aceptando la invitación del gobierno de esa nación, después de haber participado en la Primera Conferencia de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina, Tri-continental, celebrada en La Habana, Cuba, en los inicios de ese año. Nuestro viaje a China, partiendo desde Francia, lo realizamos acompañado de aquella inolvidable compañera Aniana Vargas, que junto a otras militantes del 14 de junio viajaron a China a realizar cursos de entrenamiento político y de otra naturaleza.

En China, el autor de esta columna dictó un ciclo de conferencias, sobre la guerra iniciada el 24 abril de 1965 y el enfrentamiento a las tropas de intervención de Estados Unidos de América.

Entre otras ciudades importantes visitamos también Cantón y Shanghái y en esta última recibimos a otras compañeras entre las cuales estaba Sagrario Bujosa, que nos llevó dos cartones de cigarrillos Edén que nos enviaban desde Santo Domingo.

Volveremos a hablar de China más adelante, no importa lo que digan los voceros anónimos del Departamento de Estado de Estados Unidos de América, y mucho menos lo que digan los gusanos de origen cubano, lacayos y servidores incondicionales de los sectores más agresivos de la política del imperio que no ha dejado de hacer todos los esfuerzos para avasallar a los pueblos hispanoamericanos.

¡Adelante Danilo! y el gobierno del PLD que tú presides, que este pueblo pequeño, heroico, valiente, ha hecho conciencia mayoritaria, firme, de que es un “Pueblo legendario, veterano de la historia y David del Caribe”. ¡Bien por Danilo!

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Un mes cambió todo

En este mes revoltoso de mayo se cumplen 50 años del inicio de un conjunto de acontecimientos que marcaron a toda una generación. El mayo de 1968 fue el estandarte de un profundo cambio que tocó a Occidente de una manera inimaginable e inigualable.

El 1968 es memorable por un conjunto de hechos que parecerían un juego de ajedrez entre maestros, que surgieron de una “fiebre” inaudita dirigida a cambiar por completo a la humanidad. No fue solo París, aunque fue el hecho más emblemático, fueron también las protestas en contra de la guerra de Vietnam, el asesinato de Martin Luther King, la primavera de Praga, el movimiento huelguístico en Polonia, la revolución cultural de la China maoísta, además de otros movimientos de tinte liberador.

Lo que se logró en el mayo de 1968 no fue un nuevo orden mundial, ni mucho menos la reposición de gobiernos de uno u otro bando del espectro ideológico. Lo que se logró fue un cambio sin precedentes en la forma en que se ejerce la autoridad, moldeando con el cincel revolucionario, la presión que se ejerce sobre los gobiernos y la política.

En aquel año llegaba Rafael Molina Ureña como Embajador dominicano ante el Gobierno francés. Quién fuera brevemente presidente de la República durante los hechos de abril de 1965, llegaba al Palacio del Eliseo a presentar las cartas credenciales al general Charles de Gaulle, en representación del presidente Joaquín Balaguer, a quién las ráfagas del mayo parisino, al igual que en el resto de la región, también le llegarían.

El bienestar económico de los “baby boomers” trajo consigo un deseo generalizado de cambios en un mundo bipolar, donde las expresiones de protesta, la manifestación de la indignación y la apropiación cultural de una revolución. No solo fueron las calles que se llenaron de mensajes de protesta, también la música, la poesía, la literatura, un mundo artístico fecundo y variopinto nació de aquel mes de la rebelión.

“La insolencia es una de las mayores armas revolucionarias”, frase escrita en alguna pared, que resume el desafío abierto a una autoridad que más que injusta, demostró estar desconectada de los cambios generacionales que le sobrevinieron, tras unos hechos que aislados no llamaban la atención, pero que juntos moldearon una transformación social significativa.

El Editorial de El Tiempo, periódico colombiano, dice que el “mayo de las utopías” quiso “dejar claro que las viejas formas autoritarias y deshumanizantes de un modelo de orden social que por largos años permaneció en un lugar sagrado habían caducado”.

La “insumisión permanente” hoy marca a los hijos de mayo del 1968 que hoy pueblan los poderes políticos, los círculos intelectuales y académicos y los espacios mediáticos. Y aunque ese “largo 68” del que escribe Richard Vinen, historiador británico, fue cercenado por las políticas económicas de la década siguiente, no menos cierto es que sus efectos han perdurado estos 50 años.

La importancia de esta fecha no reside en los cambios que pudo generar en el corto plazo, sino en el cuestionamiento a una sociedad envenenada, al concepto mismo del ejercicio del poder y la jerarquía y a las normas sociales que impedían que floreciera una humanidad renovada. Como escribió Tony Judt en sus memorias al relatar su visión del mayo del 1968: “protestamos en contra de lo que no nos gustaba y estábamos en lo correcto al hacerlo. Desde nuestro punto de vista, fuimos una generación revolucionaria”. Una generación que, en un mes, cambió todo.

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La firmeza de un liderazgo

Se confunde la prudencia con debilidad de carácter. Eso ha estado ocurriendo con Leonel, hasta llegar a este momento.

Sorprende su firmeza, a propósito de la aprobación de la Ley de Partidos. Su posición la centra en aspectos constitucionales, demostrando las violaciones específicas en que se incurriría aprobando como obligatorio celebrar primarias abiertas. Hace suya la propuesta original de la JCE de que en virtud al derecho fundamental de libre asociación, cada partido debe escoger a libremente los candidatos.

Señala que los partidos deben acogerse al artículo 216 de la Constitución que “habla de la conformación y el funcionamiento de los partidos políticos sustentado en el respeto a la democracia interna”.

Categóricamente ha dicho: “Si los legisladores imponen las primarias abiertas en la Ley de Partido, será de manera forzada”. Advierte que la “imposición de lineamientos políticos e institucionales es posible vencer, pero no convencer, y quien incurre en ello a la larga pierde, porque siembra la semilla de la ingobernabilidad”.

Sin embargo, dejando una puerta abierta al diálogo, expresa “en República Dominicana, a veces, partimos del absurdo, pero a veces partiendo de lo absurdo llegamos a la razón, por lo que espera se logre un proyecto de ley consensuado”.

En su momento invocó en el Comité Político, que la Constitución está por encima de todos los poderes del Estado, con mucha más razón por encima del CP y el PLD. Fue enfático en afirmar que nadie podía obligar a un peledeísta a desobedecer el mandato constitucional.

Estamos, pues, en presencia de un firme liderazgo que descansa en una causa. Cuando eso sucede no hay derrotas. Las ideas no se vencen imponiendo una posición contraria a ellas. Hacerlo crea ingobernabilidad y esa causa termina siendo apoyada por todo un pueblo.

Se ha pretendido presentar este conflicto como una lucha de candidaturas; nada más absurdo. Lo que realmente está planteado es una confrontación entre un liderazgo que encarna una causa y otro que no tiene límites desde el poder.

En su momento advertí en el Comité Político que esa Ley es orgánica y que se requiere las dos terceras partes de los legisladores para aprobarla. En consecuencia, el PRM tiene los votos para no alcanzar esa mayoría calificada en la Cámara de Diputados.

En el Senado fue fácil aprobar con esa mayoría calificada, pero en la Cámara de Diputados se ve claro que esa votación no se logrará, excepto impuesta. Fue lo advertido, se derrotará a Leonel (y agrego ahora a amplios sectores de opinión) pero en la Cámara de Diputados será derrotado Danilo. Aunque pretender la derrota de uno y de otro, es la derrota del PLD.

Suponer que el Poder se maneja sin límites, es ignorar que en el sistema democrático se eligen representantes a cargos, por un mandato del pueblo y éste lo puede retirar en su oportunidad.

El rumbo tomado hace daño al PLD y al país, aunque la firmeza del liderazgo de Leonel establece la diferencia. De lo contrario el liderazgo caería hacia el PRM, por su esfuerzo en que si lo derrotan, no es una derrota, es una imposición, beneficiando a Abinader.

Por tanto, lo que deja bien parado al PLD, es la firmeza de liderazgo de Leonel, sustentado en una causa, no sólo del Partido, sino nacional.

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28 de abril de 1965

El sábado 24 de abril de 1965, a las 1:35 p.m., el doctor José Francisco Peña Gómez, que no era el secretario general del PRD, como afirman muchos ignorantes y mentirosos, anunció en el inicio del programa Tribuna Democrática, que se difundía a través de Radio Comercial, ubicada en la segunda planta de una casa situada en la Padre Billini esquina Sánchez, que el capitán Mario Peña Taveras, del Ejército Nacional, por instrucciones del coronel Hernando Ramírez, le había comunicado que el Jefe del Estado Mayor del Ejército, general Rivera Cuesta, y otros oficiales superiores de esa institución, habían sido arrestados porque se había iniciado el restablecimiento del gobierno del profesor Juan Bosch. El doctor Peña Gómez no dijo más nada y salieron, de manera inmediata, por las frecuencias de la emisora, las notas del Himno Nacional de Francia: La Marsellesa. No es verdad que el doctor Peña Gómez llamara al pueblo a tirarse a las calles.

Junto a Peña Gómez se encontraban en el estudio de Radio Comercial Enmanuel Espinal, “Manny”, y el poeta Mota Contín, director el primero y redactor el segundo del programa. El secretario general del PRD era el rico empresario de la venta de automóviles y camiones don Antonio Martínez Francisco y la fecha que encabeza esta columna para muchos es una fecha luctuosa, pero para el autor de esta columna, el 24 de abril de 1965 es el inicio del episodio político militar más importante en la historia del pueblo dominicano en el siglo XX; y la del 28 de abril, cuando se inició la grosera intervención del ejército estadounidense, por órdenes del presidente de Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, es una fecha inmortal porque se dio la oportunidad a los dominicanos de demostrar su excepcional valentía y dignidad en defensa de la soberanía nacional.

Ese Movimiento militar llamado Constitucionalista, fue fundado por doce oficiales de las Fuerzas Armadas dominicanas, cuyos nombres se señalan a continuación, con la autorización expresa de Juan Bosch, presidente constitucional de la República en abril de 1963: Teniente coronel Rafael Fernández Domínguez E.N.; muerto en combate.; mayor A. Roberto Cabrera F.A.D.; capitán Héctor Lachapelle Díaz E.N.; capitán Fernando Cabral Ortega, E.N, fallecido.; capitán Rafael A. Quiroz, E.N. fallecido.; primer teniente Berto Genao Frías, E.N.; primer teniente Lorenzo Sención Silverio, E.N.; primer teniente José Jiménez Germán, E.N.; primer teniente Gerardo Brito Brito, E.N., fallecido.; primer teniente Freddy Piantini Colón, E.N.; primer teniente Marino Almánzar, E.N.; y el primer teniente Arturo Ernesto González, E.N, fallecido. Doce en total a quienes luego del 24 de abril se les sumo una larga lista de oficiales de las Fuerzas Especiales, la Marina de Guerra, la Fuerza Aérea Dominicana y la Policía Nacional.

Muertos y vivos, fallecidos o no en combate, esos militares son héroes y próceres de la república, que con su experiencia asumieron la responsabilidad admirable, importante y eterna, de dirigir a los miles de dominicanos que se pusieron a sus órdenes para combatir las fuerzas de Infantería de Estados Unidos, convertidas después junto a fuerzas militares de otros países de América hispana, Brasil, Paraguay, Nicaragua y Honduras, que asumieron el nombre trágico y risible de Fuerza Interamericana de Paz, apadrinada por la mal llamada Organización de Estados Americanos (OEA), organización basura internacional que quiso legalizar con su nombre la agresión a nuestro pueblo: “El pueblo dominicano fue a partir de aquel momento, ha sido y sigue siendo el gran héroe de ese episodio”.

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