De la Independencia Efímera a la Trinitaria

  • 26 enero 1986

Por Juan Bosch

El día primero de diciembre de 1821, el gobernador español de la provincia de Santo Domingo, don Pascual Real, “tan ingenuo como poco precavido”, como lo calificó Víctor Garrido sin tomar en cuen­ta que una persona ingenua es necesariamente poco precavida, “amaneció traicionado y preso, con la bandera colombiana on­deando en las astas públicas”, y en cambio el Dr. José Núñez de Cáceres, que hasta ese momento había sido Auditor de Guerra de la provincia y juez del Juzgado de Letras (leyes) de la ciudad de San­to Domingo, amaneció convertido por decisión suya en presidente de lo que él llamó Estado Indepen­diente de Haití Español, pero un Estado que tenía existencia nada más en los deseos del auto titulado presidente y en las de Manuel Carbajal, Juan Vicente Moscoso, Antonio Martínez Valdés, L. Juan Nepomuceno de Arredondo, Juan Ruiz, Vicente Mancebo y Manuel López Umeres, todos los cuales firmaron con Núñez de Cáceres el acta de la supuesta independen­cia nacional que se conocería en la Historia con el calificativo de efímera.

En la comunicación enviada al gobierno de España para noti­ficarle que la provincia de Santo Domingo había dejado de ser te­rritorio español se le pasaba una breve, pero sentida cuenta de la conducta que mantuvo la ex me­trópoli con la que había sido la primera de sus posesiones en el Nuevo Mundo, y se le decía que los gobiernos españoles se acor­daban de Santo Domingo “para despachar patentes de grados su­periores a los europeos (españo­les de España, no del país, n. de jb.), conferirles los primeros pues­tos militares, destinar a esta plaza militares ociosos sin cuerpos ni compañías (o sea, sin tropas, n. de jb) organizar los dispendiosos ra­mos de artillería e ingenieros, re­cargar sueldos sobre las exhaus­tas rentas de esta Provincia, para estas y otras medidas que de día en día llevan rápidamente a su ex­terminio… doce largos años no han sido bastantes a enviar los au­xilios militares que se han pedido con tanta urgencia y de que hay tan absoluta falta de menos para recompensar los sacrificios de los valientes y liberales que derrama­ron su sangre y dieron sus bienes para rescatar el suelo patrio de la dominación francesa…”.

A lo que se alude en el párrafo copiado es al abandono en que España mantuvo a la provincia de Santo Domingo en los doce años transcurridos desde que se lleva cabo el movimiento conocido con la denominación de la Reconquista, que había culminado en la batalla de Palo Hincado y la toma de la capital del país tras la rendición de las armas francesas —episodio ocurrido doce años antes, en el 1809—, y de paso se aluda también al hecho de que los situados o envíos de dinero que debían llegar anualmente desde México y Caracas dejaron de hacerse hacia once años. Ante esa situación la Diputación Provincial se había rígido al rey de España para decirle, en comunicación fechada el 16 de enero de 1821, que desde “once años ha… permanecen en el mismo estado de espera”, “desnudos, hambrientos y perdidos todo sus bienes”, los que llevaron a cabo la guerra de la Reconquista, “sin que en este tiempo de espera haya(n) visto otra cosa que desembarcar empleados (que llegaban de España) y conferir puestos (públicos) a personas que si han contribuido en otra parte (de los territorios españoles de América) con sus servicios no son de absoluta necesidad en el estado de penuria en que se encuentra toda la isla”. (Debo advertir que la expresión “toda la isla” era incorrecta puesto que una parte de ella estaba ocupada por la República de Haití, que a esa fecha tenía dieciocho años de establecida; y aclaro que las expresiones puestas entre paréntesis son mías. Nota de Jb).

Levantamientos y Juntas

Las causas materiales del movimiento político llamado por nuestros historiadores la Independencia Efímera están dichas en los párrafos de la comunicación de la Diputación Provincial enviada al rey de España copiados arriba y en la parte de la que se le envió al gobierno español para notificarle que la provincia de Santo Domingo había dejado de ser territorio de nuestra antigua metrópoli. Estas causas se resumen en pocas palabras: el país que veinte y tres años después pasaría a llamarse República Dominicana se hallaba en estado de miseria tan agudo que padecían todas las capas sociales y la miseria llevo a mucha gente del pueblo a comparar lo que sucedía en Santo Domingo con lo que sucedía en Haití, donde la actividad económica se reflejaba en hechos como el que describe en su Estudios de la Historia de Haití B. Ardouin (París, 1860, tomo 9) cuando refiere (pág. 22) que el 13 de mayo de 1821 -seis meses y medio antes la de la declaración de Independencia Efímera— los comerciantes haitianos de Puerto Príncipe organizaron un círculo de comercio o sociedad por acciones, y que el día 24, siguiendo ese ejemplo, los de la región del norte instalaron una Cámara Comercial en Cabo Haitiano.

No se sabe cómo llegaban a Santo Domingo las noticias de las mudanzas económicas de Haití, pero no hay duda de que llegaban porque de no ser así n se aplicarían los levantamientos de militares dominicanos que se declaraban partidarios de unión con Haití, como el de Andrés Almarante, comandante de Dajabón, el de Diego Polanco, comandante de Monte Cristi, que le escribió al jefe militar de Cabo Haitiano diciéndole que “el pueblo de San Fernando de Monte Cristi ha juzgado oportuno enarbolar la bandera haitiana y lo hemos consentido”, hecho que se anticipó en quince días a la acción de Núñez de Cáceres y sus compañeros, y sin duda también se anticipó el levantamiento de Dajabón, que fue anterior al de Monte Cristi, pero no quedo constancia de cuándo ocurrió. Lo que se sabe, porque lo dice Ardouin, es que una comunicación enviada a Boyer por Almarante está fechada el 15 de noviembre, de decir, el mismo día que a del comandante Diego Polanco.

La noticia de lo que había sucedido en Santo Domingo el 1 de diciembre llegó a Puerto Plata en menos de dos semanas porque allí se formó una junta que puso en las astas la bandera haitiana y el 13 de diciembre solicitó el respaldo del general Antonio López Villanueva, comandante de la fortaleza de aquella ciudad, en su repudio de lo que habían hecho Núñez de Cáceres y los que firmaron con él su declaración de independencia.

En Santiago se formó otra junta, a la que se refiere Ardouin llamándola “provisional”. Esa junta envió a Haití tres delegados —Juan Núñez Blanco, José María Salcedo y Fernando Morel de Santa Cruz, que debía ser familiar muy cercano del que fuera importante personaje de la Iglesia Católica de Cuba—, y entre los asuntos que debían tratar con el presidente Boyer uno era “Que la Constitución de la República de Haití nos gobierne en lo adelante”, y otro, que “la deseamos con la libertad de los esclavos”, tema que no figuraba en el acta de la independencia levantada por Núñez de Cáceres y sus compañeros.

De la Independencia Efímera a La Trinitaria

El Consejo Municipal de Puerto Plata le envió a Boyer otra comunicación llevada por José María Roxas y Francisco By y firmada por Joaquín Bidos, Luis Rodríguez Plantes y Francisco Antonio del Campo, y en ella le pedían “en nombre de esta pacífica jurisdicción todo lo que pueda convenir al bienestar de sus habitantes, a su seguridad personal y a la conservación de sus propiedades”; por su parte, el general López Villanueva respondió a la junta puerto-plateña diciéndole que había dado orden de que “se enarbolara la bandera haitiana” y llamaba a Boyer “un hombre por excelencia filántropo”.

El movimiento que pedía la unión de dominicanos y haitianos bajo el gobierno de Boyer se extendía como fuego en un pinar; en él pasó a participar La Vega, cuyo comandante militar, Juan Ramón, le escribió a Boyer diciéndole que esa ciudad, “vecina de Santiago ha imitado su ejemplo y enarbolado, con toda la solemnidad consiguiente, la bandera de su respetable gobierno de usted”, y el 14 de enero hacían lo mismo grupos de Cotuí y San Francisco de Macorís, de San Juan de la Maguana, de Neiba, de Azua, entre cuyos firmantes aparecía nada menos que Pablo Báez, alcalde (síndico) que era de la vieja ciudad y padre de Buenaventura. Hasta Samaná llegó la ola de las adhesiones y peticiones, todas redactadas en forma tan parecidas que dejan la impresión de que eran escritas siguiendo un modelo enviado desde Haití.

Ardouin fue un historiador que puede figurar entre los más esmerados y laboriosos de América, pero era un idealista que achacaba los hechos históricos a pasiones o deseos de los personajes que encabezaban esos hechos. El capítulo III del tomo 9 de su libro está dedicado a relatar el movimiento que los dominicanos hemos bautizado con el nombre de Independencia Efímera pero escrito desde el punto de vista haitiano, y desde ese ángulo Ardouin no podía no podía explicarse las causas materiales de ese episodio de la historia dominicana que fue al mismo tiempo un episodio de la de Haití porque le abrió las puertas a la incorporación de la antigua provincia española al Estado haitiano, y visto con la perspectiva que proporciona al estudio de la historia, ese episodio condujo, veintidós años más tarde, a la creación de la República Dominicana, o dicho de otro modo, condujo, dieciséis años después, a la fundación de La Trinitaria.

Para Ardouin, la Independencia Efímera tuvo su origen en resentimientos de José Núñez de Cáceres contra el gobierno español porque no se le concedió la petición, que hizo repetidas veces, del cargo de oidor de la Audiencia de Quito, capital de Ecuador, explicación que muchos años después iba a mantener Américo Lugo. Pero lo que dicen las contadas descripciones de la situación de miseria en que vivían los dominicanos de esos años es otra cosa; dicen que Núñez de Cáceres actuó como lo hicieron los comandantes de armas de Dajabón, de Monte Cristi, de Santiago, de Cotuí, de La Vega, de Neiba, de Samaná, sólo que en forma diferente porque la posición que él desempeñaba en el tren de la burocracia española lo coloco en una altura a la que no llegaban esos comandantes.

El 9 de febrero de 1822, esto es, dos meses y nueve días después de haber sido declarada la Independencia Efímera, hacía su entrada en la capital de la porción oriental de la isla Jean Pierre Boyer. La Independencia Efímera había sido efímera pero no llegó a ser independencia, y el las condiciones para serlo ni el país podía dar de sí lo necesario para que de su seno saliera uno que lo fuera. Pero como la historia es un proceso que no se detiene, del fracaso de la Independencia Efímera saldrían los acontecimientos que produjeron la necesidad de crear La Trinitaria y llevarla hasta el momento en que sus hombres enmendaron el yerro cometido por José Núñez de Cáceres.

Santo Domingo, 26 de enero de 1986.