El Compañero Bosch escribe: Sobre la Guerra de Restauración (2)

  • 27 agosto 1980

Vanguardia del Pueblo

Miércoles 27 de agosto de 1980

Tan pronto estalló la revolución del 8 de julio, sus líderes formaron un gobierno con asiento en la ciudad de Santiago a cuyo frente pusieron al general José Desiderio Valverde con título de presiente de la República y organizaron fuerzas que despacharon hacia la Capital bajo el mando del general Juan Luis Franco Bidó. (De los apellidos del presidente revolucionario y del jefe de las tropas de ese gobierno se deduce la condición social de los líderes del movimiento: alta pequeña burguesía que a lo largo de los años del siglo XIX iba a desarrollar ínfulas de aristocracia sin que lograra llegar en el orden económico a los niveles de una burguesía).

Como las fuerzas del general Franco Bidó no pudieron tomar la ciudad de Santo Domingo, el gobierno de Santana a que volviera al país porque necesitaba apoyarse en su pericia militar. Santana aceptó y llegó a Puerto Plata a fines de agosto, mes y medio después de haber empezado la llamada revolución del 8 de julio (1857). Sin pérdida de tiempo a Santana se le reconoció su rango de general y se le dieron 500 pesos para que levantara en la región del El Seibo un ejército destinado a apoyar al que comandaba Franco Bidó.

La corta cantidad de dinero que le fue entregada a Santana es suficiente para que nos hagamos una idea de lo que eran en ese momento el país y el grupo social que pretendía ser su clase dirigente, esto es, la alta péquela burguesía comercial del Cibao, pero también para que nos hagamos cargo de cuál era la situación económica dominicana, y no sólo en el Cibao sino en todas las regiones, porque si es cierto que los hombres de Franco Bidó no pudieron tomar la Capital, lo cual era un efecto de su mala organización y pobre armamento, también lo era que las fuerzas de Báez no fueron capaces de derrotar a la tropa de Franco Bidó, de lo que se deduce que los dos combatientes se comparaban en su escaso poderío, lo que era un reflejo de la pobreza general del país. Dicho en pocas palabras, los soldados de los dos bandos respondían en capacidad militar a una sociedad que no era todavía capitalista pero que además atravesaba en esos momentos por una situación de crisis económica llamada a prolongarse algunos años.

Esa situación de crisis económica se traducía para las capas más bajas de la pequeña burguesía en miseria, y como esas capas formaban el grueso de la población dominicana, podía afirmarse que las mayorías nacionales se hallaban en la peor de las condiciones imaginables. Para tratar de comunicarle vida a una economía en trance casi mortal, los dos gobiernos, el de Santiago y el de Báez, ponían en circulación millones y millones de pesos papel, con lo cual ambos se engañaban a sí mismos porque una economía pre-capitalista enferma no podía sanar con medidas propias de países capitalistas.

Santana en Acción

Pedro Santana tenia condiciones de mando que había ejercido y por tanto desarrollado, primero como miembro de la Guardia Nacional haitiana en los tiempos del gobierno de Boyer y después en las guerras contra Haití, y puso en acción esas condiciones para desplazar al general Franco Bidó había llevado al sitio del la Capital. Eso explica que antes de cumplirse el primer mes de su arribo a Puerto Plata, Santana se halíara al mando de los sitiadores, pero no iba a tomar la ciudad sino en junio del año siguiente, esto es, nuevo meses después de hallarse al frente de las fuerzas revolucionarias.

Esas fuerzas no formaban ejército; formaban lo que en nuestra lengua española se llaman tropas colecticias, que son las que se componen de hombres sin entrenamiento militar y por tanto ignorantes de la disciplina, que generalmente se sacaban para la época de los campos, de donde es seguro que salían las que mandaba Santana en esa ocasión dado que en tales años la población de los centro urbanos del país era muy pequeña para recoger en ellos gente destinada a una guerra como la que sostenía el gobierno de Santiago contra el de Báez.

Mientras esa tropas colecticias del gobierno revolucionario de Santiago mantenían el sitio de la Capital, la pequeña burguesía intelectual cibaeña se dedicaba a redactar una constitución que sería llamada la de 1858 o la de Moca por el lugar donde se reunían sus redactores. Como era lógica que sucediera, los pequeños burgueses que estaban elaborando esa constitución la hacían para una república burguesa semejante a la de Estados Unidos o Francia, y no veían la realidad socio-económica y política en que vivían. Por esa razón la Constitución ideal inventada y ejecutada fuera del tiempo y del espacio real en que se hallaba la República Dominicana. En ella se les garantizaban a los hijos del país todos los derechos y todas las libertades con que podía solar una mente llena de ilusiones y se hacían afirmaciones de principios como aquella de que las fuerzas armadas, entre las cuales el grueso estaba compuesto por los hombres a quienes Santana mandaba desde el mes de septiembre del año anterior, eran obedientes al poder civil y no podrían se deliberantes en ningún momento. De esa ilusión sacaría Pedro Santana a los redactores de tal constitución cuando siete meses después de haber sido proclamada la desconoció para poner en vigor la segunda de las dos que se habían elaborado en el año 1854; y esa segunda había sido hecha de la medida de los deseos de Santana que era presidente de la República por segunda vez desde febrero de 1853.

Santana Toma el Poder

Santana pudo desconocer la Constitución de 1858 porque en el mes de junio había entrado en la ciudad de Santo Domingo, abandonada por Báez y sus colaboradores más cercanos.

A tal extremo llegaba la desorganización del país que ni siquiera un historiador tan meticuloso como José Gabriel García logró saber qué día abandonó Báez la capital de la República, y sin embargo recogió en el Tomo III de su Compendio de la Historia de Santo Domingo detalles importantes para conocer la magnitud del desorden con que se manejaban en esos tiempos los intereses del Estado. Por ejemplo (véase la obra menciona, Capítulo X, páginas 273-78, edición de 1968 hacha en los talleres de Publicaciones Ahora). En el momento de abandonar el país Báez ordenó que salieran varias goletas armadas y otras cargadas de mercancías para Curazao alegando que se las enviaba a la firma J. A. Jesurum & Zoon para que se cobrara deudas del Estado dominicano, pero además dejó hipotecados el Palacio Nacional, cuya ubicación ignoramos, dos casas del Estado, los fondos públicos que habían sido depositados en la isla de Saint Thomas en la casa Rosthschild & Cohen y tres buques de guerra, que seguramente serian goletas armadas con cañones. Sobre esos bienes hipotecados el gobierno de Sanana tendría que pagar intereses de uno y medio por ciento mensual en caso de que los pagos no se hicieran en las fechas de su cumplimiento.

García da cuanta de que un grupo de personajes políticos, encabezados por Tomás Bobadilla, adoptó una posición con la cual “la contrarrevolución vino a ser un hecho inevitable” (obra mencionada, pág. 280); y al expresarse así lo que quería decir el conocido historiador era que esos personajes políticos se oponían a la vigencia de la Constitución de Moca por varias razones, en las cuales jugaba papal importante el traslado de la capital de la República a Santiago, y apoyado en ellos, Santana desconoció el gobierno de los revolucionarios del 8 de julio de 1857, dio un auténtico golpe de Estado y se quedó con el poder político con lo cual legalizó el poder militar que ejercía desde que sacó al general Franco Bidó de la jefatura de las fuerzas que sitiaban la Capital.

Entre los “hombres de talla política” mencionados por García como provocadores de ese golpe estaban además de Bobadilla, grandes propietarios de tierras de la región que entonces se llamaba la Banda Sur, dentro de la cual estaban las provincias de Santo Domingo y de El Seibo; esos hombres eran Domingo de la Rocha, Jacinto de Castro, el general Antonio Abad Alfau, cuyas propiedades perderían valor si la ciudad de Santo Domingo dejaba de ser definitivamente la capital de la República, y eso explica la petición que le hicieron a Santana para que asumiera el poder y dispusiera la sustitución de la Constitución de Moca por la de diciembre de 1854, petición a la que Santana respondió un día después, el 28 de julio, asumiendo los poderes de presidente de la República, y de inmediato se pronunciaron a su favor todos los puntos poblados de la Banda Sur, desde Barahona y San Juan de la Maguana hasta Higüey y Sabana de la mar.

Explicación de una Derrota

El gobierno de Santiago no tenía apoyo popular. Ese gobierno había fruto de un levantamiento contra Buenaventura Báez y Buenaventura Báez se había convertido en el líder de las capas más bajas de la pequeña burguesía, que se reconocían a si mismas explotadas por los comerciantes compradores de tabaco, todos los cuales eran miembros de la capa más alga de esa pequeña burguesía, y quienquiera que fuera enemigo de sus enemigos seria bien recibido por esas capas más bajas, Pedro Santana fue quien sacó a Báez de la capital de la República y por tanto del poder, pero Pedro Santana avanzaba hacia Santiago con el propósito de aplastar al gobierno de los que se levantaron contra Báez y ningún bajo pequeño burgués, especialmente si era de las capas pobre y muy pobre, iba a salir en defensa del gobierno de los enemigos de Báez. Así lo reconoce el historiador García cuando dice (obra mencionada, página 284) que “la ciudadanía (del Cibao) no correspondió a las esperanzas de los pocos que sostenían de buena fe el orden de cosas nacido de la revolución del 7 de julio; y no bien se supo que el general Antonio Abad Alfau había salido de Santo Domingo el 17 de agosto para entrar en campaña, seguido del general Santana que partió al siguiente día a ponerse a la cabeza de las tropas que le habían precedido, cuando cundiendo la desmoralización por todas partes, fue haciéndose el vacio alrededor de los mandatarios santiagueses”.

En ese vacío se vio envuelto el presidente del gobierno de Santiago, general José Desiderio Valverde, cuando lo dejaron solo las tropas con las cuales esperaba detener al general Santana, que se dirigía desde Santana, que se dirigía desde San Pedro de Macorís hacia el Cibao por el camino de Cotuí. Las tropas de Valverde habían desertado en número tan alto que habría sido ridículo presentarle batalla al jefe del gobierno así, el general Valverde se retiró hacia Santiago. Santana entró en Cotuí el día 24 de agosto; el 27 y el 28 se pronunciaron en su favor San francisco de Macorís, Moca y La Vega; el 29 lo hicieron Guayubín, Altamira y Puerto Plata; el 30, Sabaneta (hoy Santiago Rodríguez (y San José de las Matas, y el 1 de septiembre entraba en Santiago, donde ya había sido disuelto el gobierno de Valverde.

La alta y la mediana pequeña burguesía cibaeñas, que en ese momento histórico representaban a la alta y la media pequeña burguesía de todo el país en la misma media en que en el 1844 las representaban la alta y la media pequeña burguesía de la Capital, habían sido derrotadas en el terreno político por el núcleo dirigente de los hateros a cuyo frente se hallaba, como catorce años antes, el general Pedro Santana.

Para los contados intelectuales de la época, entre los cuales se hallaba el historiador José Gabriel García, que entonces tenia veinticuatro años, la victoria de Santana sobre los revolucionarios de Santiago era la de las tinieblas contra la luz, la del pasado contra el porvenir, la de la libertad contra la tiranía, porque la juventud cibaeña enarbolaba las ideas más avanzadas de esos tiempos, que eran las de Juan Jacobo Rousseau, las mismas de la democracia representativa que se había producido en Francia la Gran Revolución. La alta y la media pequeña burguesía del Cibao no podían transformarse en burguesía debido a que el país se hallaba a mucha distancia de ser una sociedad capitalista, pero vivían ardientemente enamoradas de las ideas y los principios capitalistas y creían que podían aplicarlos en la República Dominicana donde no iban a tener vigencia ni siquiera cian años después. La alta y la media pequeña burguesía cibaeñas vivían al mismo tiempo en dos niveles, el de sus ilusiones políticas burguesas y el de la realidad social del país, cuya población era en términos de mayorías absolutas un conjunto de bajos pequeños burgueses de los cuales quizá más del 80 por ciento eran pobres y muy pobres, y para esos dominicanos no había sino un problema, uno solo: salir de su estado de miseria, mejorar sus condiciones materiales de existencia. Era absurdo pedirles a esos dominicanos que nacían y morían descalzos, vestidos de harapos, que no tenían ninguna clase de atención médica porque para entonces no había en el país más de cincuenta médicos, si es que llegaban a tantos, que tuvieran conciencia política. Para ellos, Báez había sido el único gobernante que los había favorecido o había intentando favorecerlos, o a lo menos había actuado contra los intereses de aquellos que los explotaban y si Santana estaba actuando contra sus enemigos, ellos le daban su apoyo a Santana; lo apoyaron desertando de las filas del gobierno de Santiago y lo apoyarían poco después, cuando hiciera la anexión a España, porque creían que la anexión iba a significar mejores condiciones de vida para ellos.