Desde la Independencia Efímera a La Trinitaria

  • 16 febrero 2015

El Consejo Municipal de Puerto Plata le envió a Boyer otra comunicación llevada por José María Roxas y Francisco By y firmada por Joaquín Bidos, Luis Rodríguez Plantes y Francisco Antonio del Campo, y en ella le pedían “en nombre de esta pacífica jurisdicción todo lo que pueda convenir al bienestar de sus habitantes, a su seguridad personal y a la conservación de sus propiedades”; por su parte, el general López Villanueva respondió a la junta puertoplateña diciéndole que había dado orden de que “se enarbolara la bandera haitiana” y llamaba a Boyer “un hombre por excelencia filántropo”.

El movimiento que pedía la unión de dominicanos y haitianos bajo el gobierno de Boyer se extendía como fuego en un pinar; en él pasó a participar La Vega, cuyo comandante militar, Juan Ramón, le escribió a Boyer diciéndole que esa ciudad, “vecina de Santiago ha imitado su ejemplo y enarbolado, con toda la solemnidad consiguiente, la bandera de su respetable gobierno de usted”, y el 14 de enero hacían lo mismo grupos de Cotuí y San Francisco de Macorís, de San Juan de la Maguana, de Neiba, de Azua, entre cuyos firmantes aparecía nada menos que Pablo Báez, alcalde (síndico) que era de la vieja ciudad y padre de Buenaventura. Hasta Samaná llegó la ola de las adhesiones y peticiones, todas redactadas en forma tan parecidas que dejan la impresión de que eran escritas siguiendo un modelo enviado desde Haití.

Ardouin fue un historiador que puede figurar entre los más esmerados y laboriosos de América, pero era un idealista que achacaba los hechos históricos a pasiones o deseos de los personajes que encabezaban esos hechos. El capítulo III del tomo 9 de su libro está dedicado a relatar el movimiento que los dominicanos hemos bautizado con el nombre de Independencia Efímera pero escrito desde el punto de vista haitiano, y desde ese ángulo Ardouin no podía explicarse las causas materiales de ese episodio de la historia dominicana que fue al mismo tiempo un episodio de la de Haití porque le abrió las puertas a la incorporación de la antigua provincia española al Estado haitiano, y visto con la perspectiva que proporciona al estudio de la historia, ese episodio condujo, veintidós años más tarde, a la creación de la República Dominicana, o dicho de otro modo, condujo, dieciséis años después, a la fundación de La Trinitaria.

Para Ardouin, la Independencia Efímera tuvo su origen en resentimientos de José Núñez de Cáceres contra el gobierno español porque no se le concedió la petición, que hizo repetidas veces, del cargo de oidor de la Audiencia de Quito, capital de Ecuador, explicación que muchos años después iba a mantener Américo Lugo. Pero lo que dicen las contadas descripciones de la situación de miseria en que vivían los dominicanos de esos años es otra cosa; dicen que Núñez de Cáceres actuó como lo hicieron los comandantes de armas de Dajabón, de Monte Cristi, de Santiago, de Cotuí, de La Vega, de Neiba, de Samaná, sólo que en forma diferente porque la posición que él desempeñaba en el tren de la burocracia española lo colocó en una altura a la que no llegaban esos comandantes.

El 9 de febrero de 1822, esto es, dos meses y nueve días después de haber ss o declarada la Independencia Efímera, hacía su entrada en la capital de la porción oriental de la isla Jean Pierre Boyer. La Independencia Efímera había sido efímera pero no llegó a ser independencia, y el hombre que encabezó ese episodio no llegó a ser libertador porque no tenía las condiciones para serlo ni el país podía dar de sí lo necesario para que de su seno saliera uno que lo fuera. Pero como la historia es un proceso que no se detiene, del fracaso de la Independencia Efímera saldrían los acontecimientos que produjeron la necesidad de crear La Trinitaria y llevarla hasta el momento en que sus hombres enmendaron el yerro cometido por José Núñez de Cáceres.