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El PLD: Cuarenta años después

Hace cuarenta años, en 1973, que un día como ayer, 15 de diciembre, el profesor Juan Bosch y un grupo de jóvenes dirigentes, fundaron el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Desde el momento mismo de su creación, quedó establecido que la finalidad de la nueva organización política era la de continuar la obra de Juan Pablo Duarte, con lo cual, al tiempo de fijar su relación de continuidad con la raíces de nuestra historia, se comprometía en una lucha permanente por la soberanía, la independencia y autodeterminación del pueblo dominicano, así como por su libertad, democracia, justicia social y dignidad como nación.

Pero, si bien, de manera formal, la historia del PLD empezó hace cuatro décadas, no es menos cierto que, al estar vinculada de manera indisoluble a la trayectoria política de su líder, guía y fundador, el profesor Juan Bosch, la misma se remonta a una época anterior.

A decir verdad, podría afirmarse que se inició treinta y cuatro años antes, en 1939, en Cuba, con la formación del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), del cual fue, junto a los doctores Enrique Cotubanama Henríquez y Juan Isidro Jiménez Grullón, uno de sus principales gestores.

A través del PRD, Juan Bosch intentaría, junto a numerosos otros luchadores del exilio, conducir la batalla contra la tiranía más cruel y sangrienta de América, en esos años: la de Rafael Leónidas Trujillo.

A través de varias expediciones revolucionarias, de la denuncia política permanente y de la búsqueda de aliados internacionales, aquella lucha se prolongó por más de dos décadas, hasta que con la muerte del tirano y el desplome de la dictadura en mayo de 1961, Bosch, al igual que otros líderes anti-trujillistas, retornó al país, colocándose al frente de lo que sería el primer esfuerzo de transición democrática en tiempos modernos en la República Dominicana.

Democracia, golpe y revolución

Ese esfuerzo de transición de un régimen dictatorial, autoritario, como fue el de Trujillo, a un gobierno democrático, representante de diversos sectores de la vida del país, escogido de manera legítima, respetuoso de las leyes y de las libertades públicas, quedaría coronado con el triunfo electoral cosechado el 20 de diciembre de 1962.

Luego vendría el período de los siete meses de gobierno; y en esa etapa, el profesor Juan Bosch, actuando siempre con el sentido amplio, abierto, democrático y tolerante que le caracterizaba, desplegaba todas sus energía para abonar el terreno donde aspiraba sembrar la semilla del desarrollo, el progreso y la prosperidad de la sociedad dominicana.

Pero en esa época, desafortunadamente, nos encontrábamos en el ojo del huracán de la Guerra Fría. Hacía pocos años, en 1959, había triunfado la Revolución cubana, que luego de la Invasión de Bahía de Cochinos, en 1961, su líder, Fidel Castro, había declarado socialista y aliada de la Unión Soviética.

El temor al comunismo y de que la República Dominicana fuera a convertirse en una segunda Cuba, reinaba en el ambiente. A Juan Bosch se le presionaba para que persiguiera a los líderes de izquierda del país, desmantelara sus actividades y clausurase sus locales.

Nunca lo hizo. Rechazó siempre tales presiones; y para eso se apoyaba en la fuerza de sus convicciones democráticas, en las que no se temía a las formas de pensar, y por el contrario, lo conducían a exigir el respeto a la pluralidad de las ideas y a la diversidad de las creencias, dentro del marco de la ley.

Pero la intolerancia existente para esa época, frente a una auténtica y genuina conducta democrática, sembró la desconfianza en determinados núcleos del poder económico y militar, provocó una erosión gradual del apoyo del gobierno de los Estados Unidos a su gestión y condujo a la formación de una coalición de fuerzas nacionales cuyo único objetivo era su derrocamiento.

Así se produjo el golpe de Estado de 1963, del cual conmemoramos este año, 2013, su 50 aniversario. Fue también, por supuesto, el fin del primer experimento democrático en la República Dominicana después de más de tres décadas de dictadura.

En su lugar se instaló, en forma despótica e ilegítima, el Triunvirato, cuya imagen, ya afectada por su naturaleza espuria, se hizo rápidamente añicos, por el fusilamiento de Manolo Tavárez Justo, el líder del Movimiento 14 de Junio, y la muerte salvaje de varios de sus compañeros, en el alzamiento de Las Manaclas, en San José de las Matas.

En reacción al golpe de Estado y al gobierno del Triunvirato, se fue gestando un movimiento cívico-militar que procuraba la vuelta a la constitucionalidad de 1963, sin elecciones, y al retorno de Juan Bosch al poder.

Ese movimiento fue lo que hizo posible el estallido de la Revolución de abril de 1965, en la cual se llenó de gloria el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, quien no sólo enfrentó, junto a sus compañeros de armas, con gran heroicidad, a las fuerzas contrarrevolucionarias, sino que se convirtió en el símbolo de resistencia a la agresión a nuestra soberanía que constituyó la ocupación militar de los Estados Unidos durante el gobierno del presidente Lyndon B. Johnson.

Esa ocupación militar norteamericana fue, de nuevo, la consecuencia del temor y de la equivocación, típicos en la época de Guerra Fría, de considerar que una Revolución democrática y nacionalista, que lo único que procuraba era la vuelta a un orden constitucional y legítimo, podría convertirse en una Revolución socialista.

Bosch y el pld

Ante una sucesión de experiencias tan traumáticas, en las que un indiscutible luchador por los valores y principios de la democracia y el Estado de Derecho, como había sido Juan Bosch, de repente se encontrase impedido de poder contribuir con su pueblo en la conquista de la libertad y la justicia social, le obligaban a tener que detener la marcha, reflexionar sobre su pasado, otear el horizonte y relanzar su lucha por nuevos senderos.

Fue lo que hizo en los años comprendidos entre 1966 y 1970, en los que desde su retiro en Europa, se dedica, con gran originalidad y creatividad, a interpretar, dentro de una perspectiva histórica, la realidad dominicana, latinoamericana y caribeña, para formular nuevas tesis políticas.

Es, en fin, la época en que conecta con la generación de la que formo parte, al escribir textos fundamentales, ya clásicos, como Composición Social Dominicana; De Cristóbal Colón a Fidel Castro, El Caribe, Frontera Imperial; El Pentagonismo, Sustituto del Imperialismo; y Dictadura con Respaldo Popular, entre otros.

Al elaborar ese conjunto de ideas, Juan Bosch consideró que necesitaba de una nueva organización política que estuviese a tono con sus renovadas formas de pensar.

En principio, consideró que esa fuerza política sería su propio Partido Revolucionario Dominicano (PRD); y para eso, incluso, formó círculos de estudios al más alto nivel dirigencial, tratando de impregnarle de nuevas energías y de posicionarla por nuevos senderos de orientación y participación política.

Pero, en el PRD, según su propio decir, encontró muchas resistencias. Se enfrentó a grandes obstáculos y dificultades. Sintió que boicoteaban sus iniciativas.

Observó, de igual manera, actitudes reprobables, conductas desviadas, oportunismo político, falta de ética, desorientación ideológica y una cierta fatiga para continuar la lucha popular.

En una época de fuerte resistencia frente a una contrarrevolución en el poder, lo único que parecía cautivar el interés de sus dirigentes, era participar en elecciones, que aunque fraudulentas, les generaban la ilusión de obtención de cargos, posiciones y prebendas personales.

Frente a eso, Bosch llegó a la convicción de que el PRD había cumplido con su papel histórico. Que no estaba en condiciones de volver a la Presidencia de la República acompañado de sus dirigentes. Que esa organización, para los fines que fue creada, ya había fenecido. Que él necesitaba una nueva organización política, la cual, apoyándose en el ejemplo de Juan Pablo Duarte y de los padres fundadores de la dominicanidad, fuese capaz de orientar y conducir al pueblo hacia la conquista de sus grandes anhelos y aspiraciones.

Ese fue el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), el cual, durante los últimos cuarenta años, ha gravitado de manera sensitiva en la vida nacional, y hoy, a pesar de las descalificaciones de sus adversarios, en base al trabajo, la abnegación y el sacrificio de sus miembros, forma parte del legado histórico y cultural de nuestro pueblo, y una esperanza, en constante renovación, para garantizar un mejor porvenir.

¡Por su gran obra y encomiable visión, Felicidades Maestro!

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Lo que nos enseñó Mandela

Siempre he sentido una profunda admiración por Nelson Mandela. Puede que sea porque durante mis años universitarios todos vivimos atentos a la desgarradora historia de aquel señor de un lejano país, donde se vivían diferencias raciales extremas. Desde aquella cárcel de condiciones inhumanas en Robben Island, la globalización nos llevó a identificarnos con alguien a quién no conocíamos, pero que sabíamos vivía una de las mayores injusticias del siglo XX.

La lucha de Mandela no fue por América Latina, mucho menos por República Dominicana, pero muchos sentíamos que sí lo era. Era la lucha contra la opresión, era la lucha por la diversidad, por la integración, por el respeto y el amor al prójimo. Como lo escribió el Presidente Barack Obama en el prólogo a Conversaciones conmigo mismo: “…Su sacrificio era tan grande que empujaba a gente de todas partes a hacer todo lo que pudieran en nombre del progreso humano”. Sin dudas, a muchos nos empujó a eso y a más.

Mientras estuvo con vida, mucho se escribió sobre Mandela y su legado. Y ahora que ha pasado a la eternidad, se escribirá aún más. Pero todos podemos coincidir en su gran legado de liderazgo basado en el respeto a las decisiones y a las posiciones de los demás. Era un liderazgo basado en el perdón incondicional y el amor infinito. Mandela nos enseñó a liderar con grandeza.

Hay muchos episodios de la historia de Mandela que son lecciones de su liderazgo. Pero hay dos en particular que, a mi parecer, son las que más ilustran ese legado.

El primero de ellos sucedió en 1985, cuando iniciaron los acercamientos secretos entre el Gobierno de Sudáfrica y Mandela. Era evidente que toda la plana mayor del partido de Mandela estaría en contra de cualquier acercamiento al Gobierno que los oprimía, hasta tanto no se suspendieran las leyes que sostenían el apartheid y se liberase a los prisioneros políticos.

Sin embargo, Mandela hizo lo que Richard Stengel llamó “liderar desde el frente”. Stengel plantea que la virtud de Mandela en su liderazgo es “haber asumido riesgos como dirigente” y plantear que “los líderes no solo deben liderar, es necesario que se les vea liderar”. Al iniciar las conversaciones con el Gobierno, en contra de la estrategia de su propia organización, Mandela estaba viendo más allá.

Mandela estaba liderando para lograr tener una Nación unida, sin divisiones de raza o color; no pensaba en su grupo, pensaba en todo el país.

Muchas veces tomamos decisiones que solucionan un problema momentáneamente, parches que luego resultan ser mucho más costosos. Mandela nos demuestra que el verdadero liderazgo sabe tomar decisiones complicadas, aunque sean difíciles, que el capital político se invierte a favor del pueblo, no se ahorra para vanagloria personal, porque a veces, perdiendo también se gana.

Mandela decía: “un buen jefe no expresa pomposamente su opinión y ordena a los demás que le sigan. Él escucha, recapitula y luego busca moldear la opinión y guiar a la gente hacia una acción determinada…”. Mandela nos enseñó un liderazgo integrador.

Mandela fue un hombre incluyente, supo domar los rencores justificados que sus seguidores sentían y tender puentes entre el pasado y el futuro, sin invisibilizar a nadie, reconociendo los aciertos, aún de sus más enconados enemigos, integrando blancos, negros y mestizos en un solo color: el color de la nueva Sudáfrica que resurgía imponente, unida y vigorosa.

Sus logros son una demostración de lo que fue su misión una vez salió de la cárcel: “liberar tanto al oprimido como al opresor”. Mandela, con su inmensa capacidad de resiliencia, nos enseñó que no hay arma más poderosa que el perdón, porque “perdonando liberas tu alma y remueves los miedos de tus enemigos.”

En la sociedad actual enfrentamos muchos retos y liderar requiere de cultivar habilidades y relaciones fructíferas, a la vez que nos esforzamos por construir, desde todos los escenarios, una mejor sociedad.

Hay otro episodio de la vida de Mandela que es muy aleccionador. Luego de su primer mandato como el primer Presidente democráticamente elegido en Sudáfrica, y ante la posibilidad de la reelección, Mandela prefirió liderar desde la tranquilidad de su hogar, sirviendo de ejemplo permanente de la alternabilidad democrática que requería Sudáfrica.

Este es un rasgo de la personalidad de un gran líder como Mandela, quién supo cuándo retirarse y dejar que fuera su impronta la que les indicara el camino a los demás. Mandela nos enseñó cómo se forja un liderazgo trascendente, que se basa en la intensidad del impacto y el alcance de tus acciones, que es lo que le garantiza la vigencia como líder.

Todos reconocemos en esa decisión de dejar la Presidencia después de su primer período, a un Mandela dispuesto a predicar con el ejemplo y demostrar que su misión era fijar la ruta y dejar el barco en ese rumbo.

Estas dos lecciones de Mandela nos aplican a todos, desde la política, desde el empresariado, desde la sociedad civil y, sobre todo, desde cada uno de nuestros hogares. Mandela nos enseñó cómo fomentar un liderazgo transformador, capaz de construir vías de consenso, que promueva la equidad y la justicia, que se sostenga en principios y valores inquebrantables, sin importar hacia donde soplen los vientos.

Mandela nos enseñó que todos podemos sobrepasar nuestras expectativas y lo que los demás esperan de nosotros. La estatura moral de Mandela está a la altura de los grandes maestros espirituales de la humanidad. Mandela nos deja un legado perenne: “Tú eres el amo de tu destino y el capitán de tu alma”.

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El Poder del Voluntariado

Servir a una comunidad o a una causa por decisión propia, sin esperar una retribución o un beneficio, es una labor que da sentido a la vida de millones de personas a nivel mundial.

Los Voluntarios son los soldados de un ejército altruista y solidario, que ayudan a muchos a enfrentar situaciones de vulnerabilidad o privación de derechos. Son luchadores por una mayor calidad de vida para nuestros ciudadanos y promotores de la justicia social en nuestra sociedad.

El Voluntariado es un fenómeno que impregna a todos los aspectos de la vida y que está arraigado en todas las culturas, llegando a todos los sectores de la sociedad, sin importar sus niveles de ingresos.

Para conmemorar el Día Internacional del Voluntariado en este año, las Naciones Unidas han elegido el lema “Jóvenes del mundo activos”, reconociendo el gran potencial de los jóvenes como agentes de cambio y como generadores primordiales de impacto social en nuestras comunidades.

Y no es para menos. Tanto a nivel público como privado, la labor de los Voluntarios es vital para el desarrollo de la sociedad. Muchos servicios del sector público dependen de la labor de los Voluntarios. Mientras que en el sector privado, la labor voluntaria ha experimentado un crecimiento constante desde mediados de la década de 1990.

De acuerdo al Informe de las Naciones Unidas sobre el Voluntariado, alrededor de 140 millones de personas en todo el mundo realizan actividades de Voluntariado. El valor económico de esta labor altruista representa, como promedio, un 1,1% del producto interno bruto (PIB) de los países desarrollados, lo que representa 400.000 millones de dólares estadounidenses al año. En los países en desarrollo, como el nuestro, esta labor representa 0,7% del PIB, en promedio.

Esta labor es beneficiosa para el colectivo y para el individuo. Un estudio de la Corporación para el Servicio Comunitario y Nacional de Estados Unidos, mostró que individuos que ofrecieron servicios voluntarios, tuvieron un promedio de 27% mayor cantidad de oportunidades de conseguir empleo en comparación a los jóvenes que no ofrecieron servicios voluntarios.

Esto así porque los empleadores valoran las capacidades que adquieren los jóvenes durante el trabajo voluntario. El Voluntariado fomenta liderazgo, sensibilidad social, compasión hacia los más necesitados. Genera en nuestros jóvenes capacidades que les permiten abordar los temas del país desde una conciencia global.

Nuestro país requiere ampliar la cultura del Voluntariado, reconociendo en aquellos que realizan esta labor, sus grandes aportes al país. Para ello, hemos creado el Premio Nacional del Voluntariado, el cual se otorgará por primera vez este año.

La Ley del Voluntariado, núm. 61-13, que fue promulgada por el Presidente Danilo Medina el pasado mes de abril, es un gran paso en avance hacia la promoción de esa cultura del Voluntariado en nuestro país.

“Cuando el voluntariado recibe el debido reconocimiento y apoyo, es una actividad que resulta útil para crear capital humano”, afirma el informe de las Naciones Unidas.

De nuestra parte, sin nuestro ejército de Voluntarios de Progresando con Solidaridad, nuestro objetivo de combatir la pobreza y la pobreza extrema no es posible. No podemos crear capital humano y capital social sin el concurso de todo el esfuerzo de la nación.

Es primordial que comprendamos el papel del Voluntariado en el desarrollo de la nación y en la creación de vínculos entre los ciudadanos, para incorporarlo a las estrategias de desarrollo.

De esa forma, aprovecharemos sus capacidades en pos de los objetivos de la Estrategia Nacional de Desarrollo y en la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio; pero sobre todo, crearemos una conciencia social y una cultura ciudadana enfocada al servicio, al altruismo y a trabajar juntos por un mismo objetivo: asegurar una mejor y más grande República Dominicana.

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Pocas veces equivocado

(IV)

En nuestra columna anterior hacíamos una síntesis de esos cuentos dramáticos y hermosos de Juan Bosch por su profundo contenido social, insuperable, que venía produciendo desde la década iniciada en el 1930 y a los cuales se sumaron después “Cuba la Isla Fascinante”, “Apuntes sobre el Arte de Escribir Cuentos”, todavía única en su género, “El Indio Manuel Sicuri”, “Luis Pie”, “Regreso al Puerto de Origen” y “La Mancha Indeleble”; y después en otro género escribió “David Biografía de un Rey” y “Bolívar y la Guerra Social”, que fue declarado libro de texto para las escuelas de enseñanza primaria de Venezuela. Más luego, en el orden del estudio sociológico de la historia dominicana, produjo una obra que no tiene igual en todo el escenario hispanoamericano que se llama “Composición Social Dominicana” y escribió Tres Conferencias sobre el Feudalismo que sepultaron para siempre el concepto equivocado de la existencia de una sociedad feudal en América, particularmente en las colonias españolas.

Desapareció desde ese momento, en 1971, la consigna de los partidos revolucionarios de Hispanoamérica que hablaban de revolución anti imperialista y anti feudal. Independientemente de la belleza del género y del papel jugado por Bosch tanto en términos nacionales como internacionales como literato de ficción, maestro insuperable del cuento, la narración y la novela, que refleja en sus obras la influencia de los grandes clásicos como Quiroga, Chejov, Maupassant, Kipling, Anderson o Andreyev, pero que en términos de nuestros intereses ha servido mejor a su pueblo y a los pueblos latinoamericanos porque hizo del cuento, la narración y la novela un medio de denuncia de las injusticias sociales; pero donde la obra de Bosch adquiere dimensión extraordinaria y una trascendencia profunda, revolucionaria, innovadora, definitiva, es cuando se decide a emprender de manera irreversible, cargado de lauros y reconocimientos, el camino que lo lleva al terreno de los ensayos, biografías, historia y política porque con esas obras abre el camino de la esperanza y la asimilación y conocimiento en los sectores populares de nuestros pueblos.

Todas las obras que no he mencionado están escritas en esas perspectivas como: Breve Historia de la Oligarquía, Conferencias y Artículos, La Guerra de la Restauración, Las Clases Sociales, Capitalismo, Democracia y Liberación Nacional, El Napoleón de las Guerrillas, etc, etc. y los miles de artículos publicados en revistas y periódicos nacionales o extranjeros, así como en Vanguardia del Pueblo y la Revista Política: Teoría y Acción que publicaba el Partido de la Liberación Dominicana, hacen de este digno maestro del arte de la literatura un ejemplo sin precedentes en la historia de América. Pero hemos dejado el final de esta columna de hoy para recordar “De Cristóbal Colón a Fidel Castro: El Caribe Frontera Imperial”, traducido a más de diez idiomas y que sirve de libro de consulta en universidades hispanoamericanas y europeas. Juan Bosch hace años que merecía el premio Nobel de Literatura.

Euclides Gutiérrez Félix
informació[email protected]

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La juventud debe ser excepción a esa regla

Un adagio conocido dice “cada regla tiene su excepción”. En la Plenaria del VIII Congreso del PLD, 24 de noviembre, se decidió como requisito para optar al Comité Central, haber militado por lo menos durante diez años en el partido.Esa regla se adopta por las bases partidarias como una medida para garantizar espacios de dirección a los militantes partidarios que han dado tiempo, trabajo y dedicación al partido. Es evitar que recién llegados ocupen con dinero y otros recursos posiciones que deben ganarse dirigiendo.

El llamado original al fundarse al PLD, entre otros, fue el tener una conducta moral ejemplar. Ese llamado ha estado presente entre todos los militantes. El Partido no ha sido creado para hacer negocios; aquellos que desearen hacer negocios han tenido ese derecho en su vida privada, pero no en el Partido ni desde él. Al Partido se va a servir, no a servirse.

Aun aquellos compañeros que en sus actividades privadas han hecho negocios, lo han hecho con sobriedad y respeto a los valores éticos.

Sin embargo, cuando el Partido abrió el ingreso masivo fue desbordado, convirtiendo en una avalancha el ingreso; ese crecimiento llevó a muchos a ser dirigentes y luego han pasado a ser funcionarios de los gobiernos sucesivos del PLD. Otros han ascendido apoyándose en los hombros y las cabezas de los dirigentes medios y de base del Partido. Para ayudarse han usado el dinero y no, necesariamente, porque tengan condiciones políticas.

Eso ha resentido a las bases del PLD y su respuesta ahora ha sido esa decisión que es irreversible. Esa decisión hará mucho bien, puesto que es una forma de un partido plantarse. Aunque aun hay tiempo para preverse su excepción, como todas las reglas generales; la excepción cuando se asume es para no afectar a otros sectores que son aliados.

La juventud es aliada natural de las bases del Partido. Esa regla general puede tener una excepción que constituya una clara señal a más de 700 mil jóvenes que ingresaran al Padrón electoral para el 2016 y para los que están.

La excepción debe establecer que los jóvenes de 18 a 29 años, que es el rango de juventud universalmente aceptado, pueden también optar al Comité Central con 5 años de militancia. Esa excepción puede acogerse de consenso por el organismo competente, sería una formidable señal.

El PLD fue fundado hace 40 años sobre los hombros de jóvenes, los cuales enriquecieron su crecimiento con formación política, creatividad e innovación. Ahora mezclan generaciones, pero nunca se ha creado, ni siquiera como percepción, la idea de que es un partido de envejecientes; debe serlo siempre de ideas jóvenes.

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El Informe del CSIS: Sesgado y Tendencioso

El reciente informe elaborado por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), de Washington, adolece de tres problemas fundamentales: es impreciso en sus datos; está sesgado en sus fuentes de información; y resulta políticamente tendencioso.

El informe parte de una interrogante, que es la de considerar si la República Dominicana se ha convertido en un sistema político de partido único. Esa interrogante, a su vez, tiene como premisa el que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), presuntamente, ha pasado a ser la fuerza dominante en las distintas ramas del poder del Estado.

Obviamente, insinuar la idea de la existencia de un partido único en la República Dominicana, transmite, de entrada, una sensación de que lo que prevalece en el país, desde el punto de vista político, es un modelo de carácter autoritario o totalitario, pues sólo en esos sistemas existen partidos únicos.

Sin embargo, nada más distante de la realidad. Para que pueda prevalecer un sistema o modelo de partido único, es indispensable que en forma legal no pueda haber otros; y claro está, ese no es el caso de la República Dominicana, en el cual desde el desmoronamiento de la dictadura de Trujillo, lo que ha predominado – y aún predomina – es un sistema político de carácter multipartidista.

Si el Partido de la Liberación Dominicana se ha convertido, en los últimos años, en la fuerza política preeminente en nuestro país, eso se ha debido, no a que se ha impuesto en forma autoritaria o dictatorial sobre otras organizaciones políticas, sino al hecho de que ha sido favorecida, de manera continua, con el respaldo de la mayoría de los electores en comicios considerados libres, plurales y democráticos.

Legitimidad democrática y construcción de mayoría

Pero eso no siempre ha sido así. Hace cuarenta años, en 1973, cuando Juan Bosch fundó al Partido de la Liberación Dominicana, este distaba, en mucho, de ser la fuerza política preponderante en nuestro país.

De hecho, cuando el partido morado participó por vez primera en un certamen electoral, en el 1978, sólo obtuvo 18 mil votos, lo que nada más representaba el uno por ciento del universo electoral. En aquel momento, dado ese exiguo respaldo electoral, diversos sectores de la vida pública nacional llegaron a pronosticar la extinción del Partido de la Liberación Dominicana.

Si no llegó a ocurrir así se debió a que cada cuatro años, desde 1982 hasta 1990, el PLD crecía, en términos electorales, casi en proporción geométrica.

En 1996, después de veintitrés años de haber sido fundado, llegó al poder por vez primera, con el respaldo del Partido Reformista Social Cristiano, y desde el poder fue ampliando su base de apoyo social.

Si en el 2000 no ganó las elecciones, no se debió, como erróneamente o de manera interesada se ha pretendido hacer creer, a que hizo una mala gestión de gobierno, sino, simplemente, a que no contó con el respaldo reformista, como había ocurrido cuatro años atrás.

Si el PLD retornó al gobierno en el 2004, con casi el 58 por ciento de los votos, la razón se encuentra en una combinación de factores. Primero, la pésima gestión de gobierno del PRD; y segundo, al hecho de que la administración peledeísta de 1996-2000, era la única referencia reciente de gestión gubernamental que podía constituirse en opción política electoral.

Pero antes de que ocurriera la hecatombe perredeísta, en los comicios del 2002, el partido blanco obtuvo 29 Senadores de 32; 73 Diputados de 151; y 104 Síndicos, de un total de 122. En otras palabras, en las elecciones congresionales y municipales del 2002, el PRD arrasó, convirtiéndose, en ese momento, en partido predominante.

Dado el carácter tendencioso del informe del CSIS, no sabemos si con esos resultados en favor del PRD, también habría formulado la interrogante de si la República Dominicana se estaba convirtiendo, en aquel momento, en un sistema de partido único.

El argumento habría sido consistente con su lógica actual, pues en esa ocasión, el PLD sólo obtuvo un Senador, 41 Diputados y 7 Síndicos.

La situación política, sin embargo, se invirtió en el 2006, en el 2008, en el 2010 y en el 2012, cuando el Partido de la Liberación Dominicana, con el respaldo mayoritario del pueblo dominicano, ganó, en forma consecutiva, dos elecciones presidenciales y dos elecciones congresionales y municipales.

Pero esos triunfos del PLD no significan que haya un Estado de partido único en la República Dominicana, pues esos procesos electorales no se desarrollaron en forma abusiva o arbitraria, sino, por el contrario, como hemos dicho, de manera abierta y participativa.

Si algo prueban, pues, los recientes triunfos electorales del PLD, como los del PRD y el PRSC, a partir de 1978, es el carácter multipartidista, democrático y legítimo del sistema político dominicano, y no de partido único, como de manera equivocada ha insinuado el organismo académico norteamericano.

Estado de derecho y poder judicial

Pero si desacertada resultó la interpretación del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), con respecto al sistema político dominicano, mayor fue su desatino al considerar que “el PLD utilizó la reforma constitucional del 2010 con la finalidad de obtener control sobre lo judicial y el proceso de designación de los miembros del Ministerio Público.”

Es inconcebible que una organización del prestigio internacional del CSIS, haya podido cometer un desliz de semejante magnitud. Si su enviado hubiese hecho una mejor investigación de la realidad nacional, habría descubierto que antes de la reforma constitucional del 1994, todos los jueces de las distintas jurisdicciones del país eran designados por el Senado de la República; y que todos los miembros del Ministerio Público, esto es, fiscalizadores, fiscales, procuradores fiscales y Procurador General de la República, eran designados por el Presidente de la República.

La reforma del 1994 empezó por modificar eso, y la del 2010 la profundizó y perfeccionó. Como consecuencia de esas reformas, se creó el Consejo Nacional de la Magistratura, que es un organismo colegiado, integrado por el Presidente de la República, los Presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados, un Senador y un Diputado representativos de los partidos de oposición, el Presidente de la Suprema Corte de Justicia y otro juez de esa misma jurisdicción.

Es ese Consejo Nacional de la Magistratura el que tiene la facultad de designar a los jueces de la Suprema Corte de Justicia, del Tribunal Constitucional y del Tribunal Superior Electoral; y es a la Suprema Corte, a su vez, a la que le corresponde seleccionar a los jueces de cortes de apelación, de los juzgados de primera instancia, de instrucción y jueces de paz.

De conformidad con la Constitución de la República, una vez seleccionados, los jueces integrantes del Poder Judicial son independientes, imparciales, responsables e inamovibles; y la Ley de Carrera Judicial regula su ingreso, formación, ascenso, promoción, desvinculación y retiro, con arreglo a los principios de capacidad y profesionalidad.

Algo semejante ocurre con los integrantes del Ministerio Público, cuyos miembros también son de carrera e inamovibles, y escogidos por los integrantes del Consejo Superior del Ministerio Público, a partir de la reforma constitucional del 2010.

Al haber sido seleccionados los jueces de la Suprema Corte de Justicia en el 1997, éstos procedieron a designar a los magistrados de los demás tribunales del país, que al ser de carrera, resultan inamovibles, y, por consiguiente, han permanecido en sus cargos durante los últimos dieciséis años, no desde el 2010, como maliciosamente sugiere el CSIS.

Si como puede apreciarse, hace cerca de dieciséis años fueron designados los jueces de los distintos tribunales, y al Presidente de la República se le ha suprimido la facultad de designar a todos los miembros del Ministerio Público, como ocurría antes de la reforma constitucional del 2010, ¿de dónde surge, entonces, la descabellada idea de que por haber ganado, en forma consecutiva, tres elecciones presidenciales y dos legislativas, el Partido de la Liberación Dominicana controla el sistema judicial de la República Dominicana?

Eso sólo puede salir de una investigación poco profesional, sesgada y tendenciosa, que no está a la altura de las que tradicionalmente realiza una organización del prestigio del CSIS, y que es capaz de sostener, a pesar de todas las evidencias en contrario, que en la República Dominicana existe un Estado de partido único.

¡Qué barbaridad!

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Violencia de género: gran problema de salud pública

Muchas veces hemos insistido en que la violencia de género es uno de los principales problemas de salud pública de nuestro país. La afirmación no es ociosa. La Organización Mundial de la Salud ha hecho varias veces un llamado a los países para atender las graves consecuencias que tiene la violencia en la salud de la mujer. Incluso, en 1996, la Asamblea Mundial de Salud declaró la violencia como problema de salud pública, mediante una Resolución que se enfocó en las consecuencias de dicha problemática en los servicios de salud a corto, mediano y largo plazo.

Sin embargo, los sistemas de salud en casi toda Latinoamérica, aún no responden efectivamente a la realidad de la violencia contra la mujer. De acuerdo a un reporte titulado “Prevalencia y efectos de salud de violencia de pareja y violencia sexual a la mujer”, 1 de cada 3 mujeres en edades entre 15 y 59 años han experimentado algún tipo de violencia de parte de su pareja, casos que, cuando no terminan en la muerte de la mujer, conllevan graves consecuencias en la salud.

La OPS también ha hecho una advertencia en un estudio publicado en este año, donde se demuestra que la violencia infligida por el compañero íntimo es un problema con graves consecuencias para la salud física de las mujeres, como lesiones físicas, discapacidad y dolores crónicos. Aproximadamente el 41.8% de las mujeres con fracturas son causadas por violencia de género.

Además, la violencia causa otros daños emocionales y físicos, como son el daño a la salud reproductiva de las mujeres, el impacto en la salud psicológica de la víctima. Muchas veces el resultado de la violencia de género causa traumas difíciles de sobrepasar, como el Síndrome de Estrés Postraumático.

Otros estudios muestran que las mujeres sometidas a relaciones de violencia, son impedidas de acceder a los servicios de salud, lo que agrava las secuelas de la violencia. De igual manera, mujeres que han sido física o sexualmente abusadas por sus parejas, reportan mayores problemas de salud en comparación a mujeres que no han reportado violencia de sus parejas. El Banco Mundial, considera que el VIH/SIDA muchas veces está vinculado a episodios de violencia contra la mujer.

Un reciente estudio de la OMS junto a la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres y el Consejo de Investigación Médica de Sudáfrica, plantea que una mujer sometida a violencia de género tiene el doble de posibilidades de sufrir depresión o ansiedad, el doble de posibilidades de tener problemas de alcoholismo, sus hijos tienen 16% más probabilidades de tener bajo peso al nacer y tienen 1,5 veces más probabilidades de contraer sífilis, gonorrea o clamidia.

Ante este panorama tan desalentador, la Directora General de la OMS, Dra. Margaret Chan, afirmó recientemente que “…la violencia contra las mujeres es un problema de salud mundial de proporciones epidémicas (…) los sistemas de salud del mundo pueden y deben hacer más por las mujeres que sufren violencia”.

Más allá del fortalecimiento de la política represiva del Estado ante los casos de feminicidios, es de vital importancia reconocer la violencia de género como una cuestión de salud pública para poder mejorar el proceso de respuesta en hospitales públicos y clínicas privadas, a las víctimas de violencia de género.

La misma Resolución del 1996 de la Asamblea Mundial de la Salud, exige el mejoramiento de los sistemas de respuesta de salud pública a casos generados por violencia, y que dicho mejoramiento sea realizado a través de una perspectiva de género.

Necesitamos trabajar en mejoras a la atención a las sobrevivientes de violencia en el marco de los servicios de salud, incluyendo atención en salud mental, para superar los traumas de la violencia.

Abordar la violencia de género como un problema de salud pública, es trabajar para garantizar el derecho fundamental a una salud plena que tienen todos los seres humanos. Las soluciones que plantea el Anteproyecto que crea el Sistema de Protección Integral contra la Violencia a las Mujeres, de ser aprobado, sería un gran paso en avance hacia esa visión.

Demos el protagonismo a la vida, a la salud, a la protección y los derechos de nuestras mujeres.

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Pocas veces equivocado

(III)

Luego de la publicación de “La Mañosa”, como señalamos con anterioridad, Juan Bosch pasó a ser el orientador de la cuentística antillana y dejamos constancia, como algo significativo, que en este mago del cuento es la asombrosa facilidad con que transita del escenario, los personajes, las costumbres y el lenguaje de la sociedad rural al del medio más complejo y deshumanizado de la sociedad capitalista; particularidad que aunque la realizó Horacio Quiroga no lo hizo con el profundo contenido social de los cuentos, narraciones y novelas que escribió Juan Bosch y que después, siguiendo esa escuela, lo hicieron intelectuales de la categoría de Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y otros de la excelente colección de cuentistas y novelistas que ha producido hispanoamérica.

“La Mañosa”, “Camino Real”, “Dos Pesos de Agua”, “Todo un Hombre”, “Los Amos”, “El Funeral”, “La Nochebuena de Encarnación Mendoza” y “El Socio”, reflejan el dominio del autor del medio donde crea y sitúa sus personajes; tanto en el orden del escenario como el de los mismos personajes, sean estos hombres o animales, como en el caso de “Yeyo”, en “Todo un Hombre” o de “Joquito”, en “El Funeral”. Juan Bosch se crece de manera extraordinaria en esa narración antológica que es “El Socio”, todavía desconocida, ahora más que nunca, en nuestro país, consecuencia del retroceso cultural del pueblo dominicano. “El Socio” es uno de los trabajos de Bosch que más ha impresionado al autor de esta columna, porque conocimos el escenario, uno de sus protagonistas y las creencias que dieron lugar a la obra.

“El Socio” nos causó profunda impresión, porque en el viejo Adán Matías identificamos al pueblo dominicano, valiente, decidido, astuto y generoso, expresión de su real existencia material, capaz de aliarse con el mismo demonio, si fuera necesario, para quitarse de encima a quien le engaña y explota. Por otra parte “La Muchacha de la Guaira”, “Un Niño” y “El Hombre que Lloró” son expresiones de ese don admirable que tenía Juan Bosch de transitar del medio rural, crudo, simple, humano o inhumano, como en “Los Amos”, al más complejo, agresivo y displicente de la sociedad capitalista, pero captando al mismo tiempo, desde una óptica hispanoamericana, ese proceso de cambio como revelan muchos de sus cuentos, visión y estilo que lo distinguieron cada vez, en esos momentos, como un verdadero maestro del género del cual había aprendido todos sus secretos y como arte muy difícil, a manejarlo con profunda sensibilidad.

Solamente con esos cuentos y narraciones era Juan Bosch acreedor, hace muchos años, del Premio Nobel de Literatura; pero como no fue nunca en su digna, honorable y valiente existencia un avalador incondicional de la llamada “democracia representativa”, vapuleada en el largo proceso de la Guerra Fría, no fue tomado en cuenta y mucho menos aceptado, para recibir ese galardón.

Euclides Gutiérrez Félix
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Moisés, El PLD y Juan B. Vicini

Moisés (siglo XIII a.c.) fue puesto en el río Nilo recién nacido, en “un cestillo (este lo define la Real Academia de la Lengua Española como) “ligero posiblemente de mimbre, lona u otra materia, con asas, que sirven de cuna portátil”; se dice que la cesta era embadurnada con barro en su interior y brea en el exterior, para hacerla impermeable. Ese cestillo, con Moises dentro, lo encontró la hija del Faraón bañándose en el río Nilo y lo llevó al Palacio. Allí creció y se formó junto al Faraón, que se presume era Ramses II.

El pueblo Hebreo trabajaba como esclavo en las obras faraónicas y entre ellos estaba su familia biológica. Moises asumió el liderato de los Hebreos y en la historia bíblica se conoce como el Exodo la salida de Egipto. Asediado por el ejercito del Faraón hubo de levantar las aguas del Mar Rojo para cruzarlo.

Lo relevante para este comentario es el episodio de liderar su pueblo sin colocar a los Hebreos de frente al Faraón, a quien le debía la lealtad filial de un hijo a su padre. Contó, en cambio, con el manto significativo de Yahvé (Dios).

Ese es un paradigma para definir la metodología en la estratégica de alianzas con la Pirámide Empresarial dominicana, con la cual el PLD debe ponerse de acuerdo para diseñar un plan de crecimiento sostenido en equidad.

Para hablar de equidad debe garantizarse los derechos fundamentales, los cuales están en la Constitución, y no hay garantía sin dinero.

Los líderes económicos están identificados como Pirámide Empresarial, organizada en el CONEP, y los grupos líderes son: Grupo Vicini, Grupo Corripio, Grupo Bonetti, Grupo Popular y Grupo E. Leon Jimenez; con alguna discreción el Grupo Rizek y el Grupo Estrella.

“Ser y dejar Ser” es un interesante articulo publicado la semana pasada por Juan Bautista Vicini Lluberes, un joven al frente junto a unos pocos familiares también jóvenes del Grupo Vicini; se trata de una persona sencilla con una formación académica al más alto nivel universitario, solido acumulador de la tradición de su familia.

Excelente que haya presentado sus planteamientos y marco conceptual sobre lo que entiende debe hacerse para el crecimiento sostenido de las riquezas en la sociedad. Su enfoque busca extender el mercado productivo como una acción que abarque la isla.

Creo necesario que Juan Bautista Vicini aborde con más precisión algunas definiciones, como el papel del Estado y sus instituciones. Más aun, de dónde provendrían los recursos para garantizar el ejercicio de los derechos fundamentales, incluyendo aquello por él planteado en el sentido del “apoderamiento de las comunidades para que dirijan su propio destino y que la virtud del trabajo se asiente como máximo bastión de dignidad y de progreso…” (Listin Diario 14. Nov).

Dicho de otra manera, se trata de que defina quién se ocupa del tema de la equidad en caso de que el Estado sea solo un facilitador ético y transparente y los mas ricos sean hegemónicos, aunque toda la sociedad sea generadora de las riquezas.

Planteado como interrogantes: ¿Cuál es la definición conceptual e ideológica que se quiere en el Estado?. ¿Quién se ocupa de garantizar los derechos fundamentales y una sociedad en equidad?. ¿Pueden garantizarse el ejercicio de los derechos fundamentales sin dinero?. ¿Se va ocupar el sector privado de garantizar esos derechos?

*El Dr. Franklin Almeyda Rancier es miembro del Comité Político del PLD, ex Rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, ex Ministro de Interior y Policía de República Dominicana.

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La mujer capacitada

La mujer necesita continuar avanzando por un camino que la lleve desde la marginalidad y la subordinación hacia la autonomía y la participación en los procesos sociales; que le conduzca a la economía productiva y la generación de ingresos, como forma de lograr una sociedad justa y equitativa, haciendo así realidad nuestro Estado Social y Democrático de Derecho. Y en esa autovía del Progreso y el Desarrollo hemos logrado grandes avances.

Recientemente se ha publicado el informe “Global Gender Gap Report 2013”, el cual mide la brecha de género en 136 países del mundo. La República Dominicana alcanzó el puesto 72, mejorando 17 puestos con respecto al año anterior.

Sin embargo, para lograr el cambio definitivo en la equidad de género en nuestro país, se requiere un enfoque de intervención a largo plazo. Y para ello, hay un componente sustancial que nos permitirá construir ese camino: la educación.

El sistema educativo dominicano debe permitir que los toda la ciudadanía asuma la equidad de género como un principio transversal en sus vidas, a la vez que se promueva aún más la formación de la mujer como herramienta de empoderamiento social.

Hay buenas noticias en ese sentido. La matrícula universitaria actual está formada por un 61% de mujeres, que son, a la vez, el mayor porcentaje de graduadas de todas las Universidades del país. Lo mismo sucede en los demás niveles educativos, más mujeres que hombres se forman en los niveles primarios, secundarios y técnico-laboral.

La experiencia nos indica que es determinante el rol de la educación en el combate a la pobreza, especialmente en aquellos hogares formados por mujeres Jefas de Hogar. Es por esa razón que los programas de Transferencia Monetaria Condicionada que se llevan a cabo desde Progresando con Solidaridad, hacen especial énfasis en la formación y capacitación de las mujeres como ruta de salida de la pobreza.

Asimismo, la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) ha afirmado varias veces que “es necesario acelerar este proceso de educación, como elemento central en la lucha contra la pobreza que se ha entablado en el continente”.

Sin embargo, aún persisten ciertos obstáculos derivados que no son específicos de América Latina, y que requieren políticas y reformas educativas centradas en la promoción de las mujeres.

Uno de estos obstáculos, al cual nos hemos referido anteriormente, es el embarazo en las adolescentes. Enfrentar esta situación es un enorme desafío, ya que la maternidad temprana dificulta las posibilidades de progreso de la mujer, al generar deserción escolar en lo inmediato y reducir sus posibilidades de inserción laboral futura. En pocas palabras, la maternidad temprana saca a nuestras hijas del camino del progreso.

Otros obstáculos son la inequidad en el ámbito laboral y la necesidad de ampliar y mejorar aún más los servicios sociales y de cuidado, para que la mujer pueda dedicarse al trabajo, mientras sus hijos se están formando.

Tal como decía la filósofa y escritora británica Mary Wollstonecraft: “No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas”. Me suscribo a esta frase. Necesitamos mujeres empoderadas, que fortalezcan su pareja y formen juntos familias más sanas y sociedades más seguras.

La educación es clave para la vida de las mujeres, específicamente para su autonomía física, económica, social y política. Una mujer capacitada es una mujer empoderada, capaz de prevenir y/o hacer frente a cualquier situación que le imponga un yugo o una situación de dependencia emocional o económica.

Una mujer capacitada invierte los recursos que genera en la educación de sus hijos y en la construcción de un hogar, lo que permite romper el círculo vicioso de la pobreza intergeneracional. Una mujer capacitada ayuda a sus pares en la lucha contra la pobreza, contra la violencia de género, contra las injusticias sociales, la discriminación, el embarazo en adolescentes y otros males que afectan a la mujer.

Tal y como lo plantearon un grupo de jóvenes y adolescentes que participaron en Bávaro de una simulación de la Comisión de las Naciones Unidas para la Condición Jurídica y Social de la Mujer, necesitamos “Desarrollar la prevención y eliminación de todos los actos de violencia contra las mujeres, a través de la implementación de políticas públicas en el sector educativo orientadas hacia la promoción de valores universales de la igualdad, tolerancia, el respeto con especial atención a la equidad de género y la inclusión de las mujeres en todas las esferas de desarrollo”.

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Pocas veces equivocado

(II)

En nuestra columna anterior decíamos que “Hace cuatro o cinco años, no recordamos la fecha, fue puesto en circulación un libro titulado “La Fiesta del Chivo”, obra de un escritor de origen peruano que responde al nombre de Mario Vargas Llosa. En esas locuras emotivas un grupo representativo de los intelectuales dominicanos, aplaudió y alabó a su autor por una obra que en realidad intelectual y políticamente no es más que una falta de respeto y un atropello, gratuito, mentiroso y difamador, de las mujeres dominicanas, de los hombres que le sirvieron, incondicionalmente, en su larga y siniestra dictadura a Rafael Trujillo Molina; a quienes lo combatieron, al pueblo en el que nació y vivió hasta su muerte y al personaje histórico. No deseamos ni queremos mencionar a los dos asesores intelectuales que sirvieron de muletas a este canalla intelectual”.

Decíamos también que “la frivolidad y superficialidad de la mayoría de los intelectuales dominicanos, muchos de los cuales cincuenta y dos años después de su desaparición física siguen “viviendo, mintiendo y disparateando” del antitrujillismo”. Y fue tal la repercusión de esa adulonería que no sabemos quién le llevó o convenció a nuestro compañero Leonel Fernández Reyna, en ese momento Presidente de la República, para que le rindiera homenaje a este Mario Vargas Llosa, elevándolo a la categoría de un héroe intelectual como modelo y ejemplo para el pueblo dominicano a quien irrespetó, burlándose de su incondicionalidad al siniestro dictador, asesino selectivo e intolerante, Rafael Trujillo Molina. En el mes de diciembre del año 2010, se le otorgó a Vargas Llosa la orden Heráldica de Cristóbal Colón en grado de Gran Cruz Placa de Plata y se le paseó por diferentes escenarios acompañado siempre de sus infames muletas, que en la realidad de los hechos son cómplices de los irrespetos al pueblo dominicano y a su admirable conducta como “actor solitario de su historia”.

En la última reunión del Comité Político nuestro compañero de partido, Leonel Fernández Reyna, amigo, a quien agradecemos las atenciones, deferencias y respeto que nos ha prodigado, en un acto de honestidad propia de él, recordó que habíamos dicho hace años que ese premio Nobel de Literatura que le habían otorgado al apátrida de origen peruano, a quien le correspondía hace muchos años era a Juan Bosch, gran maestro universal de la literatura y el más grande escritor de cuentos que ha tenido hispanoamérica. Ya para julio de 1985, en una conferencia dictada por nosotros como representante de don Juan en el homenaje que le fue rendido por la XIII Feria Nacional del Libro, señalábamos en una breve síntesis, su ruta ascendente en el arte, inmensamente humano y rico, del cuento corto y de la narración en sus diferentes aspectos. Por eso dijimos a grandes rasgos que “luego de “La Mañosa”, novela rural que determinó un cambio de orientación en la novelística nacional, Bosch pasó a ser el orientador de la cuentística antillana”.

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La Tragedia de Grenada: 30 años después

Me encontraba en Grenada con el propósito de presidir una reunión de consulta regional con los representantes de CARIFORUM, a los fines de determinar las futuras relaciones entre la Unión Europea y los países de África, Caribe y Pacífico con posterioridad al 2020, año en que expira el llamado Acuerdo de Cotonou.

Mi estancia en la pequeña isla del Caribe coincidió con la conmemoración del trigésimo aniversario del desmoronamiento de la Revolución liderada por el New Jewel Movement, el asesinato del primer ministro Maurice Bishop y varios de los miembros de su equipo de gobierno, así como la intervención militar norteamericana ordenada por el presidente Ronald Reagan.

Como se sabe, Grenada había conquistado su independencia del Reino Unido en el 1974, pasando a formar parte de la Comunidad Británica de Naciones. Como Primer Ministro quedó instalado Eric Gairy, quien desde la década de los cincuenta se había destacado como líder sindical, dirigente político popular y alto funcionario del gobierno colonial.

Las elecciones realizadas en el 1976, en las que Gairy trató de legitimar sus funciones de jefe de gobierno, fueron consideradas fraudulentas por la oposición y observadores internacionales. Para gobernar, entonces, recurrió al uso de la fuerza y al empleo de grupos paramilitares.

En el enfrentamiento contra el gobierno autoritario, demagógico e ineficiente de Gairy, se destaca el New Jewel Movement, formado en el 1973, como resultado de una coalición integrada por varios grupos populares, influidos por el movimiento Black Power, en los Estados Unidos; las luchas anti-coloniales de Angola, Mozambique y Guinea-Bissau; las propias luchas de varios pueblos del Caribe, así como por la Revolución cubana.

Como líder de la nueva organización política emerge la figura de Maurice Bishop, un joven abogado que a los 22 años se había graduado de la Universidad de Londres con notas sobresalientes, y quien desde muy temprana edad, respaldado por su padre, había mostrado sensibilidad ante las necesidades y aspiraciones de los sectores más vulnerables de la sociedad.

En 1979, junto a otros jóvenes dirigentes, logra derrocar el gobierno de Erick Gairy, dando origen a un proyecto revolucionario que se extendería durante cuatro años, entre 1979 y 1983.

El triunfo de la Revolución en Grenada suscitó gran entusiasmo en el movimiento revolucionario de la época. Ese mismo año, en Nicaragua, había surgido victoriosa también la Revolución sandinista contra la dictadura de Anastasio Somoza hijo; y en El Salvador, el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional se encontraba librando batallas decisivas contra el viejo orden oligárquico.

Conflicto entre líderes

No obstante la simpatía y el apoyo provocado por la Revolución de Gre nada en el plano internacional, así como por sus indiscutibles logros en el ámbito nacional, al cabo de cierto tiempo empezó a gestarse un malestar entre los principales líderes del movimiento revolucionario: Maurice Bishop y el vice primer ministro, Bernard Coard.

Maurice Bishop y Bernard Coard se conocían desde niños. Habían estudiado en la misma escuela. Frecuentaban los mismos lugares. Tenían los mismos amigos. Albergan las mismas ideas. Eran ambos inteligentes, preparados y laboriosos.

En el período en que Bishop se encontraba en Inglaterra realizando sus estudios de Derecho, Bernard Coard hacía los suyos en sociología y economía en la Universidad de Brandeis, en los Estados Unidos, y luego en la de Essex, a poca distancia de Londres.

Estas dos figuras cautivantes tienen, sin embargo, personalidades y estilos distintos. Maurice Bishop es la figura carismática, gran orador, con fino sentido del humor, que conecta emocionalmente con el pueblo. Bernard Coard, por su parte, es el ideólogo y organizador por excelencia. Es el hombre eficiente que desde el Ministerio de Finanzas, Comercio e Industria, dirige la economía del país.

Durante una primera etapa de la Revolución estos dos hombres trabajaron juntos. Se consultaban continuamente. Se cuenta que Maurice Bishop remitía con frecuencia a muchos de los compañeros del movimiento y funcionarios del gobierno a Coard para que obtuvieran su parecer, con antelación, antes de tomar cualquier decisión.

Sin embargo, con el tiempo, las relaciones entre estas dos destacadas figuras de la Revolución de Grenada empezaron a deteriorarse. Hay quienes afirman, como es el caso de Cletus St. Paul, jefe de seguridad y persona muy cercana del primer ministro grenadino, con quien tuve la oportunidad de conversar ampliamente durante mi viaje por la isla de las especies, que las diferencias entre ambos no sólo eran ideológicas y de formas de dirección, sino que, además, había recelo de Coard hacia Bishop.

Sea como fuere, lo cierto es que mientras Maurice Bishop entendía que dado el bajo nivel de desarrollo económico y social en su pequeña nación, así como la falta de una fuerza capaz de dirigir una revolución proletaria, no había condiciones para hacer de la Revolución en Grenada una revolución socialista, Bernard Coard, por el contrario, creía que con esa forma de pensar se estaba frenando el avance del movimiento revolucionario.

Coard empezó a maniobrar dentro del Comité Central y el Buró Político del New Jewel Movement, al igual que dentro del Ejército Revolucionario, tratando de ganar mayoría para su causa, sobre la base de que el liderazgo de Bishop, en lugar de garantizar un avance del proyecto revolucionario, constituía una retranca.

Al final lo logró. Bernard Coard, que era un hombre obstinado y diligente, conquistó el apoyo de la mayoría dentro de los distintos estamentos de dirección del movimiento revolucionario y del gobierno, provocando la realización de una reunión en septiembre de 1983, en la que se determinó que Maurice Bishop no continuaría siendo el líder del movimiento, sino que de ahí en adelante tendría que ser un liderazgo compartido.

Por disciplina partidaria, Bishop aceptó la decisión. Sin embargo, siendo la figura con mayor nivel de respaldo en el pueblo, consideró que lo ocurrido había sido una humillación que procuraba debilitarlo políticamente hasta dejarlo sin relevancia alguna. Por eso, en lugar de proceder a su aplicación, procuró ganar tiempo para revertir la situación.

Un final desgarrador

Una crisis de confianza reinaba en el ambiente. Había fuertes tensiones en la organización. Circulaban rumores en la población sobre posibles actos de violencia; y las relaciones entre los dos viejos amigos y compañeros de lucha revolucionaria terminaron por desvanecerse.

Así ocurrió que al retorno de un viaje de Maurice Bishop por Hungría, Checoslovaquia y Cuba, los dos bandos en pugna se preparan para una ofensiva política final. El de Bernard Coard asesta primero, y el 12 de octubre de 1983, ocurre lo inaudito: se somete a Bishop a arresto domiciliario.

En esa condición permanece durante una semana. Se hacen intentos de arreglo entre los dos sectores en pugna que terminan en el fracaso. Algunos de los partidarios del primer ministro tratan de movilizar al pueblo en su defensa, y el día 19 una nutrida multitud acude a su casa y lo libera de la vigilancia policial.

Bishop y la multitud se dirigen a la plaza del mercado, donde presuntamente pronunciaría un discurso. Pero sin que hasta ahora nadie haya podido explicar las circunstancias, la muchedumbre se desvía y decide dirigirse hasta el Fuerte Rupert y tomar su control.

Se logra el objetivo, pero poco tiempo después llegan vehículos blindados, a las órdenes de la facción de Bernard Coard. Disparan contra la multitud, matan y hieren a algunos. Capturan a Bishop y a varios miembros de su gabinete. Todos son trasladados a un patio del fuerte militar, donde son colocados frente a un pelotón de fusilamiento y ejecutados en forma sumaria.

El dramático final de esa pugna de liderazgo dentro del New Jewel Movement motivó la intervención militar de los Estados Unidos, y con ello el fin de la Revolución de Grenada.

Han transcurrido treinta años de aquellos desgarradores acontecimientos. Durante ese tiempo, Bernard Coard y sus colaboradores, que en principio fueron condenados a pena muerte, lograron que ésta se les conmutara y cumplieron una condena de 25 de años de prisión.

Hoy están en libertad.

Pero durante ese tiempo, el cadáver de Maurice Bishop, y de quienes cayeron abatidos junto a él, no han sido encontrados. Su casa, desde donde, por un instante, fue liberado por una muchedumbre airada, hoy yace entre la maleza, el descuido y la ruina; y en el patio del fuerte en el que se les arrancó la vida, lo único que perdura es el impacto de las balas, una placa oxidada y unas flores marchitas.

Al final, una revolución truncada y el olvido.

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