La Fortuna de Trujillo (6)

Vanguardia del Pueblo
Miércoles 08 de junio de 1977
Página 5

En lo que se refiere a terrenos de pinos o pinares, todos los que aparecen después de los que se dieron en el número anterior de VANGUARDIA son pesos de acciones, salvo el caso de 12 cordeles y 30 varas castellanas puestas a nombre de Rivera y valoradas en 12 pesos con 30 centavos, esto es, a peso el cordel y a centavo la vara castellana. Ese terrenito estaba en Francisco López, lugar que no sabemos dónde se halla. A partir de ahí, tenemos 352 pesos de acciones en Palero, 220 pesos de acciones en Yerba Buena, 10 pesos en Guama, 867 pesos en Sabana Iglesia, 85 en Magua, 28 en La Celestina, mil 383 con 90 en El Rubio; 822 con 75 en El Cañafístolo, 853 en El Suy, 397 con 71 en Don Juan, 100 con 66 en Inoa, 68 con 50 en Los Asientos, 700 en La Meseta, 311 pesos en Guanajuma, 2 mil 32 en Janey o Polonés, 10 en Yaque, 20 en Marmolejos y 496 con 27 en Mao y Mao Adentro. Sumando esto a los pesos de acciones mencionadas en artículos anteriores, tenemos que Trujillo había adquirido acciones de terrenos pineros por once mil 860 pesos con 22 centavos.

¿Cuál era el valor real de esos llamados pesos de acciones?

Eso dependía de varios factores; de que en los terrenos representados por esas acciones hubiera más o menos madera, pero también a su comunicación con centros económicos importantes. Por ejemplo, cuando se trataba de pinares, aunque un peso de acciones representara mil tareas de tierras, si los pinos que había en esas tierras no se podían sacar a un aserradero, esas mil tareas no valían nada.

¿Por qué, entonces, compró Trujillo esos pesos de acciones?

Porque le daban derecho a usar la madera de grandes extensiones de tierra que apenas tenían valor debido a que la madera que había en ellas no podía sacarse de los sitios donde estaban los árboles que la daban.

¿Cuánto le costaba cada peso de acciones?

No lo sabemos. Ya dijimos que aunque esos pesos de acciones figuran en el informe como si fueran pesos en moneda, no era así. Por un peso de acciones había que pagar cien, quinientos, mil pesos. Pero lo que Trujillo pagara era muy poco comparado con lo que sacaría cuando los sitios donde estaban los terrenos quedaran comunicados con centros económicos importantes mediante carreteras o caminos que sólo podía hacer el gobierno, y decir gobierno era decir Trujillo; de manera que era él, y sólo él, quien podía darles valor a los pesos de acciones de terrenos que compraba; y eso es lo que explica las carreteras a Constanza por La Vega y por Bonao y por San José de Ocoa, la carretera de Constanza a Manabao y la de Constanza a Pinar Bonito y a Río Grande, y varias más en el corazón de la Cordillera Central y muchos caminos de penetración hacia las regiones pineras a partir de la Carretera Internacional.

Cada una de esas carreteras y cada uno de esos caminos, que se construían con fondos del Estado (es decir, del pueblo) hacían subir muchas veces el valor de las tierras pineras que Trujillo compraba por muy poca cosa, porque a partir del momento en que se hacían esas carreteras y esos caminos quedaba abierto el paso para establecer aserraderos en los pinares. Hecho el camino, el pino podía tumbarse y llevarse al aserradero, y convertido en tablas, listones, cuartones o vigas, esos productos podían ser llevados a Santiago, a la Capital, a las cabeceras de provincias donde podían ser vendidos a buenos precios.

¿Cuántos Pinos tenia?

Con fondos del Estado, Trujillo abría caminos hacia los pinares que había comprado o cuyos derechos de explotación había adquirido al pagar pesos de acciones. Eso era una forma de acumulación originaria muy provechosa, y a fin de que se aprecien las proporciones de ese negocio debemos decir algo acerca de la industria de maderas aserradas en los tiempos de Trujillo.

¿Cuántos aserraderos había en el país en el 1930, año en que Trujillo tomó el poder?

En el censo agropecuario de 1950 aparecían casi 7 millones de tareas de montes y bosques (6 millones, 980 mil 747) y en el de 1960 esa cantidad quedó rebajada a unos 4 millones y medio (4 millones, 554 mil 48), lo que nos da base para pensar que en diez años se tumbaron por lo menos un millón de tareas de bosques. Según la Dirección General de Estadísticas, la producción maderera de los diez años que van de 1951 a 1960 fue de 34 millones 311 mil 200 pesos, de manera que a la de 1931—1950 debemos calcularle una suma igual, lo que nos daría 68 millones en los años del trujillato.

Para producir esos millones de pesos en madera aserrada hubo que poner a funcionar muchos aserraderos. En círculos madereros nos han asegurado que en los últimos años de la dictadura había 104, y podemos estimar que en 1930 no llegaban a 30. Así pues, en los años de la dictadura debieron establecerse unos 75 aserraderos, y los permisos para establecerlos tenía que darlos el gobierno, que es una manera de decir Trujillo, y el gobierno señalaba los lugares donde se montarían; y naturalmente esos lugares tenían que ser aquellos donde Trujillo tuviera pinares o pesos de acciones en terrenos de pinares, por los cuales el gobierno había construido o iba a construir caminos. Por esas razones, a los madereros de aquellos tiempos no podía sorprenderles enterarse de que además del impuesto de 16 pesos con 80 centavos que había que pagarle al Estado por cada millar de pies de madera que se aserrara, debían pagarse a Trujillo 15 pesos por millar de pies, cantidad que después subió a 18 pesos. El pago destinado a Trujillo debía hacerse en efectivo en la llamada Oficina Particular del Generalísimo, que estaba bajo la dirección del Lie. Rivera J.

En esos tiempos el promedio de pinos que se tumbaban medía de 9 a 10 pulgadas de diámetro (o grueso), y una vez aserrados daban de 800 a mil 100 pies de madera, y pinos de ésos debía haber varios en cada tarea de tierras de la Cordillera. Si había 10 por tarea, Trujillo recibía 120 pesos por tarea en los tiempos en que se le daban 15 pesos por millar de pies y 144 cuando se le da 18 pesos en el caso de los pinos menos gruesos y 165 ó 198 pesos en el de los pinos más gruesos.

Ahora bien, ¿de cuántos troncos de ésos era Trujillo dueño?

En Constanza tenía 55 mil 364 tareas por un lado y por otro 255 mil 698; en San Juan de la Maguana (Las Charcas de Garabito, Hato Nuevo, Guazumal, Yaque), 1 millón 110 mil 251; en San José de las Matas (La Diferencia, La Jagua o Manada), 12 mil 476; en Jamamú, 839; en Pico Alto, 49 mil 650; en Los Pilones, 8; en Los Montones, 287 mil 715; en El Carrizal, mil; de manera que en terrenos medidos tenía 1 millón 773 mil tareas, y en terrenos sin medir nadie sabe cuánto (Sitio de Bao, San José de las Matas, Sitio de Manabao, Sitio de Jumunuco, que estaban en mensura a la muerte de Trujillo).

¿Cuánto Dinero saco?

Supongamos (porque no nos queda otro recurso que el de suponer, debido a que sería muy difícil, sino imposible, tener datos concretos acerca de los pesos de acciones que tenía Trujillo a la hora de morir) que lo que figura en el informe del Lie. Tirso J. Rivera como 11 mil 860 pesos con 22 centavos de acciones sobre terrenos de pinares era en realidad derecho a disponer de la madera que hubiera en 227 mil tareas de pinares. Naturalmente que se trataría de pinares perdidos en los picos de la Cordillera Central, pero Trujillo los convirtió en cercanos y económicamente explotables al ordenar la construcción de carreteras y caminos que entraban en la región pinera de la Cordillera. En promedio, pagó a peso y a algo menos de un peso las tareas de pinos que compró, ¿pero a cómo compró las tareas de esos otros pinares no conocidos, no medidos, de los cuales adquiría sólo el derecho a tumbar los pinos pero no el de usar la tierra como si fuera suya? No lo sabemos y seguramente nadie lo sabrá nunca. Lo que sí podemos afirmar sin necesidad de presentar prueba documentaría es que adquirió el derecho de cortar los pinos de esas tierras.

Pero el caso es que para hacer un cálculo, aunque sea caprichoso, tenemos que atribuirles a las tierras de esos pinares sobre los cuales había Trujillo adquirido derechos de acciones un tamaño que nos permita decir: Los derechos de acciones que compró Trujillo le representaban tantos troncos de pinos de tamaño bueno para aserrar. Si las tierras en que estaban esos pinos cubrían 227 mil tareas, cantidad caprichosa pero no loca, entonces a la hora de morir Trujillo era dueño de los pinos que había en 2 millones de tareas de lomas. Esa cantidad de tareas representaba casi el 30 por ciento de los bosques y los montes que había en el país en el año 1950 y el 45 por ciento de las que había en el año 1960.

¿Y en dinero? ¿Qué significaban en dinero 2 millones de tareas de lomas?

Si la mitad estaba sembrada de pinos (porque debemos entender que no todo el terreno de la región pinera del país estaba sembrado de pinos, y si en lo que quedaba (que era un millón de tareas) había un tronco de pino bueno para el corte en cada tarea (y bueno para el corte quiere decir de los que metidos en un aserradero daban de 800 a mil 100 pies de madera aserrada), lo que Trujillo podía recibir, o recibió, por concepto de corte y aserrado de madera de pino fue entre 15 y 18 millones de pesos, y si hacemos de esas dos cantidades un promedio sumándolas y dividiéndolas por dos, hallamos que fueron 16 millones 500 mil pesos.

¿Es posible que Trujillo sacara tanto dinero de sus pinares, y de los que sin ser suyos podía explotar porque había pagado el derecho de hacerlo comprando los pesos de acciones de que hemos hablado?

Sí, es posible; pero queda pendiente otra posibilidad: la de que si hubiera vivido diez años más, o veinte años más, habría reproducido esos beneficios porque detrás de cada pino que se cortaba llegaban a su madurez los que iban creciendo cerca de él.